ELLAS SON DENTISTAS

ELLAS SON DENTISTAS

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La Dr. Olga A. lentz trabajando en su consulta de St. Paul, Minesota (1910).

Muy sensible estoy yo con el tema de los dentistas, toda vez que en el momento en el que empiezo a escribir esto tengo ya fijada la cita con uno (o una, que aún no lo sé) que me puede hacer cliente honoraria o desistir de tratarme por el enorme trabajo que le voy a dar. Miedo me da….

Pues al hilo de esa “sensibilidad dental” me ha dado por buscar más información sobre dentistas, y me he encontrado con una gran historia acerca de la profesión en femenino: Las mujeres dentistas en la Historia.

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Para empezar, es posible que existieran desde siempre, desde el principio de los tiempos, cuando “curar” era cosa de ceremonias sagradas celebradas por mujeres bendecidas por la “madre-tierra” y poseedoras de unos conocimientos que se transmitían secretamente de madres a hijas. Se sabe que la dentadura era cuidada desde la prehistoria, pero es en antiguos papiros egipcios donde se describen tratamientos para diferentes problemas dentales. Por ejemplo, se utilizaba una “pasta dental” realizada a base de “pezuñas de buey quemadas y trituradas, mirra, cáscara de huevo en polvo y piedra pómez” (no sabemos si era efectiva, o al menos segura). Lo que no se encuentran son nombres de mujeres que se dedicasen a la profesión, lo que no quiere decir que no existieran, porque sí se sabe de mujeres que “curaban” males. Mucho más tarde, en el Talmud, si que parece mencionar a una mujer (pagana) que cura el mal de dientes.

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Pero es de Grecia de donde nos llegan muchos conceptos médicos que hoy seguimos utilizando. Varios derivan directamente de personajes y nombres griegos. Y algunos se deben a mujeres. Por ejemplo farmacia, derivado de la maga Pharmacusa. Y el famoso médico Asclepio (el Esculapio romano) tuvo toda una descendencia “médica” con su esposa Epíone: De Higea deriva higiénico; de Laso, curación; de Meditrina, medicina (mederi es curar en griego); y Panacea acabó nombrando a aquello que todo lo cura. Finalmente, en la antigua Grecia, las “médicas” (iatrois en griego) eran sacerdotisas de la Diosa Atenea Médica, y mujeres expertas en el “arte de curar.”

Grecia fue, sí, la cuna de muchas ciencias, pero en cuestiones dentales, Aristóteles incurrió en un error que permanecerá hasta el Renacimiento: “Tienen más dientes los machos que las hembras”. A lo que Plinio apostillaría: “Los hombres tienen 32 dientes, las mujeres 30 y los castrados 28”. En el siglo VII, Teófilo, admirador de la perfecta armonía de los órganos del cuerpo, pero con los que cometió varios errores, y compilador de Galeno, va más allá incluso: Los que son eunucos antes de los 14 años no tienen dientes de la sabiduría, lo mismo que las mujeres, que solo tienen 28 piezas.” Fue Andreas Vesalius (1514-1564), en su obra “De humani corporis fabrica” (‘Sobre la estructura del cuerpo humano’, muy influyente en su época), quien acabó por afirmar que hombres y mujeres tenían el mismo número de dientes.

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En la milenaria Roma, era muy apreciada la “orina de los Iberos”, con la que se elaboraba un blanqueador dental muy utilizado, sobre todo por las damas, sin saber que el blanqueamiento era un efecto de la urea derivada de la orina y con la que hoy se elaboran productos para ese fin… pero infinitamente más higiénicos. El caso es que Cayo Catulo ya lo cantaba: “En el país de Celtiberia, lo que cada hombre mea, lo acostumbra a utilizar para cepillar sus dientes y sus rojas encías cada mañana.”

image003En la Edad Media, pese al oscurantismo que acompañó a todo el periodo, donde a las “curanderas” y “sanadoras” se las trataba de “brujas” y eran condenadas a la hoguera, surgen mejores ideas, como las aportadas por la gran Hildegard von Bingen (1098-1179), que es la primera mujer que escribe sobre los problemas dentales, concretamente en su libro “Liber simplicis medicinae” (capítulo “causas et curae”). Los tratamientos que propone son a base de hierbas y aceites, y así, recomienda perforar los abscesos dentales con el calor del “áloe y la mirra excitado por el fuego de los carbones incandescentes”, para expulsar todo el pus que pudieran producir (el calor se utiliza hoy en día para obtener el mismo efecto).

