EL PARAGUAS

EL PARAGUAS

En este último año tuvimos tormentas de verano, aguaceros de otoño, tempestades de invierno y ahora…. ¡lluvia de primavera! Hace unas semanas mi amigo Ismael nos preguntaba si habíamos comprado alguna vez un paraguas, pero una compra “de verdad”, porque él no consideraba “compra real” la realizada en un “todo a cien” cuando te pilla un chubasco de sopetón (al salir del metro, decía él), y además esos paraguas “facilmente rompibles” no eran los paraguas de toda la vida, esos que antes parecía que se heredaban de padres a hijos… El caso es que como la lluvía persiste (¡y que esperábamos en Abril, aguas mil!) y ha estropeado la Semana Santa a muchos (desde cofrades a bañistas playeros, pasando por hosteleros y restauradores…), he decidido escribir algo sobre ese elemento tan peculiar llamado, con evidencia exultante en castellano, PARAGUAS.

 “Un paraguas es un objeto para guarecerse de la lluvia. Está formado por una superficie cóncava desplegable de plástico u otro material semejante, sujeta a una estructura de varillas dispuestas alrededor de un eje central terminado en un mango adecuado para llevarlo con una mano. Las varillas permiten que cuando no llueve o en un lugar protegido sea posible cerrarlo para andar con comodidad. Un paraguas clásico cerrado puede servir de bastón, aunque no por su corto tamaño la versión “de bolsillo”, que tiene varillas que se pliegan por dos (ó más) sitios. En algunas regiones puede conocerse como sombrilla o parasol por la posibilidad de uso alternativo, aunque estrictamente este término se refiere a un utensilio similar, pero por el uso para “parar el sol” están construidos con sus propias peculiaridades. El uso de este instrumento, antiquísimo en China y la India, no fue introducido en Europa hasta el siglo XVII. En un principio sólo les era permitido llevarlo a las mujeres, pasando después a ser atributo de la burguesía. Hasta 1730 no se incorporan los tejidos impermeables, y las características varillas plegables no se crearán hasta el siglo siguiente.” (de la Wikipedia).

Pues menos mal que los tejidos impermeables se empezaron a utilizar en el siglo XVIII, porque aún debieron de quedar algunos obsoletos cuando siendo yo una niña mi madre me regaló mi primer paraguas en el día de mi cumpleaños, en otoño. Era precioso, de color verde llamativo (en realidad tenía varíos cuadrados de distintas tonalidades de verde y alguno en negro), y plegable lo que era una novedad por aquellos entonces en mi ciudad (aunque diga la Wiki que se empezaron a fabricar en el XIX).  El caso es que mi maravilloso paraguas encogió el primer día de su uso y tuve que devolverlo a la tienda (entonces había “paraguerías”), donde no me lo cambiaron, sino que lo enviaron a reparar a la fábrica. Algo hicieron porque no volvió a encoger. Ese paraguas me duró muchísimo, aún debe andar por casa de mi madre (como casi todas las cosas que recordamos de nuestra infancia), cosa que no me ha vuelto a suceder con ninguno de los que he ido comprando posteriormente.

Tiene razón mi amigo Ismael al decir que todos son “facilmente rompibles”, y no sólo los comprados “en los chinos”. También es un objeto fácilmente “olvidable” y facilmente “robable”, aunque eso ya lo era antes. Recuerdo una anécdota en la que a una amiga, que charlaba conmigo en la puerta de mi casa, le robaron el paraguas en un abrir y cerrar de ojos y no nos enteramos ninguna de las dos. Y todos tenemos alguna anécdota de paraguas olvidados. Yo tengo muchas, pero de los que la gente se dejaba en mi trabajo. La mayoría se quedaban olvidados en algún rincón del edificio sin ningún dueño que los reclamase. Triste objeto olvidado y no reclamado.

Antiguamente, al parecer, todos los paraguas eran negros. Es probable que de ahí venga la creencia de que abrirlos dentro de una casa trae mala suerte. Aunque solo en los países de habla hispana existe esta idea, curiosamente, porque en los países atlánticos, donde la posibilidad de lluvia es mayor, y por tanto de utilizar el paraguas más a menudo (incluso de abrirlo dentro de casa), no existe tal superstición agorera. Sin embargo existe una explicación basada en una tradición china, donde los parasoles eran símbolos de la realeza (que dimana de la divinidad). Se consideraba que interrumpir el itinerario del reino de la luz (el sol) contribuía a desairar a los dioses y sólo se permitía que, excepcionalmente, el parasol sustituyera al recinto personal de cobijo y protección (la casa, el palacio) en las salidas al exterior del dirigente. Más prosaicamente se piensa que esta “maldición” se creó artificialmente con el fin de prevenir accidentes dentro de edificios y avenidas semicerradas. No obstante, las supersticiones también hablan de que si el paraguas se cae, anuncia una decepción en el plano amoroso o de los negocios y ha de ser otra persona la que lo recoja del suelo para evitar el maleficio; …o que si se hace girar como un ventilador espanta la suerte; …o que no se puede colocar un paraguas (ni abierto ni cerrado) encima de una cama ni sobre la mesa…

Hoy en día, de los paraguas negros, se ha pasado a los multicolores de infinitas variedades, dirigidos a todo tipo de públicos, incluso a los más deshinibidos y al público infantil, con personajes resultones y ojos u orejas sobresalientes… Los hay muy amplios, muy pequeños, publicitarios (que se suelen regalar o no), inflable , para perros, de cobertura total, para parejas, sin manos (van enganchados en la cabeza o sobre los hombros), para ninjas, coleccionables, con ruedas, con altavoces , portavasos….

