MACONDO, GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

MACONDO

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

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 “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

“Cien años de soledad”, Gabriel García Márquez.

El inicio de la novela de Gabriel García Márquez, “Cien años de Soledad” es, seguramente, uno de los más conocidos de una novela por el gran público. Un comienzo que tal vez todos seamos capaces de identificar. Tras la muerte del genio de las letras, Gabo, quiero recordar este inicio en HELICON con dos apuntes.

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El primero es un artículo de la revista Jot Down, que guardaba desde hace tiempo porque me parecía muy interesante. En este artículo se mencionan una veintena de inicios de novelas de la literatura universal, muy conocidos. De Gabriel García Márquez figuran dos… la de la cabecera y esta otra: “El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo”, el inicio de “Crónica de una muerte anunciada“. Pero hay otras muchas frases que seguro que a todos nos gustará recordar: El inicio de  “El Quijote”, el de “Lolita”… y así hasta 20 que pueden leerse pinchando en Jot Down.

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La segunda razón por la que he querido recordar este párrafo de “Cien Años de Soledad” es porque fue precisamente este párrafo el que utilizamos una vez un grupo de amigos lectores (FQL-Leer y Charlar) para hacer un curioso ejercicio literario. Se trataba de reescribir ese párrafo como cada uno pensaba que lo hubiese escrito un personaje conocido, otro escritor, o un amigo cercano…

No era una propuesta original. Ya existía una iniciativa de este tipo publicada hace tiempo en la Revista Galaxia, tal y como nos lo explicaba Frikito, el forero que inició el post, cuyo origen remoto era el foro Cyberdark.net, ya desaparecido, dedicado a la literatura fantástica y en el que la gente escribía el mismo párrafo una y otra vez imitando el estilo de distintos autores. Aún se puede encontrar algún enlace como este que se puede leer pinchando en esta dirección.

Gabriel Garcia Marquez - Caricatura

Así que nosotros decidimos hacer lo mismo… El resultado, con muchísimo arte y aún más voluntad y sapiencia por parte de todos los participantes, fue el que figura a continuación. Los nombres de los foreros se han mantenido con su avatar original, así que a lo mejor alguien se reconoce todavía. La última aportación figuraba con fecha 17-04-2007 ¿Una serendipia? Tal vez.

Gabriel García Márquez falleció el 17 de Abril de 2014 y dejo aquí este conjunto de textos como homenaje al  que ya era y será, uno de los más grandes autores en lengua española. En palabras de Gioconda Belliun héroe de América Latina, que revolucionó no sólo la lengua, sino la noción de América Latina que tenía el mundo entero y nos dio a nosotros un sentido de consuelo y dignidad ante nuestra propia historia y sus entuertos. Le dio sentido a nuestras luchas y a nuestras angustias. Es extraordinario lo que logró sin disparar una bala; sin comandar ejércitos y eso debe hacernos reflexionar sobre cuánto no se puede lograr en la vida con las palabras, aun cuando no sean tan lúcidas y magníficas como las suyas.”

Descanse en paz Gabriel García Márquez.

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ALMALEONOR: JOSE SARAMAGO
Como todos los días Aureliano Buendía salió de su casa al amanecer que no es poco y poco no es nada que ya se sabe que la nada poco acompaña y volvemos con el poco pero es que poco no fue lo que le paso a Aureliano ese día cuando como todos los días salió de su casa al amanecer y aunque esto ya lo he dicho hay que dejar bien claro que el momento preciso de esta historia es al amanecer y no otro porque hay que saber bien cuando suceden las cosas para luego recordarlas en su justa medida del tiempo digo. Aureliano Buendía llevaba a su hijo de la mano y esto era novedad en Aureliano que no daba la mano a nadie como le enseño su padre y así se lo enseñará a su hijo pero hoy no que hoy es día de enseñar otra cosa que cada cosa tiene su día y cada enseñanza su momento y el momento de hoy es enseñar al hijo el estanque helado que él Aureliano ya conoce. Y cuando el hijo que también Aureliano Buendía se llama en ese momento y se llamara en lo sucesivo recuerde este día se acordará del padre y del estanque y del hielo. Lo que nunca llego a saber el padre y nunca sospecho Aureliano el hijo digo ahora es que el recuerdo se lo traerá otro amanecer como el de ese día y que la circunstancia no será el prometido paseo por el hielo sino el inesperado paseo por el pelotón de fusilamiento. Porque así son las cosas del recuerdo que se recuerda si pero nunca se adivina el momento el tiempo en el que esos recuerdos suceden.

