RITOS Y LEYENDAS DE NAVIDAD (5)

RITOS Y LEYENDAS DE LA NAVIDAD (5)

 

¿Corresponde la Navidad a un hecho histórico?.. ¿Nació Jesucristo un 25 de diciembre?… ¿Existieron los Reyes Magos?.. Sobre estas y otras preguntas trataremos en este reportaje sobre la Navidad y sus orígenes pre-cristianos, unas fiestas paganas que tenían en común el culto al sol y a los ritos de la fecundidad.

 

Por Javier Rodríguez Coria (Periodista y Escritor)

(Publicado en la revista CLÍO, año 3, núm. 27, del mes de enero de 2004)

 

EL ÁRBOL DE NAVIDAD  

En Centroeuropa y norte de España, existió desde muy antiguo un culto al árbol y al bosque en general. La dendrología tiene diversos orígenes, uno de ellos de clara influencia celta, pero su culto no era sólo religioso, también tenía un significado en la vida social, política y legal. El roble era el árbol sagrado entre los celtas, el  “Árbol del Solsticio” por excelencia que era adornado con manzanas y otras ofrendas. Y sus troncos eran quemados en diciembre para que cuidara los hogares con su fuego sagrado y guiara a los espíritus de los familiares fallecidos en su vuelta a casa. Este rito se conserva hoy día en los Pirineos aragoneses con la tradición de La Tronca, El Tió catalán o El Cepo de Nadal gallego por citar sólo unos cuantos.  Sus cenizas servían para fertilizar los campos, curar heridas del ganado y como talismán benéfico contra toda clase de sortilegios. En el Antiguo Testamento también se habla de los árboles sagrados que eran utilizados para celebrar juicios y reuniones bajo sus copas. Los romanos colgaban máscaras del dios Baco en los pinos en sus ritos de fertilidad.

 

Curiosamente, son muchos los que creen que la tradición de adornar los árboles en Navidad, es una costumbre moderna y lejana de nuestras tradiciones populares, lejos de ello, los ritos y tradiciones botánicas navideñas se pierden en la noche de los tiempos de la vieja Europa y son más antiguos que la propia tradición del pesebre. Lo que pasa es que, aunque los ritos son ancestrales, la documentación sobre el árbol de Navidad es mucho más reciente que la que se refiere al  pesebre. En Alemania y Suecia son los protestantes los que potencian el árbol en contra del Belén, incluso se llegaron a inventar leyendas sobre el árbol con el propio Martín Lutero como protagonista. Aunque en la propia Alemania coexistieron el árbol de Navidad y el Belén durante mucho tiempo.

 

En obras literarias como las que conforman el círculo artúrico y en romances bretones muy antiguos, se describen árboles adornados con luminarias, estrellas y coronados con un niño Jesús simbolizando el sol. Charles Dickens en su primera novela Las Aventuras de Pickwick de 1837 no habla del árbol en su descripción de una Navidad campesina, pero en 1869 en sus Nuevas Historias de Navidad hace un prólogo con un ensayo sobre esta tradición. Goethe en Werther habla de un árbol adornado con golosinas y las figuras del pesebre colgando que el protagonista vio en 1765 en la ciudad alemana de Leipzig.

 

Los primeros documentos que nos hablan del árbol de Navidad están fechados en los siglos XVI y XVII en Alsacia como nos indica Néstor Luján en un trabajo sobre este particular. Pero será en el siglo XVIII cuando la tradición se consolide en Estrasburgo y se extienda por Alemania. A Inglaterra llegó el árbol al palacio de Buckingham de mano de la reina Carlota, esposa de Jorge III. Desde entonces, aún se conserva la tradición  en la que la ciudad de Oslo envía un abeto navideño a Londres para plantarlo en Trafalgar Square. Según nos sigue contando Luján, aunque en Alsacia el árbol navideño era una tradición muy antigua, en París no se conocía hasta que una española, la emperatriz Eugenia de Montijo y su esposo Napoleón III lo pusieron de moda.

 

El árbol de las tradiciones germánicas y escandinavas, se popularizó en el siglo XIX en Inglaterra, los inmigrantes protestantes llevaron la tradición a Estados Unidos y luego, como tantas otras cosas, volvieron estas costumbres a la vieja Europa aumentadas. En España, es relativamente moderna la tradición del árbol, como lo son los adornos que los guarnecen, antiguamente estos adornos eran ofrendas como manzanas, galletas con forma de figuras, flores, lazos y velas como símbolo de la luz del solsticio para unos, o de la luz divina para otros.

 

 

El Muérdago y el Acebo: El muérdago es una planta semiparásita siempre verde que vive en los troncos de los árboles. Es un elemento presente en la ornamentación navideña y, en algunos países, tiene sus propias tradiciones. En Inglaterra preside la mesa de Año Nuevo, se cuelga del techo y según la tradición, la dama que se sitúa debajo puede ser besada por el galán que este presto y atento. En muchos países, entre ellos España, el muérdago se regala para desear buena suerte, según la tradición, debe situarse cerca de la puerta para alejar el mal fario y quemarse al año siguiente y sustituirlo por otro nuevo que debe ser siempre regalado y nunca comprado para uno mismo. El muérdago fue objeto de culto entre los antiguos galos y  celtas y se le atribuían poderes mágicos y propiedades curativas, sobre todo la parte carnosa de sus bayas que era utilizada para emplastos y para cazar pájaros, cerrando así un ciclo porque los pájaros se alimentan de él y sus excrementos lo ayudan a crecer. Los druidas los recolectaban en diciembre para utilizarlo en sus ritos de fertilidad ya que representaba la regeneración, la masculinidad y la restauración del hogar. Para recoger el muérdago del roble sagrado, primero había que pedir permiso a la planta, hacerlo cuando la luna tenía seis días y cortarlo de un sólo tajo con una hoz de oro, era imprescindible que la planta no cayera al suelo. Su origen legendario la sitúa fuera del cielo y de la tierra, ya que sus raíces no tocan tierra y necesita ayuda para sostenerse en el aire. El color amarillo de sus ramas secas, se creía que era un catalizador para la búsqueda de tesoros ocultos.

 

 Al contrario que el muérdago, el acebo es un símbolo de feminidad y su uso como planta ornamental navideña se atribuye a la iglesia católica,  en un intento de contrarrestar la tradición del muérdago, demasiado asociado a los cultos paganos. Pero como en el caso del muérdago, el verdor de las hojas del acebo y sus bayas rojas, eran  símbolo de fertilidad en la parte oscura y fría del año. El verde simboliza la tierra y el rojo el nacimiento y, junto con el blanco, son los colores druídicos por excelencia, por ello esta planta también fue utilizada por los celtas en sus rituales del solsticio. 

 

 

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