EL CAFÉ EN SUS PROTAGONISTAS (1)

EL CAFÉ EN SUS PROTAGONISTAS (1)

COFFEE BRANCHES, FLOWERS, AND FRUIT

Desde que se conoce y consume el café, muchos son los hombre y mujeres, famosos o desconocidos, que han acabado seducidos por su aroma, color y sabor y nos han dejado su opinión sobre este preciado líquido en forma de comentarios, sentencias, canciones o frases lapidarias que, repitiéndose de generación en generación, han acabado por ser tan o más famosas que el propio café.

Barcos de la compañía Holandesa India del Este (VOC) en el Puerto de Moca_fuente Reinders and Wijsenbeek, 1994Barcos de la Compañía Holandesa India del Este (VOC) en el Puerto de Moca (fuente Reinders and Wijsenbeek, 1994)

Leonhard_RauwolfPor ejemplo, cuando el café llega a Europa en el siglo XVI de la mano de mercaderes venecianos, el primer occidental en describir la bebida fue Leonard Rauwolf (1535-1596) quien en 1582 publicó en alemán, “Aigentliche Beschreibung der Raiß inn die Morgenländerin” (Los viajes del Dr. Leonhart Rauwolf en los países del Este), editado en inglés en 1693 como una colección de relatos de viaje. Rauwolff habla del café como “Una muy buena bebida que llaman ‘Chaube’ tan negra como si fuera tinta y remedio contra todo tipo de males, en especial del estómago. Sus consumidores en el Este la toman por la mañana temprano en una jarra de porcelana que pasa de mano en mano y de la que cada uno llena su propio vaso o taza de arcilla o porcelana, tan caliente como pueden, bebiendo un poco cada vez.”

El dicho tradicional turco que afirma que el café perfecto ha de ser “negro como la noche, ardiente como el infierno, fuerte como el pecado y dulce como el amor”, fue parafraseado por Charles Maurice de Talleyrand (1754-1838) con la expresión más popular y conocida de:

frase-el-cafe-debe-ser-caliente-como-el-infierno-negro-como-el-diablo-puro-como-el-angel-y-dulce-como-charles-maurice-de-talleyrand-131804

Incluso el prolífico escritor y poeta modernista español Francisco Villaespesa (1877-1936) tenía su propia versión: “el café, néctar de dioses, ha de ser, para ser bueno, ardiente como tus ojos, negro como tus cabellos, tan puro como tu alma, tal dulce como tus besos.”

Casi todos los más afamados gourmets del mundo han tratado el tema, como por ejemplo Jean Anthelme Brillat-Savarin (1755-1826), a quien suelen atribuir erróneamente la frase de Talleyrand, y que decía en su famosa obra “Fisiología del Gusto” (1825) que “el café machacado en un mortero es preferido al café molido.” En realidad Brillat-Savarín hace referencia a los orígenes del café, era la forma en la que los turcos, “nuestros maestros en materia de preparación”, decía en su libro, lo molían y es así como se empezó a preparar el “café molido” en Europa, en morteros normalmente de madera. Los molinillos para el café, de metal, no aparecen hasta la época de Savarín y es posible que esta “novedad” no le gustase mucho al maestro. Años más tarde, en Alemania, Friedrich Christian Eugen (Baron von Vaerst, 1792-1855), quien definió el concepto de “gastrosofía” en su obra “Gastrosofia o la enseñanza de las alegrías de la mesa” (1851), dice que para el café  “el agua debe ser termal ferruginosa” y de esta manera, afirmaba, “puedo asegurar (…) que su café será absolutamente delicioso”.

