ANÉCDOTA 40: EL ANILLO DE SAURON

ANÉCDOTA 40: EL ANILLO DE SAURON

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Leo en la prensa de hoy que “Un niño es expulsado del colegio por amenazar a un compañero con el anillo de Sauron” porque la propia escuela, es decir, los adultos que se supone han adquirido una formación académica y profesional para dirigir una escuela infantil y ser profesores y educadores de niños de 9 años… esa escuela norteamericana, considera que Aiden, que así se llama el Frodo moderno, es una AMENAZA para sus compañeros ya que dijo que “haría desaparecer a un alumno con su anillo mágico“.

Dejando a un lado que ya sabemos como son esta gente de Texas, que permiten llevar armas a los jóvenes, pero consideran una amenaza enseñar evolucionismo, me ha hecho recordar algo que me pasó a mi hace tiempo… en mi escuela… con mi compañera Pilar y mi profesora “Doña Toñi”.

Tuve una compañera que entró en el colegio más tarde, empezado el curso. Era grande y con una voz fuerte y profunda. Siempre estaba riendo… no sonriendo… riendo. Riéndose de todo y de todos más bien. La tomó conmigo… me insultaba, me asustaba, me amedrentaba con su mirada fija en mi… la verdad es que ni siquiera recuerdo ahora mismo que me decía, ni qué me hacía, pero si recuerdo que iba al colegio con miedo y que soñaba con ella por las noches. Esas pesadillas no me dejaban dormir y no me dejaban casi vivir por el día.

No había dicho nada en casa. Pero un día ya no pude más porque me había asustado mucho. Me dijo algo, lo que fuera, que no me atrevo a decir que fue lo que me dijo, pero el recuerdo que me queda es que me asustó mucho. Muchísimo. Se lo dije a mi madre por la mañana. No quería ir a al colegio. Lloraba. Si iba al colegio moriría… eso me había dicho Pilar.

Mi madre fue conmigo aquella mañana y entramos juntas en clase. Le contó a mi profesora, Doña Toñi todo lo que yo le había dicho. Pilar estaba sentada en su pupitre riendo. La miraba de reojo. Doña Toñi escuchó a mi madre impertérrita, con esas gafas con cadena casi colgando de la punta de su nariz y mirándonos por encima de ellas sin mover un solo músculo ni bascular ni una sola de sus muchas arrugas. Cuando mi madre acabó de contar todo Doña Toñi me miró y me preguntó:

– ¿Has hecho tus deberes?

¡¡Los deberes!! ¿Pero cómo iba yo a hacer los deberes si me estaban amenazando con mi vida? Los deberes…. no había hecho los deberes… Doña Toñi miró a mi madre y no se me olvidará nunca lo que pasó entonces. Mi profesora y mi madre pensaron que era una mentirosa marrullera que había montado toda una historia fantástica para ocultar que no había hecho los deberes.

Yo me quedé estupefacta, lívida, blanca.

Iba a morir y encima había decepcionado a mi madre y a mi profesora. El mundo se hundió. Allí mismo. Solo existía la risotada de Pilar y mi cuerpo vacío… ¿Qué hacer? ¡Tenía miedo! No podía ir al colegio. ¡¡Tenía miedo!!. Estaba muy asutada y no podía decírselo a nadie. Lo que yo contaba era verdad y nadie me creía. Tenía que solucionarlo yo sola.

Mi casa era un caos además…. mis padres estaban empapelando las habitaciones y había papel, cola y polvo por todas partes. Los rollos de papel pintado desprendían un polvillo raro cada vez que se movían de un sitio a otro… incluso si rascabas un poco en los extremos salía ese polvillo con un aspecto raro y volátil… casi parecía el ingrediente de una poción mágica

¿Qué había dicho?

¡Una poción mágica! ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Busqué una cajita pequeña por casa, la llené de ese polvillo rascando todos los rollos de papel de pintar que pude y con ella en el bolsillo me fui a clase dispuesta a acabar con la amenaza de mi vida.

Cuando llegué, Pilar seguía riendo y mirándome… y cuando se acercó a mi, dispuesta a cumplir su amenaza (pensaba yo) con una determinación que casi me hace salir corriendo, saqué fuerzas de flaqueza, metí la mano en mi bolsillo y exhibí la cajita frente a su cara.

– ¡Alto ahí! Esta es una poción mágica. Si das un paso más o si intentas cumplir tu amenaza, cualquier cosa que digas, hagas o pienses, se cumplirá en ti si soplo estos polvos mágicos sobre ti.

Esperaba una risa por respuesta, pero Pilar se frenó en seco. Me miraba más fijamente que nunca y tal vez vio en mí algo que ni yo había intuido, pero dio un paso más, aunque esta vez sin reírse. No era miedo ya lo que yo tenía, sino terror, y solo me podía defender con aquella cajita de polvos mágicos cual Anillo de Sauron y tratar de evitar una desgracia. Abrí la cajita y soplé los polvos sobre Pilar…

Lo que pasó después tampoco he podido olvidarlo. Se asustó. Se asustó mucho. Demasiado. Se cubrió la cara con los brazos y salió corriendo. Llorando. Si era una bruja se llevó su merecido. Si era una niña como yo, la asusté más de lo que yo pensaba que haría. Más de lo que quise. No dijo nada, ni a mí me dijeron nada, al menos no lo recuerdo. Nunca le conté a ella ni a nadie que aquello fue una treta y que no había magia de ninguna clase en una caja llena de polvo de papel de empapelar. Pero no volvió a meterse conmigo, ni a mirarme, ni a dirigirme la palabra. Es más. En poco tiempo desapareció del colegio tal y como había llegado.

El Anillo de Sauron a veces funciona.

AlmaLeonor

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