JOAL-FADIOUTH

JOAL-FADIOUTH.

Ahora que empieza el Ramadán me acuerdo de mis amigos senegaleses, Pap y Cheick, con quien vivimos unos días inolvidables recorriendo buena parte de su país. Un viernes aparecieron ambos como un pincel, con sus vestidos musulmanes de fiesta, de un color azul cielo prístino precioso, listos para celebrar el día de oración. Y ese recuerdo me ha traído al hilo todas demás jornadas vividas junto a ellos aquel julio del año 2007. Al día siguiente, un sábado nos fuimos a conocer la ciudad de Joal-Faiouth.

La doble ciudad de Joal-Fadiouth se encuentra a unos 110 Km. al suroeste de Dakar, al extremo de la llamada “Petite Côte”. Hoy la excursión será solo de la mañana. La carretera por la que nos adentramos parece hallarse en medio de la nada, solo salpicada por algunas salinas y baobabs. Cerca ya de la ciudad de Joal nos encontramos con una curiosa señal de “Peligro hotel” que daba paso a una mastodóntica tapia a ambos lados de la carretera (y durante unos cuantos kilómetros) y que encerraba, por lo visto, un lujosísimo hotel. Contaba con varios guardas de seguridad en la puerta y se adivinaba, en su interior, un auténtico vergel salpicado por bungalows hasta perderse de vista. No nos deja de sorprender este tipo de manifestaciones mega-turísticas, apartadas completamente de la realidad del lugar donde se encuentran.

Joal, la ciudad más grande de las dos y que es la ciudad natal del presidente Leopold Sédar Senghor, se encuentra en la parte continental y su hermana Fadiouth, la más visitada, se asienta en una centenaria isla artificial formada íntegramente por conchas, a la que se llega a través de un largo puente de madera. Joal es un pueblo de pescadores y enseguida se aprecian las barcas y redes en las orillas de las playas (no vimos en realidad una playa “de finísima arena para el baño”, deben estar en las zonas hoteleras).

Al llegar al puente de madera aparcamos en un parking situado al pie del mismo. Nada más bajarnos del automóvil nos “asaltan” varios guías (oficiales y no tanto) que nos imponen contratarles para visitar la isla de Fadiouth. Se produjo un pequeño altercado entre los guías (a los que pronto se sumaron otros “espontáneos” que querían dar su opinión) y Pap y Cheick, nuestros amigos senegaleses. Uno de los guías oficiales (al menos llevaba una camiseta que así lo indicaba) hablaba español y traté de hacerle entender que nosotros no habíamos contratado a las personas que nos acompañaban, sino que eran amigos nuestros y nos estaban enseñando su país. Pap, intentaba así mismo (en francés y wolof) hacerles ver que estaba en su País y que podía circular libremente por donde quisiese, a no ser que fuese “obligatorio” la contratación de un guía. Los que discutían no lo hacían porque esa “obligatoriedad” existiese, sino porque querían “participar” del posible “pago” por parte de los turistas a otras personas que no fuesen ellos, y acusaban a Pap y Cheick (que no se mordió la lengua para increpar a los “asaltantes”) de querer “aprovecharse ellos solos de los extranjeros”. Al final, y con un amargo regusto por la discusión, nos adentramos en el puente dispuestos a ver la famosa “isla de las conchas”.

Aquí todo está compuesto por conchas. Pudimos observarlo en el suelo y en la construcción de las casas. Pero también vimos como toda la isla estaba muy descuidada, mucho, pese a ser uno de los lugares más visitados de Senegal. Es aquí en Fadiout, donde vimos por primera vez, a otros turistas occidentales blancos (vimos también blancos en Saint-Louis, pero no parecían turistas). Los animales estaban famélicos y rodeados de basura y toda la isla parecía estar “detenida”, nadie parecía hacer nada en aquel lugar. Nos sorprendió que un grupo de turistas negros (y bastante adinerados se adivinaba) se adentraba en la isla con sus maletas (portadas por un natural de la ciudad en un carro) y nos preguntábamos donde se alojarían. En nuestra guía solo figura un sitio en Fadiouth, el Campement les Paletuviers, pero lo anuncia como un lugar sencillo, con habitaciones básicas y baños compartidos, escondido en alguno de los callejones de la isla. Viendo como eran otras de las descripciones de la guía, no nos queríamos ni imaginar a que tipo de establecimiento le atribuiría la calificación de “sencillo y básico”.

No obstante aún obtuvimos alguna bonita fotografía del lugar, bastante tranquilo y apacible en realidad, donde por no hacer, la gente ni se molestaba en ofrecer sus mercancías de artesanía, sino que solamente se limitaba a sentarse al lado de ellas, por lo que el paseo resultó tranquilo. Eso sí, todo el mundo nos mira con bastante hostilidad y nos niegan fotografías, aunque no sean ellos el objetivo. Mi marido dejó descansar la cámara en su mano, pero realizaba disparos disimuladamente.

