LAS CROQUETAS DE MI PURI

Las Croquetas de mi Puri

 

Esto del “Lenguaje no Sexista” está alcanzando ya cotas rayanas en la estupidez. Y es una opinión mía (aunque Arturo Pérez Reverte lleva mucho tiempo copiandome la idea, jeje), quiero decir que es una opinión absolutamente subjetiva y que no temo complicarme en el espinoso asunto de lo “políticamente correcto” (no voy detrás de ningún Ministerio). Así que me reafirmo ¡¡mira que se dicen estupideces!!

Leía yo el otro día en el periódico sobre un incidente que había llevado a la Ministra Bibiana Aído a pedir que se retirase una cuña radiofónica publicitaria (sobre Letras del Tesoro) en la que se incluía, por lo visto, la frase “las croquetas de mi puri”, porque una senadora le había advertido a la Ministra de su “contenidoy estética incontestablemente sexista”. Al parecer este hecho “conmocionó” a la Ministra que “no daba crédito a lo que estaba escuchando” porque a su juicio el anuncio era “más propio de un país en que la mujer ocupa un lugar subordinado que de una sociedad justa y libre”. Con estos antecedentes, el Vicepresidente Solbes (de cuyo Ministerio, al parecer, dependía el anuncio) dio orden de retirar la cuña radiofónica.

Esto es lo que leí.

Y llevo desde entonces dándole vueltas en la cabeza al asunto (ya saben quienes me conocen lo que me “perjudica” leer la prensa, pero yo sigo en mis trece, así de enganchada que estoy) y no quiero dejar pasar la ocasión de hablar del tema. Bueno, son dos los temas, vamos por partes.

Primero, el Lenguaje. Si que es verdad que cualquier esfuerzo que se haga por eliminar de nuestra lengua todo atisbo de utilización sexista del lenguaje, es una tarea necesaria, clarificadora, justa y de obligada realización en una sociedad moderna y libre. Eso es incuestionable. Es incuestionable que hay que eliminar toda connotación sexista discriminatoria de palabras como “zorra” que tras un oportuno “dicese de…” aparecía en el Diccionario de la Lengua Española como “mujer de vida licenciosa” o algo por el estilo. No se si sigue apareciendo así en le Diccionario, pero no hace falta saberlo, porque claramente se utilizaba con ese sentido, y muy a pesar de los esfuerzos ministeriales, se sigue utilizando con ese sentido. Cosas como esta, si son las que tienen que “conmocionar”.

Es necesario desterrar del uso de la lengua connotaciones sexistas discriminatorias de los femeninos de algunas profesiones. Por ejemplo se utilizaba “generala” o “ministra” hasta hace bien poco para referirse, exclusivamente, a “la mujer de…” un general o un ministro, no a la mujer que “ocupa el cargo de…” ministro o general. Eso es necesario desterrarlo, de la misma forma que ya parece felizmente desterrado el uso de “doctora”, “jueza”, “abogada”, etc. para referirse unicamente a la mujer de quien ocupe esos cargos, porque ya son ocupados, con toda normalidad (al menos la que nos es posible, aún queda mucho por hacer) por mujeres.

Pero hay mucho trabajo por delante para acabar de desterrar maneras discriminatorias en el uso del lenguaje. Aún se oye mucho utilizar un femenino para “degradar” a un hombre. Por ejemplo, si a un tipo se le llama “cabron”, se le puede insultar (o no, esta palabra es lo que tiene), pero si se le quiere “insultar más”, se le llama “cabrona”. Muchos de nosotros habremos oído en nuestra infancia, y aún hoy en día quizá, llamar “niña” a un niño al que se le quiere tachar de “cobarde o miedoso”. Y así con muchas palabras. Eso hay que eliminarlo y luchar para que no se utilice el femenino con connotaciones discriminatorias o minusvalorativas.

