¿QUÉ HEMOS VOTADO?

¿QUÉ HEMOS VOTADO?

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Hay una película protagonizada por Fernando Fernán-Gómez y Analía Gadé en la que personifican la España de la alternancia de partidos en el gobierno, de una forma muy curiosa, ya que su argumento central es el de la defensa de los derechos de la mujer. Se trata de “Solo para Hombres” (1960) con dirección y guión del propio Fernán-Gómez, basado en una obra de Miguel Mihura (“Sublime decisión”, 1955), donde una mujer empieza a trabajar (y muy bien, además) en un ministerio público en un puesto que solo había sido ocupado por hombres, lo que resulta un escándalo. La acción se desarrolla a finales del siglo XIX, cuando en España se empezaba a hablar de oportunidades de igualdad para las mujeres en una sociedad que aún era esencialmente machista, lo que se demuestra con los sucesivos cambios de gobierno: Cuando está en el poder el partido Liberal, las mujeres entran a trabajar  en los organismos públicos, pero cuando son los moderados conservadores los que cogen su turno de gobierno, las mujeres van a la calle y son los hombres los que ocupan esos puestos. La pareja interpretada por los dos actores ocupa el mismo puesto administrativo, pero se alternan en los contratos.

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Hoy, de la misma forma y tras las recientes Elecciones Municipales y Autonómicas del 24 de mayo (estamos ya a 5 de junio y son muy pocos los gobiernos municipales que han tomado posesión del bastón de mando), en aquellos lugares donde el progresismo de izquierda ha tomado, o es muy factible que tome, las riendas municipales se anuncian medidas contrarias a las que se venían dando con el gobierno del Partido Popular o afines. El más claro ejemplo son las corridas de toros, que ya algunos concejales electos han afirmado que no subvencionarán con fondos públicos. También hay medidas en sentido contrario, como en San Sebastián, donde el gobierno de Bildu retiró las corridas de toros al tomar posesión de la alcaldía tras los anteriores comicios, y ahora, al perderla en favor del PNV, los toros pueden volver a ocupar la plaza de toros donostiarra.

En el siglo XIX primó una forma de gobierno basada en la alternancia pactada entre los dos partidos, Progresistas y Moderados, pero en la actualidad, cuando son las urnas las que deciden, me estoy preguntando muy seriamente que es lo que en realidad votamos. ¿Acaso los votantes de San Sebastián o de otras ciudades españolas tuvieron en cuenta esta posibilidad taurina? ¿Votaron por eso? Tras los comicios y vistos los resultados me he preguntado si es que hemos votado siguiendo el programa político del candidato en cuestión o por qué.

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Hay un caso paradigmático, el de Esperanza Aguirre, que se ha presentado a la alcaldía madrileña sin contar con un programa de gobierno (ni falta que me hace, debía de pensar ella), y resulta que es la candidata que más votos ha obtenido en la capital. No podrá formar gobierno, pese a todas las pataletas que se ha llevado estos días, porque la “lideresa” olvida que si ella ha obtenido más votos en solitario, son más los votos en conjunto que han optado porque  no obtenga el bastón de mando del Ayuntamiento. Pacten o no los demás grupos políticos (no les quedará más remedio que hacerlo), la suma de votos y escaños de su oposición es mayor que la de sus adeptos.

Supporters of the leader of leftist coalition Barcelona Together, Ada Colau, celebrate the victory of their party after elections in Barcelona, Spain, Sunday, May 24, 2015. New parties won strong support in Spain's local elections Sunday as voters turned their back on the country's traditional political heavyweights, an exit poll indicated. There was also an upset in Barcelona, where a popular anti-eviction campaigner backed by We Can was poised to unseat the region's long dominant and conservative Convergence and Union party. (AP Photo/Emilio Morenatti)

En realidad este juego democrático parece estar siendo obviado por muchos, que en los medios de comunicación del mismo corte político que la presidenta del PP madrileño, no hacen más que insistir en que las listas más votadas pueden llegar a perder una alcaldía en favor de partidos minoritarios, a los que algunos ya llaman “bisagra” y con los que poder seguir confirmando una especie de “bipartidismo”, pero con “acólitos”. Su olvido es flagrante y doble. Primero, porque tanto el PP como el PSOE han pactado siempre con partidos que eran o no minoritarios (con CiU en Cataluña, con el PNV en el País Vasco, con Coalición Canaria, con UPN en Navarra y etc, etc, hasta llegar al “tripartito” catalán y al malogrado pacto IU-PSOE en Andalucía) y si que podían ser llamados “bisagra”, pues por si solos, o en unión de otros pequeños grupos, no tenían ninguna posibilidad de gobernar. Pero ahora no es ese el caso.

