Maquiavelo

MAQUIAVELO Y MAQUIAVELISMO

 

La primera vez que leí y estudié a Maquiavelo cursando la asignatura “Teoría y Filosofía Política” en mi anterior carrera, el profesor nos resaltó el siguiente párrafo del capítulo III:

 

Otro buen remedio es mandar colonias a uno o dos lugares que sean como llaves de aquel Estado;(…) En las colonias no se gasta mucho, y con esos pocos gastos se las gobierna y conserva, y sólo se perjudica a aquellos a quienes se arrebatan los campos y las casas para darlos a los nuevos habitantes, que forman una mínima parte de aquel Estado. Y como los damnificados son pobres y andan dispersos, jamás pueden significar peligro; y en cuanto a los demás, como por una parte no tienen motivos para considerarse perjudicados, y por la otra temen incurrir en falta y exponerse a que les suceda lo que a los despojados, se quedan tranquilos.

 

El comentario del profesor hacía referencia a la dimensión actual de este pensamiento, comparandolo con las actuaciones del gobierno de Israel en los territorios ocupados. Esta actualización de un mensaje difundido en el siglo XVI me obligó a leer el libro completo, y aún lo releí otra vez hace unos 5 años. Esta ocasión, es, por tanto, la tercera vez que leo “El Principe”, de Nicolás Maquiavelo.

Pero esta vez es muy distinta a las anteriores. Sé algo más de Historia de lo que sabía entonces. La lectura del libro y los comentarios acerca del libro y de su autor me han permitido acercarme más a la obra y a su alcance.

 

CONTEXTUALIZACION

Es importante detenerse un momento en la dedicatoria de “El Principe”. En ella se descubre que hay que partir de la base de que Maquiavelo lo que intenta es  “congraciarse” con Lorenzo de Médicis: “Deseando, pues, presentarme ante Vuestra Magnificencia con algún testimonio de mi sometimiento…”. Para ello le presenta lo mejor que tiene: “no he encontrado entre lo poco que poseo nada que me sea más caro o que tanto estime como el conocimiento de las acciones de los hombres (…y que…) he encerrado en un corto volumen, que os dirijo”. Todo con el ánimo de que un Médici reconozca “cuán inmerecidamente soporto una grande y constante malignidad de la suerte”, y ésta le sea cambiada, claro.

No estamos, pues, ante una obra de alcance histórico, ni un compendio histórico de la ciudad de Florencia, no parecen esas sus motivaciones. Es una obra destinada a recuperar el favor político que Maquiavelo ha perdido tras el paso de Savonarola (y sobre todo de Soderini) por el gobierno de la República. Es una obra personal, y con un contexto territorial definido, Italia, y sobre todo, Florencia.

Una vez que ha dejado sentada esta intención, su proposición es la de que “Vuestra Magnificencia llegue a la grandeza que el destino y sus virtudes le auguran”. Es decir, que un Médici llegue a dirigir Florencia con la “virtu” que a un gran Príncipe corresponde. Pero no sólo eso.

Maquiavelo llora por Italia, por Florencia. Se lamenta de una situación extrema del poder en una Italia asolada por las más absolutas de las desgracias, una Italia que está “más esclavizada que los hebreos, más oprimida que los persas y más desorganizada que los atenienses; que careciera de jefe y de leyes, que se viera castigada, despojada, escarnecida e invadida, y que soportara toda clase de vejaciones”. En “El Príncipe” Maquiavelo relata todas esas desdichas de Italia y de Florencia (hace sobre todo un repaso en el capitulo VII). Se lamenta de las invasiones extranjeras y de las vanidades italianas que han llevado a pactos y alianzas nada convenientes. De todo ello quiere que un Médici tome nota y se lance a sacar a Florencia del escarnio recibido, de la mansedumbre política y diplomática practicada en la época anterior porque “a todos repugna esta dominación de los bárbaros. Abrace, pues, vuestra ilustre familia esta causa con el ardor y la esperanza con que se abrazan las causas justas, a, fin de que bajo su enseña la patria se ennoblezca”.

Y para que esta labor sea posible se dispone a analizar y presentar ante los ojos de Lorenzo de Médicis, aquello que mejor conoce Maquiavelo, el Estado.

