LA JOVEN DE LA (NO) PERLA

LA JOVEN DE LA (NO) PERLA

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La Joven de la Perla, el magnífico cuadro de Johannes Vermeer (1632-1675) es un icono para este blog, HELICON, porque es la imagen que su autora, una servidora, AlmaLeonor, escogió hace mucho tiempo como imagen de avatar para presentarse en las redes sociales. Ahora luzco las versiones que amigos como Monsila Mon, Hugo Vlad, o Arte Otro hicieron para mi en algún momento, pero durante mucho tiempo, al principio de mi andadura por la red, esta Joven de la Perla era AlmaLeonor.

Pues en estos días nos estamos enterando de que no es una perla lo que luce la joven que inspiró el cuadro al maestro Vermeer, sino que una investigación llevada a cabo por el astrónomo y artista holandés Vincent Icke, publicado en la revista New Scientist, ha sacado a la luz la evidencia: “Una perla natural no suele tener ese tamaño, y las capas de carbonato de calcio y de conquiolina (una proteína) que forman el nácar tendrían que ser blancas; perladas. En el cuadro, por contra, las zonas oscuras producen un efecto de espejo”. En opinión de este estudioso de la obra, el brillo del pendiente, de la supuesta “perla” es excesivo.

Lo que ya se sabía es que este cuadro no llevaba este nombre en origen. Según el artículo de Isabel Ferrer en El País Cultural, “en el inventario más antiguo de su obra, efectuado en 1676, aparece como ‘Un retrato al estilo turco‘. Luego pasó a llamarse ‘Joven con turbante‘, y también ‘Cabeza de joven‘. En 1995, un catálogo razonado del pintor lo denominó ‘La joven de la Perla‘, y así continúa“.

Al parecer, otra de las razones que se esgrimen en contra de que sea una perla lo que luce la joven es que en el siglo XVII había carestía de esta joya, y además Vermeer, no era precisamente un maestro adinerado y Holanda vivía sumida en la cultura calvinista en la que se repudiaba la apariencia y las muestras públicas de materialismo. La posesión de una perla podía tener una justificación, como una posesión femenina preciada, como parte de su dote, o herencia. Pero una perla de ese tamaño sería extraño, según el estudio. Al menos una perla “auténtica” concluyo yo, porque podría ser que Vermeer o su esposa contasen con algún adorno personal realizado con una perla de gran tamaño, pero falsa, o simplemente no contase con tal adorno, pero el pintor si que quisiese reflejarlo en su obra. No hacía falta que tuviese puesto un pendiente incluso. Solo tenía que pintarlo. Sin embargo , para Vincent Icke  “lo más probable es que se trate de plata, o bien estaño, muy pulimentado”.

También señala este artículo que la pintura de retratos del rostro (un tronie) era un “género propio del barroco flamenco holandés que servía para que el pintor mostrara su habilidad“, sin tener en cuenta la persona retratada. Con las pinturas de encargo, dedicadas a retratar a las clientas pudientes, era otra cosa. Ellas posaban con pulseras, collares y perlas como muestra de estatus y eran en esos adornos donde artista se lucía pintándolas.

En la Galería Mauritshuis, donde se exhibe actualmente desde que fuera comprada en 1881 en una subasta (se pagaron dos florines, y aunque estaba en muy mal estado, la restauración realizada en 1994 la convirtió en su principal obra), ya habían adelantado en el año 2004 que el gran tamaño del pendiente podía hacer sospechar que no se tratase de una perla. Ahora un experto dice haberlo demostrado, aunque para este blog y para esta que suscribe, siempre será La Joven de la Perla.

AlmaLeonor

 

 

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