EL CHICO DE LA BICICLETA Y OTRAS AUSENCIAS

EL CHICO DE LA BICICLETA Y OTRAS AUSENCIAS.

HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DEL ATENTADO DE MADRID DEL 11 DE MARZO DEL 2004

Veo pasar a un chico en bicicleta por delante de mi puerta. Lleva un chubasquero azul oscuro, un casco amarillo, los pantalones recogidos, gafas oscuras, y una mochila a la espalda. No le conozco de nada. Pero su silueta pasando delante de mi, me hace recordar la de otra figura amiga que ya no volveré a ver. El chico de la bicicleta al que me refiero murió el pasado mes de febrero. No le veré más, pero cada silueta parecida me lo recuerda, como un ausencia que no quiere, o no puede, desvanecerse del todo.

He tenido esa misma sensación en otras ocasiones. Cuando era niña y correteaba descuidadamente (bueno, en realidad no tanto) por las calles de mi barrio, me encontraba siempre con un hombre muy mayor sentado en el bordillo de un portal contiguo. Todos los días, casi a todas las horas. Era un hombre amable y sonriente que hablaba con practicamente todos los que por allí pasaban, gentes del mismo barrio, cuando aún las gentes del mismo barrio nos conocíamos por nombres, parentesco y ocupación. También saludaba a los niños, y hubo veces en las que nos regalaba alguna cosa. Yo recuerdo que a mi hermana y a mi nos regaló en una ocasión una tiza de color a cada una. Nos dijo como se utilizaban y los maravillosos dibujos que podíamos hacer con ellas. Él tenía varias en una cajita pequeña, de indefinible color debido a la mezcla de los diferentes tonos de las muchas tizas que allí guardaba. Un día dejé de verle. Era yo una niña aún, y no tenía conciencia de que las ausencias suelen tener un motivo. Varios días después seguía sin ocupar su sitio habitual en el bordillo del portal contiguo al de mi casa, pero por entonces ya comenzaba yo a mirar detenidamente aquel lugar, como asegurándome de que su espacio lo ocupaba una ausencia y no él realmente.

Algún tiempo más tarde, y no se precisar cuando, supe que aquel hombre había muerto. Su ausencia quedó para siempre ligada al espacio que ocupa en mi mente, un espacio al que siempre miro de soslayo, aún hoy, cuando paso por delante.

 

Hoy es 11 de marzo. Me pregunto cuantos de los espacios de ausencias son recordados cada día por las muchas personas a las que segaron la vida un día como hoy en la Estación de Atocha de Madrid y en otros lugares de la capital española. Me pregunto cuantas personas pasarán al lado de espacios que en otros momentos fueron ocupados por compañeros anónimos de días y días de rutina. Y tal vez por gentes no tan anónimas. Me pregunto cuantas veces los familiares, amigos y conocidos de aquellas víctimas notarán más que su ausencia, ese espacio que la ausencia llena, en su casa, en su habitación, en su lugar de trabajo, viéndolo llegar desde el balcón….

Yo los recuerdo hoy. Como homenaje a todas las víctimas. Pero estoy segura de que todos aquellos que los conocieron, o los vieron durante mucho tiempo en el mismo sitio, les recordaran como una ausencia presente en muchos momentos. Por ejemplo cuando un chico en bicicleta pase por delante de su puerta…

AlmaLeonor

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