HISTORIA DE UN ESTADO CLANDESTINO

HISTORIA DE UN ESTADO CLANDESTINO, de Jan Karski.
“EL GUETO JUDÍO”

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Jan Karski es en realidad Jan Kozielewski, nacido un 24 de junio 1914 en Łódź, una gran urbe burguesa y universitaria en el centro de Polonia, en el seno de una familia católica de clase media obrera. Siempre defendió su origen obrero pese a que a menudo se le consideraba, por su porte y elegantes maneras, miembro de la inteligentsia polaca. Se graduó en Derecho y en la carrera Diplomática en 1935. Al año siguiente fue el primero de su promoción en la Escuela de Aspirantes de Reserva de la Artillería Montada. En 1938 se incorporó al Cuerpo Diplomático polaco.

Este libro no hace sino contar una historia personal, mi historia”, dice Karski. No es una biografía al uso, no es un simple ejercicio de memoria personal, pero todo lo que nos hace conocer de la historia de Polonia, de los avatares de la Resistencia polaca durante la 2ª Guerra Mundial y de la situación de los judíos polacos, el Holocausto del pueblo judío, todo ello, lo conocemos a través de la historia de su vida, de su biografía.

Comienza Karski relatando una fiesta y como la clase media y acomodada polaca no daba crédito, incluso en una fecha tan tardía como agosto de 1939, a los “rumores” acerca de una movilización polaca (abortada por Francia e Inglaterra), frente a los movimientos de un Hitler que “no debía ser provocado”, decían. Finalmente sí que hubo movilización, pero fue “secreta”, al menos para la política internacional. Jan Kozielewski, tenía 25 años cuando fue enviado a la ciudad-guarnición de Oświęcim, en la frontera con Alemania. “Hasta podría resultar divertido” afirma para sí.

A partir de ahí Karski va a conocer los episodios más sangrantes de la historia polaca. En Oświęcim (que más tarde sería conocida con el nombre de Auschwitz) fue testigo de cómo los ciudadanos alemanes de Polonia (“La quinta columna alemana en Polonia”, que diría el Gobierno polaco en el exilio de Londres, evocando la Guerra Civil española) disparan contra los soldados en retirada el mismo día de la invasión alemana.

Más tarde formó parte del grupo de oficiales y soldados polacos capturados por las fuerzas soviéticas (“el vecino oriental” que diría Karski) que invadieron Polonia con el pretexto de liberar a la población “del yugo de los señores y capitalistas polacos”. Mientras ofrecía una “ayuda fraternal” al soldado raso polaco, el ejército soviético asesinaba a sangre fría a los cerca de 22 000 oficiales, policías y civiles integrantes de la Intelligentsia polaca en los bosques de Katyn entre abril y mayo de 1940. Karski, que era oficial, consiguió escapar haciéndose pasar por soldado raso.

Como emisario político del Gobierno Polaco en el exilio fue testigo y parte de las conversaciones y maniobras de los aliados para ganar la guerra a Alemania. Con los sucesivos alias de Jan Kanicki, Witold Kucharski y Jan Karski, conoció a personalidades polacas como Władysław Sikorski, Presidente del Gobierno polaco en el exilio; Stanislaw Kot, Ministro del Interior en el exilio; Stefan Rowecki el comandante en jefe de la ZWZ (el “Ejército del Interior” posteriormente conocido como “Armia Krajowa”); o Ene Ciechanowski, embajador polaco en EEUU, y por medio del cual conoció y se entrevistó con Franklin D. Roosevelt. No tuvo la misma suerte con Winston Churchill, con quien no pudo hablar, ya que el secretario del Foreign Office británico, Anthony Eden, frenó toda posibilidad de hacerlo.

Finalmente, Jan Karski se entrevista con los representantes de las organizaciones judías polacas en calidad de “emisario político de la resistencia civil”, por encargo de Cyril Ratajski delegado del Gobierno polaco en Varsovia (1940-1942): “También ellos son ciudadanos polacos. Conviene que los escuche, por si desean transmitir algo”. Era verano de 1942.

