MI PROPIA “CRÓNICA DEL SECTARIO IMPENITENTE”

MI PROPIA “CRÓNICA DEL SECTARIO IMPENITENTE”

¡¡¡Indignada me hallo…!!! y eso antes de las 10 de la mañana y por atreverme a abrir la primera página de una publicación semanal, El Cultural, suplemento literario del Periódico El Mundo (justo decía esta mañana que este periódico no tiene arreglo posible… miren por donde). Abro El Cultural, como digo, mientras me tomo el segundo café de la mañana y me encuentro en primera página con este artículo:

Crónica del Sectario Impenitente

Por Luis María Anson

LUIS MARÍA ANSON | Publicado el 02/12/2011

NO suelo leer a este hombre, pero van dos veces seguidas que lo he leído y las dos ha conseguido que se me ericen hasta los pelos de la nariz. En otro artículo anterior Ansón afirmaba que en la Españadela Guerra Civil no se dirimió un enfrentamiento entre una República constitucional y legalmente establecida y unos militares golpistas (políticos y nobles monárquicos incluidos), sino entre un régimen comunista-leninista y un régimen liberal-fascista, o algo por el estilo. En este artículo de hoy empiezo leyendo lo siguiente:

No logro entender -escribe Salvador Sostres en un artículo lúcido publicado en El Mundo- por qué extraño motivo el comunismo nos parece mítico cuando ha sido el totalitarismo más sanguinario de la historia de la Humanidad”. Y añade el sagaz escritor: “No sé qué ternura nos puede provocar una ideología al amparo de la que se han asesinado a más de 60 millones de personas, y no entiendo por qué motivo si la propaganda nazi se considera acertadamente apología de genocidio, y está penada con años de cárcel, puede uno tan guapamente reivindicar el comunismo con adoración y nostalgia sin que le pase absolutamente nada”.

¡¡Bueno, mal empezamos!! ¿Salvador Sostres… LÚCIDO y SAGAZ?… ¡¡vamos hombre!! Es de todo menos bonito. Un tipo que despotrica constantemente contra la mujer, contra cualquier grupo humano que no sea el suyo, que denigra a todo el que le da la gana, que insulta y amenaza constantemente por una cuota de “sare”… un tipo así… ¿pretende calificar a alguien (quien quiera que sea) de SECTARIO? ¡¡Lo que me faltaba por oir-leer!! Sigue el artículo de Ansón:

Todo esto lo ha escrito Salvador Sostres con motivo del fallecimiento de un comentarista que fue relegado a segunda división por los mismos que a su muerte le han presentado como referencia de la intelectualidad de izquierda. La verdad es que, al margen de su talento, que lo tenía, el personaje en cuestión, desde el máximo respeto personal, me pareció siempre un sectario. Receloso, opaco, atrabiliario, era un permanente resentido. Resentido contra la entera sociedad, pero sobre todo contra los suyos de la izquierda, a los que consideraba especialmente torpes por su incapacidad para reconocer el talento y la supremacía intelectual del que vertía sus venenos y sus juicios excluyentes sobre la panza del periódico adicto, en editoriales y artículos especialmente, por cierto, farragosos y aburridos.

Pues para ser un “comentarista” con tanto talento como dice, no entiendo como sus artículos y editoriales le parecen “farragosos y aburridos”. Y además, aún no ha mencionado el nombre del “personaje”, aunque si le ha dedicado ya unas cuantas lindezas impropias de alguien que se dice académico, pero que no duda en atacar impunemente a quien ya no puede defenderse. Sigamos:

Si la izquierda quiere vivir plenamente incorporada a la democracia y al sistema de libertades -concluye Salvador Sostres para cerrar su crítica acerba al impenitente sectario- no puede enorgullecerse de ser la heredera ideológica de aquellos criminales”.

¿Perdonaaaaaaaaa? La izquierda ESTÁ plenamente “incorporada a la democracia y al sistema de libertades”. La izquierda es una opción política válida, democrática, constitucionalmente reconocida en este país, y legal y democráticamente participativa en el resto del mundo. La izquierda es parte de la vida ciudadana HOY, y es el resultado de años de izquierda ideológica puesta en práctica en muchos gobiernos, sociedades y pensamientos, a la vez que desvirtuada por muchos regimenes totalitaristas. Del mismo modo, por cierto, que la derecha ha sido desvirtuada, a lo largo de la historia por muchos “criminales” de corte fascista, dictatorial y neoliberalista. Y si me apuras, y puestos a decir, lo voy a decir: La derecha ha sido mucho más “criminal” si tenemos en cuenta las muertes violentas quela IGLESIA ha causado en el mundo a lo largo dela Historia en aras de ideas de la misma pasta. 

