LA DESORDENADA CODICIA DE LOS BIENES AJENOS

(Hablando del “Arte del Latrocinio”, encontré por casa esta maravilla de la novela picaresca española que resulta muy acertada en estos tiempos). AlmaLeonor

 

LA DESORDENADA CODICIA DE LOS BIENES AJENOS

Por el Doctor Don Carlos García (Zaragoza, 1580 – ¿Francia?,  h.1630)

 

“La desordenada codicia de los bienes agenos”, subtitulada Antigüedad y nobleza de los ladrones  “Obra apacible y curiosa, en la qual se descubren los enrredos y marañas de los que no se contentan con su parte”. (En París, En casa de Adrian Tiffeno, á la enseña de la Samaritana. 1619).

 

 

Dirigida al Illustríssimo y Excellentíssimo Señor Don Luys de Rohan, Conde de Rochafort.

Excmo. Señor:

 

Si los presentes que se hacen hubieran de estimarse por lo que ellos valen, y no por la voluntad con que se ofrecen, ni mi atrevimiento tuviera disculpa, ni el agravio de V.Ex.ª admitiera satisfacción. Pero considerando cuán propio sea de la nobleza favorecer los humildes deseos de quien debajo sus alas se ampara, he querido echar mi pobre cornadillo en el templo, como la otra vejezuela, sacrificando un átomo á la inmensidad y ofreciendo un nada al todo. Recíbale V.Ex.ª, le suplico, no como obra digna de ese peregrino ingenio, sino como muestra de un ánimo obligado y agradecido, y no permita que su bajeza y estilo escurezcan la gloria que tendré cuando yo me confesáre y el mundo me tuviere por

 

Humillísimo criado de V. Ex.ª

García.

 

Nadie se engañe con el proverbio, que el vulgo celebra por máxima cuando dice que todo lo nuevo aplace, porque, cuándo la lógica no condenára por falsa esta proposición, la experiencia descubriera el engaño y falacia de ella, pues no pienso que persona en el mundo haya hallado agradable la prisión la primera vez que en ella entró…

 

Es tan parecida la terribilidad que del infierno nos pintan las sagradas letras á la misería que en la prisión se padece, que, á no tener ésta la esperanza que á la otra falta, pudiéramos darle el título de verdadero infierno, pues en lo esencial tienen recíproca y cabal correspondencia. De donde me maravilla en extremo la inútil diligencia que algunos escritores modernos hacen, buscando modos equivalentes con que declarar al mundo la ferocidad de aquella horrible habitación, pudiendo conseguir su intento sólo con representar la desesperada vida que en la prisión se padece.

 

De mí, sé decir que cuando en ella estuve, aunque muy nueva para mí, no hallé cosa que me agradase…  Pero la necesidad, acompañada con la curiosa importunación que los encarcelados tienen cuando alguno entra de nuevo en la prisión, me obligó á humanarme y abatirme al trato ordinario de la gente más baja y grosera… y así… estando un día sentado en un banco que en la capilla de la prisión había… entendí el eco  de una triste voz que con gran lástima me llamaba…

 

 Cap.III.-  en el cual cuenta el Ladrón la nobleza y excelencia del hurtar.

 

 No fue perezoso el buen Andrés –que así dijo se llamaba [el Ladrón]– en acudir al prometido puesto ni negarme la relación que con tanto deseo le había pidido… que, sin saludarme, se metió de hocicos en su historia, diciendo desta manera:

 

Sabrá vuestra merced, señor mío, que, si desde el punto de su nacimiento anduviera buscando por todas las universidades del mundo quién con más fundamento, experiencia y doctrina le informára de lo que desea saber, fuera imposible hallarle, pues en lo qué toca (y esto no por soberbia) á ser hombre de los de leva y monte, y entendérseme las enigmas de Mercurio Trismegisto y otras filosofías ocultas, no daré ventaja á hombre de la tierra. Con este y otros segretos, reservados sólo á mi discreción, he hallado la piedra filosofal y el verdadero Eleysir vittae (sic) con qué convierto el veneno en medecina, el sayal en brocado y el hambre en hartura, sin poner de mi caudal otro, que la manipulación…. No hay hombre en el mundo que con todas las experiencias y desdichados fines en que los alquimistas paran, no le haga la curiosidad cabriolas en el apetito y cozquillas en la voluntad, todas las veces que oye hablar deste arte. La mía, señor mío, no es deste juez…. Fácil es clara y sin alguna mezcla, pero quien la ejercitáre, es necesario que sea sagaz, prudente y avisado, porque, en faltando algo desto, fácilmente se romperá el orinal y se perderá en un instante lo que en toda la vida se ganó.