591px-Riegner_TelegramLa entrevista de Karski con los emisarios judíos le lleva a conocer el Gueto de Varsovia (de la mano de Leon Feiner dirigente del Bund, el partido de los trabajadores polacos, de corte socialista y opuesto al sionismo), y el Campo de Exterminio de Bełżec (según las notas al final el Campo donde debió estar es el de Izbica Lubelskie en el distrito de Lublin). Se entrevistó con Gerhart Riegner, secretario general del Congreso Judío Mundial (1965-1983) y con Edward Raczyński, Ministro polaco de Relaciones Exteriores en el gabinete de Władysław Sikorski (posteriormente, entre 1979 y 1986, fue Presidente de Polonia en el exilio), que fue quien, un 17 de diciembre de 1942, leyó para la BBC británica la información proporcionada por Karski: “… Según los informes que se hallan en posesión del gobierno polaco, de un total de tres millones ciento treinta mil judíos polacos, más de un tercio han sido ya exterminados.”

Siguiendo la historia de su vida y, por ende, la de Polonia, cuatro son las ideas generales que recorren y vertebran tanto el libro, como la propia vida de su autor. Las ciudades que le acompañan son Oświęcim, la ciudad en la que vio llegar la invasión alemana y en la que se pueden encontrar hoy, los mismos rasgos arquitectónicos que la definían tanto en el siglo XVIII como en 1939; y Łódźla ciudad de mi orgullosa y feliz juventud”, que diría Karski, una ciudad que ostenta su titulo desde 1423 otorgado por el rey Ladislao II Jaguellón, y que fuera una de las de más densidad del mundo industrializado hacia 1914. Con casi la mitad de su población de origen judío, fue terrible su caída en poder alemán muy pronto, el 8 de septiembre de 1939. Dos meses más tarde, Łódź pasó a ser llamada Litzmannstadt (en honor al general Karl Litzmann, que fue quien capturó la ciudad para Alemania en 1914, una forma cruel de ejercicio de “memoria histórica”), y albergó uno de los guetos más grandes de Polonia.

El Litzmannstadt Ghetto, que fue terminado en febrero de 1940, contaba con más de 200.000 ocupantes entre judíos y gitanos. Son las imágenes de este gueto, del que se guarda un amplísimo archivo fotográfico (realizado, con riesgo de su vida, por Mendel Grossman 1913-1945), las que han servido para ilustrar lo que Karski vio en el Gueto de Varsovia y quiso relatar al mundo.

Así, se comienza por constatar la primera de las claves de este libro la profunda conciencia religiosa del pueblo polaco como seña de identidad: “Dios me ha permitido ver y decir lo que he visto, me ha permitido dar testimonio”, afirma Karski. Católicos y judíos se enfrentaron a los horrores de la guerra desde su propia identidad religiosa, muy marcada en el caso de Karski: “Colgó el escapulario en torno a mi cuello… su regalo me trajo no solo tranquilidad, sino seguridad a lo largo de mi viaje”.

La segunda y quizá más importante de las características centrales del libro, es la constatación no solo de la sordera, sino de la total incredulidad del mundo occidental de la situación de los judíos y las minorías étnicas en Europa en general y en Polonia en particular. Este fue también el mensaje central que transmitió en 1981 en la Conferencia de Liberadores de Campos de Concentración organizada por el Memorial del Holocausto de los EEUU, y a la que acudió invitado por Eli Wiesel (1928), el escritor húngaro que sería Premio Nóbel de la Paz en 1986. Su discurso tenía por título, “El descubrimiento de la existencia de la solución final” y versaba sobre la forma en la que occidente, las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, conocieron el Holocausto judío: “Cuando terminó la guerra, supe que ni los gobiernos, ni los líderes, ni los eruditos, ni los escritores habían estado al corriente de lo acaecido a los judíos. Estaban sorprendidos. La muerte de seis millones de seres inocentes era un secreto, un aterrador secreto…Aquel día me convertí en judío, como la familia de mi mujer…Soy un judío cristiano. Un católico practicante. Y aunque no soy un hereje, declaro que la humanidad ha cometido un segundo pecado original.”

Este libro resultó ser un bet-seller. Se había escrito casi en la clandestinidad en un hotel de Manhattan y publicado el 28 de noviembre de 1944 con la aprobación del Gobierno Clandestino polaco. Se tradujo a varios idiomas y se vendió con éxito en todos los países (en España se editó por primera vez por Acantilado en 2011). Y Karski lo escribe por un profundo sentido de servicio al Estado. Un patriotismo que deposita en la institución del Estado polaco toda la fe en el futuro del país. Karski se entrevista con los contactos judíos por indicación del Gobierno polaco en el exilio, y él cumple con eficacia el encargo.

