La Teoría del Café con Leche

LA TEORIA DEL CAFÉ CON LECHE 

community artist group,museum quality
Community Artist Group (Museum Quality)

(Extracto más o menos fiel de una conversación real mantenida durante una comida con mi amigo David el día 20 de Diciembre del 2007)

 

Un día dos amigos quedaron para comer. Después de hablar de lo divino y de lo humano entre un primero ligero y un segundo algo más consistente, llegaron al final sin haber terminado de arreglar el mundo, más o menos al igual que sucedía siempre que quedaban a comer.

Después de los postres, uno pidió un Café con Leche, el otro un Café con Leche, pero corto de café y con leche templada. Entonces el primer amigo inició de nuevo una conversación:

         ¿Te das cuenta de la complejidad de realidades que entraña un Café con Leche?

         ¿Complejidad? ¿Qué complejidad? No lo entiendo. Un Café con Leche es un Café con Leche.

         No siempre. Mira, tú mismo acabas de añadir un par de epítetos a tu Café con leche: corto de café y con leche templada.

         Bueno, es como a mi me gusta.

         Si, pero eso supone en realidad una pérdida de definición del primer concepto: Café con Leche. Hoy en día sucede lo mismo con todas las palabras que puedas recordar: Arte, Cultura, Sociedad, Clase, Política, País…. Todas esas palabras han de pronunciarse ahora con adjetivos adjuntos, con epítetos explicativos para que se entienda a lo que realmente se refieren, ya no sirve nombrar unicamente la palabra inicial. Es un problema de definición de conceptos. Hay muchas realidades, todas ellas válidas, pero eso ha supuesto que ninguna palabra tenga un significado ya por sí sola, lo que nos lleva a un vacío conceptual, al “todo vale” por tanto.

         Hay muchas realidades, sí. Y todas tienen que tener su espacio y su definición, no veo nada de malo en ello.

         Pero la consecuencia es terrible.

         No entiendo que una mayor definición lleve a un vacio conceptual….La información variada es necesaria.

         Si. Pero sólo si con esa información se forma, se educa, se fomenta el espíritu crítico; si no, se quedaría unicamente en el tópico. Un exceso de información lleva ineludiblemente a una ausencia de formación, del mismo modo que una sola información lleva a un solo tipo de formación.

         Estoy de acuerdo con la segunda afirmación, pero con la primera…..

         Toma como ejemplo el Café con Leche. Tenemos una combinación de dos términos, tres si contamos el azucar. La actual reivindicación de las distintas realidades de un solo concepto, unida al hecho de que todo debe ser bien definido y etiquetado, nos llevaría a identificar un monton de posibilidades: Café con Leche sin más, corto de café, leche templada o fría, o descremada, sin azucar, o con sacarina, o café solo o leche sola, con hielo o muy caliente… Eso sin entrar en profundidad en cada uno de los términos, a saber: El café puede ser natural, torrefacto o mezcla. O puede ser de Colombia, de Etiopía, Jamaicano, o de Comercio Justo. La leche puede ser nacional o de importación, y no digamos si ya especificamos si de vaca, de oveja o de soja o de cualquiera de las otras variedades existente hoy en día. O según el modo de comercialización y puesta en el mercado. El azucar puede ser refinada, o morena o sacarina, o aspartamo, o de caña…o puede sustituirse por miel. Pero hay más. El café tiene unos efectos beneficiosos en unos y perjudiciales en otros (o según el momento de la ingesta o la cantidad), por lo que se hace necesario conocer bien sus componentes y los efectos que producen para no provocar hipertensión o falta de sueño, o acidez estomacal o cualquier otro síntoma. La leche contiene grasas, por lo que hay que pormenorizar la cantidad para que quienes padezcan sobrepeso contabilicen bien su consumo, pero también es un aporte esencial de calcio, lo que es altamente recomendable en edades determinadas, y por ello debe señalizarse. Todo lo cual indica que una buena definición de la leche que se utiliza es necesaria para el consumidor, pero también es necesario que la misma persona se conozca a sí misma y determinar que cantidad y en que proporción es bueno o no el consumo lácteo. Cuando entra en juego el factor edad, ya no solo es recomendable conocer ambos extremos, sino imprescindible, pues no es lo mismo suministrar leche a un niño en crecimiento, que a una mujer gestante, que a un anciano. Claro que también hay que contar con el factor “ocupación”, pues el tipo de leche ideal dependerá de si la actividad que se realiza es intelectual o física, y no digamos ya si la actividad principal es deporte de élite (y el tipo de deporte, claro). Con el edulcorante ocurre lo mismo, el aporte de azucares al organismo humano proporciona beneficios o perjuicios depende de la naturaleza de la persona y de la cantidad aportada, por ello es necesario conocer ambas cuestiones para decantarse por uno u otro tipo de azucar. Todo esto se completa con las apreciaciones culturales del tema. El Café con Leche no es el mismo según el país o zona de la que se provenga, ya que en algunos lugares el café se sirve aguado, mientra que un café puro es un “expresso” y no se mezcla con leche. La leche puede ser concentrada en muchos países, o de origen vegetal y amarga, y se añade en una cantidad minúscula en un café aguado. Es un indicador de cultura, al igualque lo es el café con anis, o en carajillo, o la leche con miel, o el café capuchino, variedades todas ellas del primer concepto (recordemos, Café con Leche) pero a las que se ha aplicado el factor cultural. Este factor cultural está mediatizado por otra variable, la temporal. No es lo mismo tomarse un café con leche al levantarse por la mañana (costumbre de la dieta mediterránea por excelencia), en cuyo caso se denomina (en muchos lugares, en otros tiene otro apelativo) “de desayuno”, y puede sustituirse por un café con “cola-cao”, un nombre comercial que ha sustituido, en España, a la denominación “leche chocolateada” de otros lugares. Después de la comida, es costumbre un café solo, más o menos acompañado de licores varios, puros o el cigarrito de los fumadores, pero también, según la cultura y costumbre, el café se puede sustituir por otro estimulante como es el Té. El té es un acompañante habitual de las tardes en ciertas culturas, pero en la nuestra no. Ese té se puede acompañar o no de leche (o limón, o azucar, o miel) y ocasionalmente de pastas (que han adoptado la coletilla “de te”). En otras zonas las tardes de invierno se acompañan de chocolate, estimulante y reconfortante también. Por la noche no es menester tomar café por aquello de que evita el sueño, pero se toma muy habitualmente, e incluso acompañado de galletas puede sustituir una cena, también prerrogativa de la dieta mediterránea. Y no digamos nada de las citas a cualquier hora……

