KATÝN (1940-2010)

 KATÝN (1940-2010)

http://karmafilms.es/katyn/                           Entierro del Presidente Polaco

El 13 de Abril de 1990, Boris Yeltsin admitió oficialmente la responsabilidad de la Unión Soviética en el crimen de Katýn. Casi veinte años después de aquel día, el pasado domingo día 11 de Abril, Polonia enterraba con todos los honores al Presidente Lech Kaczynski muerto en el fatídico accidente de aviación del pasado sábado en Smolensk, Rusia. El resto de fallecidos, 96 en total (entre los que se encontraba la esposa del Presidente polaco), serán enterrados en los próximos días.

Pocos acontecimientos encierran tantas paradojas como este accidente de aviación. Se ha hablado “de un segundo Katýn”, de que por segunda vez la “elite” polaca desaparece de golpe. Aunque también se han resaltado las diferencias, uno fue un crimen, el otro un accidente: El crimen de 1940 se ocultó durante décadas; el trágico accidente del pasado sábado, fue noticia inmediatamente, dada la magnitud del mismo. Efectivamente el Presidente polaco, su esposa y destacados miembros del ejército y del gobierno se encontraban entre los fallecidos (igual que en 1940 en Katýn, igual que entonces en Smolensk), cuando se dirigían, precisamente, a realizar un acto de homenaje a aquellas víctimas polacas en suelo ruso. El Presidente de la asociación de víctimas de Ktýn, falleció también en el accidente.

Más paradojas: “Kacztynsky despide a Kacztynsky” rezaba un periódico de ayer, pues ha sido el hermano gemelo del Presidente polaco (idéntico a él) el encargado de presidir los actos oficiales del entierro. Un “segundo” Kacztynsky, un gemelo hasta en términos políticos, que sin embargo no es el Presidente de Polonia, lo que culmina en la última (por el momento) de las paradojas: Al parecer, Rusia no se entendía muy bien con Kacztynsky (Lech, el fallecido), y los analistas políticos vaticinan un acercamiento entre Varsovia y Moscú. Igual que los años 40, cuando el molesto (para Rusia y para el acuerdo aliado en el devenir de la Guerra contra Alemania) Władysław Sikorski, Presidente del Gobierno Polaco en el exilio, pedía explicaciones a Rusia por la muerte de los oficiales polacos en los bosques de Katýn, y no se encontró el equilibrio ruso-polaco hasta su muerte en extrañas circunstancias el 4 de Julio de 1943, precisamente en un accidente de aviación en Gibraltar… Paradojas de la vida, ahora Rusia ha declarado el domingo día de luto oficial en el país y se ha emitido por la televisión rusa el film “Katýn” de Andrzej Wajda ("Me quedé boquiabierto" ha manifestado el director polaco).

El pasado 5 de marzo, entregué un trabajo que formaba parte de la nota de examen de una de mis asignaturas de Historia. Se titulaba “Historia y Cine: En torno a Katýn (1940-2007)” y en él realizaba un análisis sobre la película “Katýn” del director polaco, Andrzej Wajda, estrenada en Polonia en el año 2007 (en España no se estrenó hasta el 9 de octubre del 2009), y que recreaba los últimos días de vida de los oficiales polacos muertos a mano del Ejército Ruso en Smolensk, así como de sus familiares en Varsovia. Paradójicamente, estuve pensando durante mucho tiempo si en el título del trabajo debía hacer referencia al año del estreno de la película en Polonia (2007), al año de su estreno en España (2009, y momento en el que se nos encargó realizar dicho trabajo), o al año en el que yo lo entregué al profesor de la asignatura (2010), año en el que, además, se hablaba de que en Polonia se conmemorarían los 70 años de la masacre. Paradójicamente de nuevo, tras recibir la nota de evaluación de dicho trabajo (a finales de marzo) pensé en colocarlo en Helicón, pero decidí esperar para hacerlo entre Abril y Mayo, fecha en la que sucedieron las ejecuciones en 1940, buscando una especie de “final a la historia”, un colofón que de alguna forma no había encontrado con la película de Wajda, y que esperaba situar en la crónica de las conmemoraciones polacas. Lo que no podía imaginar es que ese colofón, ese “final de la historia”, setenta años después, volviera a recrear, de alguna forma, aquellas muertes, que volviera al pasado de una forma tan trágica. Nadie podía haberlo imaginado. No son las mismas circunstancias, ni en Polonia, ni en Europa, pero el pueblo polaco se ha vuelto a sentir, de nuevo y por enésima vez, desamparado, descabezado, abatido, descorazonado, triste, y más católico que nunca.

