6-Viaje por Alemania y Alsacia: RUTA DE LOS CASTILLOS DEL RIN

MAGUNCIA

www.mainz.de

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Hacia mucho calor, y al caminar por sus calles vemos que ¡¡¡estaban vacías!!! Después del animado bullicio de un sitio como Rüdesheim, la verdad es que nos impuso un pelín de desconcierto. La información que llevábamos dice que “el abierto y amigable ánimo de la ciudad y sus habitantes se siente en todas partes”, pero se olvidaron mencionar que “menos los domingos”.

Maguncia surgió a la sombra de un asentamiento romano amurallado al que llamaron Zahlbachtal. Aún pueden verse hoy restos de esa muralla. En el siglo VIII, San Bonifacio y su sucesor, hicieron de Maguncia la única ciudad del mundo, además de Roma, que ostentaba el título de “Santa Sede”. Más tarde, en el siglo XIII el Arzobispo de Maguncia ostentó el cargo de Archicanciller (Presidente) del Colegio de los Príncipes Electores. En 1792 las tropas revolucionarias francesas hicieron huir al Príncipe Elector y se convirtió en República perdiendo la dignidad Arzobispal. En 1950 Maguncia fue nombrada capital del Estado de Renania-Palatinado.

En el centro del Casco Antiguo, en la Plaza del Mercado, se encuentra la Catedral de San Martín de Maguncia, un templo en arenisca roja que se empezó a construir en el 975 bajo el Obispo Willigis, aunque la construcción barroca final se añadió entre los años 1769 y 1774. De este estilo destaca la Capilla Gotthardkapelle, hecha de piedra clara.

Lo primero que vimos al llegar a la plaza de la Catedral fue la estatua erigida en honor de San Bonifacio. Después: un Pilar de Piedra, que creemos es la “Columna de Júpiter”; la Fuente Renacentista (de 1526), y las casas coloreadas que la rodeaban, pocas. También vimos que la Casa Museo de Gutemberg seguía en obras.

Decidimos entrar en la Catedral y visitar lo que nuestra guía califica como “la colección más completa de monumentos fúnebres y esculturas de los siglos XI al XX”. Realmente es casi lo más destacado del interior, aunque también nos gustó la sillería de madera en torno al altar y la Pila Bautismal, situada en una de las Capillas más bonitas. Luego salimos al Claustro, donde seguían los monumentos fúnebres, o al menos esculturas referentes a la muerte. Había leído que merecía la pena ver el Museo del Tesoro de la Catedral de Maguncia ( www.dommuseum-mainz.de ) así que entramos, pero la verdad que es muy poco lo que hay expuesto y no nos llamó la atención más que un Cristo Crucificado, que se encontraba en na urna de cristal, cuyo autor era Dalí. Luego leímos que el Dommuseum debe ser otro edificio mucho más grande (de dos pisos) que no vimos.  

Desde la plaza donde se encuentra el edificio moderno del Museo Mundial de la Imprenta (www.gutenberg-museum.de ), se obtienen mejores fotografías de la parte frontal de la Catedral. El Museo Gutemberg fue fundado en 1900 para celebrar los 500 años del nacimiento del genial impresor, entramos, y la verdad es que nos gustó mucho. Además de poder contemplar, dentro de una cámara acorazada, un ejemplar de la Biblia de Guttemberg, pudimos ver un Quijote del impresor Ibarra, un ejemplar muy raro, y otros muchos libros preciosos de los primeros momentos de la imprenta. También hay salas que explican “los libros antes de Guttemberg”, y otras dedicadas a otras culturas, como la india, japonesa, egipcia… Y en la parte inferior una reproducción del Taller de Guttemberg, y algunas de las primeras máquinas impresoras, verdaderos “montones de chatarra, tornillos y tuercas”, pero que significaron un gran avance para la humanidad. Verdaderamente muy interesante.

