DORDOGNE-PERIGORD (2)

VIAJE DORDOGNE-PERIGORD

(FRANCIA)

DEL 6 AL 12 DE ABRIL DEL 2009

DÍA 8 – MIÉRCOLES: SARLAT-LA-CANEDA

Sarlat-la-Caneda

A las 11:10 salimos del Área para atravesar todo el pueblo de Les Eyzes-de-Tayac, y coger la D-47 con dirección Sarlat, que está a unos 20 km. de aquí. A menos de un kilómetro de les Eyzies-de-Tayac, se localiza la Cueva de Font-de-Gaume uno de los últimos santuarios con pinturas rupestres policromadas abiertos aún al público, pero no paramos (cierra miércoles. Entrada: 5,50 Euros). Otros Yacimientos en la zona: Laugerie Haute (cierra miércoles. Entrada. 2,50 Euros); Grotte des Combarelles y el Abri du Cap Blanc. De los casi 200 yacimientos de la Dordogne, más de la mitad se halla cerca de Les Eyzies. En los alrededores: Castel Marie, en Sergeac; la Grotte de Bara-Bahau, en Le Bugue; Grottes de Villars, en el pueblo del mismo nombre; y la Grotte du Grand Roc (www.grandroc.com) cierra en enero y los viernes de noviembre a marzo (Entrada: 6 Euros). La guinda del recorrido es la Cueva de Rouffignac (www.grottederouffignac.fr), situada a 12 kilómetros de Les Eyzies-de-Tayac. Cuanta con ocho kilómetros de salas y galerías que se pueden recorrer en un pequeño tren eléctrico (cierra de diciembre a marzo. Entrada: 5,80 Euros). Toda esta información de Internet resulta muy atrayente, pero no visitamos ninguno de estos sitios. Otro viaje será.

SARLAT-LA-CANEDA

Sarlat-la-Caneda

Además de los abrigos prehistóricos, son impresionantes las Granjas, tipo palacetes con varios edificios alrededor, que se ven desde esta carretera. También Castillos. Queda muy poco para Sarlat, pero aún vemos una señal que indica la salida hacia el Castillo de Puymartín (www.chateau-de-puymartin.com).

Ya en Sarlat-la-Caneda (Parking 0.40 E) nos disponemos a recorrer un lugar al que teníamos muchas ganas de venir. Hoy por fin, estamos aquí.

Si fuésemos directores de cine, o mejor, encargados de localizar exteriores y estuviésemos pensando en rodar una película de época, tendríamos buena parte del trabajo solucionado: Sarlat-la-Caneda es el mejor escenario posible para cualquier filme de ambiente histórico. Parece increíble, pero, aunque se intente, es imposible encontrar un solo elemento que desentone en todo el conjunto monumental de esta bella capital del Périgord Noir. La explicación a este singular fenómeno, incluso en un país tan preocupado por su patrimonio cultural como Francia, es que el casco antiguo de Sarlat fue elegido como barrio piloto en una campaña estatal de restauración – iniciada en 1.962 por el prestigioso intelectual y político André Malraux – de los centros históricos más representativos del país.

Esta innovadora política cultural de recuperación ha dejado, en el caso de Sarlat, una ciudad en la que basta caminar unos cuantos metros por alguna de sus empedradas calles para retroceder varios siglos en el calendario de la Historia. El viaje al pasado va a estar aderezado por una inusual concentración de vistosas fachadas, en las que se distinguen tres marcados estilos artísticos y constructivos: Gótico, renacentista y barroco. Además, Sarlat-la-Caneda es la ciudad europea que posee un mayor número de edificios declarados monumentos históricos por kilómetro cuadrado. En 1965, las dos comunas de la Canéda y Sarlat, se fusionaron bajo el nombre de Sarlat-la-Canéda.

Sarlat-la-Caneda

Sarlat también ha sabido preservar la escala humana con la que fue concebida, y eso la convierte en una ciudad ideal para ser descubierta caminando. El mejor lugar donde iniciar la visita es la Place du Peyrou, a los pies de la Catedral de St.-Sacerdos. Este templo, edificado entre los siglos XVI y XVII y que conserva parte de una antigua fachada románica, se alza muy cerca del lugar que en su día ocupó la abadía benedictina –fundada  a finales del siglo VIII –, que hoy solo conserva la Capille des Pénitents Bleus, y alrededor de la cual surgió la primitiva ciudad medieval. Llama la atención el peculiar remate, en forma de apuntado bulbo, que culmina la torre recargada de la iglesia. La Capilla des Récollets, del siglo XVII, que es conocida como la Capilla de los Pénitents Blancs, está hoy transformada en escuela, y cuenta con un pórtico barroco.

Justo detrás de la cabecera de la Catedral, al lado del antiguo cementerio de los canónigos, o Jardín des Enfeus, del siglo XVI, con panteones colocados al fondo de nichos, se localiza una especie de mirador desde el que se descubre una interesante perspectiva de buena parte de la localidad. A primera vista, lo más llamativo del caserío de Sarlat es el bello color dorado –dependiendo de la inclinación de la luz solar, a veces recuerda los tonos naturales de la miel, y pudimos verlo – de la bien trabajada piedra con la que están levantados la mayoría de sus edificios. También destaca el abigarrado conjunto de empinados tejados en los que se alternan las tejas de distintos colores y materiales. Unos metros por encima de este improvisado punto de observación, en el jardín llamado Cour de l’Eyêche (patio del Obispo), se alza una curiosa torre románica de planta cilíndrica y tejado cónico, de cerca de 10 mt. de alto, que es conocida con el misterioso nombre de Lanterne des Morts. Bastante rara en Francia de este tamaño y en este estado, una “Linterna de los Muertos” es un edificio construido de forma variable, a menudo en forma de torre alargada, generalmente hueco y coronado por un pabellón calado con al menos tres aperturas, en el que en el momento del crepúsculo, se izaba con un sistema de poleas, una lámpara iluminada, que supuestamente servía de guía a los difuntos. En ocasiones fue utilizada como capilla funeraria. También se la llama “Tour Saint Bernard”, ya que Bernardo de Claraval pasó por Sarlat en 1147 durante su investigación sobre los heréticos, realizando el llamado “milagro de la curación colectiva con panes”.