Otra de las particularidades de este lugar es que comulgan en él las dos religiones, musulmanes y cristianos en armonía, tanto que comparte cementerio, lo que no le parecía a Pap que fuese algo permitido por el profeta. En la isla de Fadiouth se encontraba una Iglesia Cristiana y una Mezquita (a la mezquita no llegamos porque estaba al otro lado de la isla, un poco lejos, según Cheick), y la Iglesia solo la vimos por fuera (Fran y Violeta, nuestros compañeros en el hotel, que si que entraron en ella, dijeron que estaba decorada con verdadera “coloración” y que más se parecía a las ostentosas y grandilocuentes decoraciones sudamericanas). El Cementerio Cristiano-Musulmán, se encuentra en otra isla de conchas a la que se acceden por otro puente de madera.

Desde este nuevo puente podemos observar los graneros sobre pilotes de madera que se sitúan en medio del delta. También vemos alguna barca surcarlo (es típico un paseo en piragua en este lugar) y la innumerable plantación de manglares que se pierde de vista en el horizonte. Los graneros están inspirados en los originales que quedaron reducidos a cenizas cuando un incendio asoló Fadiouth.

El cementerio Cristiano es el que más terreno ocupa en la isla. Es sorprendente observar como todas las tumbas están cubiertas con conchas, sin ningún rastro de “arena” o tierra por ningún sitio, solo conchas. También sorprende ver escrito sobre las cruces de cada una de las tumbas, nombres compuestos por un nombre musulmán y otro cristiano. El cementerio Musulmán, está situado al otro lado de la isla, en la ladera que desciende hacia el delta. Es más simple, las tumbas únicamente se señalan con una sencilla placa metálica desgastada. El sol en este lugar, blanqueado por la enorme cantidad de conchas, refulge sobre ellas y resulta cegador. Es una sensación parecida a la que experimentamos al pasar los días anteriores sobre las salinas.

Nuestra guía dice que aquí musulmanes y cristianos conviven en armonía. Desde luego todos parecen llevarse muy armónicamente entre ellos, pero dudo que exista una auténtica “convivencia” entre religiones. Para empezar la Iglesia cristiana (dedicada a San Francisco Javier y no a la Virgen María como dice la guía), está cerrada la mayor parte del tiempo, y la excesiva decoración parece indicar más bien una atracción turística. La zona cristiana, como vimos el otro día está en otra dirección y es debido fundamentalmente a la etnia serer. Nuestra guía dice que aquí los cristianos son el 90% de la población, pero lo que parece en verdad es que o no existe o es muy insignificante (o ya ocupan el cementerio, donde las tumbas cristianas son la inmensa mayoría). Los serer se dedican a la agricultura y aquí se pesca. La mezquita está situada al otro lado de la isla, no la visitamos y no puedo tener ninguna impresión de ella. Tampoco podemos sacar nada en claro por la vestimenta de sus habitantes, pues hemos visto que en todo Senegal, solo algunas personas, y solo en días señalados, como los viernes, visten sus trajes musulmanes.

Después de visitar el cementerio volvemos a atravesar los puentes de Fadiouth y nos dirigimos a nuestro coche. Antes de subir podemos ver a un par de pescadores que desembarcaban una gran cantidad de langostas de su barca.

Volvemos a Saly con una extraña sensación por los recuerdos de la innecesaria discusión que mantuvieron con nosotros los miembros del Syndicat de Tourisme. Además, después de haber visto ya unas cuantas cosas en Senegal, la doble ciudad de Joal-Fadiouth, el hotel que vimos en la carretera, y la presencia de turistas, nos hace ver que este sitio no es más que un punto de visita obligado por las guías. No obstante, nos alegramos de haberlo visitado.

Por cierto que acabo de descubrir que Joal-Fadiouth está hermanada con Fuenlabrada, la localidad madrileña… ¡que cosas!

AlmaLeonor

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6 respuestas a JOAL-FADIOUTH

  1. gold price dijo:

    Tuvimos que esperar a que abrieran el comedor en el restaurante “La Kassa” a las 13:30 para poder comer el plato del día, ya que no había ningún lugar dónde comer y teníamos que llegar “relativamente” pronto al barco. De echo, sólo pedimos un plato del día para los dos, puesto que no teníamos casi hambre (2500 CFA).

