MOSH PIT

MOSH PIT

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Hace unos días buscando una imagen para ilustrar un texto, topé por casualidad con esta obra del pintor neoyorkino Dan Witz titulada Mosh Pit. Me intrigó tanto que traté de averiguar a qué se refería el título pues desconocía el término y me encontré con una especie de “danza” surgida de una subcultura plagada de influencias musicales, urbanas y trasgresoras. Veamos…

Dan Witz

En este tipo de “baile” (lo siento, pero no me sale a mi llamar “baile” o “danza” a esto), el Mosh, se salta, brinca, se hacen acrobacias, se “choca” con el otro, incluso violentamente, aunque eso si, al ritmo de la música. Pero una música que se “asocia” (lo siento pero tampoco veo clara esta “asociación” de forma generalizada) a estilos musicales calificados de “agresivos”, como son el hardcore punk, el tras metal, el death metal o el groove metal, y más recientemente, los llamados Dubstep y Brostep, e incluso el Ska.

Pues casi que me quedo como estaba…

2013-10-17-visionofdisorder201340x64 Las imágenes hasta aquí de: Dan Witz 

El caso es que si, vale, que entiendo que el Mosh es una forma de “moverse” a un ritmo vertiginoso y “en mogollón” al son de una música “contundente” que invita a ello y que suele reunir en torno suyo a jóvenes (y no tanto) con ganas de seguir indagando en nuevas formas de expresión, aunque esta sea un tanto “brusca”. Algo que probablemente no es ajeno a muchas formas de expresión actuales que, realmente o en apariencia, están mediatizadas por tipos de movimientos considerados, a priori, “violentos”. Y digo esto con todas las reservas posibles, porque soy de la opinión de que no todo lo que “parece” violento lo es, no todo lo que se mediatiza por un “contacto” corporal, vamos a decir “brusco”, tiene que responder a una manifestación de violencia. Aunque la definición de “hostia” sea “golpe contundente” (lo que nos reíamos en mi adolescencia con estas definiciones), aquí se está hablando de un baile, algo que debería quedar totalmente fuera de toda demostración de violencia. De momento no quiero entrar en definiciones que parezcan un posicionamiento prejuicioso por mi parte. Pero sigamos…

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El Mosh o Moshing, se “baila” en los conciertos, o “bolos”, o “tocatas”, de grupos musicales de sonidos “agresivos”, como se ha dicho, tipo core, metal, punk, etc. Por lo visto fue la banda hardcore punk, Bad Brains, cuyos miembros son todos practicantes de la religión rastafari, quien dio origen a este tipo de movimientos frenéticos, allá por los años ochenta, a iniciativa de su vocalista Paul Hudson (en la imagen) alias «H.R.». Paul, invitaba a su público a “ir salvaje”  (mash it up) con el frenesí de la música, pero en su peculiar pronunciación jamaicana sonaba “mosh”, lo que hizo que sus fans adoptaran este término.

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Se suele situar el primer “baile” Moshing en el condado de Orange en California (EEUU), con el inicio de hardcore americano. Aparece entonces en películas documentales como Otro estado de ánimo (1984, Adam Small y Peter Stuart), “Urban Struggle” (1981) o La decadencia de la civilización occidental   (1981, Penelope Spheeris), y vuelve a estar en actualidad con American Hardcore   (2006, Paul Rachman).

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De este original movimiento frente a los escenarios y en directo, ha pasado a las pistas de baile, en lugares llamados “pozo” o “Pit” (de ahí la denominación Mosh Pit), donde los participantes, al vértigo del baile, unen el miedo a caer entre la multitud, aunque, como insistía al principio, aunque la traducción de Mosh en inglés es “golpear” (también “mover la cabeza”, otro de los movimientos estrella de este “baile”, introducido por los fans de Billy Milano y la banda Stormtroopers of Death), derribar a otro no es su fin principal.

En realidad hay diferentes formas de “practicar” el Mosh, según la música que suene. Es en el metalcore donde a veces se producen más movimientos violentos intencionados como peleas, patadas y golpes, hasta llegar a conocerse con el nombre de “hardcore dancing” (insisto en que esto no puede llamarse “dancing” en sentido literal). Llevando el frenesí a una escala mayor, en el metal-hardcore el Mosh puede llegar a ser brutal, con rebotes y choques continuos e intencionadamente duros, que llegan a incluir una variante apocaliptica, la Wall of Death, o pared de la muerte, donde la multitud se separa en dos “bandas” a derecha e izquierda del escenario y a un llamado intencionado del grupo musical ambos se lanzan frente a frente chocando como paredes deshumanizadas.

No es menos cierto que los seres humanos estamos demasiado acostumbrados a darnos de tortas a la menor ocasión, incluso en las batallas se hacía a ritmo de música. Sin entrar a igualar estas movidas con los enfrentamientos bélicos de antaño (quien haya visto las batallas de Braveheart o El Señor de los Anillos, me entiende, dos bandos y a una señal se lanzan unos contra otros), a mí en realidad, esto me recuerda mucho a ciertas prácticas deportivas también consideradas a veces como “violentas”, como en el Fútbol Americano, el Rugby o el Hockey.