Este es el trabajo: “Historia y Cine: En torno a Katýn (1940-2007)”.

Katýn, la película, se estrenó en Polonia en el año 2007, pero en España se estrena el día 9 de Octubre del 2009. Y ese día tenemos una cita con el cine y la historia. Katýn, la película,  recrea la masacre de miles de oficiales polacos a manos del Ejército Rojo Soviético en 1940, al tiempo que invadía Polonia por el este (siguiendo los acuerdos del Pacto Ribentrop-Molotov, firmados en agosto de 1939) y el Ejército Nazi lo hacía por el oeste. Los oficiales fueron asesinados y enterrados en fosas comunes en los bosques de Katýn, cercanos a Smolensk en Ucrania (no confundir con Kathyn, cerca de Minsk, donde existen fosas comunes de crímenes distintos), por orden de la NKVD, la policía política rusa, dependiente de Lavrenti Beria, la mano derecha de Stalin. El filme, muestra de personal factura de su director (su padre fue uno de los asesinados), narra los últimos días de estos oficiales y sus familias, al tiempo que destapa la impunidad de un crimen no reconocido oficialmente hasta 1990, tras la caída del comunismo. Hasta ese momento, la versión oficial (y no sólo de los soviéticos) era que la masacre la habían perpetrado los alemanes.

Para Andrzej Wajda, la película es un sentido recordatorio a la memoria de su padre, y ha querido con ello realizar un homenaje a la historia de Polonia, a mi entender, cayendo en un partidismo del que la historia no es merecedora. Aunque justo es reconocer que la objetividad histórica resulta muy difícil de mantener cuando se trata de hablar de un conflicto tan multidimensional como lo fue la Segunda Guerra Mundial.

La Historia de Polonia es la historia de su reivindicación nacional, de su insistencia en mantenerse como Estado independiente. Dentro de esa lucha, la región de Silesia, y su capital Breslau, es la que ha protagonizado los enfrentamientos más destacados, sobre todo con Austria y Alemania (y también con Checoslovaquia en el periodo de entreguerras, un conflicto que duró hasta 1938). La otra ciudad en disputa fue Danzing, donde se inició el conflicto bélico. Cuando terminó la Guerra Mundial, Alemania se vio obligada a ceder la parte más rica de Silesia a Polonia, y perdió una parte del territorio alemán para mantener el “corredor de Danzing” (quedando Prusia Oriental separada de Prusia Occidental), lo que trajo consigo las consabidas tensiones de entreguerras entre los dos países. Polonia, un país muchas veces repartido entre potencias a lo largo de su historia, ha tenido también protagonismo por una serie de guerras fraticidas a causa del establecimiento de sus fronteras, que no es mencionado en el filme (la frontera ruso-polaca nace de una desafortunada guerra iniciada por Polonia en 1920). Muchos de los soldados soviéticos que entraron en Polonia podrían haber tenido entre sus antepasados (recientes incluso) a masacrados por los polacos en las guerras mantenidas con Rusia, Ucrania o Lituania.

La ayuda francesa permitió a Polonia llevar su frontera oriental más allá de la Línea Curzón (reconocida por los aliados como limite de la nueva Polonia), lo que les permitió anexionarse en 1921 (Paz de Riga), los territorios de Podolia y Galitzia, cuya población era mayoritariamente rusa y ucraniana. Sin fronteras naturales, reconstruidas a costa de sus vecinos, y con grandes minorías germánicas, rusas, lituanas, ucranianas, etc., Polonia intenta reconstruir su nación partiendo prácticamente de cero. Francia y Polonia firman el Acuerdo de Locarno en 1925, hasta que en la década de los años 30 las vacilaciones francesas hacen que Polonia llegue a un acuerdo con Alemania (1934) mediante el cual se comprometen a no recurrir  a la guerra para resolver sus diferencias y los incidentes a causa de Danzig disminuyen. Incluso cuando Alemania anexa territorios que el Tratado de Versalles le había cedido a Checoslovaquia, Polonia se pone abiertamente del lado alemán. En medio de la crisis internacional de 1938 Polonia recupera Teschen y está a punto de recuperar también la Rutenia.

