EL VOTO FEMENINO EN LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA

EL VOTO FEMENINO EN LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA

(Uno de los trabajos entregados en el Máster de Historia recientemente concluido)

1Fotografía de Díaz Casariego aparecida en el Diario ABC (Madrid) del 21 de Noviembre de 1933 (pag.1) tras los comicios nacionales que dieron el triunfo electoral a la coalición de las derecha española.

El periodo republicano español significó un claro intento de modernización del país a todos los niveles: social, cultural, comercial y político. Como tal intento, el primero gobierno provisional resultante de las elecciones municipales de 1931, que dieron el triunfo a la Segunda República española, se va a proponer emprender, cuanto antes, las más urgentes reformas legislativas y saneamiento institucional para demostrar su voluntad democratizadora. Uno de los pilares de este proyecto va a ser la normalización del Ordenamiento Jurídico, y dentro de él, la modificación de la Ley Electoral, una Ley que hasta ese momento no contemplaba el sufragio femenino, una reivindicación feminista de amplio arraigo ya en los países anglosajones y que empezaba su andadura en España.

En 1931 permanecía suspendida la Constitución de 1876, un texto breve y abierto de 89 artículos, último texto constitucional aprobado en Cortes[1]. Tras la proclamación de la República con un sufragio universal masculino (existente en España desde 1890[2]), las Elecciones Generales celebradas el 28 de junio de 1931, recogieron las modificaciones gubernamentales de 25 de abril y 8 de mayo de 1931 en virtud de las cuales las mujeres españolas podían ser elegidas, pero no electoras (Sufragio Pasivo). Con ello, quizá la República realizaba un reconocimiento a la labor, muy activa y presencial, de la mujer española[3] en el triunfo del frente republicano en las elecciones municipales del 14 de abril:

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Las modificaciones legislativas, motivadas por el deseo democratizador del gobierno republicano, tenían un doble objetivo: aumentar el censo electoral (aún sin encuadrar en él al cuerpo femenino del electorado) y desbaratar el sistema caciquil imperante en España desde la Restauración:

  • La disposición gubernamental modificadora de 25 de abril de 1931, regulaba la elaboración independiente del Censo por las Juntas Municipales y los Tribunales del Censo; introdujo la figura del interventor de los Partidos Políticos; y ampliaba la edad legal para el voto a los mayores de 23 años.
  • El Decreto del 8 de mayo de 1931, establece el cambio de demarcaciones con la introducción del Distrito Provincial y la ampliación del Voto Restringido a todas ellas (quedó sancionado con el Decreto de 5 de junio de 1931 con un reparto de diputados “de mayorías” y “de minorías”); suprime el artículo 29 de la Ley Electoral de 8 de agosto de 1907 (Ley maurista, o La Cierva), que establecía la elección automática en los distritos electorales con un único candidato; y rebaja considerablemente los requisitos legales para ser elegible, incluyendo el sufragio pasivo para las mujeres y el clero (que también quedaba excluido en la ley anterior).

3Estas disposiciones remarcan el carácter político de las actuaciones republicanas que busca, sobre todo y para asegurar su continuación, la transformación en escaños de los votos electorales, redefiniendo el cuerpo electoral y estableciendo demarcaciones electorales coherentes. No es, por tanto, una actuación puramente pro-feminista, ni de apoyo a las reivindicaciones sufragistas de las mujeres españolas, de las que por un lado, el gobierno no espera obtener grandes beneficios, y por otro, no parecen ser de gran importancia en estos momentos.

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Sin embargo, el reconocimiento de la valía de algunas mujeres con capacidad para ser miembros del Parlamento (algo que los republicanos, en general, consideran posible, pero que no llegan a extender a reconocer a TODAS las mujeres su derecho al voto), viene avalado por el ejemplo de capacitación para la vida cívica de la mujer, que ya está ocupando puestos en el funcionariado público y ejerciendo profesiones liberales como la abogacía[4].

Las mujeres que van a salir elegidas en las Elecciones a Cortes Constituyentes son tres: Clara Campoamor, del Partido Radical; Victoria Kent, de Partido Republicano Radical Socialista; y Margarita Nelken, 5del Partido Socialista (elegida en las Elecciones Parciales del 4 de octubre de 1931), solo ellas de un total de 465 diputados[5]. Su importancia va a quedar patente en dos hechos: su presencia en los debates de la Comisión Redactora de la Constitución y el enfrentamiento político que van a mantener Victoria Kent y Clara Campoamor en la discusión de las enmiendas a la Ley Electoral de Julio de 1933.