                       

Utilizar el paraguas ha generado toda un decálogo de “buenas maneras”, por ejemplo de cómo utilizarlo correctamente en determinadas situaciones:

1.- Cuando vamos por la calle con el paraguas abierto, tendremos que levantarlo para no chocar con otros paraguas, en general, de personas de menor tamaño que nosotros. Por el contrario, si la persona que viene en frente es más alta, nosotros lo bajaremos para que ella lo levante.

2.- Si llevamos el paraguas cerrado, tenga punta o no, siempre se lleva hacia abajo, nunca como si fuera un lancero o un caballero de las justas medievales.

3.- Cuando vayamos “tapando” a otra persona, hay que calcular bien, para que ambos queden bien cubiertos por el paraguas.

4.- Si no hay suficientes paraguas para todos, lo normal es cederlos a las damas y a los caballeros de mayor edad.

5.- Si entramos en un establecimiento, debemos plegar el paraguas, y si queremos sacudirlo, siempre a la puerta (nunca en el interior del establecimiento) y con cuidado de no salpicar a nadie. Y una vez plegado buscar el paragüero correspondiente (también se ha generado toda una pléyade de modelos, colores y formas de paragueros).

6.- En los transportes públicos, debemos tratar de sacudir bien el paraguas antes de subir, pues al ir, generalmente, bastante apretados, se puede mojar a otras personas.

7.- Si está lloviendo, saldrá primero el caballero, y abrirá el paraguas para que la mujer no se moje cuando salga (lo de tirar la chaqueta en los charcos para que pase la señora lo vamos dejar para las películas). Idem para ella, si el paraguas es suyo.

8.- Si tiene algún invitado, y al marchar lluevo, ofrézcale un paraguas para resguardarse de la lluvia. Si por el contrario es usted, a quien le han prestado el paraguas, no se olvide de devolverlo, con un pequeño detalle por el favor que le han hecho.

9.- El paraguas, no es un juego, sobre todos los que cuentan con un pico o terminación en pico. No se puede jugar con él ni dejar que los niños jueguen se pueden hacer daño o hacer daño a otras personas.

10.- Aunque usted no sea supersticioso, procure no abrir un paraguas dentro de casa, al menos en la casa donde está invitado, pues puede que a los anfitriones no les guste demasiado.

La Wiki dice que en Gignese (en el Lago Maggiore, en Italia) se puede visitar el Museo dell’Ombrello e del Parasole , el único museo del paraguas del mundo, y he descubierto que Aurillac (capital del departamento de Cantal, en Auvernia, Francia), lugar donde pensábamos ir esta Semana Santa (al final desistimos, pero iremos en otra ocasión), se considera la “ciudad del paraguas”, un lugar donde se fabrican paraguas “con denominación de origen” y de donde salen el 50% de los paraguas franceses .

      

Pero no sólo ha sido protagonista de museos per se. También ha aparecido como elemento en importantes obras de arte. Christo y Jeanne-Claude (el segundo falleció en 2009), son un matrimonio de artistas que realiza instalaciones artísticas ambientales, similares al Land Art, que se caracterizan, principalmente, por utilizar tela para envolver gigantescos edificios o cubrir extensas áreas públicas, a modo de gigantescos paraguas. Y existen performances y obras de arte moderno que utilizan paraguas para su realización. Hace unos años, en Luxemburgo, vimos uno de estos montajes en un parque, con paraguas colocados estratégicamente por las copas de los árboles, unos rotos, otros abiertos o cerrados, redondos, cuadrados, sin tela, sin varillas, con o sin mango…. Un montaje artístico como el de este otro espacio… Arte con paraguas.

  

También es un elemento identificador de obras de arte reconocidas, como en esta de Gustave Caillebotte (1877), o “Los Paraguas” de Renoir…

 …. “The Picnic Party” de Jack Vettriano, o mi favorito, el “Paraguas” de Magritte:

El paraguas también es un complemento de algunos personajes populares como el “Celedón”, el personaje que con su llegada, bajando del cielo con un paraguas, abre las fiestas patronales de Vitoria-Gasteiz (Álava).  Y por supuesto de personajes de ficción, como el profesor Tournesol el popular acompañante de Tin-Tin, que suele portar siempre un paraguas. O como “Mary Poppins”, la famosa niñera protagonista del libro del mismo título de Pamela L. Travers (1899-1994), ilustrado por Marie Shepard, y que popularizó en el cine la película del mismo título con Julie Andrews como protagonista. En películas como “Los paraguas de Cherburgo”, “El Golpe del Paraguas”, “Un paraguas para tres”, o “El Hombre del Paraguas Blanco”, se combierte en protagonista del mismísimo título. También el Pingüino enemigo de Batman en “Batman Returns”, interpretado por Danny de Vito, utilizaba un paraguas como elemento característico. Pero quizá el personaje con un paraguas más famoso del cine sea “Don Lockwood”, interpretado por Gene Kelly en su fantástico número de “Cantando Bajo la Lluvia”. 