Así las cosas, a las puertas de la invasión alemana, Polonia se mantiene en el difícil equilibrio de las alianzas internacionales que protagonizaron el periodo de entreguerras y que precipitaron, en lugar de evitar, el conflicto armado (que se inicia el 1 de Septiembre de 1939), precisamente con la invasión alemana de Polonia, seguida de la invasión rusa el 17 del mismo mes. El Pacto Ribbenrop-Molotov estableció el reparto de Polonia entre los dos países y aunque finalmente Alemania decidiera invadir Rusia y romper el pacto de no agresión, los soviéticos nunca renunciaron a los territorios pactados con los nazis (es decir, Polonia oriental, Besarabia, Lituania, Letonia y Estonia), y así en la Conferencia de Potsdam las fronteras polacas sufrieron un cambio drástico: La Línea Curzon, establecida en oriente (con alguna modificación respecto a la original) despojó a Polonia de territorios que recuperó en el oeste, bajo la Línea Oder-Neisse a expensas de Alemania.

Es necesario tener presentes estos acontecimientos históricos para comprender el verdadero alcance de la posición polaca al inicio de la Guerra. Porque el director no cuenta nada de la historia polaca anterior, lo que para un espectador no polaco es como si no hubiese existido, o que fuese necesario documentarse antes de verla. Pese a desaparecer como Estado, siempre se mantuvo viva la identidad polaca (apoyada en un catolicismo a ultranza, sin cuya existencia no se entiende la pervivencia de Polonia, y que Wadja muestra extensamente), acentuándose mientras que los países occidentales permitían los avances nazis (Austria, los Sudetes…) sin preveer las consecuencias. Cuando sucede la invasión polaca ya es demasiado tarde. En 1940 el país estaba ocupado por dos ejércitos invasores que llevaban tiempo reclamando territorios polacos.

La película es un instrumento de denuncia de un hecho concreto, las matanzas de Katýn, pero no profundiza en el resto de la historia polaca, ni resulta equitativa. Es más, yo creo que el director no lo pretende en ningún momento. Es una película polaca, hecha por un polaco, para los polacos (para los católicos polacos). Es un homenaje a la memoria polaca reciente, una forma personal de contar un hecho que merece permanecer en la memoria colectiva de todos, no sólo de los polacos, pero que a causa de ese personalismo acaba pasando factura en la composición cinematográfica.

Tampoco cuenta Wajda la postura de la Iglesia antes y durante el conflicto de la Segunda Guerra Mundial, aunque su posicionamiento a este respecto es más que evidente con las múltiples alusiones católicas, desde el principio del filme, con la imagen de una cruz de la que pende, roto, el brazo de un cristo, cuya cabeza ocupa la de un soldado muerto; y las imágenes de párrocos, iglesias (incluso el recinto donde están encerrados los soldados es como una iglesia, con su cúpula y sus columnas), rosarios, cruces…  En el periodo de entreguerras, el Vaticano, a través de la trayectoria del pontífice Pío XI (1922-1939), fue testigo privilegiado de los acontecimientos que asolaban el mundo: Achille Ratti conoció el auge del comunismo y del fascismo y era nuncio en Varsovia en 1920 cuando el Ejército Rojo Soviético se lanzó al asalto final de Polonia (que logró en última instancia rechazar el ataque) durante la Guerra Ruso-Polaca; A partir de 1921 fue arzobispo de Milán, el centro de acción de Benito Mussolini y sus fascistas; En 1929, siendo ya Papa, nombraría secretario de Estado a Eugenio Pacelli (futuro Pío XII), que desde 1922 había sido nuncio en Munich (hasta 1929) y había asistido al ascenso del nazismo;  Pío XI firmó el Tratado de Letrán con el gobierno de Mussolini en 1929 por el que se creaba en Roma el Estado de la Ciudad del Vaticano, estado independiente y neutral, y los Concordatos con el Reich Alemán y con Austria (en 1933); Durante su pontificado, se produjeron acontecimientos como la Guerra Civil española y los prolegómenos al inicio de la 2ª Guerra Mundial. La actuación del Vaticano y de sus pontífices, sobre todo del sucesor Pío-XII, ha sido muy cuestionada por los historiadores, pero en la película, la Iglesia, es tratada con toda la solemnidad de un católico practicante. Wajda contrasta durante todo el filme la piedad católica con la crueldad alemano-soviética.