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En términos legislativos es nuestra reina Isabel la Católica (1451-1504) la primera monarca en establecer en España una legislación para ejercer “el cuidado de la dentadura”, con la llamada “Célebre Pragmática” promulgada el 9 de abril de 1500. En esta ley (que estuvo en vigor hasta el siglo XIX) se encomendaba el cuidado de los dientes a los “barberos Flebotomianos”, quienes debían examinarse ante “Alcaldes examinadores y Barberos Mayores” para poder ejercer. A finales del siglo XV son ya varios profesionales de prestigio los que se encuentran en posesión de “cartas de nombramiento de Barberos Mayores”, pero no existe ningún tipo de formación para ellos. De esta carencia se va a encargar el palentino Francisco Martínez (Castrillo de Onielo, 1520-1585), dentista de cámara de Felipe II, quien en 1557 publica en Valladolid (en la imprenta Vasallo de Munberg) uno de los primeros libros (se dice que es el segundo más antiguo) sobre la Odontología: “Coloquio Breve y compendioso sobre la materia de la dentadura y maravillosa obra de la boca”.

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Esta obra, que cita a Santa Apolonia, conocida santa patrona de los dentistas (mártir del siglo III, fue golpeada hasta extraerle todos sus dientes antes de morir en la hoguera), será válida en toda Europa durante doscientos años. Concretamente hasta que en 1728 Pierre Fauchard (1678-1761), considerado el padre de la odontología moderna, escribe “Le Chirurgien Dentiste” (‘El dentista cirujano’).

f76p9600Al otro lado del mundo, en Japón, se han llegado a encontrar más de 120 prótesis dentales de madera datadas entre el siglo XIV y el siglo XIX. La más antigua parece que fue realizada por una sacerdotisa budista, Nakaoka Tei (conocida como Hotoke-Hime, “Señora de Buda”, fue la fundadora del Templo Ganjo-ji en Wakayama, alrededor del año 1500), realizando previamente un molde de su dentadura en cera de abeja y posteriormente tallando la prótesis de una sola pieza en madera olorosa de boj o de albaricoque y pintada de negro.

El dentista ambulante de Lucas de Leyden en 1523

A todo esto, existían en la España del siglo de oro las llamadas “ensalmadoras”, mujeres dedicadas al oficio de dentistas, muchas veces utilizando recursos totalmente naturales como aceite, vino, sal, romero, plantas, etc. para curar dolencias. Y en Europa había mujeres que venían ejerciendo de “sacamuelas”, ambulantes, muchas veces acompañando a sus maridos “barberos” ejerciendo de aventajadas asistentes. Al enviudar, era fácil que la esposa continuase con el negocio, como solía ocurrir, por ejemplo, en Francia, al menos hasta que en 1484 un decreto del rey Carlos VIII les prohíbe expresamente ejercer.

LAS DENTISTAS DE LA ILUSTRACIÓN

No hicieron mucho caso las mujeres francesas a este decreto, pues se sabe que siguieron practicando la profesión e incluso escribiendo sobre ella, como hiciera Madame Rezé en 1719 (“Disertación apologética sobre los dientes”), quien además, elaboró un bálsamo que se anunciaba en la prensa junto a su Consultorio Dental:

“La viuda del difunto Dr. Povey, que curaba el dolor de dientes, se ha hecho cargo ahora del mismo negocio y limpia dientes y los reemplaza por dientes artificiales tan fácilmente y correctamente que no necesitan ser removidos durante años (…) y vende medicamentos que ella misma preparó muchas veces en vida de su marido.”

