ANÉCDOTAS-39: PAÑUELO FESTERO

ANÉCDOTAS-39: PAÑUELO FESTERO

panuelo

Ahora que media España está empezando sus fiestas patronales y la otra media las disfrutará en las próximas semanas, me acuerdo de una anécdota con uno de los emblemas de toda fiesta española que se precie… ¿los toros? ¡No por dios! ¡Ni de coña hablo yo de toros y encierros de fiestas!… ¿el calimocho? Podría ser, pero tampoco es santo de mi devoción, si acaso el zurracapote que según quien le haga y si le gusta poner más azúcar y canela que vino y licores, a mí me gusta mucho… ¿las verbenas? Pues lo siento, pero tampoco es eso, aunque un pueblo sin la “Banda Maravillas” o algo por el estilo no es una fiesta ni es ná… ¿las peñas? Pues lo mismo digo, sin peñas no hay fiesta, pero tampoco, aunque se acerca un poco la cosa…

Me refiero al PAÑUELO, ese imprescindible elemento que todo el mundo lleva anudado al cuello ya sea señor, señora, anciano, viejecita, bebé o perrito faldero, y que identifica… bueno, no se lo que identifica, pero que todo el mundo lleva cuando es fiesta patronal. Las camisetas y camisolas que lucen las peñas, al menos son de colores variados y con logos de todo tipo, algunos con más acierto que otros, pero el pañuelo, al menos hasta donde yo sé, es igual para todo el mundo… En San Fermín, rojo; en Pucela, morado; en…

Pues la verdad es que no me acuerdo muy bien donde fue… creo que en Santander, pero no estoy muy segura, pudo lo mismo ser en Burgos o en Gijón, no lo recuerdo. El caso es que una vez mis amigas y yo estábamos disfrutando de las fiestas patronales del lugar y se notaba que éramos forasteras, claro, no llevábamos ni camiseta peñera, ni nada por el estilo. Estábamos paseando por el centro y entramos a picar algo a uno de los bares… no habíamos comido nada y la fiesta, que invita a beber, no es buena recibirla con el estómago vacío. Entramos. Miramos la pared y vemos los precios de los distintos platos, raciones, pinchos… lo más barato era de 150 pesetas (entonces aún teníamos pesetas) pero no sabíamos lo que era… así que le preguntamos al camarero…

  • ¡¡Hola, hola!! ¡¡Oye…!! ¿Qué es “un pañuelo”?

  • … ¿un pañuelo?

  • Si… un pañuelo, eso de 150 pesetas.

  • … pues… un… pañuelo…

  • Si, si, pero ¿qué es…?

  • … ¿un pañuelo?

  • Si… –(coño, que corto… )-, es un sándwich, un pincho… ¿qué es?

  • ¿Eso?… –y señala el cartel-

  • Si… –(un poco hartita, la verdad)– ¿qué es un pañuelo?

Entonces el camarero me mira con toda su cara inmisericorde y me dice acompañado de un gesto de anudarse algo al cuello…

  • ¡¡Pues un pañuelo!!

Claro… ¡¡un pañuelo!!… lo que costaba 150 pesetas en el día de la fiesta local, y que estaba en medio de los demás cartelitos que anunciaban, tortilla, patatas, pinchos, sándwich, calamares, bocata lomo, queso, chorizo y no sé cuántas cosas más, aquello que estaba entre las posibilidades gastronómicas, y que era lo único que se encontraba al alcance de nuestra exigua economía para matar el gusanillo era…. ¡¡UN PAÑUELO!!

AlmaLeonor

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