ALDANA: ELVIRA LINDO
Muchos años después de que abandonara Nueva York, me encontré con Javier Cámara por las calles de París cuando acababa de salir de una nueva boutique donde me había gastado 1200 euros del ala en unas chinelas, yo es que soy así, y me comentó Javier, uno de los mejores actores que ha parido el cine español, entérate, Almodóvar, desde aquí te lo digo, la genial historia del coronel Aureliano Buendía, que me parece de lo más original porque resulta que no conocía el hielo, yo es que soy de Carabanchel, pero éstos como que están peor, y acabó frente a un pelotón de fusilamiento. ¿Ustedes lo entienden, queridos lectores de este gran diario que me acoge y que se llama El País? No, ¿verdad? Yo tampoco, menos mal que el otro día cenando con Juan Cruz hablamos del tema y mi santo y él tuvieron la amabilidad de explicármelo. Seguí quedándome igual que estaba, lo confieso, pero ellos, que son cultos y ya están en la academia o a punto de estarlo decían que la historia estaba clarísima. No sé, la verdad. Aunque en el fondo da igual: las chinelas me quedan que te cagas.

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ROXANE: ARQUÍMEDES
Todo hombre enfrentado a un pelotón de fusilamiento experimenta un cúmulo de sensaciones igual al más impactante de sus recuerdos
(…¡Eureka, Eureka!…)

ROXANE: PEDRO MUÑOZ SECA
Aquí me hallo sin remedio
frente a un grupo de asesinos
que, sin serlo, son dañinos
si forjan mi cautiverio.

Y en medio de este tormento
que me aflige en lo más hondo,
ni me acuerdo de Macondo,
ni se escucha mi lamento.

¿No me da por acordarme
de mi padre, a estas alturas,
y revivir las venturas
que su trato supo darme?

Y revivo aquella tarde
remota, en la lejanía,
cuando, grave, me decía:
-“Aureliano, esto no arde”-

Dióme un pedazo de hielo
que depositó en mi mano
que, pesando, era liviano
como un trocito de cielo.

En este patio sombrío
tan lleno de casi nada
parece una astracanada
mi proverbial desvarío

PI: SÁNDOR MÁRAI
Observaba el cielo.
_ El pueblo estaba dormido. Me acuerdo bien, ¿verdad?…Era la primera vez que lo veia y también fue la última. Nunca había tenido ocasión de verlo, después nunca me dejaron. Mi padre me había contado insistentemente que no podía morir sin haber visto el hielo. Me había dicho que el viaje hasta el hielo sería uno de sus mayores regalos: un diamante blanco que enfriaba y saciaba la sed.

_ Sigue hablando -dijo uno de los hombres-. El tiempo no tiene importancia. Sigue hablando, hasta el amanecer hay tiempo.

_ ¿Lo crees así? -preguntó el coronel, con afectada tranquilidad-. ¿Que el tiempo no tiene importancia? Yo no me atrevería a afirmarlo con tanta rotundidad. A veces creo que muchas cosas, que todo depende del tiempo. Del tiempo que ya no me queda. Sinceramente, dado que yo soy un burgués…siempre he creído que me fusilaríais con premura. ¿Por qué lo habéis postergado?- apretó las manos entrelazadas y miró el suelo con emoción contenida-. Ahora lo entiendo, vosotros aún no habéis visto el hielo.