También ejercía como dentista en París Mademoiselle Hervieux, pero es otra mujer, Marie Madeleine Calais (1714-¿?) la que resultó un caso excepcional, pues fue examinada por el Cirujano Real en noviembre de 1740 después de muchas dificultades (que incluyeron una petición al Parlamento y la intervención del Cirujano Real, La Peyronie), siendo la primera mujer en ser declarada apta mediante una certificación oficial para ejercer la profesión legalmente en Francia (se casó con el dentista Georges Furcy Leroy y ambos ejercieron juntos).

Un cirujano o barbero y la mujer del barberoLas mujeres de los dentistas venían siendo desde el siglo anterior unas aplicadas ayudantes y llegaron a ser experimentadas compañeras de oficio en toda Europa. Así lo reflejó Martín Engerlbrecht (1684-1756), grabador y artista alemán, en una de sus obras titulada “Un cirujano o barbero y la mujer del barbero”.

En 1755, la ley francesa prohíbe el acceso de las mujeres a los estudios oficiales de dentista. Pero se sabe de otras mujeres en París que extraían dientes y preparaban bálsamos para curar la dentadura, aprendiendo el oficio con la práctica al lado de esposos o familiares. Por ejemplo, Mademoiselle Gerauldy, sobrina del prestigioso, Claude Jaquier de Géraudly (1709-¿?), quien en 1737 había escrito la obra “L’art de conserver les dents” y había sido dentista del Duque de Orleans (después, Felipe V) y de la emperatriz de Rusia, que “atendía diariamente en su casa de la Rue D’Orleans.”

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En Inglaterra ejercían al menos 14 mujeres dentistas en el siglo XVIII, siendo la más conocida la señorita Raymon, de la ciudad de York, que realizaba trasplantes de dientes a sus pacientes ricos, extrayendo las piezas sanas a pacientes pobres. En Suecia, hacia 1782, María Briwalski se anunciaba como “Maestra del Arte de los Dientes”, y procuraba obturaciones de los dientes con oro y plomo. En este país existía la tradición de las “Trolkonorna”, mujeres-brujas que curaban incluso el mal de dientes y que a partir de este siglo XVIII se las considera proscritas.

LAS DENTISTAS DECIMONÓNICAS

Como en muchos otros logros, el siglo XVIII, el siglo de las mujeres, fue el espejo en el que muchas mujeres del siglo XIX se van a mirar para dar alas a sus ansias de formación y de capacitación profesional. Proyectándose también como dentistas y odontólogas.

Mlle. Helene Purkis, dentiste pour damesMadame Héléne Purkis, “Dentista para Damas”

En Francia, Madame Héléne Purkis, “Dentista para Damas”, ejercía hacia 1880 en su estudio en el primer distrito de París (el más caro de la capital, aunque también ofrecía consultas gratuitas). Decía poder reemplazar dientes sin dolor, cauterizarlos y “orificarlos”, gracias a un elixir de su invención, el “Diaphénix”.

Pero ya antes, en la primera veintena del siglo XIX, Madame Ana de París (1814) se anunciaba como “dentista de S.A.R. la duquesa de Angulema”, y Madame Hellen de Saint Hilaire (1824), que también decía ser “Dentista para Damas”, ejercía en la calle Rívoli de Paris. Estas mujeres no solo ejercían de “sacamuelas” sino que fabricaban prótesis, empastaban, limpiaban piezas estropeadas y elaboraban bálsamos para el dolor y elixires bucodentales. Otro caso curioso fue el de la dentista Madame Delpeuch, de Limoges quien en 1826 llegó a ser denunciada por sus colegas masculinos por ejercer sin diploma (y vestida como un hombre), pero fue absuelta porque “Los Dentistas no tenían obligación de Obtener diploma alguno como los Médicos Cirujanos, según la ley del 19 ventoso del año XI (1803).”

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La primera mujer titulada en Gran Bretaña en el siglo XIX fue Lilian Murray-Lindsay (1871-1960), en 1895,SHD_cover también esposa de dentista para quien ejerce de ayudante. Escribió una pequeña historia de los dentistas, “A Short History of dentistry” (1933), y en 1946 fue
nombrada presidenta de la British Dental Association, siendo la primera mujer en obtener dicho cargo. La biblioteca de la Asociación, gracias a su patronazgo y gestión se convirtió, a su muerte, en una de las mejores bibliotecas dentales del mundo.

