RACIONALIDAD versus HIJOS

RACIONALIDAD versus HIJOS

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Hace poco he leído el libro “La Carretera”, de Cormac McCarthy (de la que también hay una película). Un libro desesperanzador, duro, envuelto en niebla y ceniza gris. ¿Es así realmente? Yo opinaba en mi Club de Lectura que había visto un resquicio para la esperanza.

         Primero porque la mujer del protagonista (que no aparece en la novela, pero de la que se habla), por lo visto, se suicidó, pero antes le dijo a su marido que “cuidase de su hijo, porque era su seguro de vida”. Una primera esperanza, pensé yo. Mientras haya que ocuparse del chico, el hombre tendrá un aliciente para vivir, para seguir en ese mundo deshumanizado.

         Segundo porque al final, el padre muere, y el chico vive. ¿Una alusión a que la vida siempre continua?. Además es recogido por unos (parece) “humanos buenos”. El chico no se queda solo, tendrá alguien que cuide de él y que procure su bien. ¿No es esto una esperanza de continuidad?

Mis compañeros del “Club de Lectura” dicen que no. Que todo el libro rezuma una desesperanza infinita, sin solución de continuidad. Hasta el mismo título lo dice, “La Carretera”, una vía continua que no lleva a ninguna parte, que no acaba nunca, que no ofrece un final, ni siquiera un mal final, menos, un final feliz. La vida del chico está hipotecada, como la del resto de los “humanos buenos” porque los alimentos enlatados se acabarán terminando y no habrá forma de continuar viviendo. Desesperanza.

Mi compañera Allegra, del “Club de Lectura” opinaba así:

El propio título “La Carretera” hace referencia a un aspecto de continuidad, porque esa carretera no es sólo un camino físico, sino también metafísico. Puede hacer referencia a varias cosas:

         A un camino sin final, si la carretera no acaba nunca.

         A un camino con final, con lo que te preguntas ¿Qué pasará al final del camino? ¿Qué nos encontraremos?

         Al camino que es la vida (un recorrido en el que te puedes encontrar de todo).

         El camino psicológico de las personas (nuestra mente avanza, se desarrolla durante toda la vida y se va forjando de principios). Principios que no son iguales en todos nosotros. Y principios en los que creemos y queremos transmitir a nuestros hijos.

Ni siquiera sabemos en lo que pensaba el autor. Tal vez ni siquiera él tuviese pensado un final para la historia.

He pensado mucho en este tema. Me he preguntado incluso ¿Qué haría yo? ¿Tomaría la determinación que tomó la esposa del protagonista?, y sobre todo, si yo fuese la única compañía y seguridad del chico (de mi hijo), en un mundo vacío, sin alimentos, cubierto de ceniza, y amenazado por “humanos malos”,  ¿Me dejaría morir sin llevármelo conmigo?

 

Es una decisión difícil tratándose de nuestro propio hijo. ¿Podemos aplicar la racionalidad en esa decisión? Recuerdo también la terrible “Decisión de Sophie” una decisión a la que ninguna madre debería enfrentarse. 

 

Hoy leo en un artículo de la revista “Que Leer”, una reseña del libro Idearium Español de Ángel Ganivet (1.865-1.898), donde desgrana un conjunto de reflexiones sobre el ser y la historia de España. En este libro se cuenta  la historia de un hombre que viajaba por el Polo Norte en un trineo con sus hijos (no pone cuantos) y acosado por los lobos, les arrojó al vástago menor para poder huir y salvar al resto de su prole. Durísima historia. ¿Podría yo, siquiera, haber pensado en esa solución? ¿Y llevarla a cabo? ¿Hubiese podido enfrentarme a los ojos de un hijo arrojado a los lobos, aun con la loable intención de salvar al mayor número posible de vástagos? ¿Hubiese podido elegir entre ellos? ¿Qué razonamiento acudió a la mente de aquel hombre para elegir al menor? ¿Hubo una razón?

Allegra me dijo que:

Entiendo que la racionalidad es una característica humana igual que los sentimientos. Y que hay momentos en la vida en que nos dejamos llevar por uno u otro. Desde luego que hay personas en las cuales domina una u otra característica, pero ante situaciones extremas (y la que plantea el libro lo es) nunca se puede saber cómo reaccionaríamos nosotros. Creo que los lobos nos comerían a mis hijos y a mi. No creo que pudiera desprenderme de uno solo. Es un poco, como la pregunta ¿si os estuvieseis ahogando, a quien salvarías antes? Posiblemente nos ahogaríamos todos.

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Y pensando en esto recordé la película La Guerra de los Mundos (la versión nueva, del 2005) en la que hay una escena que me causó un gran impacto. Tom Cruisse se enfrenta a su hijo mayor que quiere irse a luchar contra los alienígenas, y su padre no quiere que lo haga por el peligro de muerte que supone. En un descuido, el hijo sale corriendo y Cruisse, dejando a su hija pequeña junto a un árbol, corre detrás de él. Lo alcanza y lo sujeta de mala manera, está a punto de zafarse. Y en ese momento su hija le llama porque unas personas, pensando en salvar a la niña, quieren llevársela. El padre mira a ambos lados: A un lado su hijo que se quiere ir a una guerra sin salvación; a otro su hija que puede desaparecer de su vista si se la lleva otra gente. ¿Qué hacer?.

