LOPE DE VEGA Y CARPIO

LOPE DE VEGA Y CARPIO (25-Noviembre-1562 / 27-Agosto-1635)

En el día en que se cumplen 376 años del fallecimiento de D.Félix Lope de Vega y Carpio, “el Fénix de las letras“, reproduzco un artículo de Manuel Hidalgo publicado el viernes 21 de diciembre de 2007 en la sección “Galería de Imprescindibles” del periódico “El Mundo“, a propósito del estreno de su obra “Las Bizarrias de Belisa” en el Teatro Pavón de Madrid.

Me gustó mucho el artículo y lo tenía guardado esperando una ocasión como esta para publicarlo en Helicón. Disfruten.

“Menudo Pájaro, el Fénix” por Manuel Hidalgo

Misión imposible, esta vez, sí que sí, resumir la vida, obra y milagros de Félix Lope de Vega y Carpio (1.562-1.635), que vivió y murió bajo tres reyes felipes (II, III, IV), en los años de Lepanto, las guerras con los Países Bajos, Inglaterra y Francia, la Armada Invencible (en la que presuntamente, se alistó con veintipocos tacos), la Corte en Valladoli, las privanzas de Lerma y Olivares, la expulsión de los moriscos, la toma de Breda, en fin, un no parar. El siglo del Barroco, el XVII, de la primera gran decadencia de España, pero, a la vex, el fulgurante Siglo de Oro (ya hemos tenido ocasión de recordarlo aquí) con Calderón, Gracián, Rojas, Zorrilla, Garcilaso, Góngora, Quevedo, Cervantes, Tirso y toda la peña (por no hablar hoy de los pintores) haciendo (empezando, mediando o terminando) su obra excelsa.

Hará casi 10 años, a propósito de “Shakespeare in love”, tuve, en una columna, la melancólica ocurrencia de sugerir un “Lope in love” a las desmoralizadas y profanadas gentes del cine español. Incluso de la televisión (¡menuda serie!), si es que hubiera una televisión, privada y, sobre todo, pública, que tuviera lo que hay que tener. Pero, como es ilógico, ni caso.

De origen montañés, nacido de un calentón reconciliatorio entre su padre bordador y su señora madre (tras algún lance adúltero), lo bueno de la vida de Lope no está en sus más o menos previsibles años de crecimiento y formación (colegio, Universidad de Alcalá y tal), sino en el frenesí amatorio que le acomete (y con el que acomete) ante toda mujer que se mueve a su alrededor durante toda su vida, incluyendo su senectud y, lo ques más gordo, sus 20 años (Fray, Frey) de cura.

Hay quien dice que, en realidad, Lope de Vega llevaba una vida muy tranquila y rutinaria, escribiendo y escribiendo, y puede que fuera cierto, pero no se concibe cómo este hombre (“monstruo de la naturaleza”, le llamaron) lograba concentrarse para escribir y conseguía estar razonablmeente tranquilo, con los horarios ordenados para las letras torrenciales y para los amores no menos caudalosos, con la agitada y problemática vida sentimental que llevaba. Era un hiperactivo, seguro, aunque con apariencia de no haber roto un plato.

Matrimonio, amantes (solteras, casadas, viudas y de toda condición social), hijos legítimos e ilegítimos por un tubo, muertes trágicas (algunas horribles) de unas y de otros, pendencias con maridos y otros afectados, preproches de autoridades políticas y eclesiásticas, procesos, sanciones, destierros, castigos y extrañamientos se sucedieron en su muy ajetreada existencia, mientras el tío, al parecer, no paraba (mientras servía de oficio a altos clérigos y nobles) de escribir como si nada (¿más de 1.500 obras?), eso sí, transparentando y drenando en sus argumentos, con mucha alusión autobriográfica, sus intimidades, de modo que los estudiosos saben que las menganitas y zutanitas de sus obras se corresponde, vez tras vez, con las mujeres de su vida real.  ¿Real?

