EL EFECTO WALKING DEAD

EL EFECTO WALKING DEAD

Reconozco que me he enganchado a esta serie. Y no existe una razón. Es un poco de lo mismo, como otras series norteamericanas recientes, que si un grupo de gente que se ve unida por una (extraña)razón, que si un ambiente (muy)opresivo, que si sus problemas (inter)personales, que si no se apunta el final en ningún momento… en realidad esta serie, como las de Perdidos, Flash Forward, o la (creo que fallida) Falling Skies, etc., se basan en los diálogos de sus personajes más que en las situaciones vividas, aunque también (pero menos), y se pueden alargar “in eternun” como si de un culebrón venezolano se tratase.

Entonces, insisto, no sé por qué me he enganchado a esta serie. Además, odio a los zombis… Si, debo ser rara, pero zombis, vampiros, hombres lobo y todo ese tipo de “criaturas” no me atraen nada de nada, ni en el cine, ni en televisión. No me gustan.

El fenómeno “zombi” del cine fue “inventado” por George A. Romero, director de culto del cine de terror, allá por 1968 con La Noche de los Muertos Vivientes, película en la que incorporó la afición caníbal de los “muertos vivientes” (no les llamó “zombis”), y añadió una especie de “crítica social” hacia determinados comportamientos humanos (para Romero, los villanos en sus películas “son siempre los vivos, no los muertos”). Nada que ver con la película Walked with a Zombie (Yo anduve con un zombi) que dirigiera Jacques Tourneur en 1943, con Frances Dee como protagonista. En esta ocasión, el zombi (era uno, ¡uno!, no legión, como en las siguientes películas y series del género), servil en lugar de incontrolable, aparecía en su justo contexto, en una isla caribeña donde el vudú y la magia negra hacían el resto.

La primera película de zombis que yo ví en el cine fue Nueva York bajo el terror de los Zombis (1979), de Lucio Fulci (un director muy aficionado a este tipo de cine al parecer) que además de que transcurría prácticamente en su totalidad en una isla abandonada (el título original es Zombi 2), carecía de guión y de cualquier otro encanto cinematográfico que no fuese el exceso de “casquería” varia, aunque pretendiera emular a su antecesora, Zombi, dirigida por Romero.

Tampoco tiene nada que ver la serie con la película homónima The Walking Dead (Los muertos andan) dirigida por Michael Curtiz en 1936, donde el zombi (Boris Karloff, lo mejor del filme), se dedica a una venganza particular. La serie Walking Dead, es una adaptación para televisión de un cómic que se edita en EEUU desde el 2003 (en España Planeta DeAgostini Cómics hace lo propio desde 2005), que incluye la práctica totalidad de sus personajes, e incorpora otros (los hermanos Daryl y Merle Dixon, por ejemplo). Aunque sigo sin saber por qué estoy enganchada a una serie que es típica incluso en el tratamiento hacia los zombis.

Siempre se ha buscado “algo” o “alguien” ajeno a nuestro mundo, para que cause terror. Por ejemplo un extraterrestre. Siempre daban miedo, si no, que se lo digan a la gente que escuchó la retrasmisión de radio de Orson Wells aquel 30 de octubre de 1938, noche de Haloween inolvidable. Esto fue así hasta que llegó S. Spielberg con su ET, el extraterrestre (1982) y nos desmontó el cliché (recuperado con Alien, 1979, de Ridley Scott). Cuando no eran extraterrestres, se buscaban “mutantes”, los malos a los que tenían que hacer frente, casi siempre unos superhéroes imposibles. También “animales extraordinarios” como tiburones asesinos, anacondas (longevas)gigantes, cocodrilos, abejas, pájaros (por favor que nadie me recuerde la horrenda película Ovejas Asesinas, 2007, de Jonathan King)… Y lo más inquietante sucedía cuando esos “animales” eran inteligentes, como en el caso de los tiburones de Deep Blue See (1999, de Renny Harlin) o los monos de El Planeta de los Simios (1968, Franklin J. Schaffner, y sus secuelas y “precuela”). Todos esos “animales antinatura” (y más los inteligentes), amenazan nuestro status quo, nuestro planeta, y hay que eliminarlos del mapa. Punto. Hay incluso una película en la que es la vegetación la que amenaza a la raza humana (El Incidente, 2008, M. Night Shyamalan), y hasta una extraña Niebla (2007, Frank Darabont, basada en una obra de Stephen King, con un final que estropea toda la película), que hace desaparecer todo a su alrededor. Y no nos olvidemos de vampiros, hombres lobos, demonios, brujas, fantasmas, seres infernales, ángeles de la muerte, robots futuristas y…. zombis. Toda esa pléyade de “extraños” personajes sirven para cualquier tipo de película de terror que se precie (lo extraño ha sido verlos en películas románticas como en la serie Crepúsculo, 2008, de Catherine Hardwicke, pero en fin…). Todos suponen una amenaza real, terrorífica y patente para la especie humana. Y en todas las películas el fin principal es eliminarlos. Incluso cuando el filme tiene un bis cómico, como en Zombis Party (Shaun of the Dead, 2004, Edgar Wright), donde se hacen numerosas referencias al trabajo de G. A. Romero.