De nuevo junto a la entrada de la Catedral, hay que admirar el antiguo Palacio Episcopal, hoy Teatro Municipal, adosado a la misma. En su fachada se alternan armoniosamente los elementos góticos y renacentistas, en su interior alberga los restos de una Logia del siglo XVI. Justo enfrente y cerrando la Place du Peyrou, se levanta la Maison de la Boétie, de 1525, relevante muestra de la arquitectura civil renacentista de comienzos del siglo XVI y que habla de la época de mayor esplendor en la historia de Sarlat-la-Caneda. Sus amplios y elegantes ventanales y, sobre todo, los picudos remates de sus fachadas la han convertido en uno de los iconos más conocidos y fotografiados de la ciudad.

Un pasadizo que atraviesa la Maison de la Boétie permite alcanzar, pasando antes por la también notable casona renacentista del Hôtel de Maleville (del siglo XVI), el Hôtel Plamon (en el que cada planta es de una época diferente), la Place de la Liberté.  En este amplio ámbito urbano se celebra el famoso Mercado de Sarlat, que los sábados extiende sus puestos muy bien surtidos, por otras muchas calles de la localidad. Un excelente foie-gras y las exquisitas trufas del Périgord son sus productos estrella. Aunque hoy es miércoles, también había mercado (por lo visto todos los días hay un mercado en esta plaza, aunque el más grande y más famoso es el de los sábados).

Todavía quedan muchos rincones para descubrir en la ciudad y a veces entra la tentación de apresurar el paso. Pero hay que mantener la calma y recorrer pausadamente la Rue des Consuls, con su apretada colección de casas de los siglos XIV al XVII, entre las que destacan el Hôtel Plamon, el Hôtel de Vassal y el Hôtel de la Mirandole.  La Rue Jean-Jacques Rousseau, fue la calle principal hasta que se construyó la Rue de la Republique en el siglo XIX. Otra típicas callejas, estrechas y tortuosas, son Rue d’Albusse, junto al jardín trasero de la Catedral, y la Rue de la Salamandre, también con numerosas casas del siglo XVI. Muchas de estas casas cuentan con tejados de “lauzes”, unas pizarras utilizadas especialmente en el sur de Francia.

Tras acercarse hasta la entrañable Plaza del Mercado de las Tres Ocas y tomar un trago de la fresca agua que brota en la renacentista Fontaine de Ste.-Marie, se puede finalizar el recorrido buscando la Iglesia de Ste.-Marie, convertida en Mercado Cubierto, y centro cultural, por el arquitecto Jean Nouvel, con los portones más grande que hemos visto en la vida, el Hôtel de Grézel y el antiguo Tribunal Real, presidido por la Tour du Présidial.

Con más tiempo y para quien le guste, el Museo del Automóvil, propone al visitante todo un viaje en el tiempo (Avenue Thiers, 17. Entrada: 6 Euros). La Oficina de Turismo de Sarlat et du Périgord Noir se encuentra en la  Place de la Liberté (www.sarlat.com)

Tras el paseo, nos hemos ido a buscar un Camping. Pese a toda la información que he recogido de Campins de la zona y al grueso libro de Campins de Europa que llevamos, lo bueno de Francia es que las indicaciones siempre acaban resolviendo cualquier duda. Justo al salir del Parking, vemos una indicación y la seguimos. Resultó que el Camping Les Périères (31.40 E), www.les-perieres.com está a la salida de Sarlat, en un alto, que nos permitirá bajar al pueblo sin tener que mover la furgo (a 10 minutos andando para ir y a unos 15 para volver, por las cuestas). Luce un sol radiante.

Sarlat-la-Caneda

Esto es el paraíso de los franceses”, dijo Henry Miller cuando la visitó. Cuando la visitamos nosotros también la encontramos paradisíaca, aunque acostumbrados como estamos a que Francia nos sorprenda constantemente con sus paisajes, pueblos conservados y centros urbanos impecables, no la consideramos la única joya francesa, sino una de tantas como tiene.

Había leído que Sarlat iluminado es una maravilla, pero como no sea que en verano lo iluminan más, y esté más concurrido… Lo que nosotros hemos visto es una iluminación tenue y escasa (que no le queda mal, de todas formas, quizá más iluminación no le favorezca) y apenas alguna persona por la calle (sigue escuchándose hablar español a la gente que pasa). Nos hemos quedado en la Plaza de la Catedral, en el Restaurante La Rapière, pequeñito, pero acogedor, que anunciaba menús a 15 Euros. Hemos pedido ensalada variada (que contaba con un queso curado buenísimo) y terrina de canard con ensalada, y los segundos, dos Confit de Canard, muy buenos, y un plato exquisito que se llamaba Tête de Voceau. El servicio cuidadísimo, la atención, y el ambiente, junto con los estupendos platos, han hecho de la cena una delicia.

A las 10:30 aproximadamente (tras subir muy despacio al Camping, por las cuestas), estamos ya durmiendo muy a gusto en la Camper. Mañana nos espera otro destino de ensueño, Rocamadour.

… PERO SERÁ EL PRÓXIMO DÍA.

 

 

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