         Me he perdido totalmente, ¿dónde está en todo eso el Café con Leche del principio?

         A eso mismo me refiero. El exceso de información es como un paraguas que te impide ver el cielo en realidad. Mira, si realizas este ejercicio con cualquiera de las palabras de las que te hablaba antes (Cultura, Arte, Sociedad…) te darás cuenta de que cuanto más se define, cuanto más se extrae sus componentes para definirlos a su vez mucho más correctamente y situarlos en su justa medida de significado dentro de un todo… más se vacia de contenido. Del mismo modo que si extraemos de esta taza el café por un lado, la leche por otro y el azucar por otro, para definir cada uno de los términos en su justa medida y aproximar la significancia del Café con Leche a su esencial necesidad humana coyuntural, a sus diversas realidades, cuanto más hacemos eso, más nos damos cuenta de que lo único que hemos conseguido es “vaciar la taza”.

         Y según tu ¿eso es lo que pasa hoy en día? ¿qué hemos “vaciado la taza”?

         Exactamente. En un mundo en el de todo se sabe, de todo se informa, todo se analiza, se contextualiza, se define, en el mundo de hoy, a fuerza de definir los componentes del concepto mismo de las cosas, lo hemos vaciado realmente de contenido. Hay tanta información que no nos preocupamos de ella, no fomenta nuestro espíritu crítico y no sirve para formar. Además no podemos referirnos a ninguna cosa sin que vaya acompañada de un adjetivo o un epíteto, sin que la situemos con su etiqueta bien detallada en su sitio en la estanteria adecuada de nuestro almacén mental. De este modo cuando queremos alcanzar un concepto, no lo encontramos, no está. Y si queremos colocar uno nuevo, no lo podemos situar en su sitio. No podremos hacer ninguna de estas dos cosas sin la desmenuzación de su significado. No tenemos a donde dirigirnos sin el encasillamiento al que le hemos sometido. Nos encontramos siempre con una “taza vacia”. El gran problema es que ante una nueva situación creamos una nueva etiqueta y con eso solo se consigue que encontremos válida la nueva formula (aunque tuviera ya una realidad preesxistente en un contexto o en una situación determinada), lo que hemos aceptado en realidad es que en nuestra escala de valores hayamos introducido la idea de que “todo vale”, si está definido. Eso, que no es malo en su justa medida, no es más que un espejismo en nuestro mundo de hoy, una “taza vacia”. No hay Café con Leche, hemos vaciado el recipiente a fuerza de definir el concepto. Ese es el auténtico problema de hoy. Esa es mi Teoría, mi explicación.

         Pues ya tienes un título para expresarla: “La Teoría del Café con Leche.

 

Besos.AlmaLeonor

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .