EL LOBO

EL LOBO

Lobo_Zael Von MazonImagen: Zael Von Mazon

El viejo lobo sabe
que la luna no existe.
Que la noche es el negro
espejismo de un viaje
sin retorno: aullar…
Y por eso camina
sobre el polo del tiempo,
dejando un leve rastro
de sed desembozada.
Arrastrando una larga
polvareda de vidas,
de amores que incendiaron
los bosques de sus ojos,
de presas reasumidas
en la sangre y la ausencia.

Y el viejo lobo sigue
bajo el sol que no espera,
sobre la estrella pálida
que es la nieve en el mundo.
Marchando más allá
de su sombra y del viento.
El viejo lobo,
el lobo que dejó
campanarios vencidos
tañendo sin regreso.
El viejo lobo sabe
que la montaña no es una montaña,
sino una estela que alguien
extendió ante su vida,
una torre de espinas
que ha inventado el silencio,
una nave que va
de la luna a la luna, que no existe.

Y por eso va ciego
aunque todo lo mire.
Y por eso está quieto
aunque todo lo ande.
Y por eso se muere
aunque todo lo vive.
Y por eso en las noches
de las lunas perfectas,
cuando todos los lobos
aúllan incendiados:
el hocico afinándose
hacia un punto de estrellas.
Y las lentas cabañas
que la luna sostiene
colgando de los bordes
de los riscos del viento,
jaspean indefensas
entre nieve y silencio,
el viejo lobo mira
un mundo que no existe,
una luna que nunca ha nacido,
un invierno que nunca
le ha mordido la frente,
y no puede morir
porque tampoco hay muerte.

Laureano Alban

(Turrialba, Costa Rica, 1942) escritor y poeta reconocido internacionalmente,
Premio Nacional de Cultura Magón 2006.

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