LA CONSTITUCIÓN, MI CONSTITUCIÓN, NUESTRA CONSTITUCIÓN.

LA CONSTITUCIÓN, MI CONSTITUCIÓN, NUESTRA CONSTITUCIÓN.

Nací en 1963. Misuegra nació en 1920. Ella que dice haber vivido una Monarquía, una República, una Guerra, una Dictadura y una Democracia, suele decir que “con Franco se vivía mejor”. Vaya por delante que adoro a mi suegra, pero yo ante ella defiendo la Constitución.

Monumento a la Constitución en Rota (Cádiz)

Con esa afirmación olvida a menudo que la dictadura franquista coincidió con los años más fuertes y fecundos de su vida, con una juventud en la que el hambre no conseguía disimular las ansias de vivir y luchar por salir adelante. Una juventud pletórica de ilusiones que no desbancaba ni la atención constante a padres, tíos, y demás familiares enfermos o impedidos sin ningún otro recurso que la propia familia. Una juventud en la que ni las ordenanzas, ni el racionamiento, ni los registros, ni los desfiles marciales, impidieron el enamoramiento y boda de dos jóvenes ilusionados. Esa es la época en la que “se vive mejor”. Cuarenta años de dictadura dieron para mucho, incluso para ver crecer a unas hijas que, merced a la Sección Femenina consiguieron sacar una carrera (una de las dos únicas que estaban destinadas a la mujer: enfermería o magisterio) y cumplir las tres “c” de toda muchachita de bien: Colocarse, Casarse y Criar hijos.  Las mismas expectativas que tuvo mi madre, sólo que sin carrera. Para ella las “c” se separaban por un punto y aparte: Colocarse solo hasta casarse; ser una esposa amante sólo hasta tener hijos que criar. Al fin y al cabo una vida feliz, durante la más triste de las épocas de la Historia de España.

Monumento a la Constitución en Madrid

Mi marido vino al mundo en la misma generación que yo. Somos hijos de esos primeros años sesenta, cuando España solicita su entrada en el Mercado Común, los EEUU se dan cuenta de que “el sur también existe” para instalar sus bases militares, y el mundo entero empieza a aceptar ese país residualmente fascistoide. Mi marido y yo crecimos alimentados por una generación de profesores que empezaban a vislumbrar ya el final de la opresión, aunque había que seguir llevando “flores a María” todos los mayos, y tomar la primera comunión un Jueves de Corpus Christi “que relumbra más que el sol”.

Monumento a la Constitución en Salamanca

Recientemente decía Luís Mª Ansón quela Guerra Civilno se dirimió entre una República y un grupo de golpistas, sino que lo se dirimía era la instauración en España de un régimen marxista-comunista o un régimen liberal-fascista. No sabremos nunca lo que hubiese pasado en este país de no haber triunfado el Golpe de Estado de 1936, pero es difícil llegar a pensar que, tras la guerra mundial, en España se hubiese mantenido un régimen de corte marxista-leninista. Entre otras cosas porque Europa, los EEUU, y el mundo, toleraron el franquismo precisamente porque le veían como un freno a ese comunismo en expansión. Pero quién soy yo para discrepar con todo un señor Académico. El caso es que el régimen franquista se instaló con el beneplácito del mundo y ahí se quedó cuarenta años, arrastrando a la mayor parte de los españoles a la cotidianeidad más absoluta e inerte.

Monumento a la Constitución en Villagarcía de Arosa (Pontevedra)

Un día a mis 12 años se suspendieron las clases en los colegios y los niños tuvimos que volver a casa. No entendíamos muy bien lo que pasaba, y no recuerdo, lo juro, ni algarabías, ni jaranas, ni llantos, ni lamentos. Recuerdo, eso sí, que a mi alrededor se respiraba una extraña mezcla de miedo y expectación. Pero no se fraguó el cambio democrático un 20 de noviembre de 1975, sino que ya venía empujando con fuerza desde la década anterior. Yo, y los de mi generación, podemos afirmar que “nacimos” y crecimos en democracia. Primero expectante, luego realizada. Antes de que la muerte del dictador pudiese hacerla efectiva, ya se estaba viendo y sintiendo en las calles, en las canciones, en los discursos eruditos, en la literatura, en el latir de todo un pueblo que anhelaba una Constitución en democracia.

Monumento a la Constitución en Cádiz

Y la tuvimos. Un día de mis 15 años se declaró fiesta nacional y todos lo celebramos. Hombres y mujeres mayores de edad fueron a votar. Y allí estabala Constituciónque tanto tiempo, esfuerzo, y sangre había costado sacar adelante. Y la aceptamos. Todos. Por mayoría. Los que votaron y los que no. Sabiendo que nacía, pero que había que desarrollarla, criarla, alimentarla, trabajarla, no dejarla morir. Al menos en aquella época lo sabíamos.

