LIBROS DE VERANO

LIBROS DE VERANO

Leo en la página de Narrativa Breve la posible respuesta a una pregunta interesante “¿Es cierto que se leen más libros durante las vacaciones, o se trata de un mito más?” Su autor, Francisco Rodríguez Criado, ha escrito el artículo refiriéndose a esos libros que nos regalan y que por cortesía declaramos leer durante el verano. Luego “si te he visto no me acuerdo”.

Es cierto que durante las vacaciones de verano se lee más. Al menos eso tienen que pensar las editoriales que tienen hasta una sección fija en los diarios sobre qué libros de verano recomendarnos cada año para nuestras vacaciones. Dejando aparte la estrategia comercial que supone ofrecer un artículo más para unos meses de alto consumo, debe ser cierto que al menos se compran libros pensando en el verano. Otra cosa es que exista un género específico para ello. ¿Quién ha dicho que no se puede leer “Los Miserables” durante unas vacaciones de verano?

Para los verdaderamente aficionados a la lectura, el verano, con sus días más largos, y sus noches calurosas presenta un espacio ideal para ocuparlo con esa afición favorita. Recuerdo yo varios veranos de tedio, ocupando la(s) hora(s) de la siesta de todo el mundo, para leer casi compulsivamente. Por ejemplo confieso haberme leído en una semana “Azteca” (1980, Gary Jennins) y “Azteca.Vol-2”. Y no por ello fueron lecturas menos intensas o rozando la superficialidad de la historia (recuerdo ambos perfectamente). Lo malo es que no leía libros míos sino prestados y un verano, después del “Gengis-Kan” de Pamela Sargent empecé “Los Pilares de la Tierra” y no me dio tiempo a acabarlo….. ¡¡que desazón!! No quería comprarlo y no paré hasta encontrar alguien que me lo prestase para acabarlo. Nunca más pasaré por ese trance.

Para muchos, el libro de verano será un mero trámite, como el que cuenta Francisco Rodríguez Criado. Llevar un libro a la playa o la piscina es casi un icono, como llevar la bolsa con más colorines, o la crema bronceadora último grito en protección. Aunque no se lea, tener el libro en una esquina de la toalla, hasta puede ser “glamouroso”. Yo reconozco que con mucha luz no puedo leer y no me lo llevaría. Y que tampoco voy ni a la playa ni a la piscina, claro.

¿Y que me dicen de los libros que se compran a vuelapluma en un aeropuerto o estación? Esos lo pasan peor, los pobrecicos libros. Solo sirven para distraer de un tedioso viaje en tren o un miedo atávico al avión. Al llegar al destino, acaban en un baño o en una papelera y el arrojador no recordará ni siquiera el título… Yo leo en cualquier parte, y no me marea leer en un coche o en un avión. Pero nunca he comprado un libro de última hora en un aeropuerto.  Y por supuesto no lo tiraría ni aunque me multen por sobrepeso de equipaje.

En mis vacaciones yo suelo leer lo mismo en cantidad, pero me divierto más. Simplemente porque tengo más tiempo y más ganas de meterme de lleno en una novela. Durante le curso he de leer obras de la bibliografía de turno, y aunque no puedo decir que eso me aburra (muy al contrario, me gusta muchísimo), si que echo de menos una lectura distendida, dejándome llevar por la historia y los personajes, una lectura que me relaje o me altere, pero que despierte algún sentimiento que no sea el mero disfrute de la unión de palabras o la explicación de un hecho. Y eso es lo que encuentro de satisfactorio durante las lecturas de verano.

Lo malo de este planteamiento es que como me tope con un libro que me disguste, la decepción es más dramática. Si un libro no me engancha desde el principio, me aburre hasta morir, o se le pueden sacar errores garrafales (en “La mecánica del corazón” que se supone discurre en un mundo de semi-fantasía o imaginario, el autor hace una comparación con “un campo de futbol”, por poner un ejemplo), me duele más si es durante el verano. El resto del año, simplemente se deja y en paz. Si me tropiezo con uno de esos durante estos días de verano, entonces…

Y finalmente yo en verano recurro a las guías de viaje. Si voy a viajar me aprovisiono de más de una antes de empezar. Y si no viajo, tropezarse por casualidad con un destino idílico al repasar una guía de viajes, es un placer casi comparable al de leer un buen libro. En mi casa tienen un espacio propio.

AlmaLeonor

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6 Replies to “LIBROS DE VERANO”

  1. Yo también mantengo el mismo ritmo de lectura en verano, nada entorpece ese placer de recorrer las líneas del libro elegido, del deseado desde hacía días. Aunque en otros tiempos muy muy lejanos, recuerdo ese mito era cierto, eran los tiempos libres para leer. En esos lejanos tiempos, un verano, leí cuatro veces El Señor de los Anillos, fue un disfrute.

    Y en los aeropuertos pueden encontrarse, de vez en cuando, algún buen libro. Yo suelo viajar siempre con dos o tres, pero aun así, miro esas tiendas por si algo escondido y extraordinario está allí esperándote.

    Genial el dibujo. Muy bueno, muy bueno.

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    1. ¡Hola Juan!
      Si, el dibujo es estupendo, jajaja (¿Te habías fijado en la Autocaravana?)
      Libros que nos atraen pueden encontrarse en cualquier parte. Ellos permanecen. Nosotros pasamos.
      Besos.AlmaLeonor

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    1. ¡Querido Dessjuest!
      No todo el mundo tiene la capacidad adecuada para leer… el periódico, jajaja
      Yo cada vez que leo las noticias me pongo de muy mal humor. Hay días en los que mis amigos me lo prohíben, jajajaja
      La lectura tiene que llamarlo a uno. Si no te llama, no te preocupes, no pasa nada.
      Besos.AlmaLeonor

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  2. Pues yo al contrario, leo bastante menos en verano que en invierno. Digamos que con el calor, pues sinceramente me abandono a eso que se llama no hacer nada, pero la nada mas absoluta, solo rota por las obligaciones familiares, o mas bien por su placer ya que en realidad, es algo que me gusta……..

    Digamos que soy algo extraño en esto, sin embargo en invierno, los libros siempre me acompañan disfrutando con ellos tanto o mas que con el cine. Saludos

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