En los años treinta del siglo pasado, la gran fascinación de artistas e intelectuales era el comunismo. Poetas, novelistas, filósofos, pintores, escultores, dramaturgos, periodistas, bebían en las fuentes del Moscú de Stalin. La mayor parte no eran sectarios y mucho menos criminales. Creían de buena fe en el nuevo mundo igualitario que el comunismo parecía ofrecer. Ni conocían la realidad totalitaria del sistema ni la extirpación de las libertades ni los tenebrosos gulags en la Siberia congelada. Por eso, cuando el tiempo puso al descubierto la realidad comunista desde Stalin a Pol Pot, desde Mao a Ceaucesco, los intelectuales y artistas que participaron del entusiasmo por el comunismo se dedicaron a derramar arena sobre el sueño convertido en pesadilla. Así es como se ha producido lo que denuncia Salvador Sostres de forma tan acertada: el nazismo, que careció de intelectuales y artistas afines de calidad, salvo aisladas excepciones, está hoy justamente apestado; el comunismo, no, porque los que se entusiasmaron con él en todo el mundo, entre ellos el sectario criticado por Sostres, corrieron espesos velos para que la opinión pública olvidara sus apologías anteriores.

Osea… que todos aquellos que no salieron huyendo de las ideas izquierdistas y cayeron, arrepentidos y con lágrimas en los ojos, en brazos de la derecha bienpensante, son todos unos “sectarios”, seguidores de ese “sectario” protagonista del artículo de Sostres, que a estas alturas Ansón sigue sin mencionar por su nombre. Menos mal que Salvador Sostres expresa esta idea “de forma tan acertada” porque si no, me daría por pensar que lo que quiere decir es que los pensadores, políticos, “intelectuales y artistas” de izquierda que ha dado cobijo el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la fecha, son todos unos “apestados apologistas del régimen criminal”.

En todo caso, me complace subrayar el valor y la profundidad de juicio del artículo Un pasado comunista, rara avis en los medios de comunicación, algunos de los cuales han tratado al impenitente sectario con el tradicional papanatismo de la torpeza o con el silencio de la ignorancia.

¡¡Ya lo que me faltaba para terminar!! Un artículo de Salvador Sostres calificado de “valor” y “profundidad de juicio”. Por si ya no nos habíamos dado cuenta, ahora ha quedado demostrado de que lado ideológico está Luís Mª Ansón, ese que ni a nombrar se atreve al “impenitente sectario” mientras se despacha a gusto con quienes han escrito sobre él, y los califica de “papanatas”, “torpes” e “ignorantes”.  Muy ilustrativo ha sido su artículo Sr. Ansón. Espero que su intelectualidad y su academicismo le dejen dormir tranquilo después de escribir palabras tan denigrante sobre una persona ya fallecida a quien ni siquiera menciona por su nombre, y sobre unos ideales que ni se ha atrevido, hasta la fecha, a tratar tan despectivamente…

…¡Ah! ¡Está claro! Es que ahora su ideología ha ganado unas elecciones en este país y se considera con una especie de “carta blanca” para decir lo que quiera sobre esa otra más de la mitad de España que no les ha votado. Pues sepa usted Sr. Ansón, que ya los “de izquierda” ni somos papanatas, ni somos ignorantes, y lo que es más importante, YA NO NOS MANTENEMOS EN SILENCIO.