Katýn utiliza el recurso narrativo cronológico, desde 1939 a 1945, con saltos de tiempo que pasan de 1940 a 1943 y de ahí a 1945. Este travelling temporal se utiliza para contar los hechos desde dos puntos de vista: El de los soldados muertos y el de los familiares que quedan vivos. Una interesante perspectiva que no es bien entendida por las críticas que he podido leer sobre la película. Se critica el excesivo protagonismo cinematográfico de los familiares en contraste con el de los soldados, verdaderos protagonistas de la historia. Lo cierto es que la única realidad final que se conoce, es el destino de ellos, su muerte en las fosas de Katýn. Lo que no conocemos es la forma en la que los parientes vivos, los polacos de los años 40, lo vivieron. Y dejando aparte los sentimientos de los familiares directos (la escena del “baile” de la placa del hermano muerto, que la Iglesia no acepta que se coloque en su tumba es reveladora ¿una crítica velada a la Iglesia?), es imprescindible conocer el testimonio de amigos y compañeros que los sobrevivieron que nos ofrece la película (como la escena del suicidio en medio de la calle del soldado amigo del protagonista). Los críticos con este aspecto resaltan el hecho de que se ha de dar a conocer el episodio de las fosas de Katýn (muy desconocido en realidad para neófitos) para que no se vuelva a repetir, y por eso insisten en el protagonismo total de los soldados, algo con lo que sin estar en desacuerdo, no creo que sea absolutamente necesario en un filme cuya única publicidad antes de su estreno ha sido precisamente esa, la de la existencia de las fosas y la mentira mantenida por el Estado soviético. Lo que sucedió en Polonia con los polacos es lo que aún hoy, no se conoce del todo bien. Una muestra del odio contenido que se albergó desde entonces en los corazones polacos lo constituye el hecho de que la novela “El Pianista”, de Wladislaw Spilzsmann, permaneciese censurada en Polonia durante décadas porque uno de sus protagonistas es un “alemán bueno”. Otro ejemplo lo ofrecía el filósofo Edgar Morín en una entrevista reciente: Los países del Este aún siguen viendo a los EEUU como los salvadores de la Democracia (lo afirmaba a propósito de que estos países estaban de acuerdo con la postura norteamericana en la guerra de Irak).

Sin embargo, pienso que este aspecto tampoco queda muy bien definido. Me refiero al de los sentimientos de los protagonistas vivos. Ya he dicho que la película me parece excesivamente orientada a un público polaco, un público católico polaco, y es posible que para nosotros algunas de las escenas interioristas que se muestran nos resulten absolutamente anodinas cuando para los espectadores polacos signifiquen mucho más. El caso es que el contenido central de la película, el cruce de historias entre los familiares vivos (Anna, la esposa del militar Andrzej, su hija, su suegra, su suegro detenido, la hermana morena, la hermana rubia, la hija adolescente…) resulta demasiado lento y a veces incomprensible (entre otras cosas no entiendo la figura del muchacho adolescente que huye y enseguida es capturado y muerto, por ejemplo, no capto su simbolismo si es que lo tiene).

Katýn tiene algunas escenas memorables. La escena del inicio muestra a un grupo de polacos que huye de los alemanes que han entrado en Cracovia. Al llegar a un puente se encuentra a otro grupo de polacos que viene en sentido contrario huyendo de los soviéticos. Es una escena que seguramente no se diera en la vida real, pero que cargada de simbolismo, da muestra del sentir de toda una nación: Una Polonia cogida en una pinza entre dos ejércitos invasores. Otra simbología es el hecho de que la familia protagonista pierda un miembro a manos de los alemanes y otro a manos de los rusos. Toca elegir un lado u otro del puente (como la dama que, circulando en un coche de caballos, dice que “está mejor con los nazis”), pero la respuesta que ofrece Wadja es que no hay escapatoria posible.