La propuesta del voto femenino está incluida en el dictamen de la Comisión Parlamentaria para la elaboración de la Constitución (1931, presidida por el abogado socialista Luis Jiménez de Asúa) a petición de los grupos de izquierda, pero causa tanto revuelo que incluso llega un momento en el que hasta la izquierda se plantea no defenderlo ¿la causa? La creencia política de que el voto de la mujer, influenciada por su confesor religioso, favorecería a la opción conservadora:

  • Para Victoria Kent una de las pruebas del alineamiento mayoritario de las mujeres con la derecha antirrepublicana sería la entrega al Presidente de las Cortes un millón y medio de firmas de mujeres católicas pidiendo el cambio del proyecto de Constitución para que respetaran “los derechos de la Iglesia[6].
  • El voto hoy en la mujer es absurdo, porque en la inmensa mayoría de los pueblos el elemento femenino, en su mayor parte, está en manos de los curas, que dirigen a la opinión femenina, se introducen en los hogares e imperan en todas partes.” Diario La Voz, 1 de octubre de 1931[7].
  • Lo que más me molesta es que se mezcle la religión con la política… Yo soy profundamente religiosa… y en casa somos republicanos.” Declaraciones de la Sra. Vda. de Santelices, maestra y tesorera de la Unión Republicana Femenina de Valladolid en 1933, “federada con la que en Madrid preside Clara Campoamor”, que se reunía en el Ateneo Vallisoletano[8].

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La redacción de la Constitución, sin embargo, fue encargada en un principio a una Comisión Jurídica Asesora dependiente del Ministerio de Justicia, encabezada por el abogado conservador Ángel Ossorio y Gallardo[9] (1873-1946), elegido por Madrid en la autodenominada Candidatura de Apoyo a la República, obteniendo uno de los escaños reservados a las minorías. Su anteproyecto fue rechazado, pero sólo figuraba el voto a la mujer soltera y a la viuda. Ossorio, defendía que, hasta que los maridos estuviesen preparados para la vida política, el sufragio femenino podía ser “una fuente de discordia doméstica.[10] Un “posible” ejemplo de este extremo era recogido por Josefina Carabias en Estampa: “Contándome en voz muy queda el hondo drama familiar producido a causa de la disparidad de criterios políticos de los vecinos del principal. Los del segundo también arman cada pelea que estremece a toda la casa. Aquí los choques son entre el matrimonio. Parece que el señor es un republicano de los llamados históricos… el matrimonio habría vivido feliz, porque la señora jamás se había ocupado de esos asuntos. Ahora es otra cosa. La señora se ha hecho militante y ya no hay paz posible… porque así como el hombre pasó diez, veinte, quizá treinta años sin intentar siquiera hacer de su esposa una correligionaria, la esposa, que ya tiene opinión y hasta voto, no se resigna en modo alguno a que su marido no piense como ella[11].”

Los debates parlamentarios de la segunda mitad del mes de septiembre de 1931 (la votación de la Ley tiene lugar el 1 de octubre) en torno a la Ley Electoral, en la que se incluye la concesión del voto femenino, estallan en una de las más significativas tormentas políticas que conoció la Segunda República. Tanto, que llegó a dividir a la propia coalición gobernante: votarán en contra del sufragio femenino el Partido Radical (con excepción de Clara Campoamor y otros cuatro diputados), los del Partido Republicano Radical Socialista y Acción Republicana. A favor lo harán el Partido Socialista[12] (con la excepción hecha de Indalecio Prieto y su grupo), y el sector más conservador de la Derecha española junto a pequeños grupos republicanos (catalanes, progresistas y la Agrupación al Servicio de la República)

Esta paradoja ilustra muy bien el conflicto que se establece en torno a este tema. No es una cuestión de ideología, sino de momento y oportunismo político, aunque estuviese enclavada en la lucha por el ideal republicano. Responde a una clara intención de manipulación del interés de la mujer por la obtención de la igualdad de derechos políticos (ejemplarizados en la concesión del derecho al voto), en favor de los intereses partidistas de los grupos mayoritarios representados en el Parlamento en estos momentos. Pero será a costa de un alto precio, el de la división interna: se producen disidencias del voto unitario del partido, llegando incluso a abandonar la Cámara para no romper la disciplina de voto; y como se dijo en el párrafo anterior, será roto en algunos casos: Indalecio Prieto gritó “que aquello era una puñalada trapera para la República[13]” (mientras Clara Campoamor le acusaba de practicar “un falso constitucionalismo democrático[14]”); y los Radical-Socialistas declararon que ya no harían más concesiones en la cuestión de las relaciones entre la Iglesia y el estado y amenazaron con “no dejar un cura vivo en España[15]”).