En Suiza, en 1880 una señorita “Técnica Dentaria” de nombre Fran Huber, no llegó a obtener su certificación oficial por falta de méritos (aunque no probablemente por falta de profesión), y eso que la ley que le permitió examinarse fue, al parecer, favorecida por un enamorado miembro del Tribunal.

La primera mujer en graduarse en Alemania fue Ida Frenderheim, muy tardíamente, en 1901. Y es que en Alemania no hubo estudios oficiales de Odontología hasta finales del siglo XIX. Por ello, varias mujeres fueron a estudiar a los EEUU. Fue el caso de las berlinesas Henriette Hirschfeld-Tiburtius (1836-1911), graduada en 1869 en Filadelfia, y Frau Marie Grubert, graduada en el Ohio Dental College en 1872. Emilie Wiede-Foeking (en Baltimore, en 1879), Valeska Wilcke, Louise Jacobi y otras 45 mujeres alemanas se graduaron en Odontología en los EEUU entre 1869 y 1909.

La rusa Helena Vongl de Swiderska también se graduó en Nueva York en 1873, y a los 25 años montó su clínica odontológica en San Petersburgo, su ciudad natal. En 1903, estando en Madrid, como representante rusa en el XIV Congreso Internacional de Medicina (Sección Odontología), dijo que dirigía una escuela dental de la que habían salido graduadas como Médico-Dentista, 380 mujeres.

En 1907 Frances Dorothy Gray se gradúa en el Australian College of Dentistry, siendo la primera mujer australiana en obtener el título.

DENTISTAS EN EL CONTINENTE AMERICANO

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En los EEUU el siglo XIX fue pródigo en dentistas colegiados y hasta se creó una revista especializada, “The american Journal of Dental Science”, en 1840. La primera mujer dentista americana que se menciona es Emeline Roberts Jones (1836-1916), esposa de un dentista de Connecticut, que ejerció como su asistente desde 1855 y en solitario trasLucy Beaman Hobbs Taylor enviudar en 1864. En 1912 fue nombrada miembro honorario de la Sociedad Dental del Estado de Connecticut, y en 1914 de la Asociación Dental Nacional.
Después de ella, en 1866, Lucy Beaman Hobbs Taylor (1833-1910) se convirtió en la primera mujer en graduarse tras cursar estudios en una Universidad Dental (Ohio Dental College). En ese mismo año, en la revista “Dental Times”, el Dr. George T. Baker, afirmaba sin ambages que las mujeres no deberían ejercer la profesión. Incluso llegó a proponer una enmienda en la “American Dental Association” en su Congreso de Boston, para que solamente los hombres fuesen admitidos.

Pero Lucy, quien también llegó a ser la primera mujer en obtener un Doctorado en Odontología (en 1896), fue igualmente la primera en ser admitida como miembro de una sociedad odontológica. Por si le faltase más, fue la primera mujer en la historia de la Odontología mundial en presentar un trabajo científico ante una Sociedad Dental. Fue muy influyente en su momento y hacia 1900 muchas mujeres se habían matriculado y graduado en Odontología siguiendo su ejemplo. GrayNelson_Chicago_2Entre ellas, las alemanas mencionadas anteriormente y además: Fanny A. Rambarger (Pennsylvania, 1874, a quien solo se le permitó ejercer para mujeres y niños), Ida Gray Nelson Rollins (1867-1953, la primera afroamericana, en Michigan, en 1890), Mary Stillwell-Kuesel (presidenta de la primera Sociedad de Mujeres Dentistas, en 1893), Gillette Hayden, Vida Annette Latham… Muchas.

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Dr. Olga A. Lentz en su oficina dental.

