EL OFICIO DE LAS ARMAS

EL OFICIO DE LAS ARMAS

 

Director: Ermanno Olmi

Guión: Ermanno Olmi

Fotografía: Fabio Olmi

Música: Fabio Vacchi

Intérpretes: Cristo Jivkov, Sergio Grammatico, Dimitar Rarchkov, D. Tenekevjieva

Año. 2002

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En “El Oficio de las Armas”, filme que se ha escogido para ilustrar el tema de “La Italia de Maquiavelo”,  se desarrolla un pedazo de esa Historia de Italia, y por ende, de Europa entera. Concretamente el episodio en el que Giovanni de Médicis, capitán de las tropas pontificias, es herido de muerte en una batalla mantenida contra los lansquenetes alemanes del Emperador Carlos-V en su avance sobre Roma en 1.526, y que acabarán protagonizando el famoso “Sacco de Roma” de 1.527.

La Guerra italiana del siglo XVI fue una guerra moderna, enmarcada en la nueva concepción que del Estado nacía en Europa y en la que se pusieron en juego nuevas formas militares, nuevas armas, nuevos sistemas de reclutamiento. Pero también fue una guerra “vieja”, una guerra de herencias dinásticas, de enfrentamientos cortesanos, de disputas familiares, de fidelidades y traiciones personales. Fue un enfrentamiento entre Habsburgos y Valois, entre la hegemonía hispánica y el poder papal, entre la aparición de los intereses políticos de los Estados y los económicos de las familias más poderosas del continente. El escenario también fue más amplio y complejo que el de las anteriores guerras italianas, ya que comprendió buena parte del sur de Europa: Norte de Italia, este de Francia, sur de Flandes…Fue una guerra en la que el oficio de la guerra, de las armas, se puso a prueba, y en la que no salió ganando.

Europa ya no es la misma que la que había permanecido dormida durante la Edad Media. Francia se ha convertido en un gran Estado, un Estado que avanza hacia el este acaparando territorios e intereses de un Imperio acosado en todos sus flancos. La política Imperial siente el peso del fracaso, un fracaso que está a punto de desmembrar el Imperio (aún faltará algún tiempo) porque los Estados se conforman ahora bajo intereses económicos y bandos religiosos, que trascienden la idea de un Imperio Cristiano. En realidad, a lo que se asiste en estos primeros decenios del siglo XVI es a un enfrentamiento entre las viejas ideas medievales y los nuevos intereses modernos.

Italia juega un papel preponderante en esta lucha. Punto estratégico crucial de la política de influencias de Francia, España, el Imperio y el Papado, fue durante siglos, y lo seguirá siendo en el futuro, el crisol donde se fraguarán los Estados y las fronteras de Europa. Controlar Italia es controlar Europa, y en una península totalmente fragmentada en pequeños Estados, Republicas y Señorías, la guerra militar se decide, en muchas ocasiones, en los salones de la guerra diplomática.

Florencia, Nápoles, Milán, Mantua, Venecia, Ferrara… todos los Estados italianos tienen una baza que jugar, y todos ellos ponen en marcha los poderosos resortes de sus lazos familiares, alianzas y acuerdos para obtener el máximo partido. Los Estados Pontificios, con su posición geoestratégica y su poder espiritual mundial, será quien marque el ritmo de los acontecimientos, según la facción a la que pertenece el Papa elegido.

Tras el Tratado de Noyon de 1.516, que puso fin a una de las fases de la larga guerra de Italia por el control de Nápoles, Francisco-I, el Rey francés, va a aliarse con lo turcos en contra del Emperador, Carlos-V (el Estado francés incluso se aliará con los protestantes posteriormente). Este acercamiento de Francia a la secularización de la política va a suponer que el Imperio se alce con la supremacía en la defensa de la cristiandad. Francia necesitará controlar Italia y para ello cuenta con las, débiles pero efectivas, alianzas de Florencia primero y Nápoles después. Carlos-V, cuenta, según el momento, con los Estados Pontificios y su unión dinástica con algunas de las familias más influyentes de la península italiana.

El escenario está servido. La diplomacia se pone en marcha. Las más modernas en estos momentos son las del Vaticano, Venecia y el Imperio Español. El embajador no es sólo un hombre enviado a parlamentar, es también un político, un hábil economista y sobre todo un espía. El sistema moderno de relaciones internacionales está naciendo en estos momentos, y no tiene nada que ver con el sistema vigente en la pasada Edad Media. Pero en este mundo nuevo, ¿Dónde queda situado el “Oficio de las Armas”?