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Y segundo, porque olvidan los líderes del PP y del PSOE, sobre todo los primeros por su gran “hostia” (como dijo Rita Barberá) electoral, que no se trata de una competición deportiva, ni de un Festival de Eurovisión. En el juego democrático, las elecciones se convocan para que los electores hablen (las lecturas de los resultados son muy interesantes siempre) y después gobierne la mayoría. El que un partido obtenga el mayor número de votos en un municipio o CCAA, no le otorga un “cheque en blanco” para acceder al bastón de mando de facto, a no ser que ese número de votos le conceda la mayoría absoluta. La lista más votada, pero insuficiente, tiene una clara lectura: Todos los demás votos, que son de muchos más ciudadanos, opinan que no tiene que ser alcalde o presidente de la CCAA. Esa es la única realidad.

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A partir de ahí hay que hablar, dialogar, consensuar y pactar, algo que ya venía haciendo falta en este país por otro lado, aunque hay lecturas tan imaginativas que parecen casi, casi, de cuento de la lechera. Como cuando Susana Díaz (que salió el día 24 de mayo anunciando que el PSOE había ganado todas las elecciones a las que se había presentado incluyendo las andaluzas de marzo y sin embargo aún no ha podido ser investida presidenta) basándose en una encuesta postelectoral realizada por el CIS, afirma que quienes no votaron el 22 de marzo en Andalucía, de haberlo hecho, la hubiesen votado a ella (al PSOE, dice, ese del que no llevaba ni su símbolo ni su logo en los carteles electorales, al igual que los candidatos de otros partidos, como el PP) o a Podemos, pero no al PP. Aquí lo interesante sería analizar entonces por qué no votaron los que opinaban eso.

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Pero con este panorama lo que yo me pregunto es ¿qué es lo que realmente hemos votado en los comicios del 24 de mayo? Si en las elecciones andaluzas ya hubo candidatos que se alejaron de los símbolos de su partido en pos de una imagen personal, en las municipales y autonómicas esta tendencia pareció ir incluso más allá. En Madrid, quienes votaron por una Esperanza Aguirre sin programa electoral, lo hicieron, evidentemente, solo por un nombre, una cara, una persona, por una personificación política como en los más oscuros y decimonónicos tiempos en los que los partidos políticos no lo eran tanto, sino facciones económico-sociales en torno a una figura emblemática que tomaba las riendas de representación política: Canovistas, Mauristas, Sagastinos, Albistas, Romanoninos… “Aguirristas”.

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Pero es que en el resto de partidos no parece que se hayan dado otros resultados. En el PP, el programa con el que concurrían a las elecciones era el mismo que han utilizado desde las generales que ganaron hace casi cuatro años y que han incumplido de forma sistemática. Una se pregunta si es que tienen la absoluta seguridad de que a nadie le importa un pito que tengan un programa que cumplir. Y no les debe faltar razón, porque los resultados en toda España (o casi, vamos a decir) les han avalado con mayoría de votos, aunque estos no les sirvan ni para formar gobiernos municipales, como he dicho.

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Y ha quedado aún más claro con las más recientes manifestaciones de los que han sido llamados “yayofachas”, que muchos de sus votantes lo han hecho única y exclusivamente para no dejar espacio político a los “rojos de mierda”, como les calificaba una señora a voz en grito, o “bolivarianos” y “perroflautas” como proclaman tertulianos televisivos, o “la izquierda radical” y “antisistema”, como se han dedicado a calificar los populares a todos aquellos que les venían haciendo sombra política desde la izquierda (hoy mismo Soraya Sáez de Santamaría lo primero, y Alicia Sánchez Camacho, lo segundo).

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El PSOE no se queda atrás, pues los bandazos ideológicos en los que parecen incurrir cada vez que han tomado alguna medida política (unas veces apoyando propuestas del PP en el Congreso, otras gobernando en tripartitos catalanes, o pactando gobierno con IU como en Andalucía, para después renegar de ese acuerdo), hacen que muchos nos preguntemos que es lo que se vota cuando se vota al PSOE. Tal vez sea por la nostalgia de un socialismo de manual, o por la del socialismo ochentero que llevó a Felipe González a la presidencia del gobierno, pero es evidente que eso solo no basta para convencer a votantes indecisos y sin embargo ha servido para alejar del PSOE al electorado de izquierda que hasta ahora no quería vincularse a una IU demasiado fragmentada y sin poder alguno. Por el “voto útil”, vaya.

