LA DEFRAUDADORA ERA LA SGAE

LA DEFRAUDADORA ERA LA  SGAE

La SGAE está siendo investigada por el Juez Ruz, de la Audiencia Nacional y su presidente, Teddy Bautista, imputado por los delitos de “apropiación indebida de especial gravedad atendiendo al valor de lo defraudado”, “administración fraudulenta” y “delito societario”. También han sido imputados otros dos directivos de la entidad….

Es inconcebible que una institución nacida, decían, para defender los derechos de autores y artistas, sea juzgada por malversación de fondos. ¿Es así como pensaba defender los derechos de autor? ¿Defraudando a miles de socios y usuarios? Y no pienso utilizar la palabra “presunta” estafa, porque aunque no se haya celebrado ningún juicio, la SGAE estafa.

Hace mucho tiempo que vengo manifestándome en contra de la SGAE, del Canon Digital y de la Ley Sinde. Ninguna de esas medidas me parecen justas con los usuarios. Ninguna medida que trate como delincuentes a los usuarios de manifestaciones artísticas antes de demostrarse su culpabilidad en ningún delito, puede ser buena, ni me puede gustar. Dicho esto, insisto, estoy en contra de la SGAE, del Canon Digital y de la Ley Sinde.

Ahora bien, eso no significa que no piense que los autores deben estar protegidos contra el plagio de sus creaciones. Ni que no esté de acuerdo en que un autor artístico tiene derecho a percibir los beneficios por su trabajo y por la utilización continuada de su creación. Pero no de este modo. Si un artista crea una canción o escribe un libro, y alguien copia su canción o su libro para beneficiarse económicamente de esa copia fraudulenta, es lógico que se pene, pero para eso ya existen leyes contra el plagio, como bien sabe por ejemplo Ana Rosa Quintana. Pero claro, si una persona llega y paga un canon, una tasa, o lo que sea, para utilizar una canción, podemos encontrarnos con que por ejemplo Aramis Fuster grabe un disco con una canción de Serrat. Para mí ambas cosas serían punibles. No lo es sin embargo el que una persona copie un disco en casa de un amigo para escucharlo en la suya propia, o que alguien fotocopie un libro para leerlo en su casa. Eso, en otros tiempos se llamaba “éxito”, o “promoción” (aún recuerdo que cuando escuchaba “Los Cuarenta Principales” nos avisaban de que pondrían una canción completa para que pudiésemos grabarla…), pero ahora quieren que los usuarios sean los que se hagan cargo del “posible” detrimento que supone para el cantante o escritor, que su disco o libro no se haya comprado en las redes comerciales. Para eso se ha hecho pagar un “canon” o una tasa a los compradores de CDs o los usuarios de fotocopiadoras, en previsión de que esa copia se utilice fraudulentamente. El usuario tratado como delincuente antes de delinquir. NO puedo estar de acuerdo con eso.

Una amiga de un foro en el que participo, y escritora ella a su vez, dijo esto: “Piratear está mal y debe estar penado, no creo que nadie defienda lo contrario. ¿Que tú utilizas un tema musical para lucrarte? (por ejemplo si eres un salón de bodas y pones música para bailar, que se lo estás cobrando a los contrayentes) pues paga. Pero eso de no poder poner la radio o un cedé en tu local mientras trabajas es perder los papeles. Hay formas de luchar contra la piratería sin bordear la estupidez”. Se trata simplemente de eso… de no bordear la estupidez, ni defraudar, ni transgredir la ley, sino de  trabajar para que los artistas, los autores, los creadores, no se vean desamparados cuando alguien utiliza vilmente su trabajo, pero no de buscar entre los entresijos de la ley para sacar dinero con el que después crear empresas fantasmas para lucrarse (y de paso la señora y la cuñada del directivo de turno).

El músico Andrés Calamaro se ha atrevido a decir que “la investigación de la SGAE y el 23-F con la misma cosa”…. Víctor Manuel y otros artistas se han apresurado a defender la integridad de Teddy Bautista, pero no se convoca la tan cacareada rueda de prensa para aclarar el tema… Así que señores de la SGAE están probando ustedes su propia medicina, por lo que no pidan que se les trate de “presuntos”. Yo como usuaria me he sentido tratada como “culpable” por ustedes.

