PARADOJAS DE RUSSELL

PARADOJAS DE RUSSELL

Bertrand-Russell-Art-Deco-Retrato de Bertrand Russel estilo Art-Decó por Renee Jorgensen Bolinger

Bertrand Russell (1872-1970) fue un filósofo, matemático, lógico y escritor británico ganador del Premio Nobel de Literatura en 1950 y conocido por su influencia en la filosofía analítica, sus trabajos matemáticos y su activismo social. Entre sus escritos, figuran algunas de las más conocidas “paradojas“.

PARADOJA DEL PAPA

En cierta ocasión Bertrand Russel estaba especulando sobre enunciados condicionales como por ejemplo, “Si llueve las calles están mojadas”, afirmando que de una proposición falta, y merced a ese enunciado condicional, se podría deducir cualquier cosa y extraerse cualquier tipo de consecuencia.

Alguien que le escuchaba le interrumpió con la siguiente pregunta :

“¿Quiere usted decir que, si digo por ejemplo, que 2 + 2 = 5 entonces usted es el Papa?”

Russel contestó afirmativamente y procedió a demostrarlo de la siguiente manera :

“Si suponemos que 2 + 2 = 5, entonces estará de acuerdo que si restamos 2 de cada lado obtenemos 2 = 3. Invirtiendo la igualdad y restando 1 de cada lado, da 2 = 1. Como el Papa y yo somos dos personas y 2 = 1 entonces el Papa y yo somos uno, luego yo soy el Papa”

PARADOJA DEL BARBERO

En un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet “diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar pies y en poner sanguijuelas”. Un día el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos sólo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas. Cierto día el emir llamó a As-Samet para que lo afeitara y él le contó sus angustias:

“En mi pueblo soy el único barbero. No puedo afeitar al barbero de mi pueblo, ¡que soy yo!, ya que si lo hago, entonces puedo afeitarme por mí mismo, por lo tanto ¡no debería afeitarme! Pero, si por el contrario no me afeito, entonces algún barbero debería afeitarme, ¡pero yo soy el único barbero de allí!”

El emir pensó que sus pensamientos eran tan profundos, que lo premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero As-Samet vivió para siempre feliz y barbón.

AlmaLeonor

 

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