Nos dirigimos después hacia donde veíamos la orilla del río, y el paseo por aquí fue precioso. Al volver al aparcamiento pasamos por unas ruinas que correspondían a la antigua Iglesia de St.Christophe, y justo donde aparcamos se encontraba la Iglesia de St.Peter, con unas torres rematadas en bulbos, muy curiosas, pero que estaba cerrada. Vimos también la enorme Cupula que remata la Iglesia Evangélica. No encontramos la Iglesia Católica de San Esteban, que me hubiese gustado visitar, ya que había leído que cuenta con vidrieras modernistas pintadas por Marc Chagall. Otras posibilidades en Maguncia:

Museo Kupferberg: www.staff.uni-mainz.de

Museo de la Navegación en la Antigüedad: www.mainz.de

Museo de Ciencias Naturales: www.staff.uni-mainz.de

Jardín de Rosas Rosengarten y Reserva de Caza Gonseheim

Palacio de los Príncipes Electores con el Museo Central Romano-Germánico

Teatro Unterhaus y Teatro Kammerspiele

Museo Estatal de Maguncia

BINGEN

www.bingen.de

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Desde Maguncia tomamos enseguida la carretera 9 hacia Bingen, y a las 17:20 aparcábamos justito al lado de la Oficina de Información. No pusimos Ticket de Parking porque es domingo.

Bingen, con el barrio de Bingenbrück, es una población situada en la desembocadura del río Nahe en el Rin, donde los romanos ya construyeron una fortificación que con el tiempo constituyó la base del Burg Klopp, el Castillo emblemático de la ciudad. Hoy está reconstruido, es la sede del Ayuntamiento, y alberga un Museo Regional. Se puede observar desde cualquier punto de Bingen y hay varios caminos entre viñedos para ascender.

Sus otros edificios interesantes son la Basílica de San Martín y la Rochuskapelle, un poco más alejada, pero de imponentes agujas. Encontramos una plaza con una fuente que contenía un monumento a Santa Hildegarda de Bingen, que naturalmente es muy venerada aquí, y a partir de ella, una serie de muñecos en forma de enorme Ratón y decorados con diferentes dibujos modernos (al estilo de las “vacas” que proliferaron hace unos años), jalonan el resto de calles de la ciudad. Esta dedicatoria al ratón viene dada por la Mäuseturm, la Torre del Ratón, una de las antiguas aduanas y torres de señalización fluvial, que se puede ver muy bien siguiendo el paseo al lado del río hasta Bingenbrücke, pero quedaba lejos.

Salimos a las 18:15 por la misma carretera 9, pero observamos que las vistas desde este lado no son tan espectaculares como las del otro, y además, la vía del tren la entorpece en muchos tramos. A las 19:00 (km.2210.3) paramos en el Camping Marienort de Trechtingshausen. Nos dieron a elegir plaza y escogimos una justito al lado del Rin. Desde esta posición privilegiada, además teníamos otras vistas impresionantes: por encima de nuestras cabezas se erguía el Castillo de Reichenstein y un poquito hacia la izquierda se divisaba la silueta del Castillo Rheinstein ( www.burg-rheinstein.de ), la primera fortaleza que dio pie al célebre movimiento romántico alemán en torno al Rin.

14-07-2008 LUNES

A las 10:45 salimos del Camping para visitar nuestro primer Castillo alemán. Desde el pueblo de Trechtingshausen sale una carretera pequeña y muy empinada hacia el Castillo de Reichenstein y una vez allí se aparca en la misma puerta.

CASTILLO REICHENSTEIN

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El Reichenstein es uno de los Castillos más antiguos del Rin, destruido por Rodolfo de Habsburgo en 1282. En 1899 fue comprado por un particular que lo reconstruyó. Hoy conserva algunas partes del primitivo Castillo, pero está completamente restaurado, alberga un Restaurante y, tras pasar por taquilla, se puede visitar por libre.