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    • almaleonor dijo:

      ¡Hola!
      Susana, gracias por pasarte por HELICON.
      Ese día nosotros comimos en el hotel en Saly. Nos salió por 28.000 CFA para los tres y lo que recuerdo es que las dos o tres veces que comimos en el hotel (y casi que también fuera de él) fue a base de arroz y brocheta de pollo, un segundo y postre o algo así, porque era más económico y además el resto de platos o no los conocíamos o nos atrevíamos a pedirlo. Teníamos las cenas incluidas, pero cada día ponían un menú diferente: Continental, italiano, a la parrilla, cosas así, creo recordar… y de tipo buffet, por lo que podías ponerte lo que más te pudiese gustar. La verdad es que no comimos demasiado bien, ya fuese por el excesivo calor, ya fuese porque no nos atrevíamos a pedir muchas cosas.
      ¿Llegaste a Fadiouth en barco? ¿No te estarás confundiendo con Goré, la Isla de los esclavos? Allí si que había que darse prisa para tomar el barco, que además de que llegaba a su hora, como Goré es una isla muy cercana a Dakar, se llena de familias y jóvenes que van a la playa, y el barco se llena. Hay que esperar la cola si quieres coger un sitio. Nosotros llegamos a Joal-Fadiouth en coche, desde Saly, que era donde teníamos el hotel.
      Besos. AlmaLeonor

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  2. Dessjuest dijo:

    Realmente uno ha salido poco al extranjero, poquito poquito, y las pocas veces que lo ha hecho se dedicó a estar en uno de esos hoteles que dejan bien poco ver la realidad del entorno, cierto que haces excursiones que en teoría te muestran cosas menos turísticas, aun asi nadie me garantiza que eso también no estuviera bien controlado.

    Siendo la crónica interesante quizá lo mejor sean las observaciones que haces, sobre todo el tema de las religiones en el país.

    Besos.

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    • almaleonor dijo:

      ¡Querido Dessjuest!
      Para nosotros viajar, aunque sea hacer una excursión al pueblo de al lado, es una necesidad vital desde hace ya unos cuantos años. Lo del viaje a Senegal fue una suerte que se nos presentó a raíz de que conocí a un chico senegalés que vino a España a hacer su doctorado, que se llama Papamamour Diop, Pap para abreviar. Hicimos muy buena amistad y nos convenció para que conociésemos su país. Aunque trató de buscarnos un alojamiento particular, al final se dio cuenta que desde España era más barato contratar un paquete en una agencia de viajes (viaje y alojamiento) que comprar el billete de avión y alquilar un apartamento en Thiés que es su ciudad. La zona de Saly, al sur del país, está llena de hoteles de vacaciones, y hay muchos precios. Nuestro hotel era en realidad un espacio de chalecitos de cuatro habitaciones. Nosotros ocupamos un duplex en la parte superior de uno de ellos y teníamos incluido el desayuno y la cena. La gente iba allí a hacer surf y no salían del hotel porque era donde estaban las playas para poder hacerlo. En nuestro hotel, que era de los económicos (y así nos fue, que no teníamos agua por las tardes) coincidimos solo con una pareja muy hippie que pasaba de visitas y demás (aunque nos lo pasamos muy bien juntos en las cenas), y con un grupo de chicas que solo vimos al llegar, ya que contrataron el recorrido turístico que ofrecía la compañía y desaparecieron el resto de los días (al final contaron que su experiencia no fue muy buena). Pap, que no conduce, nos buscó a un amigo, Cheick (pronunciado “Siej”) que tenía un coche (se dedicaba al transporte, tenia un minibus de trasporte escolar que utilizaba para alquilarlo para excursiones en verano, y un par de coches, entre él y un hermano para turistas) y con el que recorrimos el país. Como era un amigo de Pap nos había hecho un precio especial y además viajar con ellos dos fue todo un lujo. Para Pap fue una experiencia inolvidable porque no conocía de su país más que su ciudad y la ciudad donde estaba la Universidad, que ahora no recuerdo el nombre. Pero Cheick era una especie de “perro viejo y sabio” que se conocía muchos rincones y con el que descubrimos otros. Por ejemplo no sabía como llegar al parque de Djoudt, cerca de Saint Louis, aunque la guía de Loney Planet que llevábamos tampoco ayudaba mucho, decía que se encontraba “a 60 km. al norte de Saint Louis” y se quedaban tan anchos. Tuvo que preguntar en varios sitios (hasta esto es una aventura en Senegal) para llegar. Y tampoco sabía como entrar en otros parques que rodena el Delta de Saloum (otra aventura….). Estaba acostumbrado a llevar a la gente a los lugares “turísticos”, como Saly, la Isla de Goré, la Reserva de Bandia, Dakar, Saint Louis, cosas así, pero no los parques naturales, lugares famosos en el mundo porque constituyen la última parada de las aves migratorias antes de pasar el estrecho y llegar a Doñana. Mi marido quería verlos, pero no es fácil…. Al final fue un viaje impresionante. Vimos y vivimos cosas que nunca creímos que podríamos llegar a ver y vivir, pero también nos hundió la pobreza con la que se vive, justo al lado del lujo más exclusivo. Es un contraste difícil de asimilar y muy doloroso.
      Besos.AlmaLeonor