Es a esta pregunta a la que parece querer dar respuesta el director italiano, nacido en Bérgamo en 1.931, con su película del mismo título. O tal vez no. Tal vez solo quiera hacernos reflexionar con una pregunta sin respuesta posible. Al menos un respuesta no mostrada en el filme.

El argumento se desarrolla en Italia, a partir de 1.524, en las orillas del Po. Los alemanes de Carlos-V quieren llegar a Roma y avanzan costosamente por un territorio en el que saben cuentan con aliados y enemigos, pero en el que están presentes también la intriga y el engaño. Pretenden controlar el Paso de Nicolopo, y reciben ayuda de la familia D’Este, quien les proporciona, en una operación secreta, las armas de artillería con las que derrotar a las tropas pontificias, al mando de Francesco de la Rovere. Giovanni de Médicis, conocido como “Juan de las Bandas Negras”, es nombrado por su tío, el papa Clemente-VII capitán de las tropas que se unen contra el Emperador, al darse cuenta de que los pontificios avanzan más lentamente que los luteranos. Giovanni de Médicis es herido gravemente en batalla, y acaba muriendo envuelto en la leyenda. Los lansquenetes lograrán pasar finalmente el río Po por Ostiglia.

Olmi pretende ofrecer no solo una interpretación histórica de los acontecimientos narrados, de ese momento histórico concreto, sino que también nos muestra una explicación casi metafísica sobre la guerra. Compara las dos formas de entender la guerra, la antigua medieval, y la moderna, que en ese momento se está desarrollando en Italia, pero también va más allá al representar, en una expresión cinematográfica de “tempo lento” (que recuerda a los filmes japoneses, o los más clásicos italianos de postguerra), la guerra “en abstracto”, la guerra como verdugo y víctima de sí misma, como infinita espiral de violencia, cuya inutilidad queda manifiesta con todas y cada una de las muertes que causa. ¿Por qué la guerra? Parece querer preguntarse Olmi al escoger la muerte de uno de los hombres más admirados en su época, Giovanni de Médicis, como protagonista de su obra. Tal vez, con las imágenes casi fantasmales de sus secuencias, y con unas escenas que podrían calificarse como pictóricas, más que cinematográficas, lo que Olmi quiere expresar es la voluntad de una utopía.

Una de las escenas finales de la película pide renunciar a la artillería como forma cruel de cualquier contienda. Resulta cuanto menos paradójico que Olmi haya querido enfatizar tanto el poder de la diplomacia en este conflicto, al menos tanto como para equiparar las consecuencias de las alianzas y traiciones a las consecuencias crueles de una explosión de artillería. Si la diplomacia puede causar ese efecto, si la artillaría puede causar ese efecto ¿Dónde queda situado el “Oficio de las Armas”?

Los hombres también son objeto de estudio en el filme de Olmi. El ideal del perfecto príncipe-caballero, el sentido del honor, la fe, los mercenarios, los manejos políticos, la nobleza y cortesanos italianos. Todo ello pasa por el ojo crítico del director, mostrándose como acompañamiento y comparsa a la verdadera protagonista de la película que es la guerra. La fe al servicio de la guerra, las alianzas al servicio de la guerra, el Príncipe al servicio de la guerra… Quizá una de las escenas más emotivas y de estética más contemplativa aún que el resto del filme, sea la que muestra a la mujer y al hijo de Giovanni de Médicis, mientras éste lee las cartas que la primera le envía. Son escenas de recogimiento, de interioridad, escenas familiares aunque no ajenas a la guerra que se está desarrollando en otro punto, y que recuerdan aquello por lo que un jefe de Estado (al menos el dibujado por Maquiavelo) lucha: Por su patria, por el honor de su familia y por su religión. Pero sobre todo, por su condición de Caballero, de elegido, de distinguido con la “virtus” que hace de él un auténtico Príncipe.