Los argumentos para negar el voto femenino son dos:

  • Los de algunos diputados que aún en los años 30 siguen defendiendo la negación de derecho a la mujer, debido a las supuestas “inferioridad, estulticia y debilidad” propias de su género (afortunadamente los menos).

Por ejemplo el doctor Roberto Novoa Santos (1885-1933), de la Federación Republicana Gallega y seguidor de una corriente de médicos positivistas que postulaba un antifeminismo “con base científica”, proporcionó argumentos biológicos: a la mujer no la dominaban la reflexión y el espíritu crítico, se dejaba llevar siempre de la emoción y el histerismo no era una simple enfermedad, sino “la propia estructura de la mujer[16].

Estas son algunas respuestas a la pregunta ¿Qué cartera ministerial le daría a una mujer?[17]

Ninguna. Mejor crearía para ella una que solo por ella pudiera ser desempeñada eficazmente: la de Acción femenina… así podría cumplir sin que la mujer se transformase en una virago pedantesca, ni los hombres quedaran humillados en lo que constituye su legítima superioridad intelectual” (José Francés, 1883-1964, escritor y crítico de arte).

Ningunano son propios de la mujer los cargos que lleven aneja autorid3ad…” (Jose Mª Gil Robles, 1898-1980, diputado en Cortes por Acción Popular).

En términos generales, y teniendo presente las naturales condiciones del sexo femenino, me parece que la función de asistencia social a los niños y a la mujer, que bien merece contar con un ministerio propio y peculiar, sería la más adecuada para mujer gobernante” (Luis López-Doriga, 1885-1962, sacerdote, teólogo y diputado en Cortes por el Partido Republicano Radical Socialista).

Yo le daría la suya: la del espejito y la barra de carmín. Pero si no quedaba más remedio que darle una cartera de ministro a una mujer, le daría la de Estado… Es que en nuestra época la diplomacia no debe tener secretos” (Ángel Lázaro Machado, 1900-1985, dramaturgo y periodista gallego).

  • Los de quienes defienden el voto de la mujer como un derecho inalienable, pero poco oportuno en estos momentos ¿Es conveniente? Se preguntan, obteniendo un rechazo casi unánime a la concesión del sufragio, por entender que, su supuesta ausencia de preparación democrática, crearía un problema a la República:

Sin ser antifeminista, no soy tampoco feminista… Yo creo que está bien ir preparando a la mujer para destinos más considerables… Así, para lo futuro, quizás un futuro no muy lejano… Hágase cuando pasen algunos años…, y que yo lo vea, que tengo setenta y seis muy corridos.” (Francisco Rodríguez Marín, 1855-1943, poeta, cervantista y procurador en las cortes de la Restauración).

Por sus condiciones de gobierno encajaría en cualquiera; pero necesita una preparación más sólida que la que hoy posee.” (Mercedes Mariño, actriz española de teatro y cine)[18].

Esta supuesta minusvalía democrática y republicana de las féminas españolas quiere compatibilizarse con el reconocimiento del derecho de igualdad de la mujer, llegando a  proponerse que fuese concedido para votar, únicamente a las trabajadoras (como paradigma de “mujer preparada[19]”), o a las de una edad mínima de 45 años (como paradigma de “mujer madura[20]”). Rechazados estos supuestos discriminatorios, el planteamiento apunta a que se conceda el derecho de sufragio a la misma edad que al hombre (quedó establecida en 23 años, recordamos), pero que no se incluya en la Constitución, sino que se deje al arbitro de una futura Ley[21], de modo que reformarla (o derogarla) no supusiese una trabajosa modificación de la Carta Magna.