Conozco a unos cuantos escritores que no están en las listas de los más vendidos, pero cuyas obras merecerían figurar en ellas. Son escritores que no han sido recibidos en las oficinas de las grandes editoriales y que tienen que recurrir a sus propios fondos, en muchos casos, para publicar sus obras. Uno de ellos tiene una obra “secuestrada” por una gran editorial. Otro, también ganador de un premio, vio como “se le ponía mala cara” si se le ocurría volver a presentarse por la calidad de su escritura.  Otros, subsisten en editoriales pequeñas, donde les van publicando sus libros, aunque no tengan el alcance mediático que la calidad de sus obras mereciese.

Otro amigo del mismo foro dijo esto: “Todo aquel que haya estudiado semiótica concordará conmigo que en el mundo literario el emisor (escritor) del mensaje (libro) y el receptor (lector), se ven drásticamente barridos por la importancia del contexto (agente, editor, distribuidor y, finalmente, librero)”.

Ese quizá sea el principal problema. Hoy en día a lo mejor es difícil saber si el “éxito” de una obra (sea musical o escrita) se debe a la obra en sí (propiedad de su autor) o a la labor mediática y de promoción realizada por agentes, editores, distribuidores y libreros. En principio, un autor se las tiene que ver con todos ellos y cederles parte de los derechos de su obra, pero ¿A quién de todos ellos se debe el éxito de una obra concreta? Un amigo escritor me dijo una vez que sabía muy bien a quien era debido, a él mismo, el autor. Pero yo insistí. Mi amigo tenía un libro escrito hacía mucho tiempo, en los inicios de su carrera como escritor, que no se vendía, pero como el tema, la trama, y la estructura misma de la obra eran bastante interesantes (y muy buenas), insistió con otra editorial para que se volviese a reeditar. La labor de todos esos intermediarios dio como resultado un libro cuyo contenido apenas tenía unos retoques lingüísticos, pero cuyo continente mejoró ostensiblemente: Mejor papel, tapas duras, mayor calidad en la letra, una nueva imagen de portada, una edición final moderna… Una mejora total que se completó con una red de distribución por todo el país (cosa que no había pasado con el libro anterior). El libro se vendió bien y cumplió las expectativas. ¿Ese “éxito” fue debido solamente a la obra en sí? ¿Todos los intermediarios que lograron el “éxito” final, deben ser partícipes de sus beneficios como “co-autores” de dicho éxito?. En realidad ese “ropaje” exterior de agentes, editores, distribuidores y libreros, no conseguiría nada si la obra literaria o las canciones del CD no son lo bastante buenas como para que la gente las quiera comprar. ¿O tal vez si? De eso podría ocuparse la SGAE por ejemplo.

Otro de los problemas con los que se encuentran actualmente las grandes editoriales y las grandes compañías musicales es que sus beneficios han caído estrepitosamente. Echan la culpa a la “piratería” y al hecho de que todo lo que se vende fuera de sus circuitos comerciales deja de ingresar dinero en sus arcas y por lo tanto no pueden producir buena música ni editar buenos libros. Pero es que hay algo que no cuentan. También producen muy mala música y editan muy malos libros, y quieren con ellos obtener los mismos beneficios que con los buenos. En la mayoría de los CDs musicales de artistas reconocidos se incluyen al menos una mitad de canciones que no tienen la misma calidad que el resto, y por descontado salen al mercado incontables CDs musicales de artistas que no tienen de eso más que el nombre que se les da en la publicidad machacona que nos inunda. Esos discos también merman la credibilidad de la Casa Discográfica, y la de los propios cantantes y grupos. Pero no quieren reconocerlo. Un mal disco, una mala canción, no se copia ni se vende en el top-manta. Pero la distribuyen hasta la saciedad por todos los circuitos para crear en el consumidor la “necesidad” de tenerla so pena de quedarse “desfasado”. Si comprar un disco de las “Kep-Chup” salva a una compañía discográfica de la quiebra, más vale que desaparezca.

