El Eden Imaginario ó El Paraiso de Riquelme

El Edén Imaginario o El Paraíso de Riquelme

Acabo de terminar de leer “Brooklyn Follies” de Paul Auster, un libro, que como he dicho en varias ocasiones, me ha costado muchísimo acabar, me resultaba pesado, insulso, un relato de la vida ¿anodina? de un grupo familiar que acaba solucionando todos sus problemas a base de dinero y buenas intenciones, como en una especie de “happy end” tan típicamente americano, desarrollado en Brooklyn, uno de los barrios más típicamente americanos (neoyorquinos, más bien).

Lo terminé por dos razones. La primera por una especie de terquedad que me impulsa a terminar todo libro empezado, cosa que no siempre consigo si no hay una segunda razón, como en este caso. Esa segunda razón la encontré en la página 105, cuando Auster realiza un cambio narrativo y del relato pasa al diálogo. No soy experta en Auster, pero este cambio narrativo debe ser común en su obra, al menos aparece, mucho más exhaustivamente (convirtiéndose para mí en el único atractivo del libro) en “Invisible”, la última obra de este autor. Bueno, pues en ese diálogo, los personajes hablan de un sueño, una idea que les gustaría poner en práctica y que llaman un “Edén Imaginario”, para Harry, uno de los personajes, materializado en un “Hotel Existencia”, es decir, un Hotel donde vivir una vida idílica, como uno siempre ha soñado, un Edén que diera sentido a su existencia.

Me llamó enseguida la atención porque de eso ya había leído algo. No es que pensase que Auster había cometido plagio, ni mucho menos, es solo que me dí cuenta de donde había sacado otro autor la idea para su libro. Una idea casi calcada a lo que desarrolla Auster en el libro a partir de esa página 105. El libro se llama “El Paraíso era una Canción” y el autor Fernando Riquelme. Hasta el título evoca la idea de Auster (el Edén).

Fernando Riquelme ganó el I-Premio QueLeer-Volswagen del año 2008 con esta novela. El jurado debía valorar que la novela aportase los “valores fundamentales de optimismo, amistad, fomento de las nuevas tecnologías y la sostenibilidad”, y por ese motivo, una novela finalista escrita por un amigo mío no obtuvo el premio. Al parecer la novela de mi amigo no reflejaba exactamente, ajuicio del jurado, aquello que se había exigido. Sin embargo siempre sostuve mi desacuerdo con este fallo. No había leído el resto de las novelas presentadas, y no leí la novela de Riquelme hasta después de obtener el premio, pero ni me gustó “El Paraíso era una Canción”, ni encontré en ella el fomento de esos valores (al final todo se consigue con dinero), ni estaba de acuerdo con la opinión que había llevado al jurado a no premiar la novela de mi amigo (“Los Formidables Kalandrian” de Jorge Berenguer Barrera fue publicada finalmente por la Editorial Lengua de Trapo, y la recomiendo vivamente).

El caso es que aquella novela ganadora no mereció mucho más atención por mi parte y casi la había olvidado. Pero me encontré con esta página 105 del libro de Auster y empecé a recordarla. En “Brooklyn Follies” los personajes principales son Nathan, Tom y Harry, éste último, un librero gay (separado y padre) antiguo marchante de arte y estafador, que en su juventud ideó un “Hotel Existencia”, como medio de evasión de una realidad aplastante. Los tres conversan sobre el tema en un restaurante neoyorquino y en un momento determinado deciden que puede ser una gran idea. Es Tom quien la desarrolla: “Un lugar donde vivir como un o quiera. De eso es de lo que estamos hablando ¿no? Una nueva versión de El Edén Imaginario (se refiere a la Tesis de Tom, un proyecto que no llegó a concluir); “Un refugio interior. Al lugar donde acude la gente cuando ya no puede vivir en el mundo real”; “Un lugar en alguna parte, en el campo, supongo. En un sitio con mucho terreno y casas suficientes para albergar a toda la gente que quisiera vivir allí”.

“Tom… ¿Cuánta gente calculas?”. Entonces Tom dice que tanto Nathan como Harry serían bienvenidos, también la hija enferma de Harry, (“Mi querida y demente Flora”), y su exmujer, Bette (“Está enferma, ¿sabes? Condenada a una silla de ruedas con Parkinson, la pobre”), y por supuesto Rufus, “El muchacho que atiende la caja en la librería. El jamaicano alto de piel clara que lleva ese boa rosa…es uno de los mejores travestidos de la ciudad…es seropositivo y está asustadísimo”.

El problema en esta primera fase de la idea es el dinero, claro (aunque si tenemos en cuenta todo lo que paga Nathan a lo largo del libro, cabría suponer que tiene dinero de sobra). Surgen propuestas, pero se necesitaría mucho dinero. Más adelante el libro ofrece una solución: Harry se ha embarcado en un negocio con un antiguo amante y pintor de éxito en su día, que aportará miles de dólares de beneficios, y aunque en ese momento ninguno se acuerda del Hotel Existencia, la casualidad quiere que Nathan y Tom, se lo encuentren: Un lugar en el campo, con mucho terreno, una gran casa que podría compartimentarse y un propietario dispuesto a vender (cuya hija se enamora de Tom y viceversa).