cafefrancesEl caso es que existen mil y una formas de preparar el café. Hay una frase popularmente atribuida a Napoleón Bonaparte (1769-1821) tras su campaña en Andalucía, que hace referencia a esto. Al parecer el general francés encontró mucha variedad en la elaboración del café en España (hoy en día, estoy segura, se han multiplicado) y pudo llegar a decir los siguiente: “malditos españoles que no se ponen de acuerdo ni para tomar café.” Lo cierto es que Paul Joseph Barthez (1734-1806), su médico de confianza, era un gran bebedor de café, al que calificaba como “la bebida intelectual” lo que pudo influir en el gusto de Napoleón. Lo que sí dijo Bonaparte es que “el café fuerte me resucita, me causa un escozor, una carcoma singular, un dolor que no carece de placer. Más me gusta, entonces, sufrir que no sufrir.”

beethovens-piano-1344527332-article-0

También hubo quien encontraba en la exactitud la justa medida del sabor y así Ludwig van Beethoven (1770-1827), gran aficionado a tomar café mientras componía, tenía la “manía” de contar los granos que debían molerse: Tenían que ser 60 por taza vienesa, exactamente esos granos. Su genio llegaba a encontrar hasta una equiparación entre componer música y hacer un buen café: “Concluyamos, pues, repitiendo que el gran café y el gran espresso son como la gran música: se ‘componen’ de muchas maneras. El gran café puede ser dulce, amargo, corto o grande. Lo puedes tomar solo o con acompañamiento. Tiene infinidad de texturas, variaciones, efectos y sentimientos. Es gran compañía y uno solo nunca es suficiente. Hay que, siempre, probar y oír más.”

café

Antes que Beethoven, otro gran músico amante del café fue Johann Sebastian Bach (1685-1750), el compositor más moderno de la primera mitad del siglo XVIII quien llegó a escribir incluso una composición musical para alabarlo, la Cantata del Café (1732-1735, Sonata BMV-211 de las Cantatas Profanas), con texto escrito por Picander (pseudónimo de Christian Friedrich Henrici,  1700-1764) y en la que podemos encontrar frases dichas por Lieschen, la hija bebedora de café, tales como: “Si tres veces al día no bebo mi tacita de café, entonces me marchitaré al igual que una cabra asada. ¡Ah, qué agradable es el aroma del café! Más sabroso que mil besos y más dulce que el vino moscatel. Café, café, necesito tenerlo, y quien quiera complacerme que me regale café.” La Cantata describe la protesta de Lieschen que es obligada por su padre, Schlendrian, a abandonar el café si quiere tener esposo, ya que en la Alemania del momento triunfaban las ideas de los detractores del café, que entre otras cosas afirmaban que debía prohibirse el consumo de café a las mujeres porque provocaba esterilidad. Pero al final la madre y la abuela se entregan a la seducción del café, y la pregunta final de la Cantata dice ¿quién puede culpar a la hija? Y ella se sale con la suya.

Mientras que el viejo gruñón Schlendrian desaprueba fuertemente el café, otra anterior Cantata del Café, esta de Nicolas Bernier (1664/65-1734) con letra de Louis Fuzelier (1672/74-1752), ensalzaba sus virtudes con pasión: “¡Agradable café!, ¿qué climas desconocidos no son conscientes de los hermosos fuegos que inspira tu vapor? ¡Ah! usted cuenta en su imperio de lugares rebeldes de Baco. Licor favorable. Sus encantamientos aumentan nuestros hermosos días. Superamos el sueño por su ayuda feliz. Volverán los momentos que la nos vida robaCuando una mano más hábil te prepara, ¿Qué placer es igual para lo que se crea? Su aroma solo promete la conquista de los mortales que no han probado sus encantos.”