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ARDAN: ALMUDENA GRANDES
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel descubrió que la inminencia de la muerte le ponía cachondo. Comenzó a notar como su miembro viril crecía y crecía cual cola del INEM después de la temporada de rebajas. Como un loco comenzó a hablar con su polla y la dijo:

-¡Coño!, media vida dormida y te vas a despertar ahora

Pensó que distrayendo la mente quizás aquello bajaría, no se le ocurrió otra cosa que rememorar el trayecto que había hecho el día en que fue detenido:

-Entonces torcí a la izquierda, crucé la castellana, y subí por Marqués de Riscal hasta encontrarme con Santa Engracia. Doble la esquina, esta vez a la derecha, y seguí andando hasta Iglesia…

Viendo que tan apasionante aventura no hacía efecto, pensó en aquella tarde que su padre le llevó a conocer el hielo. La visión/ensoñación de un gran témpano de hielo que tenía la forma de un culo prieto como el de un monitor de gimnasio, hizo el efecto deseado. La erección cedió y el coronel Aureliano Buendía pudo morir con el honor con el que había vivido.

ALDANA: PÉREZ REVERTE
Estaba el héroe, un tipo solitario, duro, de barba acerada y hoyuelo en el mentón, frente al pelotón de fusilamiento, esos cobardes cabrones, esos hijos de puta mal nacidos le apuntaban sin el más mínimo respeto por el honor de los hombres nobles que se partieron las pelotas levantando un poblado en una tarea de más de cien años que finalmente devastaría el viento, las hormigas, y la mala hostia que esconde la vida, esa puta.

El coronel Aureliano Buendía, del ejército de los luchadores, de los que se parten el pecho por quimeras imposibles, de los que son como yo, recordó entonces aquel día en que su padre le llevó a conocer el hielo. Fue hace mucho, antes de que el destino repartiera sus rigores en mil batallas, en escaramuzas reservadas sólo para los que tienen los huevos suficientes para echarle un pulso a la suerte. Tras mil guerras y mil batallas, sólo el hielo le quedaba en la memoria. Se lamió sus labios resecos y pensó:
– Hostias, Pedrín, qué putada. Estoy a punto de palmarla y todavía no me han dado el Nobel.
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FRIKI: PAULO COELHO
Frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía le preguntó a su maestro:”¿Maestro, por qué tenemos que morir?”. Su maestro, le contestó:-“El día en que Buda fue a ver el hielo por primera vez, una paloma se le cagó en la cabeza, Buda, lejos de perder la calma, quedose quieto como grulla de los pantanos, circunstancia que otra paloma aprovechó para defecar encima de él. Lejos de perder la concentración, Buda siguió quieto. Ese es un ejemplo de templanza. Otra vez Buda fue a un restaurante y le dijo a un camarero, “una sopa de cebolla, por favor, pero que la hagan con la siguiente receta:
Ingredientes:
– 2 Kg de cebollas
– 300 gr de queso Enmental
– Pan para tostar
– aceite
– Sal
– 4 tarteras de barro
Preparación:
Pelar las cebollas y cortarlas en rodajas finas. Poner aceite el aceite a calentar y sofreir la cebolla hasta que esté transparente. Añadir agua hasta casi cubrirla y salar. Dejaremos cocer tapado durante 40-45 minutos a fuego medio.
Mientras prepararemos las tarteras de barro; Tostaremos las rebanadas de pan, se pondrán 1 o 2 rebanadas por tartera dependiendo si gusta más espesa o menos. Rallaremos todo el queso.
Unos 15 minutos antes de completar la coción de la cebolla, incorporar el Coñac y rectificar de sal.
Preparación final:
En cada tarterita pondremos 1 o 2 rebanadas de pan, un poco de queso rallado y añadiremos la cantidad de sopa que deseemos, encima volveremos a espolvorear más queso rallado.
Justo antes de comer, las tarteras las introduciremos al horno (Grill), las gratinaremos durante unos minutos, cuando la capa superficial del queso esté doradita las sacamos. Servir con cucharas de madera…”

-.Pero maestro, ¿Buda en un restaurante?,¿Qué tiene que ver eso con mi pregunta sobre el trance de la muerte?-.

-Realmente nada, pero a que queda bonito y llena la página, ¿A ti no llegué a explicarte lo de la intertextualidad, verdad?

GIN: ANA ROSA QUINTANA
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo.