                  

          

    

Claro que también tiene admiradores desinteresados, como la ONG, Paraguas para la Paz de Mattias Lamb, un proyecto artístico mundial que implica pintura y decoración de paraguas por niños y adultos como forma de llevar la paz por el mundo; e incluso detractores acérrimos que proclaman su rechazo a tan variopinto objeto con pintadas en las paredes.

Por último no podemos dejar de recordar que la lluvia y los paraguas fueron los protagonistas de la que estaba llamada a ser la “boda del siglo”, la del Príncipe de Asturias y Letizia Ortíz en la Almudena, un 22 de Mayo del 2004, pese a que cumplieron, al parecer, con la tradición de llevar “huevos a Santa Clara” para evitarla. No obstante, existen creencias populares también en este aspecto, como que una boda pasada por agua implica un torrente de lágrimas para la novia durante su vida matrimonial, o que, como dice el refranero, “novia mojada, novia afortunada”. También hay quien dice incluso que una boda bajo paraguas augura muchos hijos para la pareja. Por si acaso, ya se han creado incluso paraguas/sombrillas nupciales.

Unos años antes, toda España clamaba por la lluvia. Recuerdo que por todas partes se realizaban rogativas, procesiones de San Isidro y otros santos, y toda clase de sortilegios y premoniciones, acerca de cuando se produciría el tan señalado momento de la deseada lluvia. Entonces los pantanos amenazaban con permanentes bajadas de nivel, los campos no se podían regar, muchos pueblos soportaban cortes de agua en sus casas y los ayuntamientos de las principales ciudades españolas cambiaban la frecuencia del riego de los parques y jardines y utilizaban aguas no potabilizadas. La necesidad de lluvia era patente, aunque no recuerdo que nadie clamara por la pérdida de un negocio, en muchos casos familiar y artesanal, como el de paragüero.

Ultimamente las rogativas parecen haber dado resultado, tanto, que ahora toda España suspira por no salir nadando cada día para acudir a su trabajo o a la escuela. Las lluvias se han tornado tan habituales, seguidas y hasta peligrosas, que parece que estemos en Londres o en Bergen (en Noruega, la ciudad europea con mayor número de días de lluvia al año, y donde los paraguas se venden en la calle en máquinas expendedoras), aunque nuestra visita a esta ciudad hace unos años nos regalara con dos mágnificos días de sol y 24 grados de temperatura.

Ahora el paraguas se hace imprescindible y resulta que ya no tenemos los robustos elementos de nuestros abuelos, sino que debemos recurrir a los endebles paraguitas obsequiados por doquier (hasta en revistas se regalan), o comprados rápidamente en un “todo a cien” ante una lluvia inesperada y persistente. Ahora queremos llevar un paraguas en el bolso para estos imprevistos, pero que sea plegable hasta casi el infinito y que no pese, aunque luego en el primer uso tengamos que tirarlo a una papelera (que suele ser lo más habitual). Y ante tales despropósitos nos preguntamos, como mi amigo Isma, si no será necesario hacer una “compra real”, una compra de un paraguas resistente y duradero que podamos dejar en herencia a nuestros hijos. Yo por mi parte, pienso buscar uno que además me sirva de bastón… nunca se sabe. Con todo mi corazón…. de paraguas.

Besos.AlmaLeonor

 

 

 

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4 Replies to “EL PARAGUAS”

    1. ¡Hola!
      Toda la razón María R., y con lo bonitos que los hay ahora ¿quién se resiste?
      Por cierto que tengo que decirte que me encanta la música y poesía que elijes y colocas en tu blog. Tienes un gusto exquisito María.
      Besos.AlmaLeonor

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  1. Estube trbajando en suiza, en una empresa donde se reparaban todo tipo de paraguas, claro de buena calidad,ejemplares muy raros y con materiales de alta calidad. varillas hechas con dientes de ballena, por comentar algunos de esos materiales .la gente allí tiende a reparár siempre este tipo de objetos, en nuestra empresa se hacian a razón de cien reparaciones diarias.

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    1. ¡Hola Jesús! ¡Muchas gracias por pasar por HELICON!
      Y muchas gracias, igualmente, por el dato. Estoy segura de que hay más de una empresa que se dedica a fabricar paraguas de buena calidad, y repararlos si es necesario. Aquí en España, en el norte, ves a la gente por la calle con paraguas muy compactos, grandes, y con una muy buen pinta y aspecto de resistentes… Claro que en el norte de España llueve más a menudo.
      Besos.AlmaLeonor

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