AlmaLeonor

 

(El “impenitente sectario” al que se refiere Luís Mª Ansón en este artículo es Javier Pradera, intelectual, escritor y columnista de El País que falleció el pasado día 20 de Noviembre en Madrid.  El artículo de Salvador Sostres, titulado “Un pasado Comunista” fue publicado en El Mundo el pasado día 24)

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2 Replies to “MI PROPIA “CRÓNICA DEL SECTARIO IMPENITENTE””

  1. ¡Hola!
    Soy Reincidente….. Leo hoy la primera página de El Cultural y me vuelvo a encontrar con el “bueno de Ansón”, haciendo crítica de un libro sobre otro “intelectual” fallecido hace tiempo, pero este es conocido (o amigo, no me queda claro) de Ansón, y le menciona hasta en el título. Dice Ansón: “…fue académico de la Española, académico de la Historia, catedrático de Universidad, Ministro de Educación, amigo, primero, enemigo, después de Azaña, organizador del Bloque Nacional, enlace de Franco con el Alzamiento, conspirador máximo de las Españas….”. Osea, que de este tipo menciona todos sus títulos, incluido el de CONSPIRADOR, y enlace de Franco, ¡ojo! con EL ALZAMIENTO, no con el Golpe de Estado. Luego dice que “El dictador le echó de España tras la guerra INCIVIL”. Del trato bondadoso hacia este “académico” da muestra otro calificativo que le depara, llama “bibliopirata” a quien no tenía reparos en afirmar que “tengo a orgullo no haber devuelto a lo largo de toda mi vida uno solo de los libros que me han prestado…tampoco, por cierto, hay que ser tan panoli de andar prestando libros… que hay muchos cabrones a los que prestas un libro y luego no lo devuelven”… ¡que cachondo!, Ansón es que llora de emoción al recordar a la criaturilla, a la que tuvo el honor de “sustraerle” un par de cartas que pensaba quemar. “El libro, en fin, permite calibrar la dimensión política e intelectual de uno de los españoles grandes del siglo X”….” ¡¡como se le ve el plumero a Ansón!! mejor dicho, que poco le importa a Ansón mostrar su plumero conservador a ultranza. Finaliza con la siguiente afirmación: “Mantuvo amistad, por cierto, don Pedro (aquí no me ha quedado más remedio que incluir su nombre, cosa que no quería hacer, pero lo hago para llamar la atención sobre el tratamiento… “don” Pedro), con Ortega y Gasset, primera inteligencia del siglo XX español, y coincidía con él en este juicio tan escasamente grato para ciertos profesionales: Periodistas, profesores y políticos sin talento componen el Estado mayor de la envidia. Lo que hoy llamamos “opinión publica” y “democracia”, no es en gran parte sino la purulenta secreción de esas almas rencorosas”…… ¡¡Pues menos mal que este tipo no era SECTARIO, como calificaba Ansón al otro!! porque si llega a serlo nos pasa a todos a cuchillo…. en fin… me voy a aficionar a criticar estas “Ansonadas”….
    Besos.AlmaLeonor

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  2. ¡Hola!
    El pasado 8 de diciembre, dediqué esta entrada de HELICON al artículo que Luís María Ansón escribió para elogiar otro que a su vez había escrito Salvador Sostres vituperando a Javier Pradera, fallecido recientemente. Pues bien. Hoy, día 11, en el suplemento “El País Semanal” me encuentro con este artículo de Javier Cercas en el que cuenta, además de su relación personal con Javier Pradera, lo mucho que este intelectual hizo por el periodismo, la editorial, las letras, y la cultura española. Este país se está volviendo demasiado ingrato con quienes más han trabajado por él. Menos mal que aún nos quedará gente como Javier Cercas.

