CLEOBIS Y BITON

CLEOBIS Y BITON

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Cleobis y Biton son dos esculturas griegas, dos kouros que pudieron formar un solo conjunto escultórico, de más de dos metros de altura, creadas en mármol por el escultor griego Polymides de Argos, tal y como figura en las bases de ambas, hacia el año 580 a.C. Se hallaron en el Santuario de Apolo en Delfos, durante las excavaciones arqueológicas de 1893-1894, al noroeste del Tesoro de los atenienses, a unos diez metros de distancia una estatua de otra. Hoy se encuentran en el Museo Arqueológico de la misma localidad griega, aunque al parecer fueron originalmente construidos en Argos, en el Peloponeso.

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El Kouros es la representación escultórica de un joven atlético desnudo con los brazos pegados al cuerpo o apenas separados o adelantados con los puños cerrados, y con la pierna izquierda adelantada. Es el tipo de escultura en el que mejor se observa la evolución de la representación artística griega, que sirve para poder fechar gran parte del arte griego, ya que son escasísimas las obras que pueden ser fechadas gracias a fuentes literarias, o por el contexto arqueológico. La escultura arcaica ha tenido que fecharse por criterios estilísticos.

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Así Cleobis y Bitón pertenecen al periodo Arcaico Antiguo (600-580/570 a.C.), con los característicos rasgos de tendencia a la monumentalidad y anatomía marcada con abultamientos, resaltes, incisiones… Son rasgos que presentan diferencias notables con respecto a la escultura del siglo VII a.C.: La cabeza es cúbica, el cráneo casi plano, con la frente muy estrecha y la cara triangular, con los rasgos faciales muy enfatizados. El pelo, en bucles, cae bastante compacto a los lados de la cara. Los hombros son muy anchos y el talle muy estrecho.  Los brazos aparecen junto a los costados, con los puños cerrados. A lo sumo, el antebrazo aparece ligeramente adelantado. Los dos pies firmes en el suelo, con el izquierdo adelantado. La columna vertebral es recta y también las clavículas. El tórax aparece con los pectorales muy marcados y en el abdomen, el músculo se representa con incisiones. La cintura es una curva que no se indica. Y las caderas son simplemente un abultamiento. Los músculos de los muslos se representan por incisiones y las rodillas son un trapecio invertido.

Los kouroi fueron en su mayoría estatuas funerarias o votivas, que conmemoraban un hecho excepcional, al vencedor de los juegos olímpicos, al atleta, al héroe, o a hombres que habiendo muerto jóvenes pasaban a ultratumba como héroes.  En el caso de Cleobis y Biton, representan a la juventud aristocrática de una Atenas anterior a la Guerras Médicas y es Heródoto quien cuenta su peculiar hazaña en su libro HISTORIAS (Libro I,29-32). Ya mencionamos este episodio en una antigua entrada de HELICON, titulada MONUMENTALIZABLES.

Johann+Georg+Platzer-St.+Michael+In+Eppan+With+Croesus+And+SolonSt. Michael en Eppan con Creso y Solón“, por Georg Platzer (1704-1761)

Cuenta Heródoto que el sabio Solón (c. 638-558 a.C.), después de dictar sus famosas leyes para los atenienses, hizo un viaje por toda Grecia que duró diez años. En una de sus etapas llega a la corte del último rey de Lidia, Creso de Sardes (c. 595-546 a.C.) que había conquistado gran parte del territorio griego de Anatolia: “todas las naciones que moran más acá del río Halys”, decía Heródoto. Allí Solón fue hospedado por el rey en su propio palacio donde, por orden suya, los cortesanos le mostraban cada día a Solón todas las riquezas de su soberano. Después de unos días de estancia y tras toda la ostentación de su importancia, prosperidad y bienestar, Creso se decidió a preguntarle a Solón lo siguiente:

– “Ateniense, a quien de veras aprecio, y cuyo nombre ilustre tengo bien conocido por la fama de la sabiduría y ciencia política, y por lo mucho que has visto y observado con la mayor diligencia, respóndeme, caro Solón, a la pregunta que voy a dirigirte. Entre tantos hombres, ¿has visto alguno hasta de ahora completamente dichoso?