Monumento a la Constitución en Zaragoza

Esta Constitución, en democracia, coincidió con mis años más fuertes y fecundos. Sin hambre, con ansias de vivir, trabajo, y medios para salir adelante. Coincidió con una juventud pletórica de ilusiones que no dejaban de crecer con cada uno de sus derechos reconocidos. El desarrollo de esta Constitución coincidió con un enamoramiento, una boda, y un hijo que colmaron todas y cada una de las previsiones de futuro que me había trazado. Una vida feliz que aún perdura.

Monumento a la Constitución en Las Palmas de Gran Canaria

No fue, ni es, una Constitución perfecta. ¡Qué pena si lo fuese! Eso significaría que no hay más horizonte sobre el que caminar, que no hay más ilusiones que plasmar, que no hay más metas que conseguir. Como todo trabajo que se quiere bien hecho, necesita de un cuidado constante y una evolución firme (pausada, si queremos). Hoy está en crisis. Al menos económicamente está en crisis. Y denostada. Muchos dicen hoy que no es “su” Constitución porque no la votaron. Olvidan que fue un legado que ahora nos toca trabajar. No fue una imposición. Fue un marco por construir, una labor que consiste en trabajarla hasta hacerla nuestra.

Aquella fue mi Constitución (aunque yo no la votara), la que creció conmigo, la que me ha hecho lo que soy, para bien o para mal, porque dibujó el mundo en el que he vivido y vivo, la democracia con la que he aprendido y aprendo. Esta Constitución es la que ha permitido que hoy en día mi suegra pueda recibir unos cuidados adecuados en un centro geriátrico asistencial; la que permite que mi hijo pueda elegir cualquier carrera universitaria y disfrutar de una beca para cursarla. La Constituciónque vivimos nos ha permitido a las mujeres romper el muro de intolerancia y dominio al que nos habían marginado, para disfrutar de un horizonte de libertad por donde pisar.  Es la que nos ha otorgado la libertad de expresión suficiente como para que alguien cuestione palabras como “dictador”, “golpe de estado” o “franquismo”, y pueda expresar su opinión en público sin represión. Y es la que ha dado cobertura, también, a quienes han visto posibilidades infinitas de enriquecimiento corrupto, pero que a la vez, ha articulado los medios necesarios para hacerlos frente, para destapar sus corruptelas, para llevarlos ante la justicia (muy pausadamente, es cierto). La propia Constitución destapa a sus enemigos.

Esta Constitución, mi Constitución, que nació monárquica, pero puede acabar siendo republicana (o lo que queramos que sea, eligiéndolo en libertad), es nuestra Constitución. Y hoy es su día. ¡¡Feliz Día de la Constitución!!

AlmaLeonor

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6 Replies to “LA CONSTITUCIÓN, MI CONSTITUCIÓN, NUESTRA CONSTITUCIÓN.”

  1. Larga y enjundiosa reflexión sobre la vida y sobre la Consti (que diría el maestro Forges).
    Alguna de las cosas que dices, no la tengo yo tan clara, en cualquier caso son cosas que no sabemos cómo se habrían desarrollado porque ocurrieron de otro modo y, en cualquier caso también, con lo que no discrepo en absoluto es con que mejor estamos viviendo en una democracia que con otras fórmulas que no tendrían razón en una España del siglo XXI.
    ¡Viva la democracia!

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    1. ¡Hola!
      Trecce, para eso sirve la democracia, y para eso lo garantiza la Constitución, para que cada uno de nosotros puede opinar de distinta manera, discrepar, no estar de acuerdo, y seguir siendo amigos, o vecinos al menos.
      Gracias por venir siempre.
      Besos.AlmaLeonor

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  2. Yo recuerdo el nacimiento de la Constitución como algo desconcertante, no sabias muy bien que pasaba, solo que había fiesta en el cole y los mayores iban “a votar” y recuerdo las dudas de la gente que no sabía que votar porque nunca habían tenido una Constitución. Y lo que cambió las vidas de todo el mundo, en mi casa nunca se hablaba de política de pequeña era algo que no existía, por lo menos en mi entorno, la gente trabajaba y punto. Hoy hasta mi peque opina de política, vienen con nosotros a votar, incluso nos dicen a quién votarían ellos. Me gusta el cambio!

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    1. ¡Hola!
      Tienes razón Isabel… Es un cambio importante. Ojalá que seamos capaces de seguir transmitiendo esa ilusión por la vida civico-política participativa.
      Gracias por asomate a HELICON.
      Besos.AlmaLeonor

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