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PI: MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN
El lugar olía a carne a la brasa. Aureliano buscó un tronco rinconero desde el que pudiera ver todo el patio y dejó que el aire viciado de grasa y pólvora impregnase las narices, la boca, la lengua. Pidió que le trajeran un buen chuletón asado como última cena. Mientras ponía un ojo en la excepcional carne, con el otro recorría las caras de los que pocas horas después habrían de fusilarle.
– ¿Está por aquí el Bromuro?
– Ahora acaba con uno en el otro patio. Si quiere le digo que sea él quien de la orden.
El Bromuro llegó cuando Aureliano rebañaba el plato, contemplaba el pan empapado en pringue marrón y lo rendía a la anhelante espera de la lengua. Un chuletón era ante todo un placer olfativo y táctil que la llegada del Bromuro no consiguió turbar. El Bromuro se sentó a su lado, fusil en mano.
-Vaya ganas de comer a las puertas de la muerte.
-Las dos cosas. Comer y morir.
-Los hay echaos p’alante.
-Qué le vamos a hacer. ¿Viste alguna vez un diamante blanco que enfria y sacia la sed?
-¿De qué coño hablas?
Los ojos acuosos de Aureliano se perdieron en el fondo del plato mientras se decia a sí mismo que era un buen momento para irse al otro barrio con el vientre sacado de penas.

ALDANA: JUAN MANUEL DE PRADA
Comenzar el opúsculo diciendo muchos años después habría sido una hiperbole carente de sentido, sensibilidad y riqueza léxica. Además, qué pocas esdrújulas. Por eso el joven escritor Alejandro Pérez de Jovellanos pensó que sería sin duda una opción mucho más literaria suponer que sínodos y décadas después, trémulo y pálido frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, temeroso hombre de Dios, católico de buena fe y pletórico en particular, había de recordar aquella límpida, pretérita y remota tarde en que su padre le llevó a entablar un íntimo y gélido conocimiento del hielo justo antes de entonar una oración.

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ROJOETRUSCO: CESAR VIDAL
Después de dos legislaturas gloriosas de poder católico, Zapatero recordó el día en que González le llevó a conocer al diablo. Él se llamaba Carrillo, pero se hacía llamar, Coronel Buendía, y tenía la sangre como un témpano de hielo.

PEREGRINE: AUGUSTO MONTERROSO
Cuando le fusilaron, el hielo todavía estaba allí.

FRIKI: JORGE BUCAY
El coronel Aureliano Buendía, tenía un sueño recurrente. Decidió acudir a la consulta del doctor Mankiewvic.
-¿Qué es lo que os pasa a vos?-dijo el doctor Mankiewvic, nada más ver al apesadumbrado paciente.
-Tengo un sueño recurrente-respondió Aureliano,-Sueño que estoy frente a un pelotón de fusilamiento-
Eso me recuerda a una anésdota, replicose el profesor Mankiewvic: “Hace mucho tiempo había un rey que llevó a ver a conocer a su hijo el hielo por vez primera. En ese momento un pájaro cagose encima de su majestad. El rey sin inmutarse siguió explicándole a su hijo las propiedaades del hielo, en ese momento otro pájaro aprovechose para defecar en su cabeeza. El rey no se movió de su posición. Ese es un ejemplo de Entereza ,Acto seguido, el rey llevó a su hijo a comer a un restaurante. Cuando tenía la carta entre las manos dijo:”-Póngame una sopa de cebolla, pero que sea con estos ingredientes:
– 2 Kg de cebollas
– 300 gr de queso Enmental
– Pan para tostar
– aceite
– Sal
– 4 tarteras de barro
Preparación:
Pelar las cebollas y cortarlas en rodajas finas. Poner aceite el aceite a calentar y sofreir la cebolla hasta que esté transparente. Añadir agua hasta casi cubrirla y salar. Dejaremos cocer tapado durante 40-45 minutos a fuego medio.
Mientras prepararemos las tarteras de barro; Tostaremos las rebanadas de pan, se pondrán 1 o 2 rebanadas por tartera dependiendo si gusta más espesa o menos. Rallaremos todo el queso.
Unos 15 minutos antes de completar la cocción de la cebolla, incorporar el Coñac y rectificar de sal.
Preparación final:
En cada tarterita pondremos 1 o 2 rebanadas de pan, un poco de queso rallado y añadiremos la cantidad de sopa que deseemos, encima volveremos a espolvorear más queso rallado.
Justo antes de comer, las tarteras las introduciremos al horno (Grill), las gratinaremos durante unos minutos, cuando la capa superficial del queso esté doradita las sacamos. Servir con cucharas de madera…”