La Doctora Olga A. Lentz es una de las mujeres dentistas más conocidas de los EEUU de principios del siglo XX. Natural de Nueva York, donde no admitían mujeres en la Escuela de Odontología, se graduó en Filadelfia en Medicina Dental. Ejerció en Nueva York durante varios años, aunque su clientela se reducía a conocidos, mujeres y niños. Finalmente se instala en Saint Paul, la capital del estado de Minnesota en 1910. El tono jocoso de los diarios neoyorquinos no deja lugar a dudas de lo que opinaban los hombres sobre la profesionalidad de las mujeres dentistas:

“Bonita y popular.  Un dentista ya no es un rey de los espantos. Ella es una reina de la belleza. ¡Qué agradable ver una dulce y delicada cara de niña inclinada sobre la tuya como se inclina hacia atrás en la silla fatal de la tortura! ¡Qué delicioso mirar para arriba en tiernos ojos azules o negros, y sentir que zarcillos suaves de pelo están barriendo la frente como una brisa de verano! No es de extrañar que las jóvenes lady-dentistas tengan éxito, y que su número esté en constante aumento.” New York Morning Journal

Antes de hablar de las dentistas españolas del siglo XIX, quiero hacer una parada en la profesión en femenino en el Caribe y Sudamérica, donde encontramos un buen número de féminas ejerciendo de dentistas y obteniendo sus títulos acreditativos.

Sin una titulación específica, en 1833 se publicitaba como dentista Ana Maria Page en México, y en 1837 son conocidas como odontólogas en ejercicio en Cuba, Concepción Page y Juana Osborn. En Argentina se sabe de Madama Duval, anunciada en la prensa en 1888 como “Cirujana Dentista”. Y en Brasil ejerce extrayendo y “obturando dientes con oro”, María Arthot (viuda de dentista) en 1850.

La primera mujer en ejercer con una certificación oficial se encuentra en Brasil, en 1813, cuando Doña Januaria Teresa Ferreira, a quien no permiten matricularse en la Escuela creada en 1808 por su condición femenina, obtiene un certificado firmado por un Cirujano Mayor de la Corte. En este país, en 1877 se permite a las mujeres cursar estudios universitarios, siendo la primera titulada Doña Elisa Elvira Bernard. En 1899 se gradúa la primera mujer Cirujano Dentista (en la Escuela de Odontología creada en 1884), Isabella Vond Sidow.

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En México se gradúan como dentistas: Margarita Chorné y Salazar (1864-1962) en 1896,  Clotilde Leonila Castañeda en 1890, y  Mónica Correa en 1896. La primera mujer titulada en el Consultorio Nacional de Enseñanza Dental recién credo en México, fue Clara Rosas, en 1908. En Cuba se crea una Escuela de Cirugía Dental en 1912 y de ella salen graduadas Ana Cristina y Ana Altagracia Vega Tomás. Otras mujeres graduadas en Sudamérica son: Paulina Starr, chilena, en 1884; Hortensia Lince, colombiana; Luella Coal, en Guatemala; Rosario Cotton, en Venezuela en 1909; Delfina Luis de Rodríguez, en Ecuador en 1916; En los primeros años del siglo XX en Uruguay obtienen su título de Odontólogas: Eloísa Porta Calveirá, Inde Casullo Peluffo y la señorita Polh, entre otras.

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Y en Argentina Sara Justo (1870-1941) fue, además de una de las primeras odontólogas del país, una destacada educadora y una de las líderes del movimiento feminista argentino en las primeras décadas del siglo XX.

LA ESPAÑA DEL XIX Y PRINCIPIOS DEL XX

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En el siglo XIX muchas son las trabas administrativas y legislativas que se imponen a la mujer impidiéndoles acceder a estudios superiores en la Universidad, estudios que según opinaban muchos en aquellos momentos, “no les correspondían”. Normativamente se restringió el acceso de las mujeres al título de Bachiller y solo se permitió la entrada en la Universidad a aquellas mujeres que estuviesen ya en posesión del título. En 1882, una Real Orden permite a las mujeres presentarse a los exámenes de doctorado, pero solo a aquellas que ya habían finalizado sus estudios o estuvieran a punto de hacerlo, negando dicha posibilidad a las nuevas alumnas universitarias.

