JOSE RIZAL (1861-1896)

JOSE RIZAL (1861-1896)

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Hoy se celebra en Filipinas el aniversario del martirio de nuestro héroe nacional, José Rizal, ajusticiado en Manila, un día como hoy, 30 de diciembre, de 1896.

El 2 de agosto de este año, tuve el singular placer de traducir algunos párrafos de su conocidísima “Carta dirigida a las mujeres de Malolos”, en la cual hablaba de la importancia del pensamiento libre en medio del oscurantismo religioso. Reproduzco de nuevo a continuación mi traducción y va dedicada a mi gran amiga Alma Leonor, que podía haber sido una de aquellas mujeres a las que Rizal tenía en alta estima.

Marlon James Sales (Filipinas)

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Luz Tapia

Carta dirigida a las mujeres de Malolos

“Es muy normal que los que quieren atontar digan que es arrogante confiar en nosotros mismos. Yo creo que es más arrogante intentar dominar a los demás y llenarse los bolsillos de los bienes ajenos. Lo malo es actuar como si fuéramos Dios e interpretar toda la sabiduría divina a nuestra manera. Es una arrogancia e incluso una blasfemia pensar que nuestro pensamiento es de Dios y nuestros deseos también lo son, y que nuestros enemigos son enemigos de Él. No podemos confiar ciegamente en lo que nos dicen. Tenemos que hacer preguntas, escuchar a los demás y hacer lo que nos parece justo. Ninguno se hace más sabio que los demás por llevar un hábito o una sotana. Un hombre del bosque, aunque se vista de hábito, seguirá siendo un bomber del bosque y solamente podrá engañar a los tontos y cobardes. Si queréis hacer una prueba, comprad un hábito franciscano y ponedlo a un carabao. ¡Qué suerte tendríais si el animal se pusiera a trabajar sin ayuda de nadie! Pero ya voy a dejar de hablar de esto para hablar de otro tema.

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Sonja Brandl-Tines 

Vosotras, las mujeres, de quienes viene el germen del futuro, debéis empezar a construir el legado que les vais a dejar a vuestros hijos. ¿Qué hijo tendría una mujer cuya única manera de santificarse consiste en recitar oraciones? ¿Cuyo conocimiento consiste en cantar himnos, hacer novenas y memorizar milagros que se cree la gente estúpida? ¿Cuya actividad de ocio es jugar a las cartas o frecuentar los confesionarios repetidas veces? Su hijo sería acólito, o monaguillo, o un amante de las peleas de gallos. La esclavitud de nuestros compatriotas es fruto del descuido de las madres, que confían demasiado en la templanza del corazón y quieren lograr todo lo bueno para sus propios hijos. La madurez es fruto de la niñez y la niñez ocurre en el regazo de la madre. Una madre que no sabe hacer nada más que besar las manos de los curas criará un hijo inepto o un esclavo oprimido. El árbol que crece en los bancales es débil y su única utilidad es acabar como leña en las hogueras. Y si el niño, a pesar de todo, crece con un corazón valiente, lo va a ocultar y hará uso de sus talentos en cometer maldades, como el murciélago que se esconde hasta el amanecer. Una respuesta habitual es crecerlos en un ambiente de santidad y amor a Dios. ¿Y qué santidad nos han enseñado? ¿Orar y ponernos de hinojos? ¿Besar las manos de un sacerdote? ¿Gastar nuestros ahorros en la Iglesia y creer todo lo que nos obliga a creer? Labios rotos, rodillas lesionadas, narices heridas… ¿Y esos donativos? Damos limosnas a la Iglesia, ¿pero acaso existe alguna cosa que no haya creado Dios? ¿Qué diríamos de un esclavo que deja como ofrenda a su señor un trapo que éste le había prestado? ¡Qué persona más imbécil y engreída sería el que ofrecería a Dios su dinero, pensando que su ofrenda la necesita el Todopoderoso! Bendito sea quien ayuda a los pobres, a los más necesitados, quien da de comer a los que pasan hambre, y que sea castigado el que no es capaz de oír el llanto de los pobres, y que se ceba de comida, y que gasta su dinero en los bordados de plata, en limosnas para las iglesias y en los curas que ya nadan en dinero, en misas en acción de gracias con música y pirotecnia, consciente de que ese dinero que viene del sudor de los trabajadores va a los verdugos que lo destinan a atar más cadenas y golpear con más latigazos. ¡O mentes tan cerradas y tan estúpidas!”

José Rizal.

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