EL DICCIONARIO BIOGRÁFICO ESPAÑOL

EL DICCIONARIO BIOGRÁFICO ESPAÑOL

Decía mi profesor de Historia Contemporánea de España que el nuevo Paradigma histórico de la postmodernidad se configura a partir de la afirmación de que la Realidad no existe, sino que la crea el sujeto. Este nuevo paradigma ha permitido a muchos historiadores percatarse de una verdad axiomática: La Realidad no es autónoma y diferente del Sujeto, sino que es una Proyección del Sujeto. La reciente publicación del Diccionario Biográfico Español (los primeros 25 volúmenes) nos ha proporcionado un buen ejemplo de ello. La realidad española, al menos la más inmediata, se ha revisionado de tal manera que lo que era ya no es, y lo que es no es lo que era.

• “Franco (…) montó un régimen autoritario, pero no totalitario (…) ya que las fuerzas políticas que le apoyaban, Falange, Tradicionalismo y Derecha quedaron unificadas en un Movimiento y sometidas al Estado“. Es presentado como “un dirigente católico, moderado e inteligente (…) un jefe riguroso y eficaz que (…) se hizo famoso por el frío valor que sobre el campo desplegaba”, que incluso libró a España de la Guerra de Vietnam. Luís Suárez Fernández, autor de la entrada, ensalza su valentía y oculta la represión física y el genocidio cultural de su régimen. También se afirma en el texto que la ley de Principios del Movimiento “dibujó el nuevo orden constitucional”, cuando en realidad la dictadura de Franco nunca tuvo un texto constitucional. Sobre la Guerra Civil se dice que fue “un pronunciamiento militar fallido que desemboca en una guerra civil”, sin llegar a calificarlo de golpe militar. El historiador explica que Franco terminó por derrotar a un enemigo que contaba con fuerzas superiores, sin hacer mención al apoyo financiero y el respaldo de Hitler a los sublevados.

• A Juan Negrín, Carlos Seco Serrano le trata como un jefe de Gobierno, prácticamente dictatorial, y añade que Manuel Azaña “se vio anulado por la iniciativa revolucionaria de las sindicales obreras armadas; pero se le mantuvo en el poder para que llenase, de cara a Europa, la imagen de un republicanismo democrático que estaba muy lejos de reflejar la auténtica realidad de España en aquellos momentos”.

• Otros ejemplos pueden encontrarse en la biografía de José Mª Escrivá de Balaguer y del General Armada de quien se dice participó “en los sucesos del 23 de febrero de 1981” (no se mencina que fue un golpe de estado).