Lope de Vega, el Fénix ave fabulosa, persona única en su género, dejó un legado ingente, rupturista e innovador, influyente e inmortal en todos los géneros que tocó: poesía, novela y dramas y comedias de todas las variedades. Menéndez Pelayo, que tenía tiempo y espacio, se ocupó de clasificarlo todo, y a él (con perdón) me remito. Sólo recordaré aquí que las canciones populares, las leyendas, la Historiade España y los avatares contemporáneos, la mitología, lo religioso y lo profano, lo pastorial y lo morisco, las epístolas y la épica, todo, vaya, pasó por su batidora (y más de 800 cartas) con títulos que ha de conocer quienes aprovecharon el bachillerato al menos para eso, para memorizar unos cuantos títulos y media docena de fechas.

Lope de Vega firma “Las Bizarrías de Belisa” en 1.634, un anño antes de su muerte, algo después de “El castigo sin venganza” (1.931) y “La Dorotea” (1.932), el mismo año de la muerte de su hijo Lope Félix, uno de tantos, el mismo año en que su jija Antonia Clara (una de tantas), se fuga con un fresco galán. Lope tiene 72 años. Ha vuelto hace tiempo a Madrid de su retiro forzoso de Valencia. Parece que se dedica a escribir y cultivar un huerto, en plan sosegado. Es sacerdote desde 1.614, pero ha estado liado (además de con La Loca, cosa de poca importancia) con uno de los tres o cuatro (junto a Elena Osorio y Micaela Luján) amoras de su vida: Marta de Nevares. Marta, madre de Antonia Clara (si se pierden, lo entenderé), ha muerto dos años antes, a los 40, después de haberse quedado ciega y poco después de volverse majareta.

Pues bien, con este panorama (y con casi todo el mundo poniéndole la proa), Lope de Vega tiene la calma y el humor suficientes como para escribir esa maravilla postrera que es “Las Bizarrías de Belisa”, una desenfadada comedia en la que el amor toca el cielo de Madrid después de haber pasado por las pendencias e infiernos callejeros de los fingidos engaños y de los celos.

Después de tanto introito, quisiera decir que el montaje de “Las Bizarrías de Belisa”, a cargo de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico y con dirección de Eduardo Vasco, es una delicia y un placer para la inteligencia y los sentidos. Una gozada. Una exquisitez. La palabra bellísima y pulcrísima de Lope se traslada a una sensual y sencilla atmósfera escénica que, no sé, parece una mistura de la opereta vienesa, el cabaré alemán, el cine de Lubitsch y el cine de los años 20 y 30 en general . Cada negociado de esta función brilla a gran altura (como suele decirse cuando hay prisa), pero yo quisiera destacar, entre los buenos intérpretes, a la potente Eva Rufo y su Belisa, que tiene gracia, fuerza, claridad, luz, coquetería y picardía. Con cuatro sillas, es buenísima la escenografía de Carolina González, como es buenísimo (y muy elegante) el vestuario de Lorenzo Caprile y sutil la iluminación de Miguel Ángel Camacho. Normalmente, no me concreto aquí en estos créditos (más la peluquería y maquillaje de Joel Escaño), pero es que me lo he pasado tan bien con “Las Bizarrías de Belisa”, que he optado por consultar el prospecto y rendir tributo.

Ah, y “Dolls is mine”, de los neoyorquinos Blonde Redhead, con la japonesa al frente de los italianos, es una canción (del albún “Misery is a butterfly”) para ir a comprar corriendo a la salida o antes de entrar.

 

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2 respuestas a LOPE DE VEGA Y CARPIO

  1. María R. dijo:

    Parece que al final de sus años se “apaciguó” y se metió a fraile , le dió la vena espiritual.
    Sea como fuere, un gran autor, si señor.

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    • almaleonor dijo:

      ¡Hola!
      Si, lo dice el artículo. Solo que no podemos pensar que en esa época “meterse a fraile” era lo mismo que ahora. Entrar en una órden monástica de importancia tenía más de prestigio social, de gestión de patrimonio y presencia política que de religiosidad. Pero vamos, que algo de “espiritual” le daría a la vena, si…. pero no dejó de ser un genio de las letras.
      Besos.AlmaLeonor

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