Nada más cruzar la puerta se accede al Salón de Cornamentas, y la escalera, todo ello revestido de cornamentas, sobre todo de ciervo, pero también de otros animales. Un detalle curioso lo compone una lámpara en forma de dragón (no será la única que veamos). También se accede desde aquí a un amplio espacio ocupado por una Colección de Estufas de hierro y placas de hogares, así como algunos baúles de hierro y sus intrincados cerrojos. Seguidamente se accede a la Sala de Armas, con unas cuantas armaduras completas (una muy curiosa y deteriorada es de Samurai) y varias picas, lanzas, espadas, ballestas y fusiles.

Los pisos superiores están ocupados por los Salones Privados. En todos ellos se conservan muebles, objetos, pinturas, retratos, libros, documentos y muchos más enseres de los últimos ocupantes del Castillo y de aquellas personalidades que los visitaron. Luego subimos a las almenas, desde donde se divisaban muy bonitas vistas, y pueden ser recorridas casi en su totalidad. Después se vuelve a bajar y ya no hay más que ver, salvo un patio privado donde al parecer se ofrecían las comidas después de acontecimientos importantes como bodas o bautizos.

Nos dirigimos de nuevo a la carretera 9. De camino podemos observar el Castillo Sooneck que también se puede visitar en verano, aunque por lo visto hay que hacer un kilómetro de camino andando para llegar. Nos paramos un momento en Bacharach, una ciudad que merecería un recorrido más detenido, pues es una de las que aún conserva gran parte de la primitiva fortificación, incluido el Castillo de Stahleck, que domina el panorama desde su privilegiada altura. Se necesitan 25 min. de camino solo para ver su patio y los alrededores, porque no se visita.

Nos volvemos a detener, esta vez en el aparcamiento del embarcadero cuando tenemos enfrente Kaub y el Castillo Pfalz, la fortificación que Luís el Bávaro mandó construir en 1326 en la isla Pfalzgrafenstein. Ciudad y Castillo resistieron un sitio de seis semanas en 1504. Por encima de Kaub se puede contemplar el Castillo Gutenfels (significa “buen peñón”), que data de 1200. Aunque Napoleón proyectó su derribo y desmantelamiento, se consiguió salvar gracias a una compra privada. Hoy alberga un lujoso hotel y no se visita.

A las 12:20 paramos en Oberwesel, donde nos encontramos con un problema con los Parking. No entendemos las señales y no se pueden meter monedas en los parkímetros. Decidimos dejar el coche sin poner Ticket y recorrer el pueblo que es conocido como “la ciudad de las torres y el vino”. Sobre Oberwesel se puede observar el imponente Castillo de Schönburg (significa “hermoso castillo”), con varias torres de defensa (es un hotel, no se visita), pero lo más significativo son sus murallas, ya que cuenta con la más completa fortificación que se conserva en el tramo medio del Rin, incluyendo 18 torres. Y tiene, además, su propia leyenda, relacionada con siete rocas, que por lo visto se encuentran bajo las aguas del río en este tramo, y que llaman “las siete doncellas”. Cuenta la leyenda que siete jóvenes fueron transformadas en piedra debido a su extrema beatería.

Al llegar a St.Goar nos volvemos a detener para fotografiar, en la otra orilla, el Castillo Katz, un refuerzo para el Castillo Rheinfels de este lado, ya que desde ese punto se podían divisar inmediatamente los barcos que doblaban el peñasco de la Loreley. De esta forma, ambos (conocidos popularmente como “el Gato y el Ratón”), protegían la lucrativa aduana del Rin. El Katz es una propiedad privada y no se visita, pero si se puede recorrer el Castillo Rheinfels, que es hacia donde nos dirigimos ahora.