Otro gran músico, Amadeus Mozart (1756-1791) prefería el café con leche para componer y permanecer despierto. Parece ser que fue su compañero indispensable la noche que compuso la Obertura de la ópera de Don Giovanni, reclamando a su esposa Constance “una jarra llena de café”. Mientras, el compositor italiano Giuseppe Verdi (1813-1901) consideraba el café “un bálsamo para el corazón y el espíritu.”

francis bacon

Además de músicos, un gran número de eruditos, filósofos, escritores y pensadores de todos los tiempos han alabado el café en sus escritos al tiempo que lo han disfrutado con fruición, como fue el caso del filósofo y político inglés Sir Francis Bacon (1561-1626) que escribió sobre el “caphe”, hierba que los turcos “secan, muelen a polvo, que beben en agua tibia… que es de naturaleza similar a los opiáceos” en su Historia Vitae et Mortis (1623); y en Sylva Sylvarum (1624, publicado en 1627), donde cambia el nombre a “coffa”, cuenta que está hecho de “una cereza del mismo nombre, tan negra como el hollín, y de una esencia fuertela bebida consuela el cerebro y el corazón y ayuda a la digestión”.

Más allá llegó el filósofo escocés Sir James Mackintosh (1765-1832) para quien “el poder de la mente en un hombre está directamente relacionada con la cantidad de café que bebe”. Mientras que para Jonathan Swift (1667-1745) “el café nos hace mal y es grave, pero nos hace filosóficos.” También Edgar Allan Poe (1809-1849) o Georges Simenón (1903-1989) bebían más café del que ellos mismos podrían narrar.

Alexander Pope at Button's Coffee House—1730 From a drawing by Hogarth. El hombre frente a la figura sentada se piensa que es PopeAlexander Pope en el Button’s Coffee House en 1730. El hombre frente a la figura sentada se piensa que es Pope.

Los poetas sucumbieron igualmente a los abrazos del café, como el poeta inglés Alexander Pope (1688-1744) quien pensaba que el café es “lo que hace que los políticos sean sabios, y que puedan ver a través de todas las cosas con sus ojos medio cerrados”. O el francés Georges Courteline (Georges Victor Marcel Moinaux, 1858-1929) que era de la opinión que “se cambia más fácilmente de religión que de café” y consideraba que “el mundo se divide en dos clases: los que van al Café y los que no lo frecuentan nunca. Son dos mentalidades completamente distintas y contrapuestas. Y los que van al Café, infinitamente superiores”. Frente a esta opinión, unos se mostraban muy pesimistas, como el poeta italiano Giuseppe Gioachino Belli (1791 – 1863): “los hombres de este mundo son como / granos de café en un molino / uno antes, uno después, otro enseguida, / todos acaban por seguir el mismo destino.” Y otros como Rubén Darío (1867-1916) lo vieron más claro: “una buena taza de su negro licor [café], bien preparado, contiene tantos problemas y tantos poemas como una botella de tinta.”

cafe florian san marcos, siglo XIXCafé Florian, en la Plaza de San Marcos de Venecia en el siglo XIX

Muchos no podían pasar sin consumir café en todo momento, como Giacomo Casanova (1725-1798), de quien se decía que aunque fuese perseguido por la ley, nunca dejaba de tomar su taza aromática en el Café Florian de la Plaza de San Marcos de Venecia. O Voltaire (François Marie Arouet, 1694-1778), que consumía grandes cantidades de café, entre cincuenta y setenta tazas por día, lo que hoy sería considerado un serio peligro para la salud. Algo de lo que por cierto, era consciente el insigne erudito: “claro que el café es un veneno lento, hace cuarenta años que lo bebo y aún no me he muerto.” Sin embargo esta frase se la atribuye Johann Valentin Meidinger (1756-1822) en su Gramática Alemana, a otro filósofo francés, Bernard le Bovier de Fontenelle (1657-1757), también gran aficionado al café y que vivió hasta casi los cien años, gozando siempre de un ágil sentido del humor.