-Pero, Doctor Mankiewvic,¿Qué tiene que ver un rey y su hijo con mi pesadilla, mi pesadilla recurrente?,

-Realmente nada, pero vaya pensando que significan para usted los largos, duros y enhiestos fusiles del pelotón ¡…Uy!, terminose la sesión ,quizás el próximo día se lo explique…
marquez-450x270 PI: BLADE RUNNER – Riddley Scott
A comienzos del Siglo XX, Macondo Corporation avanzó la evolución de pelotones de fusilamiento a la fase Eliminus… unos seres virtualmente idénticos a los humanos y conocidos como Eliminantes. Los Eliminantes Eliminus 6 eran superiores en fuerza y agilidad, y al menos igualaban en inteligencia a los ingenieros genéticos macondianos que los crearon. Los Eliminantes eran usados fuera de la tierra de Macondo como mano de obra esclavizada, así como en la peligrosa misión de fusilar a los rebeldes. Esto no era llamado ejecución. Era llamado retiro. MACONDO NOVIEMBRE, 1019
He visto cosas que vosotros no creeríais. Diamantes blancos que enfrían y sacian la sed. He visto brillar a Orión en la oscuridad, más allá de la noche infinita.
Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.
Aureliano Buendía

ARDAN: ANTONIO GALA
Y allí se erguía Aureliano Buendía, hermoso, apolíneo y pétreo como una estatua griega. Zaherido por la traición de su amante Ciro, sólo le quedaba el recuerdo de la mirada triste, melancólica e inteligente de su perrito Zoilo. Y el coronel dejó vagar su mente:

-Cuanto más conozco al género humano, más quiero a mi perro y con este pensamiento me vienen a la memoria aquellas frases hechas que tanto repite un amigo escritor como… senos turgentes, sin orden ni concierto, santas pascuas, actuar por libre, no te digo más, sacó los pies del plato, ardía en deseo y no sigo con los refranes o las citas porque, al fin y al cabo, estos señores que me están apuntando con sus armas no tienen todo el día.

-¡Hay! – siguió pensando- En estos momentos postreros no puedo más que glosar aquella jornada vespertina en que mi padre me llevó a conocer los níveos parajes donde las ninfas, hijas de Zeus, representan la fuerza y la fecundidad de la maternal naturaleza, esa nodriza que amamanta a esta insaciable y egoísta Tierra que la seca y la deja yerma. Pero… ¡coño!… que frío hacía.

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ARDAN: GIN
Aureliano Buendía murió.
(con todo el cariño y respeto para mi amiga Gin)

PI: ARDAN
¡Coño Aureliano! !Pero si te hemos fusilao y te has muerto! Yo, que te iba a contar que Verne ha descubierto el hielo y que Cyrano se bate a muerte en Macondo. Habrá que decirle a Connan Doyle que investigue y que, de paso, saque unas fotos para mi encuentro con templarios.
(Con toda mi admiración y respeto). Smile pleeeeeeeese )