CASTILLO RHEINFELS

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Esta impresionante fortaleza, una de las más grandes e inexpugnables del Valle del Rin, demostró su alto valor estratégico al resistir cuarenta asaltos y más de un año de sitio sin rendirse. Transformado en fortaleza, en el siglo XV se le añadieron troneras y galerías de minas. Durante la Guerra de Sucesión del Palatinado (1692) fue la única fortaleza del Rin que, con una guarnición de 4.000 soldados, resistió los ataques de un ejército francés compuesto por 23.000 hombres. En 1797 los franceses volaron la fortaleza y sus restos fueron utilizados para remozar diversos Castillos, como el Ehrenbreitstein de Coblenza. En 1843 el Príncipe Elector Prusiano lo compró, evitando así su total desmoronamiento. Hoy se visitan las ruinas, pero resulta de lo más interesante y atractivo.

Desde St.Goar parte un camino a pie hacia el Castillo de unos 15 min. pero también hay una carretera para poder subir en coche. La pendiente es del 17% y las curvas muy cerradas. Al final se encuentra el Parking de pago. Lo primero que vemos son los Baños. Resultó ser una visita de lo más curiosa porque eran preciosos, claro que no creo que los caballeros opinen lo mismo porque en el suyo, una guillotina (auténtica) decoraba el WC, jejejeje

En las taquillas nos dicen que la visita al Rheinfels se hace por libre y nos entregan un plano y explicaciones en español. Antes de continuar quiero advertir a quien visite este Castillo que vaya provisto de linterna.

Los recorridos que propone el plano son dos. Uno a través del Castillo medieval y otro por la fortaleza exterior y las rutas subterráneas. Del primer recorrido, lo más interesante es el antiguo Treppenturm, o subida a la torre, donde se encuentra el Museo, muy aconsejable de visitar (es gratuito) ya que allí se puede contemplar, entre otros objetos, banderas y armas interesantes, una inmensa maqueta de lo que fuera en tiempos el Castillo Rheinfels, una reproducción bastante exacta porque se contó con detalladas ilustraciones a color, grabados y planos de la fortaleza, que se realizaron en el año 1607.

Después se pasa por el imponente Muro del Castillo y lo que queda de la Torre Principal de 41 mt. de altura, las Trincheras de defensa y un Pozo (Brunnen) de 70 mt. de profundidad que data del siglo XV. Subiendo a la Torre del Reloj, que conserva su altura original de 21 mt. se divisan unas magníficas vistas del Valle del Gründelbach, al otro lado, y al bajar por unas estrechas escaleras de madera llegamos al punto de inicio.

El segundo itinerario es el más curioso y entretenido. Se inicia bajando una escalera llamada “A los caminos de Guardia” y nos encontramos ya visitando las “Casamatas”. Son una serie de pasillos subterráneos con ventanucas para lanzar proyectiles que recorren todo el Castillo y que llevan denominaciones muy curiosas, como: “A las vueltas por las minas”, o “El Hueco de la Raposa”, o “El Foso del Cuello”. Aún hay otras que llevan a la parte más baja de la fortaleza, que están cerradas, pero que antaño eran llenadas de pólvora para hacerlas estallar en caso de que el enemigo se infiltrase por ahí. Por varios de estos pasadizos visitables hay que tener mucho cuidado con la cabeza, pues algunos son muy bajos (apenas un metro en algunos tramos), y en varias ocasiones se hace necesaria la linterna, pues el camino puede ser muy irregular y no se ve nada. También podemos encontrar bifurcaciones y ramales que dan la sensación de haberse perdido ¡¡fue realmente divertido!!

Desde el Torreón del Armero se accede a los puestos de guardia superiores, con buenas vistas del exterior. Siguiendo este camino se llega al antiguo Almacén de la Sal, donde se almacenaba el Salitre para la pólvora, y un poco más allá, las Mazmorras, el Matadero y el Sótano Mayor, un inmenso edificio del siglo XV dedicado a almacenar vino y víveres. Sus muros tienen cuatro metros de espesor y hacen eco. Después alcanzamos ya la salida.