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En todos estos deportes se realizan “paredes” en las que se enfrentan a empujones ambos equipos, o se saludan chocando cuerpos dos miembros de un mismo club. No es nada nuevo, solo está trasladado de escenario.

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Sin embargo en otras prácticas, por ejemplo el Crowdsurfing , que es esa modalidad en la que una persona, muchas veces un miembro del grupo musical, pero puede ser cualquiera, se hace pasar por encima del público, de persona a persona, sujeto por las manos en alto de todo el mundo que apoyan el peso de la persona “transportada”. Se atribuye a Iggy Pop durante el Festival de Verano de Cincinnati Pop (Midsummer Festival de Rock) de 1970, la invención del crowdsurfing.

Lo hemos visto en varias películas también. En “School of Rock” (2003, Richard Linklater), un entregadísimo Jack Black, se estrella primero y triunfa después con un crowdsurfing limpio y perfecto. Pero en la película “The Bodyguard” (1982, Mick Jackson) una fantástica actuación de Rachel (Whitney Houston) termina con un peligroso crowdsurfing al que pone punto y final expeditivamente Farmer (Kevin Costner) en su calidad de guardaespaldas. Britney Spears o Lady Gaga , reinas de la música pop (no hardcore) también utilizan el crowdsurfing en sus videoclips y conciertos.

Pero como “bailes”, existen el Mosh-punk, Mosh-slam o en el Pogo que son todos diferentes. En estas modalidades los empujones con los brazos estirados, no implican ni golpes intencionados ni derribos, y lo más habitual es que se generen movimientos tipo “ciclón” donde todos siguen el mismo curso en un movimiento frenético que hace que algunos salgan “disparados” por efecto del propio movimiento, pero que también permite un abandono voluntario.  O eso dicen…

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Hay quien no considera un Mosh al Pogo ya que la calificación de Pogo incluye ayudar a aquellos que se caen (¿?) y, dicen sus adeptos, que en realidad “no es un baile” (menos mal), sino que son una serie de movimientos frenéticos libres durante la actuación de un grupo musical que tienen su sentido solo si se practican en grupo. En estos Pit, a veces forman un círculo para moverse con ritmos más acompasados. Se considera que su iniciador fue Sid Vicious, bajista de los Sex Pistols, en un concierto inicial de la banda donde no había escenario, sino que tocaban al mismo nivel que el público. En las primeras filas estaban los Bromley Contingent , los fans incondicionales de Sex Pistols que les seguían a todos los conciertos, y el resto del público, para poder ver mejor a los músicos, comenzó a saltar y empujar a los Bromley, fruto del propio movimiento del salto, aunque no estaba exento de cierta animadversión.

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Esto ha causado que en muchos conciertos se prohíba expresamente tanto el crowdsurfing como el Mosh Pit o el Pogo. Lo cierto es que estas prácticas, han ocasionado robos, contusiones, peleas y todo tipo de incidentes, incluidas algunas muertes trágicas. En un concierto en Dublin (Irlanda) en 1996,  Bernadette O’Brien resultó aplastada por un moshing multitudinario y falleció en el hospital.  Jessica Michalik, de 16 años de edad murió de asfixia en Australia a consecuencia del aplastamiento en un Mosh Pit durante el festival de música de Big Day Out 2001. Otro fan de 20 años de edad, murió en un concierto de Smashing Pumpkins en Vancouver (Columbia Británica, Canadá), el 24 de septiembre de 2007. Hoy, muchos grupos piden a sus fans que no realicen estas prácticas, como Joey DeMaio de la banda estadounidense de heavy metal Manowar, quien ha llegado a detener conciertos al ver moshing y crowdsurfing,  pero otros las promueven. En Argentina, el auge del Pogo y de una de sus máximas figuras, el Indio Solari, arrastra a multitudes (su canción “jijiji” es calificada por el propio autor como “el Pogo más grande del mundo“).

1229465432431_fPinchar en la imagen para ver el vídeo

Llegado este punto hay que preguntarse ¿Todo esto es realmente tan nuevo? Leía yo hace poco acerca de una curiosa costumbre veneciana. En el Ponte dei Pugni se desarrollaba lo que se dio en llamar “guerra de golpes”, en la que dos bandos familiares (Castellani y Nicolotti) se encontraban para enfrentarse a puñetazos en la parte superior del puente, aunque el propósito de la lid era lanzar oponentes al canal, ganando el equipo que podía mantener a sus hombres en la cubierta del puente.

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Un cuadro de Joseph Heintz “el Joven” (c.1600 – 1678), pintor muy acostumbrado a retratar “multitudes”, muestra en 1673, a la facción Castellani con sus boinas y bufandas rojas, y a los Nicoletti, con vestimentas negras, y a un nutrido grupo de gentes observando (o probablemente formando parte en un momento determinado). Estos encuentros a puñetazos eran incluso regulados por las autoridades, que fueron quienes determinaron que el enfrentamiento familiar tuviera lugar en ese puente, y solo entre septiembre y el día de Navidad.