ALDANA: LUCÍA ETXEBARRIA
Tienes una polla enorme -le dijo ella muchos años después, cuando por fin pudo tirárselo.
Estaban en una macro-discoteca de Madrid llamada Macondo, ninguno de los camareros sabía muy bien por qué, y justo en el instante en que él miraba goloso sus enormes tetas, salieron a escena las gogós, que se hacían llamar “Pelotón de fusilamiento” y que lucían, además de sendas minis y sujetadores de látex, unas pistolitas de agua muy graciosas con las que disparaban al personal que se agrupaba a sus pies, bailando frenético y desaforado y observando con la boca abierta sus piernas encaramadas en los tacones de aguja y casi sus coños al aire de pubis rasurados enmarcados en los mínimos tangas transparentes.
-Gracias -respondió Buendía con una sonrisa. Y sí, lo confirmo, no me sonreía a mí sino a mis tetas-, todas me lo dicen.
En ese instante comprendí que no había leído jamás a Margaret Atwood ni sabía quién era Kurt Cobain ni habría entrado jamás a ver una peli de Isabel Coixet. Pero qué más daba. Yo ya no quería sufrir más por amor, a veces se presentaban milagros que traían el equilibrio a nuestra vida y éste era uno de ellos, porque yo no quería amar, ni sufrir, lo único que yo quería era follar y olvidarme de todo, y a Buendía le llamaban precisamente así porque, al decir de todas las camareras del local, tirárselo por la mañana, con el miembro bien duro nada más levantarse, era lo que más le podía alegrar el día a una y, como por ser camareras, trabajaban por la noche, no les quedaba otra que tirárselo por la mañana, a ver.
Así que nos fuimos a los baños de la disco a darnos un repaso y, justo cuando me magreaba las tetas, me susurró entre gemidos que realmente no se llamaba Buendía. Vaya novedad.
-No importa -casi grité yo de tanto placer como me daba.
-Es que me gusta que al follar me llamen por mi nombre -suplicaba él con uno de mis pezones en la boca.
-¿Y cómo te llamas? -pregunté ansiosa, no por saberlo sino porque siguiera empujando.
-Aureliano, como mi padre.
-Joder, ¡y como el mío!
-¿Por qué paras? ¡Sigue! ¡Sigue!
-Déjame en paz, de pronto se me han ido las ganas.
Y fue así como me convertí en una mujer fría como el hielo.

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ENJOY THE SILENCE: DASHIELL HAMMETT (y que me perdone)

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, con el revolver descargado en la mano y el olor a cigarrillos en la otra, el coronel Aureliano Buendía, con una sonrisa en los labios y la mirada oscura como un callejón, había de recordar, a pesar de la resaca que llevaba encima, aquella tarde remota en que su padre, después de abandonar la casa de putas, le llevó a conocer el hielo: hijo, la vida es como el hielo, fría hasta que te derrites y mueres”.

ALDANA: LORENZO SILVA
Aquella tarde remota el sargento Vila acabó de pintar el último de sus soldados del batallón de fusilamiento. Justo entonces sonó el teléfono. Cogió el mando de la cadena de música y apagó la sinfonía de Mahler que servía de banda sonora a su desolación: definitivamente, estaba en un cuerpo de palurdos que no tenían ni puta idea de Psicología ni un solo atisbo de preocupación por la sociedad, menos mal que la disciplina de la benemérita le servía como barrera y sostén. Hablando de sostenes, al otro lado del aparato oyó la voz de Chamorro. Se la imaginó, mirando las estrellas en su telescopio con su carita de niña buena empollona que no sabe lo crujiente que está. Ah, la disciplina del cuerpo. Buena disciplina le daría él si no fuera porque se trataba de su subordinada. Se concentró y puso voz de autoridad.
-¿Qué pasa, Chamorro?
-Han matado a un coronel. Aureliano Buendía, se llamaba. Los mandos quieren que nos presentemos de inmediato.
-Ahora mismo voy.

Chamorro, con su carita lavada, estaba más buena si cabe de lo que él recordaba. No podía evitar sentirse atraído por ella. Además, los putos mandos se empeñaban en enviarlos en misiones fuera de Madrid y en los malditos hoteles del fin del mundo siempre había problemas con las reservas y les tocaba compartir habitación. Y qué malo es un calentón haciéndose el dormido en un sofá mientras ella, con su camisoncito y su aire de frígida mocosa, dormía inocente y plácida en la cama. Ahora, viéndola tan profesional, tan concentrada y tan eficiente alrededor del muerto, recordó sus deberes de sargento de la Guardia Civil y se hizo cargo de su obligación de preguntar, más que nada por disimular su azoramiento, qué había pasado.
—¿Cómo se lo han cargado?
—Disparos a bocajarro en el pecho, mi sargento.
Cuando dijo a bocajarro su boquita de piñón se curvó en un mohín encantador, y lo que más le gustaba era la total ignorancia de su atractivo.
—Muy bien, pues ya el caso está resuelto –se volvió rápido intentando ocultar su turbación-. ¿Dónde está aquí el bar? Necesito una botella de agua —con mucho hielo, pensó. Mucho, mucho hielo.