SANKT GOAR

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A las 17:00 abandonamos el Parking del Castillo y nos volvemos a detener en este bello pueblo de St. Goar para recorrerlo un poco. Lo primero que vemos son los Ferrys que lo comunican con su homólogo St.Goarshausen en la otra orilla y que nos gustó mucho cuando pasamos por allí. El nombre de ambos les fue dado por el ermitaño Goar que vivió aquí en el 765 y fundó un Monasterio.

St.Goar sufrió varios asaltos durante la Guerra de los Treinta Años, y fue casi destruido 1759 en el transcurso de la Guerra de los Siete Años. Hoy posee un centro muy animado, con bellas casas con entramado y muchas bodegas. Visitamos la de Stefan, que tiene su tienda en la calle principal y produce vinos y licores artesanales (de los que nos procuramos un par de botellas). Además habla español.

Después nos marchamos camino de Boppard, el penúltimo destino de esta carretera 9, pues aún queremos ir un poquito más allá y visitar el Castillo Stolzenfels. Todavía nos es posible contemplar algunos de los Castillos que jalonan las colinas, como el Castillo Mäus de Wellmich, y los llamados “hermanos enemigos”, los Castillos de Sterrenberg y Liebenstein, llamados así por las gentes porque sus defensas son más fuertes en la parte en la que se divisan el uno al otro.

BOPPARD

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Llegamos a Boppard a las 17:15 y nos dirigimos a la Oficina de Información. Allí nos ofrecen un folleto en español y alguna explicación también en un poquito de español. La primera e ineludible visita es a la Iglesia de San Severo. En su interior se conservan algunos frescos y bellas vidrieras. La otra iglesia de Boppard es la Iglesia de los Carmelitas, donde se encuentra una muy venerada Traubenmadonna, o “Virgen de las Uvas”, pero no llegamos a verla. Nos gustaron mucho sus calles con bastantes casas  entramadas muy bonitas, sobre todo una de color rojo y que luego he visto la llaman “La Casita del Te” (Teehäusje).

Las dos estrellas indiscutibles de Boppard son el Castillo del Príncipe Elector (que no llegamos a visitar), y el Castro RomanoBodobrica” (que sí visitamos). En el primero es donde se encuentra el Museo Thonet ( www.museum-boppard.de ), el autor de la famosa silla, que popularizaron las cafeterías vienesas. El Castro Romano testimonia que Boppard se encontraba entre las más importantes colonias romanas de la zona. Originalmente un asentamiento celta (Baudobriga), fue ocupado por los romanos en el siglo IV construyendo una fortaleza y dándole el nombre de Bodobrica, que es de donde proviene el actual de Boppard. Esta fortaleza se ha excavado y es la que se puede visitar hoy.

Pero lo que más nos llamó la atención a nosotros fueron las Vistas Panorámicas de las que hablaba el folleto. Boppard dispone de un Telesilla que asciende en 20 min. desde el Valle de Mühltal hasta el Gedeonseck y el Vierseenblick, dos miradores panorámicos. Al primero se llega tras un corto paseo y desde él se puede divisar el famoso Gran Meandro que el Rin describe en Boppard. El segundo, más accesible, permite divisar el panorama de los “Cuatro Lagos”, un efecto óptico que hace que el Rin parezca ser cuatro lagos en lugar de un solo río. Era tarde ya para subir al Telesilla.

A las 18:30 (km.2257,6) llegamos al Camping Shonneneck que no estaba en la misma ciudad. No nos permiten instalarnos en la orilla del río, sino en la zona verde del medio. El edificio de baños y duchas es muy grande, con espacios amplios y con muchas cabinas, al lado de una inmensa piscina. Un cartel en la puerta de las duchas nos hace entender que se cierran a las 12 de la mañana y a las 10 de la noche. Pero nos pilla lejísimos y los fregaderos, que están más lejos aún, también se cierran.

