ANECDOTAS-27: LOS ADORNOS NAVIDEÑOS.

Anecdotas: LOS ADORNOS NAVIDEÑOS

 

Una de las costumbres más arraigadas en estas fechas es la de colocar adornos propios de la Navidad. Quien más, quien menos, todos ponemos alguna cosa, y donde hay niños mucho más. Afortunadamente aún no llegamos a los extremos exagerados que se alcanzan en algunos hogares estdounidenses, pero también tenemos todos algún vecino que cada año nos bombardea con estrepitosas luces y regordetes Papa Noel colgando de la ventana. Este año hay hasta Tres Reyes Magos colgados de las ventanas…

Recuerdo que cuando nosotros nos casamos quisimos tener unos adornos de Navidad propios y bonitos. Recuerdo la ilusión con la que los compramos, y eso que a mi “costilla” las tradiciones de estas fiestas le traen más bien al pairo, pero era nuestra casa y queríamos tener nuestros Adornos Navideños. También nuesto Belén, que fue muy modesto y unicamente contaba con las figuras principales del portal, pero le teníamos.

Al año siguiente fue aún más ilusionante porque nuestro hijo ya contaba con casi dos años y queriamos que participase y disfrutase de toda la parafernalia navideña. Ese año compramos más adornos para nuestro arbol artificial y muchas más figuritas para nuestro Belén que ahora era monumental, con castillo, río, trampantojo, cesped artificial, nieve, tierra, muchos pastores y pastoras, animales de todas clases…. en fin, enorme. Y aún más. En contra de mi natural tendencia a estropear todo trabajo manual, por aquellos años realicé con y para mi hijo una serie de Belenes en papel que distribuimos por todas partes. Fue ese también el año en el que adoptamos la costumbre de colocar las Felicitaciones de Navidad que ibamos recibiendo en la repisa de la chimenea, formando así parte de la decoración navideña. Todo era perfecto… o casi.

Con lo que no contábamos era con Nina. Ya he hablado de ella, nuestra gata siamesa. Entonces era aún un cachorro de gatita muy jugetona, y el complemento ideal de mi hijo pequeño. Entre los dos se entabló una especie de apuesta por ver quien era capaz de arrancar más cosas del arbol de Navidad, quien lo tiraba más veces al suelo, y quien era capaz de descolocar más el Belén.

Durante aquellas y las siguientes Navidades nuestra gata se afanaba por subirse al sofá y alcanzar todo adorno Navideño posible para tirarlo al suelo. Igualmente hacía con las Felicitaciones de Navidad, a las que, no se por qué razón, parecia odiar especialmente. Era colocar una y ella tirarla al suelo. Cuando no podía alcanzar los adornos del árbol desde el sofá, se metía entre las ramas y trataba de trepar por ellas con el consiguiente estropicio al tirar el arbolito al suelo. Pero no hubo año que no intentara dejar pelado al pobre árbol de Navidad. Y mi hijo se confabuló con ella para la misma tarea. El árbol de Navidad era su objetivo favorito, y cuando no le pillabamos tirando de una bola, le encontrábamos arrancando las hojitas verdes de imitación que acabaron dispersandose por toda la casa (hasta en la sopa, literalmente, las encontraba). El resto de espumillones y adornos de las paredes también eran objeto de su deseo. Cuando no los arrancaba directamente para ponerselos por encima o “desplumarlos”, lanzaba objetos hacia los más altos con el fin de hacerlos caer (teniamos algunos puestos en la lámpara del comedor que era enorme). Era un peligro constante y algunos tuvimos que terminar por quitarlos antes de que causaran algún problema serio.

El Belén era otra cosa. Si al principio entre mi hijo y Nina se disputaban el derecho a descolocar toda la instalación, más tarde mi hijo tomó cartas en el asunto y solo admitia la colocación que él había organizado. Así el Castillo estaba encima del Portal de Belén o los pastores hacían su hoguera en medio del río, pero era lo que él había querido. Patos, ovejas, conejos, cerdos y demás animales del Belén aparecian por todas partes, incluso dentro de las casitas que tambíen había en nuestro Belén, o en la bandeja de los turrones. Con los años el Belén pasó a ser aún más particular, pues había que colocar en él desde coches de bomberos hasta soldados de plástico o playmobil piratas. Pero no admitía que los quitásemos.

Pero desde luego el mayor objeto de sus travesuras fue siempre el Niño Jesús. Desde la primera vez que nos ayudó a colocar el Belén, hasta que fue lo suficientemente mayor como para optar por otros entretenimientos, siempre, siempre, escondía el Niño Jesús. No sabemos por qué razón lo hacía, pero no le gustaba que la figurita del niño estuviese en el Belén y la quitaba. Le explicamos una vez que la tradición dice que hay que colocar el Belén sin el niño y poner éste sólo a partir de la Nochebuena, pero no era esa la razón, él no quería que estuviese allí en ningún momento. Quitaba al niño y ponía en su lugar (en la cuna) cualquier otra figura, incuso un cochecito de los suyos y escondía al niño. Algún día quizá se lo cuente. De momento la infeliz criatura sobrevivió a tanto envite y aún continúa con las figuras de nuestro Belén.

 

¡¡¡FELICES FIESTAS DE NAVIDAD Y AÑO NUEVO 2009!!!

 

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