 

Y no piense vuestra merced que esta arte, teniendo su origen tan pobre como el nada, sea afrentosa ni infame, porque es la más noble, más absoluta y privilegiada de cuantas hoy hay en el mundo; tanto que no conoce ni respeta Rey ni Roque, ni se le da un maravedí de cuantos monarcas hay sobre la tierra, ni del brazo eclesiástico ni seglar; ántes bien, todos le contribuyen y pagan tributo, trabajando todos para ella.  Sus campos están fértiles en tierra seca; coge el fruto sin sembrar; con ninguno tiene trato y á todos pide, á nadie presta, y todos le deben; sus mieses crecen sin lluvia y de todo toma diezmo. No viene flota de la India, ni caravana de Levante, de la cual no sea pretendiente; ni hay mercader en la China, que no le sea deudor, y, finalmente, todo y á todos alcanza. Y lo qué más se debe estimar en esta preciosa arte, es la grande facilidad con que se ejercita, en qué excede a cuantas artes hay hoy inventariadas en el mundo, el fin de las cuales es contrario al desta, pues ellas se perficionan hiciendo, y ésta nuestra deshiciendo. Y siendo más fácil el deshacer que el hacer (como dijo el Filósofo), no hay que dudar, sino que será más fácil ésta nuestra, que todas las demás…

 

Y así, le dije, medio enojado. No sé, hermano Andrés, cómo ni con qué razón podeis estimar esta vuestra arte por noble fácil y gananciosa, pues vos mesmo me habéis contado los peligrosos trances en que os habeis visto, y del poco provecho y mucha miseria que hay en ella, me asegura vuestra pobreza y clamidad…

 

Vuestra merced tiene razón, señor mío, respondió él, y confieso que nos suceden muchas desgracias y azares; pero más come un buey que cien golondrinas; quiero decir, que un buen lance nos hace espaldas á muchas desgracias, cuantimás, que no nos sucedera tantas como vuestra merced piensa, y, aunque nos sucedieran muchas más, no sería posible apartarnos deste trato, sino es con la muerte, porque no sé qué tiene consigo esta nuestra arte, que es como hidrópico, que cuanto más bebe, más sed tiene… Por donde puede vuestra merced juzgar que, aunque nos sucediesen millones de desgracias, sería casi imposible poder dejar nuestro trato ni mudar de vida, teniéndole ya convertido en naturaleza. Y si esto se hubiese de hacer, sería menester hacer el mundo nuevo, porque, cual más cual ménos, todo la lana es pelo; todos somos de la cofradía; nadie está contento con su suerte, quien más tiene más quiere, y á todos nos agrada lo que poco nos cuesta y tomar truchas a bragas enjutas. Pero el desdichado paga por todos; que, como dice el proverbio, para ellos se hizo la horca. Todos hurtamos, y, por nuestros pecados, unos lavan la lana y otros tienen la fama.

 

Así que vuestra merced no vitupere á bulto nuestra arte, porque ofendería á todo el mundo y por ventura á sí mesmo…. Cuanto más, que si vuestra merced supiese la dulzura que trae consigo coger el fruto que un hombre no ha plantado y hallar la cogida en su granero, sin tener campo ni viña, se mamaría los dedos…  ¿le parece que es poco hallar crédito de la vida, y tener á nuestra devoción uno y mil alguaciles, que nos fien los azotes, galeras, el tormento y la horca, sólo, con una simple y mal segura promesa de que le satisfaremos con las ganancias del primer hurto; y que no sólo haga esto por nosotros, sino también por nuestros amigos, parientes y conocidos? Desemplúmese vuestra merced, y conozca que no hay vida más quieta y segura en este mundo que la nuestra, porque, por un desplacer que tengamos, hay infinitos gustos y contentos que gozar.

 

Y esto hay, cuánto á mi vocación y oficio.

 

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4 respuestas a LA DESORDENADA CODICIA DE LOS BIENES AJENOS

  1. Trecce dijo:

    ¡Ay, Dios mío! La pena es que hay cosas que no cambian, mejor dicho cambian los métodos, continuan los fines.
    Interesante el librico ese.

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    • almaleonor dijo:

      ¡Hola!
      Trecce… desafortunadamente las cosas cambian poquito, si….
      El libro es curioso, más que interesante. En el prólogo dicen que el autor, Carlos García es poco menos que desconocido y algunos apuntan incluso a que es un pseudónimo, aunque se sabe de alguna referencia literaria de su persona y obra. El caso es que tampoco se tiene claro como calificar su obra, ya que si algunos lo encuadran dentro de la novela picaresca española, otros lo descartan porque dicen, no habla de “pillos” que se aprovechan de las circunstancias por su pobreza, sino de auténticos ladrones encantados con su oficio….
      En todo caso, esta parte que reproduje para mi es la mejor. El resto del librito no me lo parece tanto.
      Besos.AlmaLeonor

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  2. Gracias…. he “tocado” por encima tu página. Me parece que es genial, creativa y de buen gusto…. En cuanto pueda volveré a visitarla.

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