EL JUICIO DE THAMUS, PLATON

Fedro o de la belleza, PLATON

Diálogos Sócrates – Fedro

EL JUICIO DE THAMUS

XIR158842

 

SÓCRATES.-  

Pero nos resta examinar la conveniencia ó inconveniencia que pueda haber en lo escrito. ¿No es cierto?

FEDRO.-

Sin duda. 

SÓCRATES.-

¿Sabes cuál es el medio de hacerte más acepto á los ojos de Dios por tus discursos escritos ó hablados? 

FEDRO.-

No, ¿y tú? 

SÓCRATES.-

Puedo referirte una tradición de los antiguos, que conocían la verdad. Si nosotros pudiésemos descubrirla por nosotros mismos, ¿nos inquietaríamos aún de que los hombres hayan pensado antes que nosotros? 

FEDRO.-

¡Donosa cuestión! Refiéreme, pues, esa antigua tradición. 

SÓCRATES.-

Me contaron que cerca de Naucratis, en Egipto, hubo un Dios, uno de los más antiguos del país, el mismo a que está consagrado el pájaro que los egipcios llaman Ibis. Este Dios se llamaba Theuth [Mercurio en la mitología griega, el “mensajero” de los Dioses]. Se dice que inventó los números, el cálculo, la geometría, la astronomía, así como los juegos del ajedrez y de los dados, y, en fin, LA ESCRITURA. 

El rey Thamus reinaba entonces en todo aquel país, y habitaba la gran ciudad del alto Egipto, que los griegos llaman Tebas egipcia, y que está, bajo la protección del Dios Theuth que ellos llaman Ammon.

 Theuth

Theuth se presentó al rey Thamus  y le manifestó las artes que había inventado, y le dijo lo conveniente que era extenderlas entre los egipcios. Thamus  le preguntó de qué utilidad sería cada una de ellas, y Theuth le fue explicando en detalle los usos de cada una; y según que las explicaciones le parecían más o menos satisfactorias, Thamus  aprobaba o desaprobaba. Dícese que el rey Thamus  alegó al inventor, en cada uno de los inventos, muchas razones en pro y en contra, que sería largo enumerar. Cuando llegaron a la escritura dijo así: 

«¡Oh rey Thamus!, le dijo el Dio Theuth, esta invención hará a los egipcios más sabios y servirá a su MEMORIA; he descubierto un remedio contra la dificultad de aprender y retener.

—Ingenioso Theuth, respondió el rey Thamus, el genio que inventa las artes no está en el caso que la sabiduría que aprecia las ventajas y las desventajas que deben resultar de su aplicación. Padre de LA ESCRITURA y entusiasmado con tu invención, le atribuyes todo lo contrario de sus efectos verdaderos. Ella no producirá sino el OLVIDO en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la MEMORIA; fiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu. Tú no has encontrado un medio de cultivar la MEMORIA, sino de despertar reminiscencias; y das a tus discípulos la sombra de la ciencia y no la ciencia misma. Porque, cuando vean que pueden aprender muchas cosas sin maestros, se tendrán ya por sabios, y no serán más que ignorantes, en su mayor parte, y falsos sabios insoportables en el comercio de la vida.»

FEDRO.-

Mi querido Sócrates, tienes especial gracia para pronunciar discursos egipcios, y lo mismo lo harías de todos los países del universo, si quisieras. 

SÓCRATES.-

Amigo mío, los sacerdotes del santuario de Júpiter en Dodona, decían que los primeros oráculos salieron de una encina. Los hombres de otro tiempo, que no tenían la sabiduría de los modernos, en su sencillez consentían escuchar a una encina o a una piedra, con tal que la piedra o la encina dijesen VERDAD. Pero tú necesitas saber el nombre y el país del que habla, y no te basta examinar si lo que dice es verdadero o falso. 

FEDRO.-

Tienes razón en reprenderme, y creo que es preciso juzgar la escritura como el tebano. 

SÓCRATES.-

El que piensa transmitir un arte, consignándolo en un libro, y el que cree a su vez tomarlo de éste, como si estos caracteres pudiesen darle alguna instrucción clara y sólida, me parece un gran necio y seguramente ignora el oráculo de Ammon (Theuth), si piensa que un escrito pueda ser más que un medio de despertar reminiscencias en aquel que conoce ya el objeto de que en él se trata. 

FEDRO.-

Lo que acabas de decir es muy exacto. 

SÓCRATES.-

Este es, mi querido Fedro, el inconveniente, así de LA ESCRITURA como de la pintura; las producciones de este último arte parecen vivas, pero interrogadlas, y veréis que guardan un grave silencio. Lo mismo sucede con los discursos escritos; al oírlos o leerlos creéis que piensan; pero pedidles alguna explicación sobre el objeto que contienen y os responden siempre la misma cosa. Lo que una vez está escrito rueda de mano en mano, pasando de los que entienden la materia a aquellos para quienes no ha sido escrita la obra, y no sabiendo, por consiguiente, ni con quién debe hablar, ni con quién debe callarse. Si un escrito se ve insultado o despreciado injustamente, tiene siempre necesidad del socorro de su padre; porque por sí mismo es incapaz de rechazar los ataques y de defenderse. 

FEDRO.-

Tienes también razón.

Fuentes: FILOSOFÍA.ORG; FILOPOLIS.

 

 

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