Una división de opiniones que no solo se manifiesta entre grupos políticos, ni entre los hombres que componen cada uno, sino también entre las mujeres de la Cámara, lo que provoca no pocas burlas entre sus compañeros políticos (Azaña describió la sesión como “muy divertida”), y entre los periódicos del momento: Informaciones (1 de octubre de 1931) comentaba “dos mujeres solamente en la Cámara, y ni por casualidad están de acuerdo”;  La Voz (2 de octubre de 1931) se preguntaba “¿qué ocurrirá cuando sean 50 las que actúen?”; y El Sol (2 de octubre de 1931) informaba así: “La galantería logró un triunfo indiscutible. Virtud española que perdura, para bien del ‘qué dirán’, pese a ciertos jacobinismos que nos sacuden. Pase lo que pase – hay quien asegura otro 14 de abril al revés – resultará lindo que los poetas del futuro canten en sonetos a este 1931, en que los hijos de España se jugaron a cara y cruz un régimen por gusto de sus mujeres.”[22] Incluso los chistes de periódicos como ABC (Madrid)[23] hacen referencia burlesca en este sentido “poético”:

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Desde 1931 son muchas las mujeres que se preparan para intervenir, de la forma que sea en los procesos electorales que se avecina. Tanto desde la derecha, como desde la izquierda o desde opciones nacionalistas. La Asociación Femenina de Acción Popular (organización de mujeres de derechas, creada en octubre de 1931), contestaba así a una entrevista efectuada por el diario ABC (Madrid) del 2 de noviembre de 1933 (pag.6): “Somos diez mil mujeres agrupadas bajo un ideario. Diez mil  mujeres que laboramos libres de los egoísmo que caracterizan a los hombres, por la consolidación de la moralidad y el orden, del bienestar social y de la paz tan necesaria en los pueblos… con Propagandas, visitas a domicilio, cursillos de cuestiones sociales, conferencias…”

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La derecha se preocupará en estos futuros comicios tanto por la creación de asociaciones de mujeres en toda España, como por la financiación de las mismas, y la convocatoria de sesiones informativas (mítines) para mujeres.[24]

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También velará por la seguridad de las féminas, para que no sean abordadas en los colegios electorales para influir en su voto[25]: “prevenciones [que] son seguramente las que se van a adoptar, encaminadas con especial atención para que la mujer electora ejercite su derecho rodeada de un completísimo respeto”. Pero sobre todo, los partidos políticos se van a preocupar mucho de la propaganda electoral.

2Cartelería electoral según imagen del Diario ABC (Madrid) del 18 de Noviembre de 1933. Pag.1

En Valladolid hay muchas señoras y señoritas de ideas liberales y demócratasPuede decirse que casi todas las mujeres de Valladolid son militantes. Las que no están con nosotras [Unión Republicana Femenina de Valladolid], están en Acción Popular o en el Grupo Femenino del Partido Socialista, fundado recientemente y bastante numeroso.” La situación que retrata de Valladolid es tan plural como refleja el Parlamento. En el Barrio Obrero de San Andrés, se encuentra con una señora que alaba la mayoría de afinidades a la República (“Yo no sé lo que votarán las mujeres en otros sitios, pero le aseguro que aquí no se pierde la República… aquí también hay muchas señoritas republicanas… pero las estudiantas de la Universidad…”), al tiempo que avisa de que: “…Esas de ahí cerca, las de la Normal, son de ese edificio que creo que se llama la Normal…, ésas son todas de Gil Robles[26].”

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Reunión de Mujeres Tradicionalistas en el Teatro Calderón de Valladolid, una muestra de la inquietud política de la mujer, según cuenta Josefina Carabias, periodista femenina de la publicación Estampa[27], que previamente a las elecciones de 1933 hace un recorrido por distintas poblaciones españolas para recoger testimonio gráfico y escrito de esta multitudinaria participación femenina.

Los testimonios son muy variopintos, tanto, que unas veces hasta parecen acabar dando la razón a quienes “temen” la poca disposición de la mujer para ser electora y elegible: “Desde que ha venido la República mandamos las mujeres en los pueblos tanto como los hombres”, le confiesa una campesina de Ávila que acudía a un mitin en la Casa del Pueblo. “¿Y por qué no presentan a alguna mujer? .-Eso ya nos parece mucho”, continúa la señora, que ante el deseo de la periodista de acompañarla le responde: “lo que pasa… es que aquí todas las señoritas pertenecen a la extrema derecha.”

