LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE (1): VERÓNICA LAKE

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE (1): VERÓNICA LAKE

  La recordé hace unos días, leyendo un artículo en el blog de mi amigo Javier Coria, en el que había utilizado esta fotografía en blanco y negro de Verónica Lake para ilustrarlo (pero no hablaba de ella). Luego charlamos un rato acerca de esas “mujeres de rompe  y rasga” del Hollywood más dorado, y que ya nunca se volverán a dar. Al menos no como entonces. Si hoy existiese Verónica Lake, su vida, su truculenta vida, hubiese sido destripada en todas las pantallas de televisión y su glamur arrastrado por los suelos de diferentes platós de previo-pago. Pero en los dorados años 40, la vida de una actriz de cine se veía solo en la pantalla o a través de las preciosísimas fotografías en blanco y negro (luego en color, no menos preciosísimas) de la época, rodeadas de un halo de misteriosa belleza que resaltaba sus mejores rasgos y ocultaba todos sus defectos.

Para mi padre Verónica Lake no los tenía. Pensando en ella, y en escribir sobre ella, me di cuenta que era una de las actrices favoritas de mi padre. E inmediatamente constaté que mi mente se llenó de todo un firmamento de estrellas favoritas de mi padre. Así que he decidido hablar de algunas de ellas, empezando por Verónica Lake. No serán las mejores actrices que dio el celuloide, ni las más bellas (quizá). No serán las más virtuosas, ni las más transgresoras. El único nexo en común de las actrices de las que hablaré en este apartado, es que eran las favoritas de mi padre.

VERÓNICA LAKE fue el nombre que un productor de la prestigiosa Paramount, Arthur Hornblow Jr., le puso a una muchacha llamada Constance Frances Marie Ockelman, de Brooklyn, que en 1938 interpretó un pequeño papel en “Sorority House”, de la RKO. Por aquellos entonces Constance tenía 16 años (nació en 1922, de padre de origen alemán y madre neoyorkina) y estudiaba en la Bliss-Hayden School of Acting, donde su madre la había matriculado al trasladarse toda la familia a Beverly Hills (hubo muchos traslados en su vida infantil, lo que le pudo originar una inestabilidad emocional que en un momento determinado se quiso asociar con una posible esquizofrenia paranoica, aunque no hay pruebas de ello).

Constance-Verónica era muy bajita (medía 1,51), pero en su físico destacaban unos ojos profundamente azules (por eso Hornblow utilizó la palabra Lake, lago) que iluminaban un rostro demasiado frío y alargado, remarcado por una larga e impecablemente peinada cabellera rubia. Fue el director John Farrow, de la RKO quien se percató de que un mechón de su cabello rubio cubría su ojo derecho confiriéndole un aire de misteriosa belleza. Y desde entonces no dejó de explotar esa faceta. “Yo no era una sex-symbol. Era una sex-zombie”, diría en una ocasión.

Tanto la explotó, que su famoso peinado, bautizado con el sonoro nombre de “peek-a-boo-bang” (algo así como “espiar-por-la-mirilla”), fue declarado “peinado del siglo” e imitado por millones de mujeres estadounidenses. Incluso, cuando los EEUU entraron en la Segunda Guerra Mundial, el Departamento de Guerra llegó a exigir a la Paramount la prohibición del peinado alegando que las chicas imitadoras de Verónica Lake que trabajaban en las fábricas de armamento, estaban sufriendo importantes accidentes por falta de visión. No sé si esto será completamente cierto, pero que el estilo de las estrellas de Hollywood en general y de Verónica Lake en particular, fue imitado por buena parte de las féminas norteamericanas durante décadas, forma parte hasta del argumento de una película de reciente factura, “L.A.Confidential” (1997), con Russell Crowe, ambientada en los años cincuenta.

Pero el meteórico ascenso al firmamento hollywoodiense de Verónica Lake comenzó en la década de los 40. La primera película suya que yo recuerdo claramente es “Me casé con una Bruja” (1942), en la que aparecía bellísima enfundada en un largo vestido negro, tratando de encender una chimenea con una caja de fósforos. Desesperada por no conseguirlo grita “¡¡Fuego!! ¡¡Enciéndete!!”, y la chimenea se ilumina con miles de llamas, mientras un gato negro sale huyendo. Recuerdo muy bien esa escena, porque representó en mi infancia-adolescencia, todo lo que yo quería ser y hacer: Que las cosas y las personas me obedeciesen como si fuese una bruja bella y enamoradiza.