La intención de Creso era que Solón le respondiese con su nombre, pues se creía el hombre más afortunado y dichoso del mundo. Sin embargo Solón le responde con el nombre de “Tello el ateniense”, un hombre sencillo que había visto cómo sus hijos y sus nietos habían gozado de una vida plena en una patria libre, floreciente y venturosa y finalmente murió en el campo de batalla defendiendo Atenas contra sus enemigos. No cabía mayor dicha a los ojos de Solón, pero Creso insistió queriendo que su nombre, al menos, fuese el siguiente. Sin embargo Solón volvió a sorprenderle de nuevo con una curiosa historia acerca de a quien estimaba, después de Tello, “el segundo de los felices”:

– “A dos Argivos, llamados Cleobis y Bitón. Ambos gozaban en su patria de una decente medianía, y eran además hombres robustos y valientes, que habían obtenido coronas en los juegos y fiestas públicas de los atletas. También se refiere de ellos, que como en una fiesta que los Argivos hacían a Juno fuese ceremonia legítima el que su madre [Cydippe] hubiese de ser llevada al templo en un carro tirado por bueyes, y éstos no hubiesen llegado del campo a la hora precisa, los dos mancebos, no pudiendo esperar más, pusieron bajo del yugo sus mismos cuellos, y arrastraron el carro en que su madre venía sentada, por el espacio de cuarenta y cinco estadios, hasta que llegaron al templo con ella.

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Habiendo dado al pueblo que a la fiesta concurría este tierno espectáculo, les sobrevino el término de su carrera del modo más apetecible y más digno de envidia; queriendo mostrar en ellos el cielo que a los hombres a veces les conviene más morir que vivir. Porque como los ciudadanos de Argos, rodeando a los jóvenes celebrasen encarecidamente su resolución, y las ciudades llamasen dichosa a la madre que les había dado el ser, ella muy complacida por aquel ejemplo de piedad filial, y muy ufana con los aplausos, pidió a la diosa Juno delante de su estatua que se dignase conceder a sus hijos Cleobis y Bitón, en premio de haberla honrado tanto, la mayor gracia que ningún mortal hubiese jamás recibido. Hecha esta súplica, asistieron los al sacrificio y al espléndido banquete, y después se fueron a dormir en el mismo lugar sagrado, donde les acogió un sueño tan profundo que nunca más despertaron de él. Los Argivos honraron su memoria y dedicaron sus retratos en Delfos considerándolos como a unos varones esclarecidos.”

CroesusCreso recibiendo tributo de un campesino lidio (1629), por Claude Vignon (1593-1670)

Creo no podía dar crédito a los relatos de Solon y acabó por preguntarle directamente si su prosperidad y ventura valían tan poco a ojos del sabio, a lo que Solón respondió:

“La vida del hombre ¡Oh Creso! es una serie de calamidades. En el día sois un monarca poderoso y rico, a quien obedecen muchos pueblos; pero no me atrevo a daros aún ese nombre que ambicionáis, hasta que no sepa cómo habéis terminado el curso de vuestra vida. Un hombre por ser muy rico no es más feliz que oro que sólo cuenta con la subsistencia diaria, si la fortuna no le concede disfrutar hasta el fin de su primera dicha. ¿Y cuántos infelices vemos entre los hombres opulentos, al paso que muchos con un moderado patrimonio gozan de la felicidad?

El que siendo muy rico es infeliz, en dos cosas aventaja solamente al que es feliz pero no rico. Puede, en primer lugar, satisfacer todos sus antojos; y en segundo, tiene recursos para hacer frente a los contratiempos. Pero el otro le aventaja en muchas cosas; pues además de que su fortuna le preserva de aquellos males, disfruta de buena salud, no sabe qué son trabajos, tiene hijos honrados en quienes se goza, y se halla dotado de una hermosa presencia. Si a esto se añade que termine bien su carrera, ved aquí el hombre feliz que buscáis; pero antes que uno llegue al fin, conviene suspender el juicio y no llamarle feliz. Désele, entretanto, si se quiere, el nombre de afortunado.

Pero es imposible que ningún mortal reúna todos estos bienes; porque así como ningún país produce cuanto necesita, abundando de unas cosas y careciendo de otras, y teniéndose por mejor aquel que da más de su cosecha, del mismo modo no hay hombre alguno que de todo lo bueno se halla provisto; y cualquiera que constantemente hubiese reunido mayor parte de aquellos bienes, si después lograre una muerte plácida y agradable, éste, señor, es para mí quien merece con justicia el nombre de dichoso. En suma, es menester contar siempre con el fin; pues hemos visto frecuentemente desmoronarse la fortuna a los hombres a quienes Dios había ensalzado más.”

Solón partió de Sardes dejando a Creso con la sensación de haber conocido a un estúpido en lugar de a un sabio por no saber apreciar la felicidad de la que creía gozar en ese momento y fijar la consecución de este estatus únicamente en el fin de sus días. Pero la suerte del soberano lidio terminaría muy poco después, y tras una serie de desgracias acaecida a sus hijos, fue derrotado por los persas en la batalla del río Halys en el 547 a.C., destruyéndose su imperio. Siendo capturado preso por Ciro el grande de Persia, Creso a punto estuvo de morir incinerado en una pira invocando el nombre de Solón.

El sabio tenía razón. Cleobis y Bitón fueron ciertamente y hasta el fin de sus días, felices. Creso nunca podría decir lo mismo.

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