Lo mismo sucede con los libros. Un autor que conozco decía lo siguiente: “Un libro es probablemente el producto que tiene más competencia. Uno quiere un yogur y tiene 100 referencias, como mucho para elegir en un súper. Un libro compite con 6.000 0 25.000 referencias en función de cómo sea la librería. Ý eso si no es Amazon…. Hay muy pocos autores que vendan 20.000 a 25.000 ejemplares. Y si lo hacen normalmente es más por mérito propio y perseverancia que por el de sus editores. En otros países, como Francia, UK o EEUU no es así. Ya sé que su tamaño no es comparable, pero la forma de actuar de los sellos tampoco lo es. Se podría hablar mucho del tema, desde luego. La publicorragia (perdón por el palabro) que caracteriza a las editoriales españolas no es un proceder ingenuo. De hecho, es una estrategia viejísima: ocupar estantería. Su estrategia consiste en editar todo lo posible, más de lo que las librerías pueden sensatamente asumir. Se crea así una barrera de entrada difícil de superar. Prefieren perder dinero con la gran mayoría de los títulos siempre que les compense ganar con aquél o aquellos que protegen. En esa dinámica tan de tendero, es utópico pensar en una forma de actuar que fomente una clase media de escritores – y editoriales- que sí existe en otros mercados. Y que aquí ha existía hace no tantos años (veinte o treinta), cuando no se editaban 70.000 títulos ni las editoriales se habían concentrado en tres o cuatro grandes grupos de fuerza descomunal.

La competencia editorial es enorme. Y los buenos autores proliferan, puedo asegurarlo. Lo que pasa es que es prácticamente imposible que un lector pueda hacerse con ejemplares de todos ellos. Selecciona. Y en esa selección tienen mucho que ver las Editoriales, los Distribuidores y los Libreros. Solo que, como dice mi amigo, en España tienden a mostrar más a aquellos autores a los que protegen. ¿Qué les protegen porque venden? Cierto es, claro. Pero no todo lo que escriben es de igual calidad, y si no, miren a Arturo Pérez Reverte, que sigue vendiendo como el que más, sacando al mercado obras de calidad, pero sin acabar de alcanzar el nivel de sus primeras obras. Y eso sus lectores lo reconocen.

Sin embargo, los autores y los artistas musicales se pliegan a estas exigencias. Hasta ahora se sabía de estas prácticas casi “fraudulentas”; hoy en día se sigue reconociendo que existen “negros” que escriben una buena parte de la obra literaria de un actor de reconocido prestigio; y otros copian directamente (hay polémicas todos los días); muchos cantantes desaparecen al día siguiente de un éxito inconmensurable, y de otros se descubre que “no cantan”, sino que utiliza la voz de otro; y así podríamos encontrar un sinfín de prácticas de las grandes empresas del arte que perjudican directamente a los autores, ya sean escritores, músicos, cantantes, actores o lo que sea. ¿Y aún éstos se ponen del lado de las grandes empresas? Para proteger sus derechos de autor, no es necesario que se sangre al consumidor, al usuario del arte. Hay que trabajar bien y producir buenas obras. Y si no funciona, no se saca al mercado y punto. En esto también la SGAE podría tener mucho que decir, proteger al autor frente a los intereses de los poderosos.

Autores y Empresas acusan a Internet de sus fiascos económicos. Juan Manuel de Prada, por ejemplo dedicó la siguiente flor a lo que se publica en internet (“Letrinas de Internet” en el XL Semanal): “Siempre me ha llamado la atención la ingente cantidad de pasiones putrescentes que se desaguan en Internet”.

Muchos de los éxitos editoriales de los últimos años se han “agrandado” gracias a internet. Y también, gracias a foros, blogs, y otras plataformas se conocen autores y textos que de otra manera no se conocerían nunca. Y es gratuito, y se sigue creando, se sigue escribiendo, y sigue siendo gratuito. Podría ponerles varios nombres de gentes que escriben en internet mucho mejor que muchos de los mejores periodistas de este país. Pero son desconocidos, y ceden su obra. ¿Es por ello menos buena? ¿Sólo puede considerarse buena aquella obra que está publicada por una gran editorial? Otra opinión forera de un autor decía así: “Lo que no llego a comprender es por qué a los degustadores de la obra cultural les resulta tan difícil comprender que tienen que estar del lado de quien les provee de esa obra, no en contra. Aunque sea por un interés egoísta. Si un artista novel es bueno, lo lógico sería que no tuviera que trabajar doce horas al día de chupatintas para sobrevivir, sino que su actividad artística le proporcionase una oportunidad de seguir creciendo hasta convertirse en un genio para que disfrutemos de él, aunque haya que pagar por su obra y por su genialidad. Y eso dentro o fuera de internet. ¿De verdad, es tan complicado entender esto? Enfréntense con la realidad y abandonen mundos de ensoñación, la utopía cibernética de la obra gratuita no existe, y si existiera no sería más que la utopía de la mediocridad y el amaterurismo. La obra de calidad no se crea sola o aparece en la red. Requiere de artistas y para que estos alcancen el nivel de calidad que seguro desean disfrutar, necesitan ser profesionales.”.

