LAS MANOS DE UN ANCIANO

Las manos de un anciano.

Hoy he visto por la calle a un señor muy mayor detenido en la acera que se miraba las manos. Eran unas manos deformes, encalladas, arrugadas, y torsionadas en una posición inverosimil. Solo he pasado a su lado, pero ha acudido a mi mente, como una ráfaga imparable una duda ¿Que estaría pensando el hombre al mirar sus manos? ¿Acaso se preguntaba donde habían ido a parar sus manos de niño, aquellas que todo lo exploraban? ¿Acaso se asombraba de lo que había podido transformar sus manos aquel trabajo intenso realizado en su juventud, o aquel arma que tuvo que empuñar durante una incierta guerra? ¿Acaso se preguntaba si esas manos ajadas podrán sostener en alto a un amado y frágil nieto? ¿Acaso necesitaba un tiempo para reconocerse a sí mismo en esas manos? ¿O acaso pensaba simplemente que debería usar más crema hidratante?

Nunca lo sabré. Pero cualquiera de esas opciones pudieron entretener la mente de ese hombre en los instantes en los que se miraba las manos. Incluida la última, el banal pensamiento de hidratación cutánea. He llegado a la conclusión de que cuanto más altas son las preocupaciones y desdichas de una persona, más se aferra el ser humano a la consecución de las cuestiones banales. No es un pensamiento baladí, ni gratuito. Yo lo veo como una forma de defensa ante una inmensidad de pesadumbre que nos aplasta. Se hace necesario un asidero, un férreo asiento desde el que impulsar nuestra mente a la acción y a la lucidez. Esas pequeñas cosas nos lo proporcionan. Si ante unas manos tan trabajadas como ilustrativas de su ancianidad y experiencia, hundimos la mente en los recuerdos que nos evocan (dolorosos y satisfactorios), nuestra mente sufríria un colapso. No puede dedicarse unicamente a esas sensaciones. Su defensa es un grito de lucidez y sentido común: ¡¡¡Ponte crema hidratante!!!

AlmaLeonor

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2 respuestas a LAS MANOS DE UN ANCIANO

  1. Almudena dijo:

    Hola Alma:
    Curioso pensamiento. Pero creo que tienes razón.
     
    Las manos y las arrugas de la cara de las personas para mí son el archivo histórico de sus vidas. A pesar de ello nos empeñamos en darles cremas para taparlas. Y lo triste es que quizás esa vida, a pesar de haber sido dura, ha sido rica.
     
    Yo a mis manos le doy crema para que estén suvecitas, porque están llenas de caricias y pienso gastarlas todas.
    Un besuco.

  2. AlmaLeonor dijo:

    ¡Hola!
    Anjanuca, yo no lo vi como que el hombre quisiese "ocultar" su vida pasada, ni mi pensamiento iba en esa dirección. Lo que pretendía afirmar es que nuestra mente vive día a día, afrontando los problemas cotidianos de cada día, los grandes y los pequeños (como aplicarse crema hidratante en las manos). En algún momento puede que nos detengamos en los recuerdos (buenos y malos) pero no pueden, de ningún modo, abrumarnos con su constante presencia, por muy gravosos o placenteros que sean, porque si no, no viviríamos el presente. La cotidianeidad, así vista, es una tabla de salvación (sólo así vista).
    Tus manos tienen que ser una maravilla si las llevas cargadas de caricias. Sé que me toca alguna cada vez que me escribes. Gracias gupapa.
    Besos.AlmaLeonor

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