En cuanto a la especialidad que nos ocupa, una Real Orden de 1846 encarga los cuidados bucales (limpieza y extracción únicamente) a los “ministrantes”, mientras que en el año 1857 la Ley Moyano dice que han de ser “practicantes… en el arte dentista y callista”. No será hasta 1875 cuando un Real Decreto crea el título de Cirujano Dentista… pero no la formación. Los aspirantes serán examinados en la Facultad de Medicina de San Carlos.

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En 1874 se crea el Colegio Español de Dentistas (gracias al doctor Cayetano Triviño) donde se impartían tres cursos de enseñanzas para que después el alumno se examinase ante un Tribunal para poderle otorgar el Titulo de Cirujano-Dentista. Aunque no se excluía normativamente a las mujeres, la institución no lo consiente por lo que Doña Dolores González, queriéndose matricular, escribe al rey Alfonso XII solicitando la equiparación femenina en el Colegio, y el 14 de julio de 1883 se emite una Real Orden publicada en la Gaceta de Madrid al día siguiente, que autorizaba a las mujeres a ejercer la profesión de cirujano dentista “en las mismas condiciones que los hombres”. Seguramente amparada por esta normativa, Madame Antoine, dama francesa, de Lyón, que había cursado estudios en Nueva York, ejerció primero de forma ambulante y más tarde, en 1894, con consulta fija en Madrid. También se conoce el pintoresco caso de Evarista Araci, gaditana, malabarista, artista, vendedora de pócimas y sacamuelas ambulante.

Varias mujeres obtuvieron después su titulación, como María Ferrer Calvet (1896); Matilde Cardoso y Perea, María de la Concepción Congedo y Suero y Adela Fernández Letelier (todas en 1898); Natalia Costa (1899); Aurelia Cavazzuti (1900); y Sergia Rufina Chamón (1901). Después tendrían que obtener el título de Odontología.

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En 1901 y por Real Orden, se establece el título de Odontólogo (la Escuela de Odontología se creará en 1914) para el que había que cursar los dos primeros cursos de Medicina y además dos asignaturas propias: Odontología y Prótesis. Este logro fue gracias al impulso de Florestan Aguilar (1872-1934), cubano de nacimiento y al que se le considera el gran odontólogo español, doctorado en Filadelfia (EEUU), fundador y director de la revista ‘La Odontología’, primer Catedrático de Odontología de España y dentista de la Casa Real española, de Baviera y de Austria. También fue el impulsor de la creación de la Sociedad Odontológica Española y de la Federación Dental Internacional, que presidió entre 1926 y 1931. Presidente honorario de varias instituciones dentales, se le otorgó en 1931 el Premio Müller, la más alta distinción internacional de la especialidad.

Pero, como se ha visto, sí que existen en España mujeres que ejercen la profesión, y muchas están debidamente certificadas. Así, Doña María Rajoo, hija del médico Juan Rajoo, fue una dentista reputada desde 1800 a 1830, y una de las más antiguas de Europa250px-Maria_Isabel_of_Braganza (junto a las francesas ya mencionadas del siglo anterior). Su profesionalidad fue avalada por el doctor Ignacio de Jáuregui, que era el Dentista de Cámara de Fernando VII, cuando en 1816, María presenta una instancia solicitando el  puesto de Dentista de Cámara de Doña Isabel de Braganza, futura esposa del rey. Aunque no se sabe si llegó a obtener el cargo (seguramente no), lo que sí sabemos es que María Rajoo (viuda del dentista Don Ventura de Bustos y Angulo, y esposa en segundas nupcias de otro, José García) se anuncia repetidamente el en Diario de Avisos de Madrid desde 1815:

“La señora viuda de don Ventura de Bustos, cirujano dentista que fue en esta Corte, previene que no se ha mudado como algunos han creído por la variación del rótulo; antes bien, habiendo vuelto a tomar estado con cirujano dentista que ha corrido la mayor parte de Europa, siguen desempeñando todas las operaciones de este ramo sin hacer novedad, construyendo las piezas artificiales con todo esmero y limpiando la dentadura sin drogas y específicos que destruyen el esmalte. Viven en la misma casa calle de las Carretas, n.º 10, cuarto 2.º, esquina a la de Majaderitos.”