mimolibroscom

Pero quizás el escritor más famoso de entre los cafeteros fue el novelista Honoré de Balzac (1799-1850), quien era capaz de recorrer todo París buscando los mejores granos: el café Bourbón en la Calzada de Antón; el Martinica en la Escala del Templo; y el Moka en un mercado cerca de la Universidad. Al contrario que Mozart y Talleyrand (“Una taza de café ligeramente templado con buena leche no resta nada de su intelecto”), rechazaba implacable la mezcla de café con leche: “ofrecer un café con leche no es una falta, es un acto ridículo. Solamente las porteras toman esta mezcolanza populachera.” Confeso, pues, de su “inveterada costumbre de beber café” solo, negro y fuerte, en su libro “Los placeres y dolores del café” dejó escritas unas instrucciones de cómo superar la tolerancia a la cafeína: consumiendo broza de café con el estómago vacío (que nadie intente aplicarse este remedio por favor ¡que barbaridad!). Escribió también un “Tratado de los Excitantes Modernos” en el que precisa que “el café pone en movimiento la sangre y produce en ella fuerzas motrices; genera una excitación que precipita la digestión, ahuyenta el sueño y permite que las facultades cerebrales se mantengan en actividad por más tiempo.” Balzac decía que no podía escribir (empezada a las 12 de la noche y estaba escribiendo unas 12 o 18 horas seguidas) si no contaba al lado con su cafetera de porcelana, de donde bebía constantemente.

Por eso hay quien otorga la brillantez de “La Comedia Humana” (1830-1850) a las 50.000 tazas de café que Balzac pudo haber tomado a lo largo de su vida, e incluso a los granos de café que masticaba cuando no lo bebía. Aunque Balzac falleció muy temprano, a los 51 años, no está claro que el consumo de café pudiese contribuir a mermar su salud,  hoy se sabe que tomar café habitualmente es un buen aliado contra la diabetes, el párkinson o el cáncer e incluso un estudio reciente del Instituto Nacional del Cáncer en Bethesda (EEUU) revela que también es beneficioso para el hígado.  Claro que también hay estudios que relacionan el consumo de cafeína con las alucinaciones. Así lo afirma un estudio de la Universidad de la Trobe en Australia: el consumo excesivo de cafeína puede provocar percepciones auditivas inexistentes.

goethe-a

Por cierto que fue la afición al café de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), la que contribuyó al descubrimiento de la cafeína. Al parecer el poeta alemán animó al joven científico Friedlieb Ferdinand Runge (1795-1867), quien acababa de identificar los efectos de la belladona, a que analizara unos granos de café para averiguar sus propiedades y acabó por identificar y descubrir la cafeína.

Casi como una adicción psicotrópica se tomaban el gusto por el café autores como Arthur Conan Doyle (1859-1930), el creador del famoso detective Sherlock Holmes, que amaba el café tanto como la cocaína; o el novelista victoriano Anthony Trollope (1815-1882), que se levantaba a las 5 de la mañana, se tomaba su café y luego se encerraba a escribir durante tres horas de corrido, después de lo cual se iba a su trabajo en la oficina postal. Y el escritor Truman Capote (1924-1984), confesaba: “soy un autor completamente horizontal… no puedo pensar a menos que esté acostado, ya sea en la cama o en un diván y con un cigarrillo y café en la mano.”

11.rafaeltufino_webObra de Rafael Tufiño pintor puertoriquense

Otros grandes “cafeteros” fueron Francisco de Goya, Jean Jacques Rousseau,  T. S. Eliot,  Julio Cortazar, Simón Bolívar… aunque fuera José Martí el autor de la frase: “El café me enardece, me alegra, es fuego suave sin llama y me acelera toda la sangre de mis venas”. Casi por las mismas razones Jules Michelet (1798-1874) defendía ardientemente el café frente a los cada vez más numerosos bebedores de té, ya que, según afirmaba, el café “realmente hace brotar la chispa y el destello de la verdad.” Sin embargo el café no era de la devoción de otro notable francés, el Barón de Montesquieu (Charles Louis de Secondat, 1689-1755), quien hace decir a uno de sus personajes extranjeros en su famosa obra “Cartas Persas” (1721), un alegato contra el consumo del café: “Si yo fuera el soberano de este país, cerraría los cafés, porque aquellos que frecuentan esos lugares se calientan en cerebro (…), el entusiasmo que les da el café los vuelve peligrosos para el futuro del país.”