Dibujo1Imagen: Dan Witz. El Arte de Poguear

La pintura también ha encontrado en esta nueva forma de “apelotamiento” una inspiración artística para muchas obras, sobre todo con Dan Witz, auténtico especialista en este tipo de representaciones . Witz se reconoce heredero de las obras de Rubens, Brueghel y El Bosco, en esas composiciones de múltiples figuras barrocas, que, dice, “son un potencial de adrenalina, frenesí, acción…” y en ocasiones, casi llegan a expresar el caos y la catarsis del punk-rock. El arte tiene muchas muestras de “mogollones” en una sola composición. De echo llevaba yo tiempo guardando algunas obras de esta forma de pintar en la que el protagonismo del cuadro venía dado por la acumulación de imágenes similares, sin saber muy bien cómo las iba a utilizar. El mismo Dan Witz en una colección en el 2010 bajo el título “El arte de Poguear“, expuso obras en la que se mostraban animales y cuerpos desnudos, cuya composición podemos encontrar también en otros artistas, como Rodger Roundy (los perritos) o Jacques de Beaufort (los desnudos).

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Y no son los únicos ejemplos. Del estilo a las multitudes de  Witz, aunque evidentemente no en un composición de frenético bailoteo, tenemos muchos ejemplos:

Dibujo1De derecha a izquierda y de arriba abajo: Alexander Klingspor; Bernardien Sternheim; Erik Suidman; Volker Stelzmann.

Dibujo2Con algo menos de definición del modelo, de derecha a izquierda y de arriba abajo: Edward Povey; Enrico Robusti; Victor Safonkin.

P.J Crook (5)Con motivo lector: P.J. Crook.

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VERBENA, MARUJA MALLOTambién se apuntaron a la composición multitudinaria en sus obras: Shen Jiawei, o la gran Maruja Mallo.

Dibujo1Incluso resultan más inquietantes cuando aparecen tan ordenados: Rowan Corkill (arriba); Laurie Lipton (abajo).

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Pero como arte propiamente Mosh Pit hay autores que incurren sobre todo en el comic, el fanzine o el arte digital. Por ejemplo Yaia, una artista de comic que también se ha detenido en el movimiento Mosh Pit. Y no es la única:

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_by_Gaarathehated Gaarathehated

zombie_mosh_pit_by_pharmacide-d3eersu“Zombie Mosh Pit”,  Pharmacide-d3eersu

Por cierto que es inevitable no ver en todo esto un cierto parecido con la contracultura zombie y algunas de las escenas de las últimas películas y series del género como The Walking Dead.

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¿Y tenemos ejemplos patrios? ¡Espera! ¡Sí! ¡Eso se hace en TODOS los pueblos de España durante sus fiestas patronales! Aquí en mi tierra, es corriente bailar el Chúndara por todo el pueblo, al son de la banda de música local (o no) y en modo “apelotonado” (doy fe, una vez me vi en medio) mientras desde los balcones se tira graciosamente agua, harina y/o vino (no es un castigo, la peña lo pide), y me consta que en otras regiones españolas se hace algo parecido. ¡Y qué me dicen del “Paquito el Chocolatero” imprescindible en cualquier pueblo!

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Y si ya vamos a “fiestas mayores”, ¿no tiene esto del Mosh Pit, mucho de lo que se vive en los Encierros de San Fermín, en los Castellets catalanes, en la Tomatina de Buñol? Y lo que es ya el sumun del Moshing y hasta del crowdsurfing patrio es… la fiesta de la Virgen del Rocío. Todo ello amenizado con música popular, sin ninguna connotación hardcore “violenta”….

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Lo más curioso de este tipo de “bailes”, me refiero ahora al Moshing o Pogo con todas sus variantes, es que han llegado a ser analizados hasta por científicos. Como su práctica requiere mucha resistencia respiratoria y cardíaca, y sobre todo, fuerte tonificación muscular (por los frecuentes hematomas que se producen, bien sea de forma intencionada o involuntaria), en la Universidad de Cornell (Ithaca, Nueva York), han llegado a estudiar su comportamiento y han encontrado la curiosidad de que se asemeja “al movimiento de las partículas en un gas 2-D en equilibrio”. Uno de estos investigadores, Jesse Silverberg, llega a decir que lejos de resultar caótico, este ritmo “tiene todas las propiedades de comportamiento emergente autorganizado”, aunque el resultado de tal “auto-organización” en el ánimo colectivo esté “influido por la combinación de música alta y rápida (130 dB, 350 latidos por minuto), sincronizada con luces brillantes, y en haces de flash, y la intoxicación frecuente”.

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Así que, teniendo interés científico a la par que cultural, me temo que tendremos Mosh Pit para rato pese a todo….

AlmaLeonor 

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Fuentes: Wikipedia y los enlaces a los que se accede desde las palabras señaladas o las imágenes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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