EL RABINO DE CRACOVIA EN IDOMENI

EL RABINO DE CRACOVIA EN IDOMENI

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Una de mis clases de Historia fue iniciada por el profesor con el Cuento del Rabino de Cracovia. Es una forma de explicar, nos dijo, cómo las cosas pueden ser entendidas mejor si las abordamos desde un punto de vista completamente distinto, ajeno, lejano. Nos dijo que para entender y conocer en toda su amplitud lo que uno tiene cerca, tan cerca como que podría ser en su casa, se hace necesario salir fuera. Salir fuera en un sentido literal y metafórico, salir para contemplar las cosas con la suficiente perspectiva como para poderlo apreciar en todo su sentido. Es como la historia del Pianista del Océano, una historia que también nos contó, acerca de un hombre que nació en un barco, vivió toda su vida en el mismo barco donde se hizo pianista y se negaba a abandonarlo de tanto que había logrado amar el mar, su casa. Un buen día sorprendió a todos afirmando que quería bajar a tierra. “¿Por qué?” le preguntaron. Y su respuesta fue tan sencilla como sabia: “Para conocer el mar

Sobre la historia del Pianista del Océano existe una película maravillosa titulada “La leyenda de 1900” (1998), de Giuseppe Tornatore, protagonizada por el magnífico Tim Roth, que cuenta la historia de Danny Boodman T.D. Lemon Novecento, el personaje ficticio creado por Alessandro Baricco para su monólogo de teatro “Novecento” (1994).

Pero del cuento del Rabino de Cracovia, no sé su origen exacto. Sé que aparece en un libro de Mircea Eliade, “El vuelo mágico”, donde dice que fue contado por Martin Buber y después por Heinrich Zimmer, quien, a su vez, se lo contó a Eliade. Él dice que el cuento arroja claridad sobre el sentido del hecho de emprender un viaje. Un viaje que, tal vez, adquiera un componente iniciático.

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Hoy, al ver unas fotografías tomadas por mi amigo, el poeta costarricense Ronald Campos, en el Campo de Concentración de Auschwitz, en Polonia, me he acordado de ese cuento para hacer una reflexión. Primero veamos el cuento tal y como nos lo contó a nosotros el profesor Enrique Gavilan en nuestra clase de “Tiempo y Mito en la India”. Dice así:

“El rabino Aizik de Cracovia, un rabino muy pobre que vivía en una mísera casa, soñó un buen día del lluvioso invierno que embarró todos los caminos, que debía emprender un viajo hasta Praga porque debajo de un pilar del puente que conducía al palacio, había un tesoro que podía ser suyo. Al principio dudaba de su visión, pero tras repetirse el sueño por tres veces consecutivas, decidió partir. Pero al llegar al lugar que le anunciaban sus sueños, varios soldados vigilaban el puente por lo que el rabino merodeaba por allí todos los días esperando encontrar el momento oportuno para excavar y encontrar su tesoro. Un día el capitán de los centinelas del puente, que le había visto merodear por allí todos los días, se le acercó y le preguntó qué es lo que hacía. El rabino le contó su sueño, y el capitán, lejos de extrañarse, le cuenta a su vez, que él había tenido el mismo sueño, pero que en lugar de bajo un pilar del puente del palacio de Praga, en su sueño el tesoro estaba enterrado debajo de la estufa de una mísera casa de un rabino de Cracovia llamado Aizik. El rabino, sin salir de su asombro, volvió rápidamente a su casa, excavó donde le había dicho el capitán de los centinelas, y efectivamente, allí estaba el tesoro.”

Pues bien, pensando en este relato, se me ocurre que las fotografías del Campo de Auschwitz, son como el recorrido que el rabino de Cracovia hace desde su casa hasta Praga, para descubrir allí lo que ya tiene en su casa. Solo que en este caso no es un tesoro, sino una ignominia. Si en Auschwitz se masacró a centenares de seres humanos en nombre de una cruel y mal entendida superioridad racial, en Idomeni, Grecia, a las puertas de la Unión Europea, el ente creado, precisamente para que no se volviera a repetir la barbarie del exterminio nazi que dio lugar a la Segunda Guerra Mundial, y lo que es peor, bajo su mandato directo, se está expulsando y dejando a su suerte (y morir tal vez por decenas) a miles de personas procedentes de la barbarie siria sin otra excusa que una cruel y mal entendida superioridad religiosa (son musulmanes), política (son extranjeros), social (son inmigrantes) y económica (son pobres). Es la misma masacre con otro tinte. Es la misma masacre pero realizada por los masacrados de antes. Es la misma masacre retornada.

El rabino de Cracovia entendió que el verdadero tesoro lo tenía cerca, y lo entendió, precisamente porque una persona ajena, un militar de otra ciudad, tal vez un cristiano, tal vez un extranjero, tal vez rico, se lo hizo vez tras un penoso viaje. Si es que solo podemos entender el verdadero alcance de lo que está sucediendo ante nuestras narices asomándonos, aunque solo sea un momento, al horror de la barbarie que fuimos capaces de vencer un día, entonces tal vez tendríamos que contar un nuevo cuento:

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Una vez un ser humano que vivió siempre bajo el amparo de la ley, la libertad, la democracia, los derechos humanos y la civilización, decidió bajar a los abismos de la guerra, la xenofobia, la violencia, la intolerancia, el racismo y la intransigencia. ¿Por qué? Le preguntaban el resto de seres humanos. Para conocer la verdadera faz de la humanidad, respondió. Y entonces, también los demás la vieron.

AlmaLeonor

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