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El recorrido por las provincias españolas, lleva a la periodista hasta el norte. “En Bilbao todas las mujeres llevan insignias de carácter político en la solapa del abrigo o en la cinta del sombrero.” En esta ciudad se encuentra con un grupo de militantes republicanas que llevan la bandera con las iniciales U.F.R. (Unión Femenina Republicana).

También con “mujeres patriotas”: “La insignia roja, verde y negra, con dos cruces, quiere decir que su propietaria es una emakume, es decir, miembro de las Emakume Abertzale Batza, que traducido al castellano, significa Institución de Mujeres Patriotasson furiosamente nacionalistas y pertenecen al partido que fundó Sabino Arana.” Y féminas de otras muchas afiliaciones: Insignias rojas de comunistas y socialistas y las “margaritas” que lucen las Tradicionalistas.

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Este peculiar recorrido de la periodista Josefina Carabias, le proporciona un panorama exclusivo, a pie de calle, del sentir de la mujer española ante la perspectiva de ejercer el democrático derecho al voto. Ha contemplado como la mujer, de toda condición social, está interesada en la política por sí misma y es sumamente participativa y militante en las diferentes formaciones políticas españolas. Dice Carabias que lo que viene oyendo todo el mundo es que “los que ganan con los votos de las mujeres son los de la extrema derecha y los de la extrema izquierda. La mujer no conoce término medio. Los comunistas2 y los monárquicos van a tener un éxito enorme.” Se oye en “los Pasillos del Congreso y en los vagones del ferrocarril, y en los ‘círculos’ de provincia y en los casinos de pueblo”, pero en su recorrido la periodista dice haberse encontrado con mujeres de todos los matices: republicanas, nacionalistas, socialistas, anarcosindicalistas… pero, afirma Carabias, “lo que menos he visto han sido monárquicas y comunistas”. Sí que encuentra a una comunista, a Dolores la Pasionaria, en Somorrostro, donde vive la mujer “más grande de España… una obrera honrada y trabajadora como pocas… la ‘lenina’ de España”, a decir de una correligionaria. Mientras, en Extremadura, una militante de Acción Popular pide la restauración: “Sí, pero en ningún caso restauraremos a la familia destronada. Nuestro rey es don Alfonso Carlos… el Partido Tradicionalista es el heredero del antiguo Carlismo[28]”.

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Las mujeres del pueblo viven intensamente la expectativa del voto femenino. Clara Campoamor es la gran defensora de este voto de la mujer en las Cortes españolas, y responderá con contundencia y apasionamiento todos y cada uno de los argumentos en contra:

“Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Qué cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?

¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para d5emostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte.”

Clara Campoamor, 1 de octubre de 1931[29]

Y frente a ella se situará Victoria Kent, la voz antisufragista de la República (Margarita Nelken, recordemos, es elegida posteriormente a este debate), muy a su pesar, utilizando los mismos argumentos que el resto de los miembros de su partido, es necesario pero no conveniente:

“Señores Diputados, pido en este momento a la Cámara atención respetuosa para el problema que aquí se debate, porque estimo que no es problema nimio, ni problema que debemos pasar a la ligera; se discute, en este momento, el voto femenino y es significativo que una mujer como yo, que no hago más que rendir un culto fervoroso al trabajo, se levante en la tarde de hoy a decir a la Cámara, sencillamente, que creo que el voto femenino debe aplazarse. Que creo que no es el momento de otorgar el voto a la mujer española. Lo dice una mujer que, en el momento crítico de decirlo, renuncia a un ideal. (El Sr. Guerra del Río: ‘Los cavernícolas hablan de pastel’) Quiero significar a la Cámara que el hecho de que dos mujeres, que se encuentran aquí reunidas, opinen de manera diferente, no significa absolutamente nada, porque, dentro de los mismos partidos y de las mismas ideologías, hay opiniones diferentes. Tal ocurre en el partido radical, donde la Srta. Campoamor figura, y el Sr. Guerra del Río también. Por tanto, no creo que esto sea motivo para esgrimirlo en un tono un poco satírico, y que a este problema hay que considerarle en su entraña y no en su superficie.

En este momento vamos a dar o negar el voto a más de la mitad de los individuos españoles y es preciso que las personas que sienten el fervor republicano, el fervor democrático y liberal republicano nos levantemos aquí para decir: es necesario aplazar el voto femenino. Y es necesario Sres. Diputados aplazar el voto femenino, porque yo necesitaría ver, para variar de criterio, a las madres en la calle pidiendo escuelas para sus hijos; yo necesitaría haber visto en la calle a las madres prohibiendo que sus hijos fueran a Marruecos; yo necesitaría ver a las mujeres españolas unidas todas pidiendo 5lo que es indispensable para la salud y la cultura de sus hijos. Por eso Sres. diputados, por creer que con ello sirvo a la República.