De parecida antigüedad en el ejercicio se encuentran Doña Carmen Alonso, Doña Teresa Martínez, Doña Antonia Infantes, Doña María Janini de Pastor, Doña Norberta Murga y Doña Carolina San José, estas dos últimas, al parecer, colocaban “dientes portugueses de hueso”, que podían estar elaborados a partir del marfil de colmillos de hipopótamo proporcionados por el comercio portugués. De Norberta Murga se sabe también que tenía licencia para ejercer expedida por la Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía y del Gobernador de Madrid, en 1837. Otras de las más antiguas y afamadas dentistas españolas son: Doña Josepha Tendillo Moreno, Doña Manuela Aniorte y Paredes de Sala y Doña Polonia Sanz.

Josepha Tendillohabía sido aprobada en Cirugía menor por D. Pedro Castelló en el Colegio de San Carlos de esta Corte”, por lo que se puede decir que era una dentista “certificada” que empezó a ejercer en Madrid en el año 1834. Se anunciaba como “Particular Sangradora y Dentista de Palacio y de su S.M. la Reyna Dña. María Cristina”. Junto a la mencionada Norberta Murga, son las dos primeras mujeres en ejercer de dentistas con una certificación oficial.

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Manuela Aniorte y Paredes de Sales, valenciana, también era viuda de un dentista, Francisco de Sales, y ejerció en solitario al morir su esposo, con una autorización expedida en la Universidad de Valencia en 1873. Se sabe que operaba sarcomas y reparaba fracturas de boca y maxilares. Publicó en España un librito que decía suyo, pero que era una traducción de un libro francés “L’art du Dentiste” (1820) de J.C.F. Maury. No obstante, fue la primera mujer que se atrevió a publicar una obra científica con su nombre y en solicitar a las autoridades españolas la implantación de una enseñanza oficial en Odontología.Sin títuloaniorte

Doña Polonia Sanz Ferrer, de Zaragoza, es conocida por ser la primera mujer que se dedicó al oficio como titulada académica, autorizada por la Academia de Medicina y Cirugía de Valencia. Solicitó en varias ocasiones ser examina ante la Universidad, hasta que consigue la aprobación y supera el examen en 1849. Pero se incluyó una restricción: “de que haya que llamar a un facultativo de cirugía cuando crea necesario que se practique en boca alguna operación quirúrgica”. El 10 de abril de 1850, el Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas le otorga el Título de Dentista, para limpiar la dentadura, extraer dientes y muelas y practicar las demás operaciones que corresponden al dentista.

Doña Polonia, que se sabe que ejercía, al menos, desde 1848 (muy probablemente desde mucho antes), una vez titulada instala su gabinete en la “Calle del Carmen Nº 13, cuarto segundo a la derecha”, desde donde se anunciaba como “Primera  Dentista de Cámara y del Príncipe Muley-El Abbas”. Su excepcionalidad radica en que fue la única mujer que ejerció en todas las áreas de la profesión: limpiar dentadura, extraer dientes, prótesis, higiene dental, dientes de porcelana, odontología infantil… “Todos los días opera gratis a los pobres de nueve a diez de la mañana”, solía publicar en la prensa. Sin embargo, se sabe que tuvo algunos problemas con sus estipendios, pues algún periódico (“La España”, julio 1850) la llegó a tachar de “limpiadora de muelas y bolsillos”. Pero Doña Polonia ganó el litigio que puso al periódico por injurias…. Ya entonces se daban los consabidos “gacetilleros” en la prensa que publican sin contrastar.

No obstante, hasta en una publicación tan profesional como “El Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia” (publicado entre 1834 y 1853, fue el primer periódico médico con la libertad de prensa tras la muerte de Fernando VII, posteriormente se fusiona con la “Gaceta Médica” que se transforma más tarde en el “Siglo Médico”, el periódico médico más importante del siglo XIX), se mofaba de la titulación de Doña Polonia, a quien decía “se le ha concedido el título más insólito y extravagante”, y a quien negaba la posibilidad de ejercer debidamente, pues suponía que tales profesionales habrían de estar dotados de algo de lo que, afirmaba, carecían las mujeres: “músculos y resuello”. También en esta ocasión Doña Polonia se enfrentó a tales acusaciones enviando un extenso artículo al Boletín.

