ANÉCDOTA – 43: MADRID… NO ES PARA MÍ

ANÉCDOTA-43: MADRID… NO ES PARA MÍ

don paco2

Si, si, ya sé que como a todas las grandes capitales, o se la ama o se la odia, pero, de verdad, yo soy el Paco Martínez Soria del siglo XXI cuando tengo que ir a Madrid… o pasar por Madrid… hasta mala físicamente me pongo solo de pensarlo.

Ya le ocurría a mi padre. Él solía decir lo mismo y no era broma. Mi padre era natural de San Lorenzo de El Escorial, pero Madrid no lo conoció hasta que no fue mi padre. Estuvimos en Madrid siendo yo una niña visitando a unos familiares de un pueblo ferroviario de los alrededores. A Madrid capital solo íbamos de visita en el día, pero es la única vez de la que tengo un grato recuerdo y creo que solo es porque era una niña: Tengo en mente el Rastro y el Parque Zoológico; la Puerta del Sol y una cafetería donde tomamos chocolate con churros; recuerdo el estanque de El Retiro y un enorme recinto con varias piscinas y hamacas para sentarse, con duchas y chorros de agua desde el suelo donde nos divertíamos los niños. Pero en aquella ocasión fuimos en tren. También lo recuerdo.

Luego, con los años, ir a Madrid por alguna razón suponía un suplicio para mi padre. Siempre le oía decir que una vez alcanzado el Puerto de los Leones era fácil coger la M-30 y rodear Madrid… o algo por el estilo. Pero nunca lo conseguíamos. Nos perdíamos irremisiblemente. Sobre todo al volver a Valladolid, no sé muy bien porqué, era más complicada la vuelta que la ida. En una ocasión acabamos visitando Segovia y en otra La Granja de San Ildefonso. Más que nada para descansar y tranquilizarnos un poco. Cinco personas (dos adultos y tres niños-adolescentes) en un Renault-6 cabreados por la confusión y el tráfico, pues no presagian nada bueno.

La única vez que atravesamos Madrid de forma correcta fue porque mi padre siguió a un camión con matrícula de La Coruña: Para ir a la Coruña tiene que coger dirección Valladolid”… en realidad era al revés, pero acabamos saliendo del lío de autopistas e intersecciones que rodean Madrid y pudimos llegar a casa sin contratiempos. Si aquel camión hubiese tomado otra dirección, a lo mejor habríamos conocido Ciudad Real, por poner un ejemplo.

Me ha seguido pasando. Viajando con mi marido una vez nos confundimos de carril y acabamos rodeando la Cibeles y sin saber cómo salir de aquel lío de tráfico. En otra ocasión nos metimos en El Retiro, de noche, y sin gasolina, terminando por repostar en una gasolinera completamente atrincherada tras verjas metálicas y vigilada por la policía… Otra vez, volviendo del aeropuerto, y sin saber cómo, casi terminamos en Burgos… Cuando nos ha salido bien, era tal el estrés que llevábamos encima, al menos yo, que casi que no merecía la pena haber encontrado la salida… Y las últimas visitas que tuvimos que realizar fueron forzadas por un problema veterinario y no íbamos con buen ánimo precisamente.

21

En los últimos tiempos han sido dos veces las que he visitado Madrid yo sola. En la primera ocasión hice el recorrido en autobús, y aunque la experiencia fue fantástica por la gente con la que compartí jornada de presentación de libro, acabé agotada de tanto subir y bajar escaleras de metro sin saber en qué dirección me llevaba mi buen amigo Fernando, pero confiada en su criterio y experiencia. Al final, la salida de metro por la que pretendíamos acceder a nuestro destino estaba a varias calles caminando… Aquel día subí y bajé más escaleras que casi en toda mi vida. Las había por todas partes. Incluso para ir al servicio del lugar donde terminamos comiendo, y en muy grata compañía por cierto.

Pero lo peor no fue eso. Lo peor fueron los tiempos. En Madrid no hay tiempos. Hay escaleras, pero no hay tiempos. Si usted quiere llegar a tiempo a algún sitio en Madrid, calcule siempre cuarenta y cinco minutos más de los que pensara utilizar. Tal vez se anticipe a la cita, pero aun así, puede acabar llegando tarde. Como yo… Aquel día no llegué a tiempo a la estación de autobuses y tuve que quedarme a dormir en Madrid, arropada cariñosamente por Fernando y Marisa. No es que me despistara yo, que tomé un taxi porque sabía que en metro no llegaba. Es que llovía y acababa de terminar un partido de futbol. Al parecer una combinación letal en Madrid. Al día siguiente hice en taxi un recorrido de más kilómetros en menos de la mitad de tiempo.

11429818_10207448618920678_3410132797312933413_n

La última vez que visité Madrid fue durante la Feria del Libro-2015. Llegué en ALVIA a la Estación de Chamartin, donde un ángel de la guarda, llamado Paloma, me recogió en coche para llevarme al recinto de la feria. Por un momento pensé que estábamos circulando en una especie de universo Matrix conociendo varias ciudades paralelas… un recorrido enorme que no creo que yo fuese capaz de memorizar ni en mil años que viviera en Madrid.

La jornada fue igualmente fantástica, pero ni siquiera llegar a tiempo a la estación para coger el tren de vuelta me reconfortó. Me confundí de vía de metro, y pese a las explicaciones de mi amigo Álvaro que me acompañó hasta allí, tuve que preguntar en información y estos responderme como si fuese un dummie, lo que me resulto bastante odioso, precisamente por no ser culpa suya.

No. Madrid no es para mí. Definitivamente.

AlmaLeonor

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en ANECDOTAS y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s