¿Pero qué pasa cuando es el hombre mismo la amenaza? En el libro La Carretera (2007, Corman McCarthy) se dibuja un paisaje desolado, una tierra destruida por la mano del hombre, en la que el hombre se ha convertido en “un lobo para el hombre”, pero literalmente. En ese libro, y película (2009, John Hillcoat), la humanidad superviviente se ha convertido en una suerte de “Morlocks” e “Ilois”, porque los primeros, acuciados por la falta de alimento, se dedican a cazar a otros hombres (sobre todo niños, y más si son recién nacidos…) ¡para comérselos!, mientras que otra parte de la humanidad (¿los Ilois?) se dedica a vagar por la carretera buscando la forma de sobrevivir un día más. En las películas y series de destrucción de la humanidad, nunca es el hombre el que ocasiona terror, sino un hombre degradado de tal manera que no es un hombre, es… un zombi. Ya hemos sacado la culpabilidad del status de humanidad. En La Carretera, es el hombre.

La serie de Walking Dead no se desprende, de momento, de ese prejuicio, pero algunas pistas da para suponer que no se va a quedar sin tratar el tema. De momento, ha copiado de sus series congéneres la inclusión de una “escena-momento-emotivo”. En Walking Dead, ha sido la visión de un ciervo en el bosque, como en Falling Skies fue el juego infantil con un patinete, y en La Carretera el descubrimiento de un bote de coca-cola (al menos en el libro, no he visto la película).

En Walking Dead hay escenas de gran valor y emotividad, por ejemplo, cuando en el primer capítulo un hombre, Morgan Jones (está acompañado de su hijo Duane, que curiosamente en la serie adopta el mismo nombre que el protagonista real de La noche de los muertos vivientes de Romero, Duane Jones, un actor afroamericano, lo que dio mucho que hablar en 1968), se resiste a abandonar su casa porque su mujer, ahora un zombi, seguía merodeando por allí y no era capaz de disparar a la cabeza para librarla de su condición (otra aportación de Romero). En otro capítulo, un grupo de hombres refugiados en un hospital se comportaban como una banda callejera que roba armas, cuando en realidad eran un portero del edificio y unos enfermeros que aún a riesgo de sus vidas, se habían quedado en el lugar para ayudar y proteger a unos ancianos. En uno de los primeros capítulos de la segunda temporada, el granjero y veterinario ultracatólico, Hershel Greene, afirma con rotundidad que “la naturaleza volverá a poner todo en su sitio”, que se encontrará una solución para el problema (o enfermedad) zombi y los hombres podrán volver a seguir con su vida, tal y como ha pasado otras veces en la Historia (mencionaba la peste negra, o el SIDA). Estos ejemplos evidencian un sentimiento de confianza en el hombre, en la especie humana.

Pero también ha sido demoledora hasta ahora. Merle Dixon es un racista impenitente e indeseable al que por un avatar del destino (¿por castigo? ¿como ejemplo?), y por “culpa” de T-Dog, un hombre negro, se le deja abandonado a su suerte, maniatado con unas esposas. Una adolescente es comida por un zombi; un niño recibe un disparo; una niña desaparece; un embarazo que se cuestiona… (aunque en el cómic sí que nace una niña, ¿no hay esperanza para las generaciones futuras?). El policía Shane Walsh (compañero de Rick Grimes, el protagonista, que además de acostarse con su mujer, cuestiona sus decisiones para con el grupo), para salvarse a sí mismo abandona a su suerte a Otis, de la granja Hershel, con el que va a buscar medicinas. Shane es un tipo al que se le muestra sufriendo por su condición de “mala persona”, pero que la acepta porque piensa que solo de esa manera tendrá una oportunidad de sobrevivir en ese mundo horrible. ¿Pero por qué se le retrata como “el malo”, si todos los demás ya abandonaron a Merle Dixon a su suerte sin que nadie, excepto su hermano, quisieran volver a buscarle? ¿O cuando un médico alienta a todos a un suicidio colectivo?