Otro momento memorable lo constituye el final, magníficamente traído a cuento con la lectura del diario de Andrzej, rescatado de las fosas. La irrupción en la escena de una enorme máquina excavando las tumbas comunes ya presagia el horror que le va a seguir. Efectivamente el final es lo más duro. Sabemos que es una película, un montaje, sabemos que lo real son las imágenes que nos han ofrecido a modo de documentales que se ven a lo largo del mismo filme, sabemos todo eso, pero las muertes una a una, con un disparo frío y certero en la cabeza… sobrecoge, asusta, no se quiere aceptar que suceda así, tan descarnadamente, tan inhumanamente… o tal vez, tal vez, un tipo de muerte sólo propia de los seres humanos. Wajda utiliza la escena con un claro simbolismo de sacrificio, de sacrificio polaco.

De lo que no he leído critica alguna en la red, es sobre la escena de la arenga a los soldados encarcelados en el recinto carcelario que parece una iglesia. Esa escena en la que la formación de los hombres para escuchar las palabras de su oficial, dibuja una perfecta cruz católica, es posible que pase a la historia del cine. Junto a ella una factura magnífica en cuanto a música (impresionante la inicial), fotografía, ambientación… A este respecto es destacable el contraste entre interiores y exteriores. Los exteriores de Wajda son grises, húmedos, invernales, nevados, desapacibles, heladores… un invierno perenne. Sin embargo los interiores son cálidos, ordenados, contenidos, cuidados, oscuros, sin las estridencias que otras películas muestran en las ciudades en guerra u ocupadas (no hay ventanas cubiertas, no hay escombros, no hay carencias aparentes…). Incluso en los interiores en los que se encuentran los soldados presos, o en los que al final se muestran como oficinas de los oficiales rusos… en todos ellos el ambiente interior es “sepia”, mientras que el exterior es “gris afilado”. Los rostros, todos, muestran desamparo, incluso los de los oficiales rusos parecen mostrar más desamparo que poder (¿tal vez una herencia de la Polonia popular, que acabó por centrar el odio únicamente hacia los alemanes?). Los rostros de los polacos son rostros fríos, temerosos, contenidos, preocupados… pero resignados al fin y al cabo. Curiosamente hay que exceptuar el del chico adolescente muerto a tiros en la calle, que es vivo y alegre, ¿un simbolismo acerca de una futura generación polaca prematuramente muerta?, ya digo que no alcanzo a comprender su significancia. Las interpretaciones no son lo mejor de la película, pero hay que recordar que muchos de los actores no son profesionales y parece que ha primado más en la elección de los mismos el que mostrasen un rostro y figura acorde con los años 40, que la excelencia interpretativa (su imagen forma parte de la magnífica ambientación).

No obstante, todo el conjunto (ambientación, fotografía, música, actuación…) de la mano de un director experto (y experimentado, no olvidemos que cuenta con más de 80 años) como es Andrzej Wajda proporcionan a la película Katýn una extraordinaria fuerza y profundidad, aunque no la convierten en una excelente película. No resulta en su conjunto un filme atractivo (no puede serlo por el contenido, pero me refiero…) cinematográficamente hablando. Las críticas apuntan que le sobra metraje y le falta ritmo en las escenas centrales, se critica que se repiten ideas y se echa en falta un mayor desarrollo en las expuestas. “Nunca alcanza a componer un dibujo coral que resulte vivo”, decía una de las críticas leídas, en mi opinión, una de las más acertadas. No es una gran película, pese al reconocimiento cinematográfico general que tuvo. No obstante, y en esto también se muestran unánimes las críticas, es de agradecer que no “banalice el mal”, que no se regodee en las escenas más escabrosas. La historia de las fosas de Katýn “necesita” ser contada, pero una película tiene que estar “bien” contada.