Por hoy, Sres. Diputados, es peligroso conceder el voto a la mujer. Yo no puedo sentarme sin que quede claro mi pensamiento y mi sentimiento y sin salvar absolutamente para lo sucesivo mi conciencia.”

Victoria Kent, 1 de octubre de 1931[30]

El argumento de que el voto femenino favorecería, irremisiblemente, a la derecha, no por manido tenía que ser, necesariamente, real. Sí que es un argumento compartido tanto por la derecha (por eso precisamente defendía el voto femenino con tanta vehemencia), como por algunos sectores de la izquierda socialista y republicana (y por eso, precisamente, se oponían a él). Las dos mujeres que en la Segunda República representaron en el Parlamento la lucha encarnizada entre estos dos sectores de opinión, sufrieron en su propia persona las consecuencias de su democrática decisión: Victoria Kent argumentó en contra de sus propias convicciones, granjeándose una cierta impopularidad que le hizo perder el acta de diputada en las elecciones siguientes (las del 19 de noviembre de 1933), y a causa de la cual abandonó, al año siguiente, la Dirección General de Prisiones. Para Clara Campoamor no fueron tampoco fáciles las cosas. Su incansable esfuerzo fue muy reconocido entre colegas y asociaciones nacionales e internacionales (es muy probable que sin su enorme trabajo el sufragio femenino hubiese tardado aún mucho tiempo en implantarse en España), pero el triunfo Cedista (en el que por cierto su partido, el Republicano Radical, acabó formando gobierno) de las elecciones de 1933 hizo que a Clara Campoamor se la acusase de favorecer el triunfo de la derecha con su defensa del voto de la mujer (algo que hoy en día no se sostiene[31]), cayendo en un ostracismo político que melló su ánimo:

“A mi pudiéronme cargarse todos los pecados políticos imaginarios de la mujer, y pasárseme todas las cuentas del menudo rencor. Lo que no espero ocurra es que se eleve una voz, una sola, de ese campo de la izquierda, de quien hube de sufrirlo todo, por ser el único que ideológicamente me interesa, y al que aún aislada sirvo[32].”

El artículo 34 de la Constitución, el que establecía la equiparación de derechos electorales para los ciudadanos de uno y otro sexo mayores de veintitrés años, fue finalmente aprobado por 161 votos a favor y 121 en contra. Aún se intentó empequeñecer este triunfo con una serie de enmiendas[33]:

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El diputado Matías Peñalba Alonso de Ojeda, de Acción Republicana, pretendía que no permitir el voto de las mujeres en unos comicios nacionales hasta que los ayuntamientos se hubiesen renovado por completo[34]. No prosperó ninguna y desde este momento, la mujer española se incorpora, de pleno derecho, en la vida democrática y en la participación política completa.

Al menos fue así hasta el Golpe de Estado que dio lugar a la Guerra Civil y el periodo franquista, años en los que las mujeres españolas volvieron al ostracismo político y al silencio de su voz democrática.

AlmaLeonor

(PLA) 11 de Diciembre de 2013

 

[1] Congreso de los Diputados. Constitución de 1876.

[2] Por Ley de 26 de junio de 1890. Congreso de los Diputados. Constitución de 1876. Ibidem.

[3] Estampa, Revista Gráfica, No. 172 (1931). Museo de D. Niceto Alcalá Zamora y Torres.

[4] Estampa, Revista Gráfica, No. 172 (1931) y No. 231 (1932). Ibidem.

[5] Artehistoria. El Voto Femenino en España. La mujer en la República (1931-1936).

[6] Artehistoria. Ibidem.

[7] Artehistoria. Ibidem.

[8] Estampa, Revista Gráfica, No. 276 (1933). Museo de D. Niceto Alcalá Zamora y Torres.

