EL MURO DE BERLÍN (HEROES)

EL MURO DE BERLÍNHÉROES

Estaba yo intentando componer un comentario sobre el derribo del Muro de Berlín en el que, por encima de las mutuas felicitaciones y el bombo y platillo con el que se ha celebrado el día 9 de noviembre pasado, se recordara sobre todo, que causó cerca de 300 víctimas (la última persona muerta a manos de los soldados cuando intentaba alcanzar el sector occidental, fue el barman de 21 años, Chris Gueffroy, el 5 de febrero de 1989) y no menos de 3.000 detenciones durante los años en los que estuvo levantado.

Quería yo que se recordase que aún existen otros muros de la vergüenza, los cuales, aunque solo fuese por similitudes, debían ser expresamente mencionados y sus autores, expresamente censurados. Pero tales cosas no han sucedido mucho, o al menos no en la misma medida que las referidas a la noche del 9 de noviembre de 1989, cuando parece que “todo el mundo”  o estuvo allí, o intuyó el acontecimiento, o directamente contribuyó a él, cuando en realidad fue obra de muchas personas anónimas, habitantes de Berlín, que desafiando a todo y a todos salieron a la calle a comprobar si en verdad el Muro podía traspasarse. Ellos y no los políticos que hoy se felicitan mutuamente fueron los verdaderos protagonistas de aquella memorable jornada.

Me gustaría vivir lo suficiente como para ver derribado el Muro de Palestina y escuchar el autobombo con el que, estoy segura, muchos dirigentes políticos se van a dirigir a sí mismos y a sus correligionarios. Me gustaría vivir lo suficiente como para poder decirles a todos ellos a la cara que no realizaron ninguna manifestación en contra de ese muro palestino cuando conmemoraron el 20 aniversario de la caída del de Berlín. Curiosamente el pasado día 9 (o tal vez fue el 10), un trozo del muro de Palestina cayó y permaneció así hasta que las autoridades israelíes se dieron cuenta y se apresuraron a repararlo. Hubiese sido demasiado bonito que ocurriese el milagro.

Estaba y pensando en todo esto, decía, cuando he leído el artículo que mi adorado Vicente Álvarez de la Viuda (si no han leído aún ningún libro suyo, se han perdido algo muy bueno), escribe, como cada jueves, en el diarios “El Norte de Castilla” de Valladolid.

Vicente nunca defrauda. Cada vez que he echado de menos una voz pública que denunciase o al menos realizase una crítica veraz sobre tal o cual tema, siempre he encontrado la palabra puntual y certera de Vicente Álvarez en su “Faro de Aqualung  (http://blogs.nortecastilla.es/vicentealvarez/2009/11/12/heroes#c53639469).

Esta vez también ha dado en el clavo. Fíjense si no, en los párrafos que he destacado en negrita. Gracias Vicente. Tú sí que tienes madera de héroe.

 

 

HÉROES (Vicente Álvarez de la Viuda)

En 1977, David Bowie andaba instalado en Berlín y compartía piso con Iggy Pop. Ese mismo año, Elvis Presley nos abandonaba para siempre, los Sex Pistols ponían patas arriba el mundo del rock y en España, que sin duda era otro mundo, triunfaba ‘Gavilán o paloma’. En el Berlín gris del muro de la vergüenza, Bowie compuso una de las más legendarias canciones de la historia, un verdadero himno generacional y esperanzador, una canción melancólica, única y mítica en la que colaboraron genios como Brian Eno o Robert Fripp. Aquel himno inolvidable se llamaba ‘Heroes’ y daba título a uno de los discos fundamentales del Duque Blanco. Según confesó con posterioridad, la inspiración le llegó al espiar desde su ventana a dos amantes besándose junto al Muro de Berlín. De todos los lugares en los que se podían haber citado, ¿por qué elegir un banco bajo una torre de vigilancia del Muro? Bowie imaginó que se trataba de un amor de contrabando y que habían elegido precisamente ese lugar como un acto de heroísmo con el que expiar sus culpas y retar al mundo. Porque «la vergüenza está en el otro lado y podemos ganarles por siempre jamás, oh, sí, podemos ser héroes sólo por un día». Aquel verso se convirtió en un verdadero grito contra la opresión, en el triunfo del amor en medio de un lugar prohibido, desesperanzado y peligroso: «We can be heroes, just for one day». El amor y la rabia de los dos amantes contra las metralletas de los soldados de la torre de vigilancia. «Puedo recordar estar de pie al lado del Muro y las pistolas disparando por encima de nuestras cabezas. Y nos besamos como si nada nos pudiera ocurrir».

Dos años después, los aires de Perestroika iluminaron un noviembre mágico y la revolución pacífica protagonizada por muchos héroes anónimos fue extendiéndose por todas las calles de Berlín. El 9 de noviembre de 1989 el Muro cayó y el mundo dejó de estar dividido en dos bloques antagónicos. Las 276 personas que murieron al pretender pasar al otro lado y los más de tres mil encarcelados por intentar abrazar la libertad se convirtieron en datos para la infamia. Ahora, veinte años después, se celebra la caída del Muro y todos se unen a la fiesta. Por eso es bueno recordar que aún existen muchos muros (Palestina, Bagdad, Sahara), que se construyen muros para separar las civilizaciones opulentas de los desheredados de la tierra y que otros muros como el terrorismo, el extremismo religioso o la dictadura de los grandes imperios económicos están esperando a nuevos y anónimos héroes como los amantes de la canción de Bowie. El mismo día que se celebraba el aniversario de la caída del Muro, el jefazo de Goldman Sachs, uno de los grandes bancos yanquis al que el Gobierno tuvo que inyectar 6.700 millones del erario público para que no quebrara, declaraba: «Los banqueros hacemos una misión social, un trabajo de Dios». Y justificaba el reparto, apenas un año después y en mitad de la crisis, de 13.000 millones a sus empleados entre salarios y bonus. Algo que atenta contra las más elementales nociones de justicia y moralidad. Algo completamente pornográfico. Necesitamos nuevos héroes que pateen el culo a esta gentuza. «Podemos ganarles, por siempre jamás. Podemos ser héroes sólo por un día».

Publicado en El Norte de Castilla el 12 de noviembre de 2009

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