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  3. las artes dijo:

    No muy lejos, tierra adentro, están las instalaciones del Santuario de Guembeul. Aquí es posible comprobar los trabajos que, en colaboración con países como España e Israel, se realizan para la recuperación de especies tan escasas como las gacelas mohor, los oryx blancos y las tortugas gigantes terrestres. Aunque la joya de estas nuevas zonas turísticas son las islas y el delta del río Saloum, cercanos a Dakar. La Agencia Nacional para la Promoción e Inversión de Grandes Trabajos (APIX), desarrolla aquí un ambicioso proyecto. «Dentro de una década habrá convertido el lugar en referencia mundial del turismo sostenible», asegura Aïssatou Nelly, responsable del ente en la zona y que tiene su campamento base en Mar Lothie, un lugar perdido entre los manglares e islotes de este pedazo de territorio virgen, donde hoy día se puede encontrar ese turismo de naturaleza con no demasiadas comodidades, pero auténtico como pocos.

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    • almaleonor dijo:

      ¡Hola!
      Las Artes, gracias por visitar HELICON.
      Pero… ¿seguro que has visitado Senegal? Porque Saloum no está cerca de Dakar, precisamente, sino al sur, dirección Gambia, y es un delta tan enorme que hay que dar un gran rodeo para llegar a algún punto desde el que ver los manglares. Hay que llegar a Kaolak (nosotros estábamos en Saly) y desde ahí bajar hacia … no sabíamos donde, porque no encontramos quien nos diera razones de la entrada del parque (Parque Nacional del Delta du Saloum, que es el segundo Parque Nacional de Senegal en cuanto a extensión) y al que conseguimos llegar, pero ya cuando se echaba la tarde encima y no teníamos tiempo material para entrar y alquilar una barca. Como siempre en el libro que llevábamos no aclaraba mucho. Solo indicaba que “una posibilidad es llegar hasta Toubakouta (unos 70 Km. desde Kaolack, el único pueblo de los alrededores al que se accedía por una carretera, si es que se podía llamar carretera a una vía de la que todos los vehículos con los que nos cruzábamos abandonaba para ir campo a través, te puedes imaginar en qué condiciones estaba la “carretera”), y desde allí intentar tomar una camioneta publica para llegar al parque”, sin más explicaciones.
      Lo que pasa es que ya habíamos visto los manglares, pero desde el Hotel Keur Saloum… dimos con este sitio cuando ya llevábamos horas botando en el coche, llenos de polvo y sal, sudorosos y hambrientos. Y lo vimos de casualidad. Mejor dicho yo vi un cartel en un pueblo que surgió en medio de la nada, sin calles, ni nada, donde todo el mundo se dirigía hacia la mezquita vestidos con sus mejores galas (era viernes). Les pedí a nuestros amigos senegaleses que parasemos allí al menos a comer algo y que luego ya veríamos lo que haríamos. Después de comer alquilamos una barca que se ofrecía en el mismo hotel (con un guía) e hicimos el recorrido por los manglares. Luego nos paramos (estaba así indicado en la excursión que contratamos) en el Campamento Ecológico Keur Bamboung anunciado como un lugar “eco-turístico”…. no es más que un lugar desolado con unas cuantas cabañas de paja donde un grupo de gentes o viven allí, o se hacen que viven allí para vender artesanía a los turistas. A nosotros nos impresionó, dese luego, pero dista mucho que eso sea un “campamento ecológico” aunque la luz la obtuviesen con paneles solares. Era una atracción turística patrocinada por el gran centro hotelero, que por cierto sacaba pingues beneficios con las jornadas de pesca por los manglares, a juzgar por los carteles y fotos que se exhibían en el hotel.
      Y Kaolack era zona serer, y por lo tanto de etnia cristiana. Todo el territorio está colmado de “campamentos” cristianos con nombres como “Carpe Diem”, o poniendo al palabra “Alpha” después de su topónimo africano. Y enormes carteles donde ponía que eran campamentos financiados por el “Rotary Club”… ¿sabes que hacían esos ahí? … ¿turismo sostenible?
      Gracias por los datos que aportas, las Artes, pero insisto en que no me creo nada de nada de lo que se anuncia como “eco-sostenible para el desarrollo”. No es más que un aprovechamiento indecente para turistas. Estas cosas son las que me ponían mala de un viaje que fue una experiencia absolutamente increíble y maravillosa con nuestros amigos Pap y Cheick y sus familias.
      Besos.AlmaLeonor

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