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Tal vez sea ese mismo “voto útil” lo que busca IU anunciando que se uniría a Podemos en las próximas elecciones generales.  Aunque primero debería hacer una especie de “examen de conciencia” y reconocer que desde IU también se ha calificado a Podemos y demás fuerzas sociales de izquierda con los mismos epítetos que el PP y el PSOE. Todos deberían hacerlo.

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¿Y qué ocurre con los llamados “partidos emergentes”? Pues me da la impresión de que pasa algo similar. Está claro que Ciudadanos se ha llevado el voto de muchos indecisos de la derecha que tal vez no conozcan el programa político de una formación que se va construyendo a golpe de circunstancia y que no cuenta con una base política tradicional. No se califican ni de derechas, ni de centro, ni de izquierda, solo de estar al lado de los “ciudadanos”. Y ahora que ha obtenido una nutrida representación se ha encontrado en una curiosa encrucijada: Los que les han votado para “regenerar” la política desde posiciones a la derecha, no se les perdonará que pacten con el “corrupto” PP… pero los antiguos adeptos al PP que les hayan votado a ellos no les perdonaran que posibiliten gobiernos de las fuerzas de izquierda, ni aún en aras de una regeneración democrática. Difícil papeleta.

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Pero el partido que más representa la ausencia de un referente clásico en el panorama nacional español es Podemos. Está claro que su ideario es de izquierda, izquierda progresista y social, pero su menaje es que el voto que se les entrega ha de servir para “eliminar a la derecha corrupta” de los gobiernos municipales y autonómicos.  Sus programas electorales también fueron presentados a última hora y con propuestas ad hoc en cada demarcación, pero cuentan con una importante diferencia, sobre todo con respecto a los que pedían cantando el “Cara al Sol” que no se permitiera a Manuela Carmena (que no es de Podemos) ser alcaldesa de Madrid. Y esa diferencia es que no tratan de desbancar a la derecha de los sillones políticos porque sí (o por ser “peperos” simplemente), sino porque los partidos mayoritarios en los gobiernos de este país (el PP sobre todo, pero también en PSOE en Andalucía por ejemplo), han incurrido en una corrupción generalizada que ha desvirtuado completamente el juego democrático al que se debían como representantes legitimados por las urnas. Toda esa “mayoría silenciosa” que decía el PP que les apoyaba cuando las calles eran un clamor por la transparencia política y la recuperación de las políticas sociales, gritan ahora que no quieren que la “mayoría manifestante” de las calles les tome la delantera.

Ahora, los candidatos electos por mayor número de votos (pero no por mayoría, insisto) piden, como Rita Barberá, un acuerdo, pacto, o como quiera llamarse, para desplazar a “la izquierda bananera y radical”  . Un nuevo epíteto.

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Un amigo de facebook, Juan Miel, lo ha clavado, mostrando el nombre adecuado para el pacto con cada formación: Entre Populares y Ciudadanos: Concordato; Entre Sociatas de medio giro y Podemos: Armisticio; Entre las fuerzas diferentes de la izquierda: Treguas y MilongasEntre las familias enfrentadas del PP: Comuniones y Planeamiento Urbano.

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Recapitulando… los simpatizantes de la derecha de este país votó para que “los rojos” no llegasen al poder; y los votantes de izquierda lo hicieron siguiendo consignas nostálgicas de clase. En medio, a Ciudadanos le votaron los que estaban descontentos con el PP y a Podemos los que querían rentabilizar el descontento popular del 15M que nadie creía que llegaría a las urnas. Pero no sé cuántos de todos los que lo hicimos votamos convencidos por un programa de gobierno (municipal, autonómico o nacional) presentado y por cumplir.

Tanto en la película de Fernán-Gómez, como en el caso de las corridas de toros, es el progresismo social y de izquierda el que ofrece soluciones más acordes con los nuevos tiempos: Una igualitaria presencia femenina en el empleo y una protección a los animales que pase, al menos, por no subvencionar con fondos públicos las corridas de toros. Por eso pienso que es un error que Podemos (o las plataformas con las que se ha presentado) que puede pactar para llegar a legitimar una elección de Alcalde o presidente de CCAA, no quiera figurar en el gobierno, ya que esa sería, precisamente, su “obligación” como respuesta a nuestro “derecho” al voto. Pero es que esa era una de las claves de su campaña.

Así que es muy probable que estas sean las primeras elecciones (incluyendo a las autonómicas andaluzas) donde nadie haya votado a una ideología política o al programa de un partido político, sino por otros intereses. Y no sé muy bien que lectura hacer de todo ello.

AlmaLeonor

 

 

 

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