No es difícil entenderlo. Y estoy segura de que todos estamos de acuerdo en que hay que pagar por la cultura y que alguien bueno de verdad debería dedicarse a escribir todas las horas laborables del día y no compaginar escritura con otro tipo de trabajo para sobrevivir…. Pero ¿la gratuidad o no de la obra es lo único que garantiza que sea buena? ¿Acaso no hay bodrios de autores reconocidos que solo se dedican a escribir? ¿Es que porque Dan Brow o Cesar Vidal se dediquen SOLO a escribir son lumbreras? ¿Acaso no hay autores reconocidos que simplemente copian o encargan a alguien que escriba por él y sólo se dedica a recoger beneficios? ¿Acaso eso no es culpa de la gran industria en lugar del consumidor? ¿Acaso es tan difícil ponerse del lado del consumidor y no de la gran industria?

Internet permite bajarse música de forma gratuita para escucharla cada uno en su casa. Eso molesta mucho a la industria y a los intérpretes porque dicen que merma sus beneficios y ataca sus derechos de autor. Consideran que eso es robar. Pero olvidan muy fácilmente que en los inicios de sus carreras repartían gratuitamente cassettes con sus canciones para que fuesen conocidas y poder llegar a donde hoy están. Joaquín Sabina ha debido de olvidar que cantaban en las esquinas de las calles antes de ser reconocido mundialmente; y Víctor Manuel ha debido de olvidar que sus actuaciones eran vigiladas por la policía en muchas ciudades de España, y aún así íbamos a verle cantar; Ramoncín, ya podía callarse y dejar de aporrear la guitarra porque toda la fortuna y fama que ha logrado ha sido a base de pseudo-tertulias televisivas; y sin embargo todos ellos estuvieron en contra de programas como “Operación Triunfo” porque sus ganadores (producto mediático donde los haya por cierto) vendían más discos que ellos. No es precisamente un ejemplo de solidaridad, por parte de cantantes y artistas que después la piden a sus seguidores.

Al final la SGAE ha demostrado que creía en su proyecto menos que nadie. Ha demostrado que quienes nos manifestamos en contra de ella teníamos razón y que el canon digital no era sino otra forma de fraude a gran escala. ¿Y aún se pregunta mucha gente porque estamos indignados?

AlmaLeonor

 

 

 

 

 

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2 Replies to “LA DEFRAUDADORA ERA LA SGAE”

  1. Lo firmo de cabo a rabo.
    De acuerdo con que los autores y sus derechos deben ser protegidos, pero hay que echarle imaginación y adaptarse a los tiempos nuevos y no recurrir al burdo argumento del “por si acaso, paga antes”.
    Y el, o los gobiernos que no miren para otro lado. Si a un chorizo le dejas las manos libres y le abres puertas para que recaude legalmente sin ningún control, ya imaginas lo que va a ocurrir, estará encantado.
    No se puede decir de entidades como estas, que como son privadas no podemos fiscalizarlas, porque lo de privadas es hasta cierto punto, una buena parte de su financiación la consiguen amparadas por leyes especialmente creadas para su beneficio y si se les dan privilegios, se les debe vigilar, es un mero asunto de interés público.

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    1. ¡Hola!
      Como siempre, Trecce, tus aportaciones siempre son imprescindibles. Se me olvidó mencionar la responsabilidad gubernamental (que ahora tanto están tratando de sacarse de encima, desentendiendose de la SGAE) y de el resto de partidos que estuvieron a favor de la SGAE y aprobaron la Ley Sinde por ejemplo (recuerdo que el PP se apresuró a votar a favor, tras alguna remodelación mínima para sacarse de encima esa “patata caliente” y que no cayese en la que piensan, será su legislatura). Pero para esto estás tu al quite. Gracias Trecce!!
      Besos.AlmaLeonor

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