En su cinta, Wajda cuenta los acontecimientos tal y como él piensa que se vieron en aquellos momentos (la documentación habrá sido extensa y además cuenta con su experiencia personal): Los alemanes matando por un lado, los soviéticos matando por el otro; el paso de la terrible guerra a la no menos terrible postguerra (aunque, como muestra la película algunas personas se acomodan a las nuevas circunstancias de posguerra).  Y en el medio, siempre se sitúan las familias destrozadas, con la gente tratando de seguir sobreviviendo a sus sentimientos, a sus recuerdos, a sus posibles deseos de venganza o de reconciliación, a sus fantasmas interiores, a sus odios, a sus “silencios impuestos” (a todo aquel que sabía, o sabía más de la cuenta)… Sin embargo no puedo dejar de criticar la parcialidad de Katýn y de Wajda, demasiado centrada en las simpatías católicas y polacas y demasiado alejada de la total realidad de lo sucesos, algo que si bien pudo ser imposible alcanzar en 1945, si que le habría sido posible conocer al director en el año 2007.

Cuando los rusos entran en Polonia el 17 de Septiembre de 1939, unos 227.000 soldados polacos se rindieron a las tropas rusas, de los que unos 16.000 eran jefes, oficiales y policías de frontera que fueron deportados a la URSS (los polacos hablan de que fueron 22.000, la elite del ejército y la sociedad polaca). De estos, aproximadamente un millar, de simpatías marxistas, fueron liberados, pero el resto resultó internado en diversos campos de concentración, más de 14.000 hombres de los que no se volvió a saber nada a partir de 1940. Cuando los alemanes invaden Rusia y avanzan hacia Moscú, se decidió reunir un pequeño ejército polaco con los prisioneros de guerra. El General Berling, polaco, le pidió a Beria, Jefe del NKVD que le reintegrara a los oficiales capturados en 1939 pero no recibe respuesta. A finales de 1941 Stalin firmó la paz con Polonia, con el Gobierno Provisional en el exilio (que por cierto siguió existiendo nominalmente durante todo el periodo soviético de Polonia hasta que en 1990 delegó formalmente sus responsabilidades al nuevo gobierno) presidido por Wladislaw Sikorski, quien pidió información acerca de los oficiales desaparecidos. El resto lo sabemos por la película y por todas las informaciones que han aparecido posteriormente en libros y revistas: Aparecen las fosas en los bosques de Katýn, se acusa a los rusos de la matanza en 1940 y Moscú emite un comunicado acusando a su vez a los alemanes de haberlos asesinado en su avance de 1941 (lo que mereció un desmentido de Joseph Goebbels).

Lo que no cuenta la película es que Inglaterra, y con ella el bloque occidental, aceptó la versión soviética y la mantuvo a lo largo de toda la guerra. Winston Churchill comentó: “No es el momento de acusaciones y peleas, sino de vencer a Hitler”. El precio fue el silencio sobre la suerte polaca. Y tal vez, porque las razones aún no se han conocido, también la muerte en accidente de Sikorski (quien había pedido a la Cruz Roja Internacional una investigación sobre el tema, lo que le valió la ruptura de relaciones con Moscú) el 14 de Julio de 1943 (con la posible participación de agentes del Servicio Secreto Británico, tal y como relató en 1967 Rolf Hochhuth en el libro “Soldados, necrología en Ginebra”) cuando EEUU, Inglaterra y la URSS estaban empezando a conversar acerca del destino de Europa tras finalizar la guerra. No podía concedérsele ninguna sombra de duda a la actuación soviética, toda vez que sus avances espectaculares por Europa le habían llevado hasta las puertas del mismísimo Berlín. Pero no se tuvo en cuenta entonces a los muchos polacos que también habían contribuido al triunfo aliado con su participación en varias batallas: En la campaña de Noruega (Narvik), en la Batalla de Inglaterra; en el Norte de África (Tobruk); en Italia (Montecasino y Ancona); como pilotos de la RAF; y también en la Operación Market Garden (hay una magnífica película al respecto “Un Puente Lejano”, donde es reveladora la forma en la que se trata al General Polaco); y también hubo soldados polacos que lucharon bajo las órdenes soviéticas contra los alemanes.

