MENU: Comer y Beber en Alemania

 

MENU: COMER Y BEBER EN ALEMANIA.

Como Helicón se ha convertido momentáneamente en un Monográfico sobre el viaje, hoy la sección de Menú, también tocará el tema. Nosotros llevamos nuestra comida de casa, pero solemos comer alguna vez en nuestros lugares de destino, para probar al menos, sus productos típicos.

En esta ocasión probamos los sabrosos bocadillos de salchichas que se pueden encontrar por toda Alemania, sobre todo en las freidurías o schnellimbiss. Sin duda este país es conocido internacionalmente por sus wurst o salchichas. Las hay de todos los tipos y colores, y cada región defiende que la suya es la mejor, e incluso se disputan, entre Nuremberg y Ratisbona, el privilegio de haberla inventado. Berlín, es la ciudad que puede alardear de haber creado una verdadera pasión por la currywurst, que se corta en finas lonchas y se acompaña de curry, aunque nosotros probamos una de este tipo en un puestecillo en el bello pueblo de Bernskastel-Kues en el Mosela. Otras variedades que se pueden encontrar son la weissbrut blanca, propia del sur; la frankfurter  conocida como perrito caliente; o la bratwurst, con especias y muy habitual en todo el país. Nuestra mejor bratwurst la tomamos en Friburgo, en el mercado que se sitúa los sábados alrededor de la Catedral, y aderezada con cebolla frita. ¡¡¡Buenísima!!!

Un apartado aparte merecen los panes. En Alemania los encontrábamos de todos los tipos, formas y sabores y probamos una buena variedad de ellos. Cualquiera de sus panes negros, acompañados simplemente con un poco de mantequilla, es sin duda todo un placer. En el Lago Mummelsee compramos una tarrina de grasa con especias (pensábamos que era otra cosa) que se tomaba untada en estos panes y aderezada con sal. Al principio nos sorprendió, pero estaba buenísimo. Otros panes comunes son el famoso gewürzbrot con especias, el zwiebelbrot con cebolla, o el sorprendente pumpernickel, negro y con semillas y un delicioso sabor a jamón, típico de Westfalia (este no le llegamos a pillar). Aunque sin duda el panecillo más conocido sea el laugenbrezel, un lazo salado que se vende por la calle y que es apropiado para cualquier momento. Ya sea caliente o frio resulta un aperitivo de lo más apetitoso. Además lo vendian en bolsitas tipo snack que también resultaban toda una tentación.

Hay incluso Rutas Culinarias que se aconsejan en las Oficinas de Información Turística, como la Ruta de los Espárragos en Baden, baja Sajonia o en Beelitz, al sur de Berlín. En muchos lugares se celebran fiestas del espárrago y de las delicias culinarias propias de finales de primavera. En Schleswig-Holstein, la Ruta Alemana del Queso se extiende entre el mar del Norte y el mar Báltico. En ella se pueden visitar más de 30 queserías artesanales, que producen distintas variedades de quesos de vaca, cabra y oveja. Pero no hicimos ninguna de ellas.

Probamos, eso si, un estupendo Kebab, en una maravillosa cena en la calle más animada del Casco Viejo de Heidelberg. Teníamos ese capricho. Alguien nos había dicho que en Alemania se puede degustar el mejor Kebab de Europa y no quisimos perdernoslo.

Pero la tradición alemana con mayúsculas es la Cerveza, eso no cabe duda, y cada comarca tiene la suya propia, todas de diferentes tipos y de calidad excepcional. Hay más de cinco mil variedades repartidas por todo el país, que pasa por el ser el segundo bebedor de cerveza del mundo (detrás de los checos). Se puede beber en las cervecerías o brauereien o pedirlas en los restaurantes.

La mayor parte de las cervezas alemanas se basan en la Reinheitsgebot, la ley de pureza aprobada en 1516 en Baviera, que establecía los tres únicos ingredientes permitidos en su fabricación: lúpulo, malta y agua. La aplicación la Ley en toda Alemania fue una de las condiciones que Baviera estableció para su incorporación al Estado alemán en 1871. En algunos casos la ley se convirtió en un arma de doble filo que, pese a proteger al preciado producto de ingredientes no deseados, limitó la variedad y la creatividad de otras tradiciones cerveceras alemanas.                              

Pese a todo, la variedad puede apreciarse en cervezas de temporada como la maibock, que se produce para el comienzo del verano, o la marzenbier, hecha en marzo para ser bebida en el Oktoberfest. Un caso extremo es la sticke, una alt (cerveza de fermentación alta) que se produce en Dusseldorf sólo unas pocas veces al año en series limitadas y se distribuye por sorpresa para deleite de sus fans. En Colonia, el nombre de su cerveza tradicional, la kölsch, sirve también para definir el dialecto y la forma de ser de sus habitantes. En otras ocasiones la cerveza constituye un patrimonio cultural a recuperar. Es el caso de la gose, una cerveza blanca que sólo se encuentra en la ciudad de Leipzig y sus alrededores, y que estuvo a punto de desaparecer al no cumplir la ley de pureza, pues incorpora sal y cilantro. Un ejemplo de sofisticación berlinesa es la berliner weisse, una cerveza de trigo que se suele servir mezclada con sirope de frutas, lo cual, según algunos puristas, no es más que una horrorosa excentricidad.

Pero lo normal es que uno se encuentre con una cerveza rubia (Lager y Pilsen), oscura (Dunkel) o dulce (Malz). Nosotros nos dejamos aconsejar cada vez que pedíamos una y probamos unas cuantas. En algún camping nos comprabamos un par de botellines (bueno no se les puede aplicar el diminutivo, pues eran muy grandes) y nos les tomábamos mientras descansábamos de la jornada del día.

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Sin embargo, en las regiones que visitamos, aunque si que se consumía cerveza, era más corriente encontrarse con vino. En las regiones del Rin y del Mosela se producen buenos vinos blancos, ligeros y perfumados. Es la llamada Ruta del Riesling en la región de Rheingau, también conocida como la Ruta del Vino de Mosela. A todo lo largo del Mosela y del Rin, hay numerosísimas bodegas y todas ellas ofrecen catas de vinos. Nuestro primer Riesling lo compramos en Trittenheim y después, en St-Goar, visitamos la tienda de Stefan, del que ya he hablado, y nos trajimos un Riesling blanco de calidad, de su propia cosecha y un licor de melocotón, también artesanal de su bodega.

En el Lago Mumelsee había una tienda de productos comestibles que eran todos una tentación. Además de panes y embutidos encontramos unas pequeñas tarrinas que nos parecieron de queso para untar, y que presentaban varias especies. Mucha compraba una tarrina o bien pedía una de las muchas rebanadas de pan preparadas que también se vendían. Se aderezaban con sal antes de comerlas. Por la tarde merendamos con el embutido y la tarrina que habíamos comprado y nuestra sorpresa fue mayúscula cuando comprobamos que lo que contenía era simplemente grasa aderezada con especias y muy sosa. No obstante una rebanada de pan negro untada con ese compuesto y aderezada con sal resultaba de lo más sabroso, aunque no se podía abusar de ese producto.

En Baden-Baden observamos que muchas tiendas ofrecian licores de frutas, sobre todo el afamado Kirsch de la Selva Negra, pero también otros tipos de licores realizados con frutos del bosque, como arandanos, grosellas, mirtillos….también nos vinimos con un par de botellitas.

 

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