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FRIKI: MATILDE ASENSI
Algún punto perdido de Checoslovaquia, Abril de 1940

El Rabino Aurelian Buendiascosky, frente al pelotón de fusilamiento, no tenía miedo. Un observador fino podía darse cuenta de que debajo de aquella cara hinchada por los moratones sonreía. Ni el mejor torturador de la orden de Thule había conseguido arrebatarle su secreto, aquel secreto que le contara su padre el día que le llevó a conocer el hielo. Un secreto que ahora moría con él. Hasta la venida del elegido que sepa interpretar las señales. Aquellos nazis no encontrarían nunca las pistas para receta del Souflé de su bisabuela, decodificada del libro de salomón. El mundo estaba a salvo. De momento.

Madrid, 2001

Sor Marimar se despertó sobresaltada. Llevaba varios días sin dormir bien, desde que recibiera las noticias del fallecimiento del profesor Ivanovich, nada había vuelto a ser igual. Recordaba que la última vez que lo vió, hace unos meses, en el simposio de Viena, le había dicho que le perseguían, que querían matarle. A ella le parecieron las divagaciones de un viejo loco, “Porqué iba a querer alguien matar a un profesor que se había pasado media vida investigando el libro de Salomón”, pensaba ella divertida, sim embargo,  como prueba de amistad, le guardó aquella carpeta que para el viejo profesor parecía tan importante. Ahora que Ivanovich había muerto en extrañas circunstancias, no le parecía tan divertido. Así que decidió abrir la carpeta y…

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FRIKI: STEPHEN KING
Los Stuart se mudaron a la vieja casa del roble en Enero. Como eran extrajeros, que es como se denomina en Bangor a todos los que no son de Maine, no conocían la leyenda negra de la casa. Realmente nadie la conoce bien en realidad. Apenas llevaban allí dos semanas cuando el pequeño Timmy empezó a oír aquellas voces. Eso fue un mes antes del accidente de que muriera Martha. Timmy ya sabía que Martha iba a morir como sabía lo del lío del párroco con su asistenta. No quería saberlo pero era así. Timmy conocía muchas cosas. Incluso encontró las viejas fotos en el desván, las fotos del fusilamiento del Coronel Buendía. Con aquella inscripción en la parte trasera “Bangor.1863”.Habían pasado muchos años pero en la foto podía reconocerse algo que vivía todavía. El viejo roble seguía estando donde siempre estuvo. Con su misma siniestra forma…

ALDANA: BRETT EASTON ELLIS
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento de la crítica internacional, con las plumas en alto dispuestos a masacrar sus textos (pura envidia fruto de la incomprensión hacia la osadía de su obra), el joven novelista famoso, tras su rehabilitación, dejar a un par de modelos preñadas e implantarse un tabique de porcelana nuevo, habría de recordar aquella tarde remota en que su padre, ese cabrón malnacido que lleva años queriendo exorcizar a través de sus novelas, le llevó a conocer el hielo, esa sustancia preciada en California que los snobs usan para enfriar sus vinos de marca, las modelos para poner erectos sus pezones y los yonquis, locos y escritores para enfriar el humo neuronal que sale de sus mentes alucinadas.

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AMKIEL: H.P.LOVECRAFT:
Muchos años angustiosos después, frente al lúgubre pelotón de fusilamiento, el tétrico coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde atávica en que su padre le llevó a conocer el hielo primigenio.