Aunque los acontecimientos se precipiten a partir de este momento (Nathan termina por meter la pata con el marido celoso de una camarera, por ejemplo), al final, todos acaban solucionando sus problemas exteriores y miedos interiores. Y aunque no viven todos junto en ningún Hotel Existencia, si que comparten su propio Edén Imaginario: el barrio de Brooklyn. Allí se dan cita Tom y su mujer (acaba casándose con la hija del dueño del Hotel, una mujer comprensiva, inteligente, fuerte, buena cocinera, y maestra, que le encauza para que termine por fin su Tesis abandonada), la hermana perdida de Tom, Aurora, quien consigue salir de la secta religiosa donde se había metido (y con un pasado tortuoso) y regresa para ocuparse de su hija Lucy, hasta ese momento al cuidado de Nathan. Ambos encuentran también el amor en Brooklyn, Aurora con una mujer para la que trabaja (antiguo amor platónico de Tom) y Nathan vive un pleno amor de madurez con la madre viuda de esa mujer, Joyce. Todo se ha podido solucionar para este grupo de personajes, pero no para Harry, a quien el fallido negocio millonario y la traición de su antiguo amante (promotor del negocio, una estafa), llevan a la muerte. Nathan, consigue en última instancia que los estafadores no se salgan con la suya ni aún después de muerto Harry. Aquí Auster incurre en una paradoja, un error para mí. Pese a que Harry tiene una hija demente y una exmujer con Parkinson a quien sigue tratando (y millonaria no obstante), deja la librería y su contenido a Rufus y Tom, quienes venden el edificio y los libros antiguos y consiguen una bonita suma con la que proseguir con sus sueños. De la mujer y la hija, nada de nada se sabe. No llegan a formar parte del Hotel Existencia, aunque  fueron las únicas mencionadas en primer lugar.

Pues bien, hasta aquí, Auster. La novela de Riquelme la tengo más lejana en la memoria, pero recuerdo perfectamente que la protagonista era una mujer que se encuentra de repente con que su recién fallecido marido no le ha dejado ni un duro y sí una considerable deuda con un grupo mafioso que la persigue (la estafa). Por otro lado hay un hombre, un pintor venido a menos que se reencuentra con un antiguo amor (que está enferma terminal) y le dice que es padre de una niña. A este pintor le persigue un marchante gay que quiere promocionarle y que se ve involucrado en el asunto de la protagonista. Ésta se matricula en una escuela de negocios y hace amistad con una cocinera separada, fuerte y de carácter comprensivo, que quiere vivir su vida lejos de un marido o exmarido violento y celoso. Y luego aparecen una serie de personajes esporádicos, como el director del curso de negocios, los mafiosos que persiguen a la protagonista para que le paguen la deuda del marido (uno de los cuales es una mujer de pasado tortuoso, a quien odia la protagonista, pero con la que se va de visita turística por Varsovia, incomprensiblemente), y algún otro que ya no recuerdo.

La novela de Riquelme introduce unos pasajes de manera forzada, como un viaje a Varsovia (que parece que solo sirve para volcar en la novela una reciente experiencia vacacional) y el relato, sin venir a cuento, de los recuerdos del marchante de arte gay cuando en su juventud vivió el mayo del 68. Leyendo ahora el libro de Auster me doy cuenta de que también aquí se habla de un viaje (el que llevan a Tom, Nathan y Lucy a encontrar el idílico Hotel Existencia) y de los recuerdos de juventud de un marchante de arte gay, Harry, cuando relata la forma en la que acabó en la cárcel a causa de una estafa preparada junto con su amante pintor de éxito.

Pero lo realmente paradójico, y coincidente, del libro de Riquelme, es que al final, la forma en la que resalta los “valores fundamentales de optimismo, amistad, fomento de las nuevas tecnologías y la sostenibilidad”, es, como ya dije, gracias al dinero (algo muy americano por cierto, a ver donde se encuentra un tipo altruista, desprendido y dadivoso en España):  Comprando un hotel diseñado por los propios protagonistas, con el dinero del marchante de arte, donde el pintor, que se ha hecho cargo de su hija y de la salud de su antiguo amor, disponga de un lugar adecuado donde desarrollar su potencial artístico abandonado, y donde la protagonista, que ya ha conseguido salir con bien de la estafa a la que la querían someter los mafiosos que endeudaron a su difunto marido, pueda poner en práctica todo lo aprendido en la escuela de negocios. Un lugar donde la cocinera fuerte y comprensiva, pudiera elaborar sus magníficos platos, lejos de su celoso exmarido, y donde entablará una bonita amistad (no se habla de sexo, creo recordar) con el marchante gay (un “amor” maduro). En aquel hotel vivirían todos, haciendo de aquel lugar un auténtico Edén, un Paraíso imaginado y puesto en práctica gracias al altruismo económico del marchante de arte.

Para mi son demasiadas coincidencias…

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2 Replies to “El Eden Imaginario ó El Paraiso de Riquelme”

  1. ¡Hola!No tienes que pedir perdon, te ha quedado muy "polaco", jajajajaYo también me asombré. No es hablar de plagio, sino de otra cosa, una especie de "construcción" sin sentimiento partiendo de la idea de Auster. Eso es lo que me han parecido esas "demasiadas coincidencias".Besos.AlmaLeonor

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