Pero, así como en 1943, los sucesos de Katyn y la petición de investigación por parte de Władysław Sikorski supusieron un escollo para Rosevelt y Churchill para alcanzar un acuerdo con Stalin en la Conferencia de Teheran (se celebró finalmente en el verano de 1943, tras la muerte del general polaco en un oscuro accidente de aviación en Gibraltar), en esta ocasión, a Karski no se le permitió incluir ninguna referencia a la Unión Soviética. Esta es la última de las razones vertebradoras de este libro una desesperada llamada de auxilio que se convierte en un ejercicio de propaganda proestalinista por parte de sus contactos en los EEUU. Un ejercicio de propaganda, no solo para demonizar al enemigo alemán, sino (y parece que en primer lugar), para no molestar al aliado soviético, que había logrado un año antes la connivencia aliada para conseguir unas favorables condiciones en el establecimiento de la frontera polaca y aprobar la influencia soviética sobre los países liberados.

En agosto de 1944 la población residual del gueto de Litzmannstadt (unas 900 personas) fue trasladada a Auschwitz y acabó siendo definitivamente cerrado el 19 de enero de 1945 con la llegada de los soviéticos. Fue el último gueto de Polonia.

Antes de eso, había contado con las primeras normas restrictivas para los habitantes judíos. El Gueto de Łódź estaba bajo la autoridad del Gauleiter (líder de zona) Artur Greiser (1897-1946), jefe del partido político en Warthegau (la Polonia ocupada), uno de los principales responsables de la organización del Holocausto en Polonia. Fue detenido por los estadounidenses en 1945, juzgado, condenado y ejecutado en Polonia en 1946 junto con su agregado, el comisionado de Łódź, Friedrich Übelhör.

El 31 de octubre 1939 el Jefe de la Policía de Łódź anunció la primera de las normas restrictivas para los judíos: la obligatoriedad de marcar todas las empresas y tiendas con signos prominentes que indicasen la condición judía de los propietarios (lo que propició los saqueos). Tras esta norma, Übelhör, adelantándose a la legislación nazi (el decreto de Reinhard Heydrich sobre el marcado de los judíos fue publicado el 1 de octubre de 1941) dictó medidas restrictivas adicionales el 14 de noviembre 1939 por la que se obligaba a los judíos a llevar un distintivo en la ropa, con pena de muerte si se incumplía.

Jan Karski describe en el capítulo “El Gueto Judío”, todos los horrores que pudo contemplar por sus propios ojos en el Gueto de Varsovia. “Lo primero que vi con claridad fue la completa desesperanza de su situación… Ese era el solemne mensaje que yo debía transmitir al mundo… Hasta ese momento, más de un millón ochocientos mil judíos habían sido asesinados”.

No consiguió hacer llegar su mensaje a tiempo de frenar el genocidio. Pero tras varios años de consciente anonimato, Jan Karski volvió a ser conocido por el mundo entero. Tras la Conferencia de Liberadores de Campos de Concentración de 1981, al año siguiente, el Instituto Yad Vashem de Jerusalén concedió a Jan Karski el título de “Justo entre las Naciones”. Y en 1985 Karski aparecía en el filme “Shoah” (catástrofe) de Claude Lanzmann (una magna obra documental de más de 10 horas de duración) en una intervención de minutos que resumía casi 8 horas de una conversación grabada en 1978. A partir de ahí y casi hasta su muerte, se dedicó a dar su “testimonio ante el mundo” sobre lo que había visto en Polonia durante los años de la guerra.

Parte 2 / Parte 3 / Parte 4 con la entrevista a Jan Karski a partir del min. 37:45

Una nueva fórmula de ALTERIDAD. Alteridad, es la condición de ser OTRO, es el principio filosófico de “alternar” o cambiar la propia perspectiva por la del otro, contando con su punto de vista. Una relación ética cara-a-cara, un rostro al que enfrentarse en forma casi mística para entender el mundo.

Esta concepción fue expuesta por el filósofo y escritor lituano judío, Emmanuel Lévinas (1906 – 1995). En el año de 1939, Lévinas fue reclutado para el servicio militar como intérprete de ruso y alemán para los aliados. Al año siguiente fue hecho prisionero y llevado a un campo de concentración en Alemania. Prácticamente toda su familia, que había quedado en Lituania, fue masacrada por los nazis. Su esposa y su hija se salvaron al quedar escondidas en un monasterio en Orleáns. Él murió un 25 de diciembre. La religión siempre presente en el pueblo judío.

HISTORIA DE UN ESTADOPresentación en mi clase de Historia y CCSS
AlmaLeonor

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