La ambientación es exquisita. Los Palacios italianos muestran hasta los más mínimos detalles del lujo cortesano de las cortes de Ferrara, Mantua, Montferrato… En contraposición los escenarios naturales, que son fríos, con una niebla perenne, inhóspitos parajes… la guerra en contraposición a la vida cortesana. Esta bellísima puesta en escena fue equiparada por los críticos al nivel de la filmografía experimental de Rossellini, Rohmer, Bresson o Feyder y avalada por numerosos premios: Nueve premios David di Donatello en el 2002 y seleccionada para el Festival de Cannes del mismo año. Un palmarés a la altura de un director que ya había acaparado un premio en uno de las primeras ediciones de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (con su filme “Il Posto”) y había sido ampliamente reconocido internacionalmente por obras como  El árbol de los zuecos” o “La Leyenda del Santo Bebedor”.

Los personajes están igual y magníficamente retratados. Empezando por Giovanni de Médicis, interpretado por el actor búlgaro Cristo Jivkov (el que hace el papel del apóstol Juan en “La Pasión de Cristo”). Giovanni de Médicis, murió a consecuencia de las heridas recibidas en la batalla en Mantua el 30 de noviembre de 1.526.

Asimismo, Federico Gonzaga, primer Duque de Mantua (nombrado por el Emperador Carlos-V en 1.530) que es retratado con su sempiterno perrito; Pietro Aretino, un escritor al que mantiene Federico en su corte y que solía llevar colgada la cadena de oro que le regalara Francisco-I de Francia por sus buenos servicios (quizá sea este el personaje menos fielmente retratado en el filme) y que aparece en la película como consejero de Gonzaga.

Clemente-VII, papa de la familia Médicis, hijo natural de Juliano de Médicis, factor decisivo en la guerra italiana. Muy interesado en favorecer a su familia (a Italia, a Florencia y a los Médicis, por este orden) aún a costa de los intereses espirituales del Papado.

María Salviati, mujer de Juan de las Bandas Negras, y su hijo Cósimo, aparecen también en la película. La mujer de Cósimo será Leonor de Toledo, hija del Rey de Nápoles, y mujer considerada paradigma de la elegancia.

El Duque de Ferrara, Alfonso D’Este, que es quien facilita la artillería a los alemanes y que mantiene, como se muestra en el filme, una relación dual y estrecha con los Duques de Mantua. Alfonso tiene dos hermanas muy famosas en la Historia (que no aparecen en la película) que son Beatriz D’Este, la más conocida, retratada por Rafael, y que casó con Ludovico el Moro, Duque de Milán; su otra hermana, Isabel D’Este, Marquesa de Mantua, es la madre de Federico Gonzaga, lo que demuestra los contactos de éste con Ferrara. Isabel quedó viuda muy pronto y gobernará ella su Estado muy inteligentemente. Ferrara se configuró como un importante territorio estratégico entre Venecia y los Estados Pontificios. El Emperador es quien situará a los D’Este como Duques de Ferrara. El ultimo descendiente de esta familia, un hijo natural de Federico, Borso D’Este, murió soltero y sin hijos, lo que propició que el Ducado volviese a la rama legítima de la familia, a su hermanastro Ferrante D’Este, con quien ya se consolidará el Ducado. Los D’Este son mecenas de músicos y artistas. Ferrante es el padre de Alfonso D’Este (quien continuará en el Ducado de Ferrara), Beatriz (quien casará con Ludovico el Moro de Milán) y de Isabel (casada con el Duque de Mantua).

El General de las Tropas Pontificias es el Duque de Urbino (de la familia Rovere), Francesco de la Rovere, retratado por Tiziano. Su mujer, de la familia Gonzaga, es Leonor de Gonzaga. Estas uniones dinásticas entre familias de los pequeños Estados italianos, son consideradas por los historiadores como antecedentes de la unión italiana de Saboya, siglos más tarde.

Un filme plagado de imágenes plásticas, fotográficas, muy cuidadas, y que refleja el devenir histórico con una fidelidad exquisita, tanto en relación con los escenarios y personajes, como en relación a los sentimientos encontrados que se sucedieron en la época.

AlmaLeonor

 

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2 respuestas a EL OFICIO DE LAS ARMAS

  1. MATIAS NICOLAS dijo:

    Exelente Blog!!! muy buena descripcion y comentario de la pelicula

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  2. AlmaLeonor dijo:

    ¡Hola!Gracias por tu visita y tus palabras Matías, te lo agradezco.¿Te gustó la película? A mi me asombró. Fue un trabajo para una asignatura, pero la película me subyugó. Por cierto que me pusieron buena nota, jajajajaBesos.AlmaLeonor

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