La última y que me gusta más, se descubrió en el último capítulo y me da pie para comentar una reflexión que me había hecho con respecto a esta serie. ¿Tienen cura los zombis? En el último capítulo de la 1ª temporada, el Centro de Control de Enfermedades en el que tenían puestas todas sus esperanzas, vuela por los aires, después de que su último superviviente, un doctor, les explique que no hay cura posible para los zombis. Es curioso como en este tipo de películas y series se trata a estos seres de forma dual. Por un lado son abominables degradaciones y hay que acabar con ellos (incluso lanzando una bomba atómica, como en Resident Evil, 2002, Paul W.S. Anderson, o con napalm, como en Walking Dead), pero por otro, fueron personas, y han sido atacados por una especie de virus, o enfermedad, o lo que sea (en la serie no se especifica claramente), que puede y debe ser tratado. Este es el argumento de Soy Leyenda (2007, Francis Lwrence) protagonizada por Will Smith, en el papel de un médico, el único superviviente en Nueva York, que trata de encontrar un remedio para una pandemia que ha convertido a la humanidad (y a los animales, una novedad) en zombis vampirizados, fuertes y violentos. Esos zombis ¿Son seres humanos a los que habría que tratar médicamente, o son abominaciones a las que hay que eliminar?

En el último capítulo se sabe que en un pajar de la granja, Hershel Greene ¡tiene a varios zombis encerrados! ¿por qué? ¿con qué fin? En la revista se explica que son sus familiares convertidos en zombis, y que Hershel les “guarda” en espera de una cura. Una posición muy diferente de la del resto de humanos que solo piensan en eliminarlos ¿quién actúa correctamente?

Las series de televisión últimamente no dudan en manifestarse muy claramente inclinadas a ser una especie de escuela de “aceptación de la violencia y la eliminación”. Por ejemplo House, una de las series de más éxito, está protagonizada por un médico drogadicto, malhumorado, deslenguado, egoísta y psicótico que, paradójicamente, es aceptado por todos porque “cumple con su misión” de curar. Otro ejemplo es, Dexter, un policía y asesino en serie, que actúa para “proteger a su familia”. Seguimos con, Nurse Jackie una enfermera drogadicta que, por obtener con qué colocarse, es capaz, entre otras cosas, de engañar a su marido. Pero es que, además, es un icono de rectitud y buen hacer ¡¡en un hospital católico!!

No es la última. En Navy hemos podido ver como al protagonista, Gibss, se le ha protegido desde todas las instancias posibles para no inculparle en la matanza del narcotraficante responsable de la muerte de su familia (incluso montando una encerrona para acabar con la vida de la hermana del traficante, no para detenerla, sino para que muriese). En otro capítulo directamente voló por los aires una caravana donde estaba refugiado un asesino (¿existe en USA la calificación de “presunto” para alguien que no ha sido juzgado y condenado? Ya lo sé: NO). Asunto liquidado. Seguimos. En El Mentalista, serie aparentemente inocua y divertida, el protagonista Patrick Jane, se pasa temporada tras temporada asegurando que se tomará la justicia por su cuenta y matará (del verbo “asesinar”) al responsable de la muerte de su mujer y su hija, John “el rojo”. Pues en el último capítulo de la pasada temporada, ¡le mata! Así. Directamente. ¡Ah! pero no es eso lo mejor. Lo mejor es que empieza la segunda temporada librándose de todo castigo por el apoyo de compañeros y demás instancias, y descubriendo, ¡pásmense! que el hombre al que había matado ¡no es John “el rojo”!

Simon Baker, el Patrick Jane de El Mentalista, interpretó a Riley Denbo, un héroe altruista en una tierra dominada por los zombis, en la cinta de Gerge A. Romero La Tierra de los Muertos (Dead Reckoning, 2005, la cuarta entrega de la serie formada por La Noche de los Muertos Vivientes, El Amanecer de los Muertos y El Día de los Muertos). Romero quiso que en esta película los zombis se mostrasen como “parte de la vida diaria de la gente” (y de hecho hay escenas en las que sirven de diversión a los humanos adinerados, otra crítica a la sociedad de clases), donde existía hasta patrullas especializadas en la captura de zombis, una de las cuales dirige Riley Denbo. En la escena final Denbo deja marchar a un grupo de zombis (que aprende y evoluciona encabezado por un líder, Big Daddy, interpretado por Eugene Clark, un personaje que en la entrega anterior fue interpreto Sherman Howard con el nombre de Bub) mientras dice que “solo buscan lo que nosotros, un sitio donde vivir”.