Para mayor dramatismo, el hijo se consigue soltar de su padre y sale corriendo. Si Cruisse sale detrás de él perderá a su hija irremediablemente. Su hijo puede morir, su hija desaparecer ¿Qué hacer?

Esta escena acudía a mi mente continuamente después de ver la película. ¿Qué hubiese hecho yo? ¿Dejar a mi hijo mayor marchar a una guerra en la que sabía iba a morir? (al final no muere, cosas de los “finales felices” made in Hollywood), o por contrario ¿Dejar que se llevaran a mi hija, sabiendo que quizá viviría, pero yo no la podría encontrar? ¿A cual de mis hijos hubiese atendido primero? ¿Qué puede pasar por la cabeza de un padre (o una madre) cuando tiene que elegir así entre sus dos hijos? ¿Qué criterio de elección es el que al final nuestra mente utiliza para hacer que reaccionemos en una u otra dirección? ¿Es posible razonar en un momento así?

Allegra me dijo:

Tom Cruise le da alas a su hijo mayor. Le deja tomar la decisión por si mismo, reconociendo su madurez, su entrada al mundo adulto.

Supongo que no hay solución “a priori” para ninguna de estas preguntas. Todo depende del momento en el que se presentan, y al final no hay una respuesta acorde con ningún tipo de “racionalidad”, sino que nuestra respuesta depende de una “emocionalidad”. Reconozco que la razón es un elemento muy difícil de aplicar cuando de los hijos se trata. Y supongo que de encontrarme en alguna de esas situaciones pero con otras personas, no directamente familia, mi mente si que hubiese elaborado una respuesta acorde con la más estricta racionalidad.

 

Solamente dos legados duraderos

podemos aspirar a dejar a nuestros hijos:

uno, raíces; otro, alas.”

Hodding Carter

 

AlmaLeonor

 

 

 

5 respuestas para “RACIONALIDAD versus HIJOS”

  1. Bueno, supongo( y entrando en mi vena jurídica)que estaríamos ante uno de esos “casos difíciles” que tanta literatura jurídica provocó en su momento. Te hablo de R.Dworkin y sus Derechos en serio,  un libro que todavía hoy provoca múltiples interpretaciones. A mí, sin  embargo, me ayudó a “destrazar” esa línea que solemos hacer entre lo “correcto”/ “incorrecto”. Siempre habrá matices. Por otro lado, uno de los primeros principios que te enseñan en Derecho es que la omisión, al igual que la  acción, es punible, así que y entrando en el tema, la no elección determinaría igualmente la culpabilidad. Por tanto, el no hacer nada y morir sin haber intentado salvar una vida no sería muy correcto, aunque tú también te mueras. Es más, considero que sería un acto de egoísmo, puesto que además de “no ensuciar la conciencia”, mostraría cobardía. Hay que tener mucho coraje para salvar a un hijo y dejar morir a otro. Duras palabras, ya lo creo, pero duro también es el planteamiento. Otra cosa es lo que se haga de facto y aquí entra lo de la emotividad y demás, lo cual como dije antes, matizaría mucho. El perdón admite muchas variables.
    Hay una película, basada en un libro del mismo nombre, La elección de Sofía, que escenifica precisamente este dilema y es escalofriante.
    Sobre la desesperanza o esperanza, si bien me suelo decantar por la sobriedad en el relato y McCarthy es un buen ejemplo, también es cierto que mantengo la posición de autores como Steinbeck que en sus Uvas de la Ira y centrándonos en la última escena, mantiene un hálito de esperanza.
     Quizá lo más importante no sea saber hacia dónde te lleva la carretera. Pero este es otro tema.
    Saludos,

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  2. ¡Hola!
    Muchas gracias a ambas por vuestros comentarios.
    Cacique, tu punto de vista es muy interesante. No lo había pensado: "Culpabilidad por no elección". La verdad es que da para pensar mucho en ello. Aunque la cuestión era si ante una situación terrible en la que nuestros hijos están implicados, seríamos capaces de actuar o no con racionalidad.
    Allegra, se que estás. Yo también te visito.
    Besos.AlmaLeonor

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  3. Actuar o no con racionalidad depende de lo que incluyamos dentro del concepto “racional” y si queremos o no identificar la racionalidad con lo que es justo o correcto. Te pongo otro ejemplo. Imagina que estás embarazada y en la revisión, el ginecólogo te informa de que el bebé nacerá con deficiencias o taras. ¿Qué es lo más racional? La respuesta va a depender mucho del concepto que cada uno tenga sobre lo que sería o no correcto, y eso en definitiva, va a depender de muchos contextos, que influirá en “nuestra racionalidad”.
    Bueno, no sé si me he explicado bien.Tampoco quiero extenderme mucho, pues es un tema bastante complejo.
    Saludos

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