En la Conferencia de Yalta, el 6 de Febrero de 1945, Stalin (que ya dominaba la mayor parte de Polonia) exigió a Churchill y Roosevelt que reconocieran al gobierno polaco creado en Moscú (el Comité de Lublin), del mismo modo que había sido reconocido el gobierno francés de De Gaulle, creado en Londres. Roosevelt escribió una carta a Stalin con la aceptación oficial de las tres exigencias básicas de Stalin respecto a Polonia: EEUU reconoce oficialmente el Gobierno Polaco Comunista (establecido en Moscú) presidido por Boleslav Bierut; EEUU desconoce la legalidad del Gobierno en el exilio de Londres (bajo los auspicios de Churchill) de 1939, dirigido por Tomasz Arciszewki y Stanislav Mikolaiczik; Garantía de los EEUU del reconocimiento de que Polonia queda convertida en un Estado satélite de la URSS. No sólo los rusos ocultaron información respecto a Polonia.

En el bosque de Katýn se enterraron a los prisioneros de guerra procedentes del campo de Kozielsk, cerca de Smolensk. Allí se abrieron las tumbas localizadas y los investigadores pudieron contabilizar algo más de 4.143 cadáveres, de los cuales 2.815 fueron identificados. Aparte de la fijación del número de víctimas, la gran pregunta era ¿cuándo ocurrió? La respuesta señalaría a los responsables. La comisión estableció que todos los documentos encontrados en los cadáveres tenían fecha anterior a 1940. El estado de la descomposición lo confirmaba. Es decir que los asesinatos se cometieron antes de la primavera de 1940, quince meses antes de que se iniciara el ataque alemán. Pero hubo otras masacres, y otros Campos de Prisioneros como Ostashkov (isla en el lago Seliguer donde sobre todo se encerraron a exploradores, gendarmes, policías y funcionarios de prisiones, 6.287 polacos asesinados en Kalinin y enterrados en Miednoje) y Starobielsk, en Ucrania, donde hubo especialmente oficiales polacos. De ellos se sabe que 48 fueron enterrados en el cementerio de Chmirov, pero del resto no se supo nada. En 1992 en el bosque de  Pyatikhatky, cerca de Kharkov se descubrió una fosa común conteniendo 3.891 cuerpos de oficiales procedentes de este Campo, asesinados entre los meses de Abril y Mayo de 1940 en el edificio de la NKVD. Un Informe especial de la investigación de las fosas de Katýn y Starobielsk fue publicado por primera vez en Abril de 1981 (Post-Gazette) y de nuevo el 23 de Abril del 2009. Sólo 448 prisioneros se salvaron de las matanzas: Procedentes de Kozielsk (245 oficiales), Starobielsk (79 prisionero) y Ostashkor (125 prisioneros), fueron transferidos, por razones no conocidas, al Campo de Pavlishchev Bor (a cien millas del Campo de Kozielsk)  y escaparon de la muerte. En Katýn se hallaron también los cuerpos de políticos rusos ejecutados por la NKVD antes de la Guerra.

Durante el Juicio de Nuremberg se intentó (bajo presión soviética y la indiferencia cómplice británica) investigar y acusar a los "culpables" alemanes del crimen en masa de Katýn. Se pretendió incriminar a oficiales superiores, que no habían sido incriminados en otros actos criminales. Por los archivos del juicio se sabe que, en virtud de los Estatutos de Nuremberg, según los cuales los informes de las comisiones de encuestas aliadas tenían el valor de prueba, el informe soviético sobre Katýn, acusando a los alemanes de la matanza de 11.000 militares y civiles polacos, fue aceptado por los vencedores como prueba auténtica, indiscutible, el 8 de Agosto de 1945. Finalmente, no hubo pruebas suficientes y la causa fue sobreseída.

También fue ocultado al mundo que las muertes de los prisioneros polacos y rusos que transportaban los alemanes de la SS en los buques Cap Arcona y Thielbeck (y también el Buque Hospital Deutschland), en Abril de 1945, fueron debidas a los bombardeos de aviones ingleses que no sabían nada de los prisioneros polacos y rusos. Los cadáveres (unos 6.000 en total, de los que 4.500 quedaron atrapados en las bodegas del Cap Arcona y unos 2.800 en el Thielbeck) que fueron llegando durante las cuatro semanas siguientes a la orilla, fueron enterrados en una fosa común cerca de Neustadt, en Holstein. Se salvaron unas 350 personas. En 1971 se descubrió el último cadáver en la playa (un niño de 12 años) y en 1975 se supo toda la verdad: Las autoridades aliadas escondieron durante todo el tiempo la magnitud de lo ocurrido.