Pero fue uno de los últimos capítulos de El Mentalista el que más me ha impactado. En él, Patrick aseguraba que un sospechoso, que no había hecho nada (demostrado), era “un asesino en potencia” y que solo era cuestión “de empujarle un poco”. Y claro, en la serie, se monta “ese empujoncito” y el hombre, ¡zas! Intenta matar a todo un grupo. ¡Ya tenemos un culpable de intento de asesinato! Esto no es nuevo. Ya lo planteó S. Spielberg en la pésima Minority Report (2002), y ahora hay hasta una serie montada solo con ese argumento, Person of Interest.

Las series de TV puede que reflejen el ambiente que se vive en la sociedad, o puede que en realidad se ocupen de que un cierto ambiente belicoso, triunfante en un tipo, o parte de la sociedad, sea aceptado de buen grado por el resto de ella. O que acepte sus consecuencias, que es de lo que creo que se trata. Walking Dead muestra un mundo peligroso, donde la gente vive rodeada de “extraños” a los que hay que eliminar porque si no, son ellos los que se los “comerán”. No se plantea entender el peligro, combatirlo sin eliminarlo, curarlo, o reconocer al “ser humano” detrás de la actuación “abominable”, tanto para comprenderle como para condenarle.Un mundo despiadado.

Y digo yo… ¿Por qué sigo enganchada al Efecto Walking Dead?

AlmaLeonor

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12 respuestas a EL EFECTO WALKING DEAD

  1. Isabel dijo:

    Eso digo y como te has enganchado a esta serie? Y que me perdonen los seguidores que son muchos pero es que a mi los zombis como que no…ahora que la entrada genial!! Me he puesto al día del mundo cinematográfico de los zombis.

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  2. plared dijo:

    La primera parte no estaba mal, pero esta segunda me esta resultando aburrida. Por cierto si quieres ver una de zombies algo distintos, prueba con la horde…Saludos

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    • almaleonor dijo:

      ¡Hola!
      Encantada de conocerte Plared, gracias por pasarte por HELICON.
      Pues la verdad es que a mi me enganchó la primera parte y esperaba que a lo mejor la segunda no me atrayese tanto, pero sigo pendiente de lo que pasa, por eso la pregunta que me hago. Y aunque me he explayado en contar cosas de zombis y películas, a mi es que no me gustan nada, es el “monstruo” que menos me gusta de todos los posibles.
      Pero el fondo de lo que quería explicar en la entrada es lo que digo al final, la proliferación de series, personajes o situaciones en las que parece que la intención es que aceptemos de buena gana (y sin alternativa posible) una “solución final” violenta y expeditiva. Eso me da más miedo que los zombis.
      Besos.AlmaLeonor

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  3. Olga Olmedo dijo:

    La verdad es que la serie atrapa y tiene muchísmos seguidores. Yo soy mas bien cobardica y me da un poco de miedo, pero reconozco que sabe mantener al espectador en suspense. Un saludo

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  4. Oskarele dijo:

    Genial reportaje Alma. A mi me encanta esta serie. Un abrazo

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    • almaleonor dijo:

      ¡Hola!
      ¡¡Que alegría me da verte por aquí Oskarele! ¡Muchas Gracias por pasarte por HELICON!
      Me encanta que te parezca genial el artículo. Viniendo de ti, con los artículos tan magníficos que escribes, es todo un honor. Te lo agradezco mucho.
      Besos.AlmaLeonor

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  5. Dessjuest dijo:

    Niña, hay que ver lo grande que eres, pedazo de artículo, la segunda temporada la voy a empezar a ver en breve, ya te contaré, pero vamos, que tampoco tengo grandes espectativas.

    Besos, que eres realmente buena.

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  6. Marisa Gs dijo:

    ALma, realmente es estupendo tu articulo. Odio a los zombies, pero me enganche terriblemente con esta serie. Si de zombies se trata… tampoco tengo idea porqué la sigo con tanto fanatismo; hasta llegar a leer lo que escribiste… estoy buscando info en internet!!! De algo estoy segura, está muy bien hecha!!! Un placer haberte encontrado!

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    • almaleonor dijo:

      ¡Hola Marisa Gs!
      ¡Gracias por pasarte por HELICON!
      Me alegro mucho que te haya gustado lo que escribí. La verdad es que sigo enganchada a la serie y preguntándome por la causa… Pero me gusta.
      Besos.AlmaLeonor

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