ANÉCDOTAS-34: EL ROBO DEL SIGLO

ANÉCDOTAS-34 : EL ROBO DEL SIGLO.

Ahora que está en el candelero el asunto del robo del Códice Calixtino, me han venido a la memoria unos cuantos casos de “robos curiosos” de los que en algún momento he tenido ocasión de conocer, aunque solo fuese por referencias.  Y además me hace ilusión “desempolvar” el tema de las ANÉCDOTAS de las que que hacía mucho tiempo que no ponía ninguna…

 

En la facultad donde yo estudié a menudo faltaba el jabón de los dispensadores. Al parecer era una práctica habitual entre quienes viviendo en apartamentos alquilados, no querían gastar ni en jabón para casa. Pero eso es hasta casi normal incluso en los baños de muchos bares y cafeterías, por lo visto, pero lo que ya no lo es tanto es que en una Facultad los alumnos robaran, y al parecer, en una sola noche, todas las boyas de las cisternas de todos los servicios (a tres zonas de servicios por planta en un edificio de cuatro plantas, con varios baños en cada zona de servicios, dan para muchas boyas). Nadie aclaró el tema nunca porque se supuso que era cosa de “gamberrismo”, lo que no se dijo era por parte de quien….

Trabajé una vez en un edificio que, amenazando ruina, se sustituyó por otro más moderno y equipado. El traslado fue perfectamente organizado por un directivo espontáneo (se llevó más tarde su premio en forma de cargo), que distribuyó a todo el mundo etiquetas numeradas con el nombre del despacho y del servicio para que se colocasen en las cajas que embalaban los pertrechos de cada uno, de forma que el transporte se realizaría de un edificio a otro colocando cada caja en su sitio exacto. Todo fue perfecto hasta que unos cuantos directivos y no tanto, afirmaron que en el traslado “se habían perdido sus ordenadores portátiles”, unos ordenadores de alta gama adquiridos recientemente por la empresa, y que hubo que comprar de nuevo, claro. Nunca se puso en duda el sistema del directivo espontáneo para el traslado porque era perfecto, y además los afectados por la “pérdida”, eran “cercanos”, o al menos de su mismo servicio…..

Y el más rocambolesco de todos…. Hace mucho tiempo en una institución en la que trabajaba una amiga mía robaron un ordenador de un despacho. Para salir de ese edificio se pasaba ineludiblemente por delante de la recepción y a esta amiga mía le hicieron un sinfín de preguntas acerca de si había visto pasar al ladrón con un ordenador al hombro, y lo que es peor… el por qué le había dejado salir. Mi amiga ni se inmutó. Por aquel edificio pasaban continuamente informáticos y empleados de servicios informáticos llevándose ordenadores, impresoras, scáneres, y todo tipo de material informático de valor, sin que la recepción fuese informada de ello. Del mismo modo se les veía entrar con dichos aparatos a cuestas. Contabilizar si eran los mismos que salían sin tener información de cuáles eran, por supuesto que era una tarea ardua e inútil. Además en aquel edificio entraban también a menudo, jóvenes con aspecto deportista y con una enorme bolsa al hombro o de la mano, se supone que con su material deportivo. Era normal, habitual y hasta necesario para esos jóvenes. No tenían que identificarse de ninguna manera. Saber si en aquellas bolsas en algún momento iba algo más que material deportivo particular era, por supuesto una tarea ardua e inútil. Un tiempo más tarde, el lumbreras que ocupaba el despacho emitió un informe en el que, según dijo, tras investigar el suceso, estaba en condiciones de explicar el procedimiento que había utilizado “el ladrón” (porque según él solo había sido uno) para llevarse el ordenador: Había accedido al tejado del edificio (solo tenía planta baja y un primer piso) desde el exterior; desde ahí había recorrido varios tejados (el edificio se componía de una serie de “módulos” alrededor de incontables patios) hasta llegar al patio al cual daba una ventana del despacho en cuestión; había bajado por una cañería hasta la ventana; aquí no especificaba como había conseguido abrirla sin forzarla y sin romper un cristal, asegurando además, que él siempre dejaba cerrada la ventana al irse del despacho; había entrado en el despacho y se habría llevado el ordenador y material informático por el mismo camino. No contaba el informe tampoco cómo era posible sacar por una ventana pequeña (era muy pequeña) un ordenador y sus accesorios de alto valor económico, pero de un tamaño descomunal y un peso considerable, ni como había conseguido “el ladrón” trepar con todo ello a cuestas por una cañería, recorrer los tejados y volver a saltar al exterior… Pero ese informe fue el que finalmente prevaleció. A mi amiga no le volvieron a preguntar nada una vez que hizo todas esas observaciones.

Y ahora que me expliquen cómo es posible llevarse un Códice de Pergamino, de valor incalculable y de cierto peso (imagino), de una habitación de la que solo tres personas (sacerdotes) tienen llave, que cuenta con cámaras de seguridad y con un control férreo de entradas y salidas……

Cosas del arte del latrocinio.

AlmaLeonor

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