Otros miles de polacos (unos 30.000), esta vez civiles judíos fueron asesinadas por los nazis y enterrados en una de las mayores fosas comunes de las que hay registro, Drobitsky Yar. En el pueblecito de Jedwabne (cerca de Varsovia) el día 10 de Julio de 1941, resultaron asesinados entre 340 y 400 judíos (cifra que dio la investigación realizada por autoridades polacas en 2001), hombres, mujeres y niños, a manos de sus propios vecinos polacos quienes los quemaron vivos. Casos similares se dieron en otros pueblos como Wasosz y Radzilow, y del mismo modo que en Katýn se culpó a los nazis de las muertes hasta el año 1970 (cuando se retiró una placa que culpaba al pueblo alemán). Una investigación posterior demostró que, aunque los nazis fuesen testigos del hecho, los autores fueron los propios vecinos polacos (católicos). Hoy, un monumento conmemorativo recuerda la masacre y en el 60 aniversario del 2001 el Presidente polaco Aleksander Kwansiewski pidió perdón públicamente a las víctimas y sus familiares en nombre del pueblo polaco.

En 1989, después del colapso de la Unión Soviética, el Primer Ministro Gorbachov admitió, que la NKVD había ejecutado a los polacos y confirmaba la existencia de otros dos lugares más de ejecución similares. El 13 de Abril de 1990, cincuenta años después de la masacre de Katýn, Boris Yeltsin oficialmente admitió la responsabilidad de la Unión Soviética en el crimen, y el 14 de Octubre de 1992, envió al presidente polaco Lech Walesa los archivos secretos del caso. Según la documentación rusa, el crimen fue decidido el 5 de Marzo de 1940 en la reunión del Politburó (con Iósif Stalin, Lavrenti Beria, Vyacheslav Molotov, Lázar Kaganóvich, MIjaíl  Kalinin y Kliment Voroshílov), en la que Beria firmaría la Orden de Ejecución nº 00794/B, contra “activistas nacionalistas y contrarrevolucionarios” prisioneros en los campos de Ucrania y Bielorrusia. Los polacos afirman que esta orden alcanzó a cerca de 22.000 ciudadanos de este país, y que incluía a Oficiales, militares, policías, reservistas y otros cargos de la administración polaca (como miembros de la inteligencia por ejemplo).

Desde la caída del muro de Berlín y el derrumbe soviético, mucho se ha escrito sobre las atrocidades cometidas durante el régimen estalinista y los regimenes comunistas posteriores. Katýn, la película, se encuadra dentro de esa línea de obras dedicadas a desvelar la actuación soviética, pero ¿Qué pasa con las demás actuaciones? Es tiempo de realizar una reflexión al completo, de realizar una autocrítica al completo y de una revisión histórica al completo para sacar a la luz muchas atrocidades (y también heroicidades) de las que no se habla, ni siquiera hoy en día, transcurridos más de 60 años del final de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué pasa con las polémicas decisiones de Winston Churchill, una de las cuales fue precisamente la de ningunear a Polonia? ¿Qué pasa con el desastroso rescate de la bolsa de Dunkerke? ¿Qué pasa con el tratamiento que las tropas francesas libres dispensaron a sus soldados argelinos? ¿Qué pasa con el enfrentamiento entre De Gaulle y el General Giradud y que mantenía aún más dividida Francia? ¿Qué pasa con la postura unipartidista de Roosevelt con respecto a ingleses y rusos? ¿Qué pasa con los judíos colaboracionistas con los nazis? ¿Qué pasa con la Iglesia Católica y su ambigua postura con respecto al nazismo y los totalitarismos? Tiempo habrá para que otros filmes se dediquen a desvelar algunos de estos temas. De momento tenemos Katýn, la película.

 

 

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en ACTUALIDAD. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a KATÝN (1940-2010)

  1. angel dijo:

    la realidad supera a la ficción

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s