O sea, que ni Franco fue un dictador golpista, ni Juan Negrín el Presidente legítimo de la legítima República española, ni el 23 de febrero de 1981 se produjo el último golpe de estado en España. La realidad histórica revisionada hasta el histrionismo, la Historia real puesta al servicio de los intereses partidistas más rancios y los discrusos políticos más arcaicos de este país. El responsable de la obra, y director de la Real Academia de la Historia, Gonzalo Anes, resta importancia al uso sustitutivo del término “totalitario” por el de “autoritario”, porque, dice, “viene a significar lo mismo (… ) y a los jóvenes que no vivieron la época franquista, les dice más el término autoritario que dictatorial, porque quizá no sepan bien lo que es una dictadura (…) pero todo el mundo sabe lo que es una persona autoritaria”. Hasta donde una persona joven puede entender, un diccionario está para enseñar, no para tergiversar… un diccionario está para consultar un término o acontecimiento total o parcialmente desconocido, no para encontrar una hagiografía acorde con un pensamiento único fascistoide…. Pero Anes sigue defendiendo su labor y afirma que “es muy difícil conseguir la objetividad absoluta” en los personajes más próximos en el tiempo….. Hombre, no se pide tanto a tan alta Institución (aunque se debería), pero si que un mínimo de responsabilidad, respeto, objetividad y datos contrastados, sean los protagonistas en un proyecto histórico de esta envergadura, avalado por la Real Academia y, lo que es más importante, financiado con dinero público (una subvención del Ministerio de Educación y una ayuda del Plan Avanza del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, por un total de 5,8 millones de euros del los 6,4 millones que cuesta el proyecto). También un poco menos de sinvergonzonería, al menos a la hora de depurar responsabilidades, porque según Gonzalo Anes, “la Academia no actúa de censor ni es responsable del contenido de cada biografía”, los responsables, según él, son cada uno de los más de 5.000 colaboradores del magno diccionario, y no los 12 miembros del equipo directamente responsable del proyecto Histórico. Menos mal que no se le ha ocurrido culpar de ello a los posibles compradores de los 50 volúmenes totales de la obra, porque si después de pagar los 3.500 euros que cuesta (tienen la deferencia, ojo al dato, de no cobrar gastos de envío a quien lo compre durante el año presente), encima han de ser responsables de su contenido por haberlo leído, maldita la gracia que tiene el diccionario. Aunque aún no se distribuye, su contenido ya ha generado opiniones contrarias. Por ejemplo, para el catedrático de Literatura Española Andrés Amorós, uno de los 5.000 autores de las fichas, es “absurdo” y “poco serio” que los políticos opinen sobre los textos escritos por lo que él califica de “expertos“, que a mi me gustaría saber en qué considera experto por ejemplo a Luís Suárez Fernández, autor de cabecera en toda Universidad española (al menos para Historia Medieval y de los Reyes Católicos), porque se ha revelado incluso como poco experimentado en el noble arte de la imparcialidad histórica, adorno que ha de lucir en la pluma de todo historiador que se precie. “¿Cree que yo aceptaría que alguien quisiera cambiar un texto que he escrito? Si me llaman para escribir una biografía digo lo que me parece correcto, aunque luego la Academia lo revise para que no haya nada disparatado”, ha argumentado Amorós. Me parece bien defender la independencia de los historiadores, pero atendiendo siempre a la presunción de imparcialidad, incluso frente a la institución (pública o privada) para la que se escriba. Y por otro lado, la lógica coloca a la Real Academia de la Historia como última responsable de la revisión del contenido, pero según ha declarado su Presidente, no lo es… entonces ¿Quién es el responsable de los textos? ¿A quién correspondía la labor de comprobar que “no haya nada disparatado”? y lo que es más importante ¿Qué se considera “disparatado” en la Real Academia de la Historia? Porque encomendar la biografía de Francisco Franco a Luís Suárez, conocida su vinculación a la Fundación Francisco Franco, además de ser Presidente de la Hermandad del Valle de los Caídos, miembro del Opus Dei, autor también de varias obras sobre Franco (una de ellas, “Franco. La historia y su tiempo“, de veinte volúmenes, fruto en gran medida del acceso privado que durante años tuvo al archivo del dictador), y amigo personal de director de la Real Academia de la Historia (según declaraciones del propio Gonzalo Anes), no sólo es bastante disparatado, sino intencionadamente malintencionado y políticamente dirigido (y por la derecha más recalcitrante y retrógrada, porque la del PP parece que siempre está renegando de un “posible” pasado “franquista”).

La Real Academia de la Historia dice haber asumido la labor de ediciónde la obra “para ser dueña del contenido y de los tiempos” y porque las editoriales contactadas, dice, no permitían la publicación inmediata en internet, lo que sí hará la institución oficial (no por ahora), pero yo me pregunto si esa “noble iniciativa” no esconde otro motivo, el de publicar la obra sin ningún tipo de revisión exterior ni control editorial ajeno (“para ser dueña del contenido..”). No creo que una editorial independiente (ultimamente me pregunto si existe algo, o alguien realmente “independiente”), hubiese permitido la publicación del diccionario tal y como se ha presentado a la prensa. En el Senado se han presentado ya una serie de inciativas contra el diccionario (como puede ser la retirada de los 25 volúmenes y la paralización de la edición de los siguientes 25) por parte de un senador catalán, Joan Saura por entender que “manipula la historia” y falta a la verdad en la biografía de Francisco Franco al recopilar “ideas que forman parte del pensamiento fascista español”, como por ejemplo y tal y como explic Luís Suárez Fernández, que durante el franquismo “el catalán no estaba prohibido en absoluto (…) y se utilizaba como lo más normal del mundo”, mientras que es “ahora cuando se está intentando prohibir el español en Cataluña”….. Igualmente, la ministra de Cultura, Angeles González-Sinde (y ya tenemos a los “políticos” que criticaba Amorós) , ya ha pedido a la Real Academia de la Historia que “revise” las entradas de los primeros 25 volúmentes porque, dice, “no se ajustan a la realidad”. Es una parca medida, cuando se debería haber pedido la dimisión del Presidente de la Academia y del proyecto, además de que veremos a ver, si de verdad se llega a realizar tal revisión, quien asume el costo.

También hay opiniones que apoyan las explicaciónes del diccionario (desconozco si Intereconomía, César Vidal o Pío Moa se han manifestado al respecto…), como el polifacético y excéntrico Fernando Sánchez Dragó para quíen Franco, “No fue Hitler, Stanlin, Mao Tze Tung, Fidel Castro (…) y mucha gente habla de Franco sin haber vivido el franquismo, si no te metías en política te dejaba vivir bastante en paz”. Parece difícil de aceptar que una persona afiliada la Partido Comunista de España, que cumplió 16 meses de cárcel y 7 años de exilio… escritor, pensador (dice él…), transgresor y orientalista, pueda llegar a realizar una afirmación semejante. Pero hace ya tiempo que las palabras del señor Sánchez-Dragó parecen dictadas por la sinrazón más absurda antes que por la erudición de la que suele presumir en cuanto tiene ocasión. No merece la pena ni detenerse en ellas.