    http://www.elpais.com/articulo/portada/Pradera/elpepusoceps/20111211elpepspor_2/Tes
    JAVIER CERCAS PALOS DE CIEGO
    Sin Pradera
    A riesgo de convertir esta columna en un duplicado de la sección de necrológicas, hablaré de Javier Pradera. Es imposible no hacerlo. Alguna vez habré citado aquí, digo yo, un poema de Thomas Hardy titulado La segunda muerte. Según él, la primera muerte es una falsa muerte: nos morimos, pero de algún modo seguimos viviendo, al menos en la medida en que aún hay alguien que nos recuerda; sólo la segunda muerte es la verdadera, porque es la que sucede cuando todos nos han olvidado. Si Hardy está en lo cierto, la memoria es el cielo de quienes no creemos en el cielo, y evocar a los muertos no es una opción narrativa, sino un imperativo ético.
    Me imagino que, sobre todo para los más jóvenes, Pradera era apenas un comentarista político de este diario; en realidad era uno de los personajes decisivos de la España del último medio siglo. Hijo y nieto de ilustres fusilados del bando franquista, católico y joseantoniano adolescente, crecido en el cogollo social de la dictadura, Pradera lo tenía todo para prosperar entre los vencedores, pero desde muy pronto echó su suerte con los vencidos. Esta decisión lo retrata por entero, porque define su coraje personal, su honestidad moral, su lucidez política; nadie representa mejor que Pradera lo mejor de su generación: una generación que, en plena posguerra, tuvo la valentía de apostar por la reconciliación cuando la reconciliación era, más que nunca, un sinónimo de traición. En 1954, con 20 años, Pradera entró en el PCE; dos años más tarde fue encarcelado por primera vez, acusado de organizar las revueltas estudiantiles que provocaron la primera gran crisis de la dictadura y pusieron los cimientos de la democracia actual. Los años sesenta fueron los de su abandono de la militancia comunista, pero más aún los de su trabajo como editor. En este ámbito su impacto ha sido descomunal. Pradera nos educó a todos: tras su muerte se ha recordado con justicia su trabajo en el Fondo de Cultura Económica, en Siglo XXI y sobre todo en Alianza Editorial, donde puso al alcance de varias generaciones de lectores lo mejor de la literatura y el pensamiento occidental; pero es que Pradera estaba en todas partes: baste recordar que fue él quien, junto con Joaquín Marco, hizo posible aquella Biblioteca Básica Salvat que acogieron tantos hogares españoles y que a los adolescentes de los setenta y ochenta nos permitió leer por vez primera a Dostoievski, a Tolstói o a Wilde. Tras la fundación de El País, Pradera se convirtió en periodista, y a la vez en mucho más que un periodista: si este periódico fue “el intelectual colectivo” de la Transición, como dijo J. L. Aranguren, Pradera fue el primer intelectual de ese intelectual colectivo; esto puede decirse de otro modo: poquísimos habrán contribuido como Pradera a la construcción del discurso de la izquierda democrática en nuestro país. Era la eminencia gris de la cultura española, el hombre que nunca salía en la foto, y el autor de uno de los textos más importantes de la Transición: el editorial de este periódico en la noche del 23 de febrero de 1981. Igual que él, su escritura aspiraba a la invisibilidad, pero era la más reconocible del periodismo español: poseía una puntería sintáctica infalible, una precisión jurídica y una seriedad germánica, lo que no le impedía pintar a Esperanza Aguirre como una “mocita retrechera” ni terminar un artículo llamando bribón a un bribón. Semprún se preguntó alguna vez qué hubiéramos hecho de no existir Pradera; es la pregunta más pertinente sobre él, salvo esta otra: ¿qué haremos ahora que no existe Pradera? La respuesta es fácil: lo más probable es que no hagamos más que tonterías.

    Pradera consideraba juiciosamente que las necrológicas no deben escribirse en primera persona, para no correr el riesgo de que el muerto prestigie al vivo; pero yo no he sido nunca juicioso, y esto no es una necrológica. Además, necesito desahogarme: el último libro que escribí lo escribí para hacerme amigo de Pradera. Era un libro sobre la Transición y pensé que, en ese laberinto, nadie podía guiarme mejor que él. Pradera aceptó hacerme de lazarillo (o de uno de mis lazarillos: el otro fue Miguel Ángel Aguilar). Entonces comprobé que la realidad superaba a la leyenda. Tenía fama de hombre duro y aspecto de profeta tonante, pero su bondad sólo podía compararse a su cultura, a su inteligencia y a su feroz integridad personal; su generosidad no conocía límites: siempre que yo iba a Madrid nos veíamos, y siempre estaba disponible para comer o cenar y hablar hasta el agotamiento. En una ocasión, una vez publicado ya el libro, le pregunté como tantas veces por sus memorias; siempre encontraba excusas para no escribirlas, y aquel día esgrimió unas pocas antes de rematar: “Además, algunas de las cosas que yo quería decir ya las has dicho tú”. No era un elogio, por supuesto; era una forma de decir algo evidente, que ahora mismo yo diría así: si algo bueno hay en ese libro, se le debe a él. No sé. Este país no debe de ser tan malo cuando ha dado a tipos como Javier Pradera.

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