[9] La forman veinticuatro vocales, doce de los cuales (Adolfo Posada, Javier Elola, Valeriano Casanueva, Manuel Pedroso, Nicolás Alcalá, Agustín Viñuales, Antonio Rodríguez, Alfonso García Valdecasas, Francisco Romero, Luis Lamama, Antonio de Luna y Juan LLadó) serán los encargados de elaborar el anteproyecto de Constitución. El Gobierno republicano se reservaba el derecho de modificación, antes de presentarlo a su debate por las futuras Cortes Constituyentes. El 6 de julio al gobierno el anteproyecto de Constitución que consta de 104 artículos divididos en nueve títulos (Fuente: Wikipedia).

[10] Artehistoria. Ibidem.

[11] Estampa, Ibidem. La negrita es mía.

[12]Hay que recordar lo que hicieron ustedes, en esos mismos escaños donde están, en las Cortes constituyentes de 1931, cuando se opusieron a reconocer el voto a las mujeres”, dijo el (hoy ya ex-)Ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón en septiembre pasado, siendo rectificado por el gobierno de su partido recientemente Madrid. Europa Press, 8 de diciembre.

[13] Artehistoria. Ibidem

[14] González Cortés, Mª Teresa, “Los monstruos políticos de la Modernidad: De la Revolución francesa a la Revolución nazi (1789-1939)”, Ediciones de la Torre, Madrid, 2007. Pag.427

[15] Artehistoria. Ibidem

[16] Artehistoria. Ibidem.

[17] Estampa, Revista Gráfica, No. 209 (1932). Museo de D. Niceto Alcalá Zamora y Torres.

[18] Idem que el anterior. Mercedes Mariño fue una actriz española de teatro y cine, en películas como la cubana “El Veneno de un beso” (1929, Ramón Peón García) o la española “Abel Sánchez. Historia de una Pasión” (1946, Carlos Serrano de Osma). No he podido encontrar fechas de nacimiento y muerte.

[19] Andrés Ovejero Bustamante, del Partido Socialista: reconocer “el derecho al sufragio, no  a todas las mujeres españolas, sino a aquellas mujeres españolas que, en consonancia con al artículo 1, aprobado ya, de nuestra Constitución, son, al mismo tiempo que españolas, trabajadoras”. González Cortés, Mª Teresa, pag. 428. Ibidem

[20] Así se expresó Manuel Hilario Ayuso e Iglesias (1880-1944) de Acción Republicana, basándose en que “la mujer era deficiente en voluntad y en inteligencia” hasta cumplir dicha edad.  Artehistoria. Ibidem.

[21] Rafael Guerra del Río portavoz del grupo parlamentario del Partido Republicano Radical en las Cortes Constituyentes. Artehistoria. Ibidem.

[22]  Artehistoria. Ibidem. Todas las citas del párrafo.

[23] Diario ABC (Madrid) del 2 de noviembre de 1933. Pag. 21

[24] Diario ABC (Madrid) del 2 de Noviembre de 1933 pag. 37

[25] Diario ABC (Madrid) del 2 de Noviembre de 1933 pag. 15

[26] Estampa, Revista Gráfica, No. 276 (1933). Ibidem. Todas las citas del párrafo y la imagen siguiente.

[27] Estampa, Revista Gráfica, No. 276 (1933). Ibidem. Todas las citas del párrafo y la imagen.

[28] Estampa, Revista Gráfica, No. 276 (1933). Ibidem. Todas las citas del párrafo y la imagen.

[29] Discurso de Clara Campoamor en las Cortes el 1 de octubre de 1931. Diario El País. Sociedad. 1-Oct-2003.

[30] Discurso ante las Cortes sobre el voto femenino de Victoria Kent. Segunda República.com.

[31] Se trataba sobre todo de un problema de estrategia y unidad, como se encargaría de demostrar las elecciones de febrero de 1936 con el triunfo del Frente Popular. Artehistoria. Ibidem.

[32] Clara Campoamor, “El voto femenino y yo”. Editorial Horas. Madrid, 2006, p. 264.

[33] González Cortés, Mª Teresa, Ibidem. Pag. 427.

[34] Según el artículo de Artehistoria que se viene mencionando, “si la enmienda hubiese prosperado, las mujeres se habrían quedado todavía sin voto en 1936”.

Todas las páginas web mencionadas han sido consultadas por última vez el 10 de diciembre de 2013.

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2 Replies to “EL VOTO FEMENINO EN LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA”

  1. Interesante, extenso y documentado texto sobre una conquista que puso a España por delante de muchos otros países occidentales. Despues… el retroceso tremendo, como todos conocemos.
    Enhorabuena por el trabajo.

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