En esta película trabajaron también otros “grandes” de Hollywood, como Robert Benchley  y  Susan Hayward, a las ordenes de un director europeo, René Clair, que había llegado a América, como tantos otros, huyendo de Guerra. Además, contó con una cuidadísima fotografía y un guión en el que trabajaron gente como Dalton Trumbo (uno de los perseguidos por el “Macarthismo” o “Caza de Brujas”, precisamente, por sus supuestas actividades comunistas, autor de guiones de filmes tan importantes como “Espartaco”, “Vacaciones en Roma” o “Papillón”, y de la novela y guión  de “Jonnhy cogió su fúsil”, entre otros éxitos) y Marc Connelly (ganador de un Premio Pulitzer), todos ellos bajo la producción de otro inconmensurable de Hollywood, Preston Sturges. Hubo otra película parecida en 1958, “Me enamoré de una bruja” que interpretaron Kim Novak (otra actriz de la que hablaré) y James Stewart, después de que “Vertigo” les uniera (además de otros secundarios “de lujo”: Jack Lemmon y Elsa Lanchester). También la exitosa serie de los 60 y 70 “Embrujada” está basada en la película de Verónica Lake.

Pero ya la conocía, o esa idea tengo, por lo que debí de ver más películas suyas antes de esa que tanto me gustó a mí, y que tanto disgustó a su compañero de reparto, Fredrich March, por la enorme presencia de Verónica Lake ante la cámara. March no quiso volver a trabajar con ella y siempre se refirió a esta película (titulada en inglés “I married a witch”) como “I married a Bitch” (“Me casé con una zorra”).

Y es que en 1942, Verónica Lake ya era una actriz cotizada. Su exitosa carrera comenzó dos años antes cuando se casó con el director artístico John S. Detlie, de la Paramount, con quien firmó un importante contrato al año siguiente, al tiempo que daba a luz a una hija (llamada Elaine Detlie) y comenzó su despegue. Con la película “Vuelo de Águilas” (1941) se la conoció  en el “mundillo” (trabajó junto a Ray Milland y William Holden, dirigida por Mitchell Leisen) aunque su papel era secundario. Con “Si no Amaneciera” (1941, nuevamente dirigida por Mitchell Leisen y con guión del mismísimo Billy Wilder), ya era una actriz conocida en los estudios, aunque ni siquiera apareciera en los títulos de crédito. Con “Los Viajes de Sullivan” (1941) su trabajo como actriz fue reconocido por la crítica. No en vano se trata de una película dirigida por el prestigioso Preston Sturges que está considerada por el American Film Institute como una de las cien mejores películas de la Historia del Cine (puesto 61). Esta película la vi ya de adulta, en una feliz ocasión en la que en televisión programaron un ciclo de cine (cuando en televisión española ponían cine…) dedicado a Sturges, y recuerdo que me impactó, pero curiosamente, aunque recuerdo la trama y a Joel McCrea como Sullivan, no retuve nunca en la memoria que la protagonista era Verónica Lake. Lo he descubierto ahora.

Pero el éxito ante el gran público le llegó con “El Cuervo” (“This Gun for Hire” 1942, también titulado en España “Contratado para Matar”), la primera película de las cuatro que interpretó junto a Alan Ladd, el “actor bajito” (medía 1,65) a quien Verónica Lake encajaba como un guante.  Después vendrían “La llave de cristal” (1942), basada en una novela de Dashiell Hammett;  “La Dalia Azul” (1946, dirigida por George Marshall) con guión de Raymond Chandler, quien no soportaba a la actriz y se refería a ella como “Moronica Lake” (moron, en inglés significa idiota, retrasado); y “Saigón” (1948), una floja película que sentenció su relación con la Paramount, ya que ese mismo año rompió su contrato con la actriz.

Pese a todos sus éxitos, Verónica Lake se granjeó una pésima reputación personal. En “Sangre en Filipinas” (1943), compartió reparto con otras mujeres de “armas tomar”, como Claudette Colbert o Paulette Goddard, quien estuvo nominada al Oscar como mejor actriz de reparto ese año. Miklós Rózsa puso la música a este film y también a “The Hour Before The Dawn” (1944 “La hora antes del amanecer”), su siguiente película, donde los compañeros seguían quejándose de que no se podía trabajar a su lado. “Podrías poner todo mi talento en tu ojo izquierdo y seguirías sin padecer de la vista”, era la crítica que de ella misma se hacía.

Su situación personal, desde luego, no era de ninguna ayuda: En 1943 se divorció de su primer marido, y en 1944 perdió un hijo. También en 1944 se casó con el director de origen húngaro André de Toth (quién lucía un parche en un ojo perdido) con quien tuvo un hijo al año siguiente. Sin embargo su situación personal no debió de mejorar mucho, ya que por esta época es cuando tuvo que hacer frente a una demanda económica de su propia madre sufrió confiscaciones por no pagar impuestos, y entró en bancarrota. Se supone que entonces empezó a beber. De Toth le daría además una hija (Diana) antes de separarse de ella en 1952.

Su carrera declinó con tanta rapidez como se aupó. En 1952 filmó para la 20th Century Fox, un film de bajo presupuesto, “Stronghold” (“Fortaleza”), que ella detestaba. Curiosamente este film fue una versión en inglés de la película española “Furia Roja” (1950), en el que el papel de Verónica Lake es interpretado por Sara Montiel. Después trabajó para la televisión y realizó, sin éxito, algunas incursiones en el teatro.