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Ya entrado el siglo XX, en 1908, Clara Rosas, en Barcelona, es la primera mujer española en obtener el título de Odontóloga. Un año más tarde lo obtiene Federica Fernández Cortés y Casellas. En 1910, se firmaba en España la Real Orden que permitía el acceso de las mujeres a la universidad, de la mano del ministro Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones. No obstante, aún tardaremos en encontrar mujeres dentistas en las aulas de las Facultades donde se imparten esos títulos reglados.

Hasta 1930, son muchas las mujeres que se gradúan en Odontología, entre otras: Josefina Landete (1913), Edelmira Agulló, María Ferrer, Purificación Patricio y Aurelia Cavrruti (1915), Lea Kupper (1918), Erica Holtmans (1920), Mª Ángeles Alonso Jiménez (1927), Carmen Arnedo Martín y Mª Luisa Gironza (ambas en 1930, y con “Premio Extraordinario”). En 1932 otras 24 mujeres se gradúan en Odontología.

Después se sabe de Francisca Martínez Ortíz, viuda del dentista Jaime García Nogués, que ejerció durante veinte años en la provincia de Albacete, al obtener una autorización del Gobernador Civil para ejercer de forma ambulante. El salvoconducto, expedido el 17 de octubre de 1936 decía:

“AUTORIZO al Camarada: Francisca Martínez Viuda de Nogués, avalada por Carmelo García Delgado, Trabajadores de Comercio U.G.T. de Albacete para circular libremente en Calidad de Dentista Ambulante, de Albacete y su Provincia. Ordeno a las MILICIAS POPULARES y FUERZA PÚBLICA le preste la debida asistencia, en caso necesario, sin impedimento alguno.”

La Estomatología no será una especialidad médica en España hasta la aprobación del Decreto de Ordenación de la Facultada de Medicina de 7 de Julio de 1944 (el cambio de Escuela de Odontología a Escuela de Estomatología se realiza en 1948, con los títulos de Licenciado y Doctor Médico-Estomatólogo). Elena Barbería (Licenciada en Medicina en 1975, especializada en Odontopediatria en 1978 y Doctorada en Medicina en 1982) fue la primera mujer española en alcanzar una Cátedra en Escuela de Estomatología, con lo que la mujer entra así con pleno derecho en la especialización de esta carrera y de esta profesión, sea llamada Dentista, Odontóloga o Estomatóloga.

Por cierto, mi cita con la dentista (es una mujer) será el próximo día 21. Miedo me da, Santa Apolonia…

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Fuentes:
Wikipedia (varias páginas); Universo  Odontológico,  Academie Dentaire (fr); Red Dental, Informed (Albacete, 2005); Elsevier-Argentina; Revista ADM (“La participación de las mujeres en la odontología“, Rosa María González Ortiz y otros, Ene-Feb 2000, UNAM); “La Mujer y la Odontología en el Espejo del Tiempo” de Pilar Martín Santiago; “Odontología del siglo XVI” de Víctor Manuel Esponda Gaxiola y otros (México, 2011); Anales Históricos de la Medicina en General… (Valencia, 1541); Historias de la HistoriaHistória da Odontologia; AMUDENES; Medicina e Historia (1976); “Historia y participación de la mujer en la odontología“, de Pilar Martín Santiago; Red-Dental; Dentalista; Gaceta Dental (Nov. 2010); Blogs CEU Odontología (Marzo 2014); 

 

 

 

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3 respuestas a ELLAS SON DENTISTAS

  1. almaleonor dijo:

    Voy a dejar aquí un enlace web donde se habla de los “dentistas” de la prehistoria. No dicen que fuesen mujeres, pero sí que en época tan tempranas se practicaban alguna técnica para sanear dentaduras, así que ¿por qué no podrían ser mujeres?
    http://hipertextual.com/2016/03/dentistas-prehistoricos

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