FRIKI: EDGAR A. POE
Cierta mañana aciaga, estaba yo meditando sobre unas cuestiones de importancia elemental, cuando de repente oí un ruido, como si alguien (muy suavemente) me empezara a disparar. Es un pelotón, me dije. Un pelotón de fusilamiento que me ha venido a fusilar, solo eso y nada más.¡Ay! Recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre en que el hielo resplandeciente tenía un aire espectral…

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SEÑOR VALDEMAR: EDUARDO MENDOZA
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo”
más concretamente los restos de escarcha con olor a pescado pútrido que se encontraban en el congelador de “ultramarinos Sugrañes”, dicho establecimiento de alimentación pasaba por ser la mejor tienda del barrio pese a estar dos puntos por encima de cuchitril cochambroso y uno por debajo de limpio sin alardes. De allí salió con su padre y con Lurditas, la chica más guapa del barrio, o por lo menos la más guapa de entre las que se atrevían a acercársele, él contento con su pepsi-cola y ella con un flash de naranja de 15 con un extraño olor a bacalao.
Dejaron a su padre en el bar-piscolabis entretenido con el taburete giratorio, y marcharon con la mirada llena de lascivia hacia las afueras de la ciudad, llegaron al sitio más vacío y a la vez mas lleno del lugar, el cementerio, apoyaron la espalda en el muro y allí rodeados de molestas hormigas que barruntaban tormenta, y de ortigas absurdas consumaron su amor, allí, en el mismo muro donde iba a ser fusilado, en el mismo muro donde sus compañeros de viaje empezaron a entonar canticos y marchas revolucionarias, donde el, henchido de orgullo, con el espíritu inflamado no quiso dejar pasar la oportunidad postrera de gritar aquello que deseaba con todas sus fuerzas: un “goooool de barça” salió como un ciclón de sus pulmones, el desconcierto provocado por esas ridículas palabras pronunciadas segundos antes de morir fue de magnitudes apocalípticas, solo dos verdugos, presumiblemente del Real Madrid, se dignaron a disparar a un tipo que cayó entonando algo a medio camino entre la internacional y el “Quien maneja mi barca” mientras nuestro protagonista aprovechando el caos reinante utilizó su instinto conejil para huir hacia el bosque cercano donde se perdió para siempre.

JOPUT: DAN BROWN
El coronel Aureliano Buendía observó con desdén al pelotón de fusilamiento. Eran diez guardias civiles colombianos, vestidos con monos de camuflaje. Empuñaban fusiles kalashnikov y usaban patillas goyescas.
El teniente se acercó hacia él para vendarle los ojos con un paño floreado. Tenía la montera ladeada, chulescamente.
En aquel momento, sin embargo, apareció por el camino polvoriento una manada de toros bravos. Ante ellos corrían varias bailaoras con las faldas de cola arremangadas. También había dos falleros y un etarra con un pasamontañas.
Uno de los toros se dirigió hacia el pelotón, y uno de los guardias civiles sacó el capote que llevaba en la mochila y dio tres pases de pecho. Al acabar el último golpeó al animal con una pandereta afilada. Los hombres le felicitaron. Aquella noche asarían la res en una falla mientras bailaban jotas, en un frenesí de triunfo.
– Pinche pendejo, vas a morir. Dime el secreto de la resurrección de Jesús.
– Te lo diré porque no lo vas a entender, cateto. Jesús era un androide Hitachi 9000 que se olvidaron unos circacienses de la constelación beta pictoris tras una noche de juerga en Jerusalén. Llevaba en su interior una bomba atómica de fusión fría. Ese es el secreto de la resurrección y de la sábana santa, que está impresa en negativo. So tonto.
– Y quién va a ganar la champions?
– Mejor te jodes
El coronel se acarició la peluca empolvada reglamentaria.
– Te vamos a balasear, truhán.
El coronel sonrió sardónicamente. El secreto de la asociación de consumidores y de su verdadera finalidad moría con él.

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AlmaLeonor.

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8 respuestas a MACONDO, GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

  1. Trecce dijo:

    García Márquez, dicen que nos ha dejado, supongo que seguirá en Macondo, ya para siempre.

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  2. Dessjuest dijo:

    Pedazo homenaje Almita 🙂

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  3. Gracias alma¡! Tiempo fugit y, en algunas ocasiones, reencontrarse con el pasado es un placer. Ésta es una de esas ocasiones. Gracias de nuevo. : )
    1B_sote¡!
    Pi

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