TORTURAS

TORTURAS

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Y tú allí, arrinconadita, tan triste
porque él se había marchado
sin decirte ni adiós, ni nada.
Porque podía haber, al menos,
delatado el lugar donde habitas
o las flores colgando del balcón,
o tu nombre de guerra,
y quién sabe si así, delatándote,
le hubiera dado tiempo a despedirse,
decirte adiós, besarte, lavarse las heridas
y volver a besarte antes de que 
aquellos hijos de puta lo reventaran;
pero él ni una palabra, ni un beso,
ni tan siquiera un rictus que pudiera
confundir por un momento a los torturadores
y aprovechar para decirte adiós y besarte.
Tú allí, tan triste, tan sola, ni un beso siquiera
o un adiós, o un gesto por lo menos
a cambio de tu nombre, tu casa,
o las flores colgando del balcón, 
tu nombre, pero nada, ni adiós, tan triste…
Pero, nada, pero mudo, pero adiós,
tan triste, tan tierno, tan un beso,
pero nada, tozudo, irreductible,
tan te quiero, tan tierno, pero adiós.

                                            José Miguel Junco Ezquerra

 

Imagen: Oswaldo Guayasamin

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