Pero no podemos dar “la vuelta a la tortilla” de forma que TODO deba feminizarse porque sí. Si ya es fácil y hasta vemos corriente utilizar palabras como “jueza”, “ministra”, “doctora”, “minera”, “empresaria”, “capitana”, etc. ha sido merced al esfuerzo enorme de muchas mujeres que han conseguido ocupar esos puestos pese a la oposición de buena parte de la sociedad (no solo masculina, que todo hay que decirlo). Pero precisamente por respeto a ese esfuerzo y sacrificio, no podemos dejar que la “feminización” de otros términos termine en el escarnio. Porque, aunque si es posible utilizar términos como “ministra” o “jueza”, no se pueden utilizar, por ejemplo, el femenino de “Cabo” (un cargo del ejército, y que conste que creo que aquí no se feminizan, pero me permitirán utilizarlo para poner un ejemplo), que sería “Caba del Ejército”, o por el mismo motivo utilizar el femenino de “soldado”, cuyo resultado sería “soldada” y todos sabemos que esa palabra tiene su propio significado, “la paga que se le da a un soldado”, con lo que el femenino convertiría a una soldado en “la paga que se le da a un soldado”… diganme si esto no es más ofensivo.

No. No se trata de caer en el ridículo. Se trata de adaptar el lenguaje a los nuevos usos y a la nueva mentalidad de una sociedad… ¿como dijo la Ministra?… “justa y libre”,  con la misma naturalidad con la que se ha hecho en sentido contrario, por ejemplo, cuando los hombres empezaron a emplearse en tareas “propiamente femeninas” como las de “azafato” o “enfermero” o “cocinero”. Con esta última por cierto, podríamos rizar el rizo. Con aquel dicho, tan machista él, de “la mujer a su cocina” se dio la paradoja de que al ser los fogones ocupados por un hombre, su acepción masculina, “cocinero”, adquirió una connotación “superlativa”. Diganme sino, si no se ha tenido una especie de “más alta consideración” a un cocinero de restaurante que a una cocinera de su cocina, y no me vengan con que era por “ocupar una profesión remunerada” porque muchas mujeres ocupaban también esta labor de forma remunerada y no se las tenía en tal alta estima. Solo cuando la mujer ha ido ocupando esos puestos de cocina “elevados tan masculinamente”, ellos se han dado en denominar “Cheff” o “Restaurador” o “Maestro Cocinero”. ¿Es o no es esto una utilización discriminatoria del lenguaje sexista? Yo creo que sí, pero de una forma muy solapada, tanto, que curiosamente, ha escapado de la crítica mirada de la senadora de la Comisión de Igualdad que observó la incorrección en el caso de las “croquetas de mi Puri”.

El mencionado Arturo Pérez Reverte suele referirse en muchos de sus artículos a la palabra “miembro” o “miembra” para representar precisamente lo que vengo diciendo, que no se puede solucionar el sexismo discriminatorio en el lenguaje cayendo en el más absoluto de los ridículos (y que conste que no estoy entrando en el campo de la lingüística ni de la Academia de la Lengua), aunque, como a él, habrá quien critique esta postura mia (él las suele llamar “erizas”, pero a mi me parece un término ofensivo). Hay otra formula ultimamente que tamibén se suele utilizar para “eliminar” estos “improperios”. Se trata de cambiar una palabra por dos (o más). Por ejemplo, en mi Facultad había “conserjes” hasta hace unos cuantos años, todos hombres, pero ahora el puesto está mayormente (o en una gran proporción, o mitad por mitad, que tando da) ocupado por mujeres. Todos ellos se llaman ahora “Auxiliares de Servicios”. ¡¡Valeee!! que es una fórmula para “dignificar” la profesión, de acuerdo, de acuerdo. Pero… ¿no es eso precisamente lo que hay que hacer con la mujer? ¿dignificar la utilización del femenino? ¿no se trata precisamente de eso? ¡¡Pues tomen nota!!. Hay que reconocerle el valor y contenido a cada palabra, en su justa acepción y no caer, por el uso (mejor abuso) y costumbre (mejor mala costumbre), en “añadidos” tipo “dicese de…” o “se utiliza como…”. ¡¡Dignifiquese el femenino en el lenguaje, pero no se ridiculice más!!.

