CARACOL… COL

CARACOL… COL

3600 CARACOL

El caracol sintió la humedad en la entrada de su cáscara y comenzó lentamente a estirar el cuello y la cola. Estar con los ojos encerrados dentro de la cabeza gelatinosa le permitía verse a sí mismo, por lo que aprovechaba cualquier húmeda oportunidad para salir a ver mundo, que el interior no siempre es lugar que valga la pena conocer(se). Miró alrededor, primero a la izquierda y primero a la derecha, que con ojos tan flexibles era posible la simultaneidad. Por último concentró su mirada al frente y comenzó a avanzar, con calma y tranquilidad, que las prisas no son buenas. El cielo estaba despejado pero sobre él caían gotas, ligeramente saladas, cosa rara tierra adentro. Se topó de sopetón lento, por lo que poco sopetón era, con una pared inmensa, gigantesca, una montaña cuya cumbre se perdía en el infinito, teniendo en cuenta lo limitada que es la perspectiva de un caracol y lo exagerada que es la especie. Por la pared bajaba un reguero que se rompía en gotas saladas cerca del suelo, cayendo encima de donde el caracol había aparcado la noche anterior. Intrigado, comenzó su ascenso hacia el infinito cuando a los pocos centímetros, es decir, una hora después, llegó a la cumbre. Levantó un poco más la cabeza y estiró los ojos cuanto pudo para tener un poco más de perspectiva del terreno y, oh susto, vio que era una cara humana. Las leyendas caracolires hablaban de los humanos como seres terribles de velocidad asombrosa, seguramente estresados siempre, de los que era imposible huir. Pero esa cara no se movía, ni siquiera producía lágrimas, que eso eran, nadie estará sorprendido a estas alturas. Dormía placidamente después de llorar por un amor roto, por lo que se deduce fácilmente que el amor es como un bombón relleno pues es dulce y cuando se rompe salen lágrimas. El caracol intrépido dio media vuelta y volvió lo más rápido posible por donde había subido, es decir, ahora tardó cincuenta y cinco minutos. Una vez en el suelo se encerró en sí mismo y meditó introspectivamente sobre lo sucedido. Desde entonces los caracoles son hermafroditas.

[Amkiel]

 

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