15-07-2008 MARTES

A las 10:45 abandonábamos el Camping y también Boppard (sin subir a los miradores). Ahora continuamos circulando por la carretera 9 en dirección Coblenza y aún seguimos viendo Castillos. Se divisa estupendamente el Castillo Marksburg, aunque no pudimos parar a sacarle una foto ¡¡lástima!! Pero nuestro destino, el Castillo Stolzenfels, aparece en nuestra guía como uno de los Castillos más bellos del Rin.

CASTILLO STOLZENFELS

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El Castillo Stolzenfels (www.rheinromantik.de) se encuentra frente a la desembocadura del río Lahn, sobre una montaña que se eleva por encima del pueblo de Kapellen. Fue construido pocos años después que el Castillo Lahneck (1250) que se encuentra enfrente, y ambas fortalezas tuvieron, en el siglo XIV el derecho de cobrar impuestos aduaneros en el Rin. Fue destruido en 1689. En el año 1823 la ciudad de Coblenza se lo regaló a Príncipe heredero Federico Guillermo de Prusia quien mandó reconstruirlo según el modelo del romanticismo renano y el resultado es un palacio de cuento. Desde el año 2002 forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Aparcamos a las 11:07 en Kapellen, que solo dispone de un descampado al sol como Parking (al menos no es de pago). Luego hay que subir a pie por un camino empinado, aunque muy cómodo y bonito de realizar, y en el que además de un frondoso arbolado puede admirarse la pequeña Ermita de San Menas, de forma redonda, y un Viaducto desde el que se contempla una bonita vista del Río. Una vez arriba vimos que se estaban realizando obras en el recinto y que nos encontraríamos camiones, hormigoneras, cables, operarios y andamios por todas partes ¡¡en fin!!

En las taquillas nos informan de que la visita es guiada y que debemos esperar 25 minutos hasta el siguiente turno. No hay ni una sola sombra en la entrada, ni hay explicaciones en español, solo en inglés, y la visita se ofrece únicamente en alemán.

Al menos hemos disfrutado de un Palacio precioso. Tanto los exteriores, con sus vistas sobre el Rin, y sus torres amarillas terminadas en almenas irguiéndose sobre el cielo azul, como los cuidados interiores, han sido una visita agradable. Empezamos por una Gran Sala de Reuniones que aún mantenía alguna armadura. Luego visitamos la Capilla, muy pequeñita, aunque con pinturas en la pared que están consideradas entre las más importantes del Rin, y más tarde un Jardín de Pérgola, con una fuente en medio y varios tipos de plantas alrededor, aunque estaba en obras. Vimos las Cocinas, que no mantienen nada del mobiliario, aparte del horno y una especie de pilas, y después entramos en las habitaciones. Pasamos por un par de pasillos por los que solo podíamos asomarnos  y que mantenían todo el mobiliario. Luego pasamos a una sala amplia en la que se podían ver unos frescos en las arcadas del techo que representaban virtudes: caballerosidad, amor, lealtad… y que daba a otra, llamada Sala de Armas, donde pudimos ver varias armas de los siglos XII al XVIII colgadas en las paredes, así como unas cuantas armaduras y grilletes. Luego se entra en la zona más protegida, tras una puerta cerrada con llave, y en la que debíamos calzar una especie de patucos de felpa que servían, además de para proteger la madera del suelo, para pulirlo, porque no se podía caminar con ellos, solo arrastrar los pies ¡¡que listos estos alemanes!!

En estas habitaciones se encuentran los muebles neogóticos más lujosos y originales, por lo que están todos protegidos. Según la guía del Rin son objetos de gran valor, como el Escritorio del Elector de Tréveris que data de 1700. Y con eso acabamos nuestra visita al Stolzenfels, con la sensación de que nos habían ocultado un montón de dependencias, pues desde fuera parece mucho más grande.

A las 13:00 salíamos ya del Parking de Kapellen, casi a las puertas de Coblenza, para buscar la Autopista A61. A las 13:30 estamos ya en ella, con lo que se acaba nuestra Ruta de los Castillos del Rin. ¡¡que pena que nos da dejar este río y estos parajes!!!

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