LOS FORMIDABLES KALANDRIAN

LOS FORMIDABLES KALANDRIAN port-00147-NB

Dos son los libros “estrella” de mi verano, la estación del año en la que más puedo leer. Uno ha sido “La Escriba” de Antonio Garrido y del que hablaré otro día. Pero el primero, sin lugar a dudas ha sido la obra de Jorge Berenger, “Los Formidables Kalandrian, editado por Lengua de Trapo el pasado mes de Julio.

No ha sido éste un libro que haya descubierto en un anaquel de mi librería favorita, ni me fue recomendado por una amiga, ni llegó a mis oidos con el infalible “boca a boca”, y ni siquiera fue un libro que me sorprendiera en las páginas de una revista especializada. No. Puedo decir que en toda mi vida, este ha sido el único libro que he descubierto en su “proceso de gestación”, e incluso, que de alguna manera, he participado en él. Por este motivo, y porque Jorge Berenger me honra con su amistad, me complazco en afirmar que “Los Formidables Kalandrian” ocupa un puesto de honor en la subjetiva y personal escala de mis libros favoritos. Si. El primero.

Conocí a Jorge Berenger al leer su primera novela “El Angel Sin Cielo”, obra que ocupó la mayor parte de nuestro intercambio epistolar, y desde entonces hemos seguido en contacto. Jorge es una persona intuitiva y muy imaginativa. Un auténtico “cuentista”. Sus ideas fluyen tan naturalmente como su palabra y su sonrisa. “Si tienes un buen personaje tienes una buena historia” me dijo en una ocasión, a propósito de “Excato”, el protagonista de su primera novela. Y tanto se ha aplicado a su propio dicho, que para la segunda, no ha encontrado un personaje, sino toda una familia, los Kalandrian.

La historia de este libro es tan peculiar como la propia historia de los protagonistas. Algún día, estoy segura, él querrá contarla. Pero cuando salió a la venta, George (“el célebre y sublime escapista polaco”), Samuel (“el increible hombre bala”), Orlando (“el ángel amigo de los niños”), Lubo (“el célebre y muy prestigioso catedrático de Psicología”) y Fabio Kalandrian, el que “decidió desafiar a la muerte y burlarse de su destino”, eran ya personajes conocidos para mi, y para otros amigas (algunas de los cuales son mencionadas en la novela, como Allegra, Cacique, Ginebra…). Pero sobre todo, conocíamos las “Luces de Lentejuelas” y el afamado “Pollo Ramón”.

Con el libro en la mano descubrimos que la familia Kalandrian es mucho más que el deseo de desafiar a la muerte. A través de sus páginas se nos muestra toda una pléyade de historias que abarcan practicamente todos los generos de la novela de todos los tiempos: el circo, la mafia, la guerra, los espias, los rusos, el ajedrez, la musica, la pintura, la Norteamérica de las oportunidades, los paisajes exóticos, los colegios internos, el misterioso oriente, la bohemia París, los castillos encantados, los barcos piratas, la cosmopolita Amsterdam, el cine, la alta sociedad, los bajo fondos, las estafas millonarias (el personaje de “El Parker” es una maravilla), …. todo lo recorre la particularisima familia Kalandrian con la facilidad con la que el “angel amigo de los niños” volaba por encima de sus cabezas en el circo. Pero con la diferencia de que la obra acaba mucho mejor que el malogrado tercer Kalandrian. Acaba dejándonos con la necesidad de seguir recorriendo innumerables paisajes, con la necesidad de seguir acompañando a los Kalandrian en sus “vuelos de lentejuelas”, pero con la satisfacción de haberlos acompañado en un “viaje iniciático de la muerte a la vida”.

Cuando leí “El Angel Sin Cielo” le comenté a Jorge que me había sorprendido el cambio de narrador que introduce. Si en un principio aparece la tercera persona, enseguida pasa a la primera y vuelve a la tercera sin orden ni concierto. Reconozco que me despistó, y aún más: me atreví a reclamarle al autor (el hecho de que sea un amigo es lo que tiene) que introdujese al menos un elemento de orden en esa alteración de expresión narrativa. Menos mal que no me hizo caso. En “Los Formidables Kalandrian”, Jorge vuelve a utilizar, lo que creo que ya ha adoptado como “marca de autor”, el cambio de expresión narrativa. Tampoco hay un orden preestablecido o intuido en ese cambio, pero no sorprende tanto, o al menos, a mi no me sorprendió que el último de los KalandrianFabio Kalandrian, alias el Rana”, utilizase la primera persona para contar sus aventuras. Es como digo “una marca de autor” que ahora ya está perfilada.

A los Kalandrian les acompañan muchos otros personajes. Cada uno de ellos, un microcosmos en sí mismo, que encierran desde la fidelidad perruna de los “chicos de los zapatos acharolados”, a la íntegra “mujerez” de Helga, la camarera alemana del Pub Maxi, “una de esas mujeres con mayúsculas”, “una de esas que te miran a los ojos y te intimidan”. Pero hay más: El viejo Giacomo Testafreda, la abuela Iris, la directora del Colegio, la compañera de colegio de Allegra (esta me encanta particularmente, “Sondra Lockhearth”), su sueco marido, los estudiantes alemanes, la nonagenaria vecina, Hiro el luchador japones de sumo que poseía “un espíritu de una delicadeza casi dolorosa”, el Baron de Wivys, la humana Reme y la ya mencionada Helga, Ginebra Kalandrian y su marido, el “actor en decadencia”, así como toda la comparsa de maleantes que acompañan a su hermano Fabio, como el “Axterix” y el ya mencionado “Parker”. Todos ellos nos muestran, de la mano de un acertado “humor cítrico” (me parece que esta denominación se acerca más a la realidad del libro, que la que le adjudicó otro lector, “humor trágico”) manejado con suma habilidad por su autor, Jorge Berenger, nos muestran, digo, “la forma adecuada de convivir con la angustia de ser racionalmente conscientes de estar predestinados a morir”. El secreto que la familia Kalandrian nos muestra en toda su amplia y humana crudeza.

Como ha dicho otra amiga nuestra (un grupo autodenomiado ya “Kalandrian Tribe”), una novela que “debería venderse con receta en las farmacias”, una novela “curativa” sin duda, una novela para reflexionar, disfrutar y reir. Una novela para vivir en definitiva.

 

“Cuando vi aparecer a mi hermana me dio mucha pena, porque pensé que se había muerto y que venía a despedirse, pero cuando me dio una hostia que casi me hace saltar la dentadura me di cuenta de que era ella de verdad”. “He venido a buscarte. Estamos hartos de verte hacer el imbecil por ahí”.

 

La editorial Lengua de Trapo ha seleccionado esta frase como contraportada de la novela. Quedemonos pues con ella. Un libro absolutamente recomendable, “Los Formidables Kalandrian”, de Jorge Berenger.

 

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