ENERO – IANARIUS – JANUARY- JANO

ENERO – IANARIUS – JANUARY – JANO

D53

El mes de Enero que hoy inauguramos, January en inglés, lleva el nombre del dios romano JANO. Este dios era representado con dos caras, algunas veces una barbuda y otra imberbe (representando la dicotomía viejo-joven), como alegoría de la capacidad de poder ver simultáneamente el pasado y el futuro. En clave actual, podríamos decir que Enero contempla el pasado año recién terminado y vislumbra el año nuevo al que da comienzo.

La función del dios Jano en la antigua Roma (no tiene equivalente en la religiosidad griega) era la de presidir los inicios y los finales, traducidos a veces en renacimientos iniciáticos, transiciones de un estado existente a otro renacido, una especie de estadio intermedio entre el fin y principio de una misma entidad. Por eso el sobrenombre de “el Iniciador”. En las representaciones bifrontes del dios, el rostro de la izquierda miraba hacia el pasado y el rostro de la derecha hacia el futuro, lo que solía relacionarse con el saber y el conocimiento. Algunas veces se dice que ambas caras muestran en realidad un tercer rostro, invisible a los ojos, que representa el efímero presente y que, en cierto modo, merced al conocimiento que otorga esa bifrontalidad, es el rostro de la eternidad.

Actualizando más el mito de Jano, se le asocia también con la hipocresía, por la dualidad con la que se comportan quienes así actúan, mostrando “dos caras” diferentes.

También era el dios que presidía las puertas solsticiales, que en realidad eran consideradas iniciáticas y que marcaban las dos mitades en las que se dividía el año: el solsticio de verano (en junio, Janua inferni, la “puerta de los hombres”, con el sol descendente) y el solsticio de invierno (en diciembre, Janua coeli, la “puerta de los dioses”, con el sol en su ciclo ascendente).

El Janículo, colina ubicada en Roma, se bautizó así en honor a Jano. Como ayudó a Roma a vencer a los sabinos (el dios Jano hizo que cayera agua hirviendo sobre ellos), se le veneraba al comenzar una guerra, manteniendo abiertas las puertas de su templo mientras ésta durase y cerrándolas solamente al firmar la paz. Por la trayectoria de la República e Imperio romanos, las puertas del Templo de Jano debieron cerrarse muy pocas veces.

La mitología romana le asigna, pues, varias funciones. Como dios de los buenos finales, se le atribuyen poderes benéficos en la agricultura, en la navegación y en los negocios. Y como dios que hizo brotar aguas hirvientes, Jano es padre de Fontus, el dios de las fuentes, cascadas y pozos.

Pero todo esto ¿Qué tiene que ver con Enero? Con nuestro actual calendario, que da comienzo el año con este mes, podemos entender que es el dios más apropiado, por ser Jano el dios de los inicios, como se ha dicho. Pero con el primitivo calendario romano, de diez meses, el año comenzaba el día uno (calendas) de marzo, el mes dedicado a Marte, y en el que se nombraban los Cónsules, pues era la fecha que marcaba el inicio de las campañas militares. Este calendario producía desfases que se solían solucionar con meses añadidos aleatoriamente cada cierto tiempo, lo que causaba fraudes y perjuicios. En el año 713 a.C. el rey Numa Pompilio (753-674 a.C.), sucesor de Rómulo, decidido a solucionar este problema, añadió de forma definitiva los meses de Ianarius (Enero)Februarius (Febrero), dedicados respectivamente a Jano y a  la celebración de la purificación o februare. Con ello se completaba los días del año lunar (355 días). Pero eran los meses 11 y 12 del calendario, no el primero y el segundo.

El mes de Enero estaba dedicado al dios Jano, pero no era el mes del “inicio”, puesto que no será hasta el siglo II a.C. con las campañas militares en Hispania, cuando se fija el principio del año en el día uno (calendas) de Ianarius, para poder nombrar los Cónsules con la anticipación suficiente como para emprender la guerra en Hispania. Y el mes de Jano, Ianarius, ya existía.

Al primer día de este primer mes, se le acabó denominando Año Nuevo y se generalizó entre los romanos la costumbre de invitar a los amigos a una comida donde se les agasajaba con ramos de laurel o de olivo, normalmente traídos de los bosques de Strenia, la diosa de la salud, como deseo de buena voluntad y prosperidad para el año que comenzaba. Estos regalos se denominaban “estrenae” (en español ha derivado en “estrenar”) y con el tiempo acabaron formando parte del ciclo cristiano de la Navidad.

Hoy, día uno de enero, es pues el día de Jano, el día de Año Nuevo. El día en el que el presente puede echar la vista atrás y contemplar el tiempo transcurrido, al tiempo que celebra la llegada del nuevo año con promesas y proyectos para el futuro que comienza. Es la definición más próxima que nunca tendremos, como seres mortales, del concepto de inmortalidad.

AlmaLeonor

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