 

EL ESTADO

La idea central de Maquiavelo es el Estado. Un estado que pertenecía al ideario florentino desde que Lorenzo el Magnífico escribiera que “Nadie puede vivir en abundancia en Florencia sin contar con el Estado”. Es el Estado como centro y eje de la política de Florencia, como centro y eje de la política Médicis. El Estado que Maquiavelo ha ido observando en sus viajes por Europa durante su etapa como diplomático de la República; el Estado al que Maquiavelo aspira para Florencia, un modelo cuyo conocimiento ha “adquirido gracias a una larga experiencia de las cosas modernas y a un incesante estudio de las antiguas”, una expresión que por lo visto alude a lo que Cristina de Suecia definía como “las dos escuelas de los grandes hombres”, la experiencia y el estudio. Es, en fin, un Estado pensado para la situación italiana.

Durante los capítulos siguientes se dedica Maquiavelo a definir los distintos tipos de Estado italianos: Repúblicas y Principados. Paul Larivaille (“La vida cotidiana en la Italia de Maquiavelo”) explica que la diferencia entre todas las formas de poder en Italia es más una “diferencia de grado” que no de “naturaleza”. Efectivamente, como dice Larivaille, “oscila entre un poder teóricamente repartido entre la oligarquí, pero en la práctica acaparado por unas cuantas familias (cuando no por una sola como los Médicis), y de un poder personalizado, pero de hecho, compartido también con la oligarquía”. El reparto del poder en Italia tenía poco que ver con las iniciativas de Estado Moderno que ya se habían empezado a poner en práctica en Europa, sobre todo en la España de Fernando el Católico.

Como ya apunté en otra ocasión me resulta muy curioso que la definición de Estado, tal y como se va a ir perfilando en los siglos siguientes, parta de Maquiavelo y de un contexto, el italiano, tan lejos de la idea europea de Estado .

Italia se compone de una suerte de ciudades-estado con un dominio personalizado y una supremacía comercial y estratégica importante que hacía que las “alianzas y rivalidades” (tanto entre Estados, como en el seno de éstos) estuviesen marcadas por las distintas facciones oligárquicas. Estas rivalidades hacían que el ejército fuese una pieza importante en el ejercicio del poder, pero era un ejército mercenario, contratado, algo de lo que también Maquiavelo se queja en “El Príncipe” cuando dice que es mejor que un dirigente “se rodee de armas propias; porque no puede haber soldados más fieles, sinceros y mejores que los de uno” (capitulo XXVI)

La concepción del Estado de Maquiavelo se basa en su absoluta convicción de que la naturaleza del hombre es perversa y egoista: “de la generalidad de los hombres se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro”. Así que partiendo de esta premisa, sólo un Estado fuerte puede conseguir la felicidad de sus subditos, que son aptos para ser manipulados, aunque para ello el Príncipe deba ser más temido que amado: “los hombres tienen menos cuidado en ofender a uno que se haga amar que a uno que se haga temer; porque el amor es un vínculo de gratitud que los hombres, perversos por naturaleza, rompen cada vez que pueden beneficiarse; pero el temor es miedo al castigo que no se pierde nunca

Es una concepción del Estado absolutamente alejada de la condición moral del poder. No es necesaria la moral para ello, sino un realismo práctico alejado de los avatares de la fortuna y apoyado en su “virtú” personal y en la “virtud de un espíritu italiano” propio de sus soldados (aquí vuelve a contradecir su definición única de la naturaleza humana, además de la “virtú” del Principe, alaba la virtud de los soldados italianos). Un nuevo Estado en suma.

En este sentido Jean Touchard ("Historia de las Ideas Políticas") afirma que Maquiavelo traspasa el papel de simple testigo de su tiempo, porque en su obra “expulsa de la política toda metafísica y corta de una manera radical, el vínculo entre la Ciudad de Dios y la Ciudad de los Hombres”, la tesis Agustiniana vigente durante toda la Edad Media. Es un paso importante en una Europa que avanza.

Pero también la concepción del Estado de Maquiavelo se basa en una suerte de “recetas” para esquivar la mala fortuna, utilizando como modelo a César Borgia. Si en los primeros capítulos muestra como pueden ser las formas de gobierno y como alzarse en el poder, en los siguientes relata pormenorizadamente como vencer los engaños de la fortuna para asentar el poder del Príncipe en el Estado. El Príncipe goza del favor de poseer una “virtú” (“grandeza y nobleza de espíritu”), que junto a las enseñanzas proporcionadas por Maquiavelo, le llevarán al poder más excelso.  Jean Touchard duda de la grandeza del modelo ensalzado en “El Principe” (César Borgia) y recrimina a Maquiavelo que se valga del papel de la “fortuna” en la Historia para explicar, de manera un tanto fácil, el fracaso final de Cesar Borgia.