En 1959 se rompió un tobillo y se retiró de los escenarios al tiempo que se divorciaba de su tercer marido, el músico Joseph A. McCarthy, con quien se había casado en 1955. Entonces empezó a vivir en Hoteles baratos de Brooklyn, fue arrestada varias veces por embriaguez y escándalo público y un periodista se la encontró trabajando de camarera en un hotel de Manhattan. Esta triste situación propició un eventual regreso a los escenarios televisivos en 1966 y en algún que otro film de pésima calidad como “Footsteps in the Snow” del mismo año y “Flesh Feast” (1970), una cinta de “horror” de bajo presupuesto. Su salud física y mental declinó rápidamente y a finales de los sesenta está recluida en una clínica de Hollywood por paranoia (afirmaba estar siendo investigada por el FBI, como Russell Crowe en la película “Una Mente Maravillosa”, de nuevo este actor se “cruza” en los avatares de la vida de Verónica Lake).

Aún consigue recuperarse, publicar una autobiografía (“Verónica”, por la que recibió mucha publicidad y críticas positivas) y viajar al Reino Unido donde contrae un breve matrimonio con Robert Carleton-Munro, un capitán de barco. En 1973, de nuevo en EEUU, es hospitalizada en una clínica psiquiátrica de Vermont donde murió por hepatitis e insuficiencia renal (derivadas de su alcoholismo) a la edad de 50 años (los mismos a los que, curiosamente, murió Alan Ladd), sin haber recibido visitas de su familia e hijos con los que se hallaba enemistada.

He llegado a un punto en mi vida en que son las pequeñas cosas las que importan. Siempre fui rebelde y, probablemente, podría haber llegado mucho más lejos si hubiera cambiado de actitud. Pero cuando lo piensas bien, has llegado lo suficientemente lejos sin el cambio de actitud. Estoy feliz con eso”.  Estas palabras, que quizá no fueran ni pronunciadas por ella dada la fuente (BrainyQuote), podrían resumir toda su vida.

Según sus deseos, sus cenizas fueron esparcidas en las Islas Vírgenes, pero su presencia en Hollywood quedó inmortalizada con una estrella en el 6918 del Hollywood Boulevard, el Paseo de la Fama de las estrellas (con la inscripción “por su contribución a la industria del cine”). También en el icono de su imagen lánguida y misteriosa con ese mechón rubio que cubría la mitad de su cara.

Y por supuesto en el imaginario de mi padre, quien siempre que la veía en televisión mencionaba las muchas veces que había visto sus películas en el cine del barrio por una perra gorda. Y recordando su nombre, Verónica Lake, le aprendí yo. Y ahora siempre que veo una imagen suya, digo que “era una de las actrices favoritas de mi padre”.

 

 AlmaLeonor

Fuentes: Wikipedia, Filmaffinity y La Enciclopedia del Cine (Tomo 7: El cine de los Años 50)

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8 respuestas a LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE (1): VERÓNICA LAKE

  1. Trecce dijo:

    Pues fíjate si sería cierta la anécdota de que el Departamento de Guerra llegó a exigir a la Paramount la prohibición del peinado alegando que las chicas imitadoras de Verónica Lake que trabajaban en las fábricas de armamento, estaban sufriendo importantes accidentes por falta de visión, que la actriz se tuvo que cortar el pelo a lo paje, a requerimiento de dicho Departamento.
    Como alguien dijo, Lauren Bacall era mejor, pero Veronica Lake llegó antes.

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  2. Javier Coria dijo:

    Genial entrada, comparto gustos con tu padre.

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  3. plared dijo:

    Una de las mas grandes, aunque su carrera no la acompañara. Su estilo si ha pasado a la historia y bastante mas conocida que otras muchas que en su epoca gozaron de mas fama. Segun dicen de caracter imposible, aunque en una epoca de estrellas, eso seria lo mas normal.

    De cualquier manera, buen gusto el de tu padre y las mejores esencias, se guardan en frascos pequeños…Un saludo

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    • almaleonor dijo:

      ¡Hola!
      ¡Gracias Plared! si que tenía buen gusto mi padre, si….
      Besos.AlmaLeonor

      Pd.:He recibido un comentario (marcado como spam y que he borrado) en el que ponía lo siguiente: “Veronica tuvo cuatro hijos. Dos con su primer marido, John S. Detlie, Elaine (nacida en el año 1941), quien se hizo llamar Anie Sangge cuando se unió al movimiento religioso Subud, y William, quien sólo vivió unos días tras su nacimiento en 1943. Los otros dos los tuvo con André De Toth, Michael (1945) y Diana (1948).”

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  4. luz dijo:

    ¿Que tendrían las ondas del pelo de las rubias?
    Empecé desde muy pequeña a ser una traga-pelis y..
    , Aunque no fuera padre de nadie (por edad y por sexo) …. Siempre me fascinaron.
    Un basazo Alma.

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    • almaleonor dijo:

      ¡Hola!
      No hace falta ser ni padre ni hija para apreciar el buen cine de los años cuarenta y cincuenta. Los amantes del cine siempre seremos “traga-pelis”.
      Gracias por venir Luz.
      Besos.AlmaLeonor

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