Sin embargo, Gonzalo Anes lamenta también que la importancia de la obra se vea empañada por “la polémica”, del mismo modo que John Eliot, hispanista y autor de los artículos de Felipe-V y el Conde-Duque de Olivares, considera el diccionario “un logro de primera magnitud” por el que dice sentir “un gran orgullo” más que por las entradas de personajes cuestionables, por la labor de “iluminar a esas figuras de segundo orden de las que sabemos poco y que conoceremos mejor” algo que “facilita y mucho, el trabajo de los historiadores”. Igualmente para el estadounidense Stanley Payne es “una de las dos obras máximas de su clase, igualada solo pro el diccionario británico de Oxford” y representa “un gran éxito y un enorme paso adelante”. Hombre, me gustaría a mi saber que opinión merecerá este diccionario entre historiadores de las más importantes Universidades del mundo cuando lean las entradas polémicas de las que aquí se habla (y de otras que irán saliendo, no lo dudo). Y no me refiero precisamente a esas universidades donde da sus clases José Mª Aznar (cuya opinión es de sobra conocida y además fue Presidente del Gobierno que puso en marcha el proyecto del diccionario), ni en la ultracatólica donde se doctoró César Vidal, sino en todas esas que envían a miles de investigadores a los Archivos españoles a estudiar una Historia de España que es parte intrínseca de la historia mundial desde tiempos inmemoriales, desde Atapuerca, por poner un ejemplo remoto, pasando por la importancia de Hispania en el Imperio Romano, o el Imperio Español de los Austrias, o la mismísima “neutralidad” franquista durante la Segunda Guerra Mundial…. Coincido con muchos de ellos a diario y no pienso dudar en preguntarles a partir de ahora por su opinión docta al respecto. La mía creo que ha quedado bien clara: Me averguenza enormemente pensar que la Real Academia de la Historia, que habría de ser para mi, a punto de licenciarme en Historia, referencia clara y horizonte iluminador de mi futura dedicación, pueda, en los tiempos que vivimos, mostrarse tan parcial, politizada, hagiográfica y absolutamente dogmática preciamente en los temas en los que más cuidado y rigor histórico habría de poner, como es en la Historia reciente de España.

Acababa su clase mi profesor de Historia Contemporánea, afirmando que los riesgos de la Historia y la nueva Epistemología, radica en tres cuestones: La debilidad de la Historia frente al poder y el presente, por ejemplo con los centenarios y conmemoraciones (ninguna inocente ni casual), donde la función crítica de la Historia queda disminuida y deja de alertar de los excesos del poder y de crear ciudadanos libres y responsables (la “memoria histórica” es labor de la sociedad, no del Estado); Los Nacionalismos (no sólo periféricos), frente a los que los historiadores siguen mostrándo su debilidad y entrega hacia los intereses partidistas merced a las financiaciones públicas de sus obras; La Contemporaneidad y el Presentismo que concidciona la Historia supeditando el pasado a los intereses del momento presente.  Y justamente ese peligro es el que se ha conjurado en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia. Ni el tiempo debe perdonarles tamaño error.

AlmaLeonor

http://www.escolar.net/MT/archives/2011/05/con-franco-pero-sin-el.html

http://www.elpais.com/articulo/cultura/historia/pais/43000/vidas/elpepicul/20110527elpepicul_1/Tes

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Representantes/exilio/espanol/movilizan/Diccionario/Biografico/elpepucul/20110531elpepucul_3/Tes

http://www.adn.es/cultura/20110530/NWS-0924-objetividad-personajes-recientes-absoluta-dificil.html

http://www.finanzas.com/noticias/formacion/2011-05-31/493758_saura-pide-senado-retirada-diccionario.html

http://www.abc.es/20110526/cultura/rc-viriato-letizia-diccionario-todos-201105262012.html

http://www.lne.es/sociedad-cultura/2011/05/31/anes-academia-actua-censor-responsable-contenidos/1082463.html

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/20110531/drago-defiende-que-franco-fue-gobernante-totalitario-sino-autoritario/1026932.shtml

http://www.rah.es/cdeb.htm

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2 Replies to “EL DICCIONARIO BIOGRÁFICO ESPAÑOL”

  1. No voy a comentar sobre el diccionario que ya lo haces tú y lo haces bien, pero sí a expresarte mi enhorabuena por el exhaustivo trabajo de tu entrada.

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    1. ¡Hola!
      Muchas gracias Trecce…. No creo merecer tanto elogio, pero lo tomo como un reconocimiento a la indignación que ha sentido mucha gente al conocer el contenido de ese diccionario.
      Besos.AlmaLeonor

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