vendedor callejero de cafe en paris 1672-1689Vendedor callejero de café en Paris (1672-1689)

Más benevolente se mostraba la Enciclopedia Laroux en el siglo XIX, más o menos cuando el ejército francés incorpora el café en las raciones militares (en 1860): “El café es particularmente indicado para los hombres de letras, los soldados, los marineros y todos los obreros que trabajan en una atmósfera a temperatura elevada, en fin, a todos lo habitantes de un país donde reine el cristianismo”. Por cierto que cuando el café empezó a ser consumido en la ciudad del Vaticano se intentó prohibir alegando que era “un invento de Satanás otorgado a los musulmanes en sustitución del vino.” Se decía que el bebedor de café podía perder su alma condenada en el infierno, pero el papa Clemente VIII (1536-1605, el Papa n.º 231 de la Iglesia católica desde 1592 hasta su muerte) pidió probarlo antes de dictar ninguna sentencia… y le gustó: “¿Por qué la bebida de este Satanás es tan deliciosa? Sería una lástima que los infieles tuvieran uso exclusivo de ella. Vamos a engañar a Satanás al bautizarla y la haremos una bebida verdaderamente cristiana.” Y dicho y hecho.

cafe ramponaux en paris siglo XVIIICafe Ramponaux en Paris (siglo XVIII)

En el siglo XVIII el rey Federico II el Grande de Prusia (1712-1786, de la Casa Hohenzollern, tercer rey de Prusia desde 1740 hasta su muerte) consideraba el café como un importante factor de la salida de divisas del país y prohibió su consumo hasta que más tarde, en 1781, comprobó que, muy al contrario, podía resultar una buena fuente de ingresos convirtiendo el café en un monopolio del gobierno. Los reyes tenían su peculiar visión de las cosas, y así el rey Alejandro I de Yugoslavia (1888-1934, rey de Yugoslavia desde 1929 hasta su muerte) consideraba que una necesidad básica del ser humano en toda crisis era, precisamente “una buena taza de café caliente.” Y un viejo proverbio de la Casa Borbón dice: “Para un anciano una taza de café es como el poste de la puerta de una vieja casa que la sostiene y la fortalece.”

kaldi y la danza de las cabrasKaldi, descubridor del café, y la danza de las cabras. 

El primer tratado sobre el café fue escrito en latín por Antoine Faustus Nairon (1635-1707), profesor de lenguas orientales (caldeo y sirio) en el Colegio de Roma. En el “De Saluberrima potione Cahue seu Cafe nuncupata Discurscus” (Roma, 1671), relata la historia de Kaldi, el supuesto cabrero etíope descubridor de la planta del café y quien elaboró la primera taza de café del mundo   . Ya antes se había hablado del café en otras obras generales como en “Descripción de un viaje a Persia” (1647), escrita en alemán por Adam Olearius (1603-1671), pero Nairon fue el primero en dedicarle una obra en exclusiva.

coffeetree

En el mismo año de 1671 Philippe Sylvestre Dufour (1622-1685)    sacó el primer tratado en francés y en 1684 escribe su más conocido “Tratado sobre la nueva y curiosa manera de hacer té, café y chocolate.” John Ray (1627-1705) ensalzó las virtudes de café en la “Botánica Universal de Plantas”, publicado en Londres en 1686. Por su parte, Antoine Galland (1646-1715), famoso orientalista y arqueólogo francés, primer traductor europeo de Las Mil y Una Noches, tradujo el manuscrito de Abd-al-Kadir, el primer escritos sobre el café de 1587, al francés en 1699.

el manuscrito mas antiguo sobre el cafe 1587, de Abd-al-kadirEl manuscrito mas antiguo sobre el café, escrito en 1587 por Abd-al-Kadir

El primer relato auténtico del origen del café fue escrito por Abd-al-Kadir en 1587. Es el famoso manuscrito árabe elogiando el uso del café que se conserva en la Bibliothèque Nationale, París. Finalmente Jean de la Roque (1661-1745), hijo de Pierre de la Roque, comerciante recordado por la introducción del café en Marsella en 1644, publicó su “Voyage de l’Arabie Heureuse” en París en 1715. La Roque llamó al café “Rey de Perfumes”, un encanto que se enriqueció en su época, cuando se añadió la vainilla.