Además en esta concepción del poder del Estado y del poder de la propia Florencia, trasciende la idea de que más allá de la grandeza de la República, Maquiavelo aspira a que, por medio de un Principe Médicis, se llegue a reformar y unificar toda Italia. Una idea que Jean Touchard califica de químerica, pero que pone ya en el sentido de la polítca de Savonarola y que desarrollarán otros humanistas con sed de universalismo como Pico de la Mirándola o Marsilio Ficino. Se vuelve a vislumbrar aquí un modelo de Estado muy lejos del acostumbrado en Italia, y más cercano a los modelos que el propio Maquiavelo admira y envidia, “la solidez de Estados Nacionales como Francia o España, a pesar de que descubre en ellos barbarie feudal”, en palabras de Touchard.

Sin embargo no está claro en su obra si este Estado ha de ser un Principado o una República. Hay que dirigirse entonces a los “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” donde sigue condendando el Principado de César (como lo hace ya en “El Príncipe”) y exaltando la Roma Republicana, pero aboga por un tipo mixto de gobierno, lo que confiere al Estado más solidez y estabilidad: “El Príncipe, los grandes y el pueblo gobiernan conjuntamente el Estado”. Sin embargo este modelo está ya agonizante en Italia como señala Touchard y Europa se encamina a un modelo nuevo de Estado lejos de las repúblicas urbanas. Por eso, aunque defiende la aplicación de la República, pide a un Médicis que conserve (a título transitorio) el poder principesco. Un oportunismo necesario, dice Touchard, una dictadura legal.

Guicciardini, sucesor de Maquiavelo, pero con quien marcaba diferencias (por ejemplo en cuanto a la Religion), coincide en esta idea y apunta la “excasa diferencia entre las Repúblicas y las Tiranías”, ya que no existe un poder legítimo en cuanto a que está supeditado a la forma de ser de su dirigente y ya una vez instalado en el poder del Estado, era ilimitado. Para Maquiavelo, el dirigente lo es en exclusiva, ejerce la autoridad sin compartir el poder, su papel es decisivo como legislador, y todo ello en virtud de la Razón de Estado. De ahí que se haya tachado el modelo de Estado maquiavélico de precursor de los Totalitarismos.

 

EL PRINCIPE EN LA ACTUALIDAD

Ya comenté al principio que la primera impresión que tuve de esta obra fue la de antecesora de las modernas colonias israelies en los territorios ocupados en Palestina. No era una buena impresión, desde luego, pero tampoco era totalmente exacta, habida cuenta de que esa práctica ya era usada por los Asirios en la antigüedad.

Pero la cuestión es interesante porque sí que marca un paralelismo de forma, pero no de fondo. Es indudable que en la actualidad las consignas de Maquiavelo no pueden tener cabida, además de por la contextualización italiana antes aludida, por el avance que en cuanto a definición de Estado se ha alcanzado. Las colonias israelíes están completamente fuera de toda legalidad internacional en la actualidad, aunque se sigan manteniendo.

Pero el reduccionismo de las tesis de Maquiavelo es evidente. Tal y como comenta Javier Peña Echeverría, “la imagen maquiavélica de El Príncipe, acuñada por el antimaquiavelismo de la Contrarreforma, reduce su teoría a la tesis de que el fin justifica los medios”.  Para Maquiavelo, según este autor, la política “arraiga en un espacio de conflicto y no de consenso”, lo que choca frontalmente con la concepción actual del poder, “normativa, racional y pacífica”.  La obra de Maquiavelo es una muestra de las “tensas relaciones entre política y moral”, un problema que aún tenemos que afrontar, según Echeverría, y ahí es donde puede radicar su actualización.

En el momento renacentista, la gran aportación de Maquiavelo fue la de “rechazar deliberadamente una gran cantidad de nociones medievales todavía vivas (… y…) limpiar el terreno en el que se edificarán construcciones nuevas “ (Jean Touchard), una labor que las modernas interpretaciones de las concepciones de Maquiavelo, no suelen tener en cuenta.

El concepto de “maquiavélico” se ha quedado instalado en nuestro acerbo cultural como un calificativo despótico y autoritario, esa ha sido su universal herencia. Pero también ha conseguido que su contrario, “antimaquiavélico”, no contenga en esencia una significación distinta.  En una reciente entrevista a Manuel Fernández Álvarez, el historiador calificaba al presidente Zapatero como “antimaquiavelico por excelencia”, un apelativo que lejos de resultar benévolo, resalta como incorrecta, errónea e inapropiada, una “excesiva blandura” en la práctica política.

 

Petrarca: La virtud tomará las armas contra el atropello;

el combate será breve, pues el antiguo valor en los corazones italianos aún no ha muerto”.

(Capitulo XXVI y final de “El Príncipe”)

 AlmaLeonor.

Anuncios

2 Replies to “Maquiavelo”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s