Una vez nos explicaron en clase de latín que el género femenino no existía en el primitivo latín (o en el anterior indoeuropeo, no recuerdo bien), solo existían el género masculino y el género neutro. Cuando se hizo necesario utilizar el género femenino, se formó a partir del neutro. Y ¿Cuándo se hizo necesario utilizar el femenino? Tal vez sorprenda la respuesta. Al parecer con el género neutro se podía denominar todo aquello que no fuese masculino, así cuando un animal tenía crías, como podían ser de los dos sexos, esa palabra “cría” era de genero neutro (no me pidan que ponga la traducción al latín, suspendí la asignatura). Pero llegó un momento en el que tener crías hembras suponía un valor añadido (monetario), porque a su vez, podían llegar a parír crías, así que se hizo necesario distinguir entre crias machos (y para eso ya estaba el masculino) y crías hembras… pero… para esto no tenian un genero específico, así que “se hizo necesario crear el género femenino”. Se que esto puede parecer discriminatorio y machista, pero, por lo visto, fue así como se formó el femenino. Tiempo es ya de que lo dignifiquemos.

Y el segundo tema al que aludía al principio es la Imagen. Luchar para evitar las imágenes ofensivas hacia la mujer, es una tarea encomiable. Pero de nuevo se suele caer en la exageración más absoluta cuando “se rasgan las vestiduras” por un anuncio televisivo o una cuña publicitaria. Ejemplos de anuncios retirados hay muchos (todos tendremos en mente alguno) y aunque sí es verdad que en ocasiones hay casos verdaderamente flagrantes de “estética incontestablemente sexista”, en otras ocasiones lo único que se aprecia es una “estética” sin más. Una imagen de una mujer desnuda no tiene porque ser, para nadie motivo de “conmoción”, ni tiene porqué pensarse que un desnudo femenino es una utilización sexualmente discriminatoria del cuerpo de la mujer, puede ser simplemente un “desnudo femenino”, sin ninguna otra connotación añadida, ni tiene porque sugerir ninguna otra cosa.

Por los mismos motivos por los que he aludido antes con el lenguaje, se cae en el más absoluto de los ridículos al analizar cierto tipo de imágenes. Si para luchar por una “sociedad justa y libre” se ha de discriminar a una mujer que hace croquetas para “su” marido, poco honor se le hace a esa “sociedad justa y libre”. ¿Son menos mujeres las que SOLO se dedican a atender la casa y su familia? ¿no merecen tener un espacio en los anuncios? ¿es que se las tiene que ocultar, como si de una “peste” se tratara?

No. Claro que no. Una cosa es que se anime a la mujer a ocupar un puesto laboral y a realizarse en otros planos, y otra muy distinta que se “discrimine” a quien no quiere hacerlo (conozco a alguna). Son mujeres con un espacio propio en esta sociedad, con una actividad “justa y libremente” elegida (al menos vamos a conceder la duda de que lo han podido “elegir”, en caso contrario entrariamos en un tema que no es éste), y que también tienen el derecho de aparecer en anuncios y cuñas publicitarias. Una mujer que hace “croquetas para su marido” ¿causa “conmocion” a una Ministra?, si esto es así ¿qué clase de Ministerio de “Igualdad” propugna? No se tendría que llamar así, sino “Ministerio para las mujeres que trabajan fuera de casa” (y añadir una coletilla que diga algo así como “las demás que formen un Ministerio aparte”). Y eso que el lema de la citada campaña publicitaria del Ministro Solbes sobre las Letras del Tesoro dice: “Si tu vida es como tu eliges que sea…”. Eso si que debería cambiarlo el Ministro, y decir algo así como: “Si tu vida es como otros eligen que sea, politicamente correcta por supuesto…”

No es la primera vez que estoy en desacuerdo con la Ministra Aído. La creación del Ministerio me parece un acierto, su elección como Ministra, no. Y si admite un consejo (al parecer no los admite), deje de hacer caso a voces hipócritas y céntrese en su trabajo, que tiene mucho a lo que atender.

 

AlmaLeonor.

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