 51241303-1dc9bdc44ec53954456b8a56bc1c049d3e571ec3-s6-c30

Siguiendo con las obras escritas sobre el café, según el “Dictionnaire de cuisine et de gastronomía” (1986) de Robert Julien Courtine (1910-1998), el café con aguardiente recibe el nombre de “gloria” a partir de 1817. Así, Gustave Flaubert (1821-1880) hablaba de mesas de café “pringadas de glorias”, mientras que Balzac evocaba que “al calor de media taza de café bendecida con cualquier gloria” se consolidan las amistades. Aunque no hay que descuidarse pues según el filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804), quien se aficionó a tomar una taza de café, inmediatamente después de la cena, diría que “la amistad es como el café, una vez frío nunca vuelve a su sabor original, aún si es recalentado.” Otra cosa distinta es el amor… o algo parecido. El mujeriego escritor francés Alejandro Dumas Sr. (1802-1870) equiparaba a la mujer con una buena taza de café que “la primera vez que se toma, no deja dormir.”

20120903150846

Es difícil sustraerse al aroma y sabor de una taza de humeante, negro, aromático y sabroso café, sobre todo teniendo en cuenta que  un análisis reciente de la Escuela de Salud Pública y el Hospital Brigham y de Mujeres de Harvard en Boston (EEUU) ha determinado que existen razones genéticas por las que la cafeína tiene efectos diferentes en cada persona, marcando así el gusto por el uso cotidiano del café. Pero con el simple gesto de tomar un café, recuperamos todo un mundo de historia y sensaciones. No es un gesto anodino, no es solo una obediencia ciega a nuestro instinto genético, beber café es hacer un homenaje a toda una tradición de admiradores al preciado líquido, aunque a veces puede suceder que… “La vida es como el café o las castañas en otoño. Siempre huele mejor de lo que sabeMaruja Torres

AlmaLeonor

Continuará…

 

Fuentes:
-Wikipedia (para nombres y fechas) y google imágenes (para fotografías).
-Le Café, Caroline Darbonne y Sylvie Girard, Tana Editions, París, 2005
-iBytes (Conocer la Tierra abre la mente) “Cosas que quizás no sabías sobre el café
-Fisiología del Gusto, J.A.Brillat-Savarin (scribd)
-Historia de la Vida y la Muerte, Sir Francis Bacon, GoogleBooks
-Historia del Café de Guatemala, Regina Wagner, Villegas Editories, Bogotá, 2001
-Una Taza de Café, Jacinta Escudos, La Prensa Gráfica, El Salvador, 13-11-2011
-Voyage de l’Arabie Heureuse, Jean de la Roque, IBIS, Recursos electrónicos de la Real Biblioteca de Patrimonio Nacional
-Todos los enlaces señalados en el propio texto.

 

 

 

 

Anuncios

One Reply to “EL CAFÉ EN SUS PROTAGONISTAS (1)”

  1. Un artículo muy bueno de Javier Reverte sobre el café… dos cosas: Estoy de acuerdo en que en París (y en toda Francia) deben odiar al café porque es malísimo en todas partes. Y segunda, dice Javier Reverte: en amárico, la lengua etíope, koffi es café, y annan, leche. De modo que aquel secretario general [de la ONU, Kofi Annan], un negro de alma blanca, era para muchos etíopes una suerte de “café con leche”.
    Muy bueno.
    http://elpais.com/elpais/2015/09/03/eps/1441291038_235734.html

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s