EL DERRUMBE DE LA BUENA MOZA

EL DERRUMBE DE LA BUENA MOZA

10022716953_37757b8240_mFachada de la catedral de Valladolid (Grabado de Fournier) antes de la caída de la torre  (Wikipedia Republished) .

El día 31 de mayo de 1841, Valladolid asistió consternada al derrumbe de la torre de su Catedral, la conocida por todos como “LA BUENA MOZA”. Esta es la crónica de como llegó a ser y como llegó a desaparecer uno de los emblemas del Valladolid más sacralizado.

La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Valladolid es el templo mayor vallisoletano, un templo “manco” que ha sufrido algunos avatares luctuosos a lo largo de su historia. Es la sede de la Archidiócesis de Valladolid, con lo que eso signifique en el rango de escalafones de la jerarquía católica, y según la idea original tenía que haber sido el más grande edificio religioso de Europa (solo se ha construido el 40-45% del diseño inicial, entre otras razones, por las dificultades técnicas del terreno y la falta de recursos económicos para hacerlas frente). No en vano, fue ideado por el “rey planeta”, Felipe II  (1527-1598), para la ciudad que le vio nacer, por lo que confió el encargo de tan magno proyecto a Juan de Herrera (1530-1597), el mismo arquitecto que había finalizado la construcción de su obra emblemática, el Monasterio de El Escorial. Hay quien piensa incluso que el diseño de la Catedral de Valladolid, podría ser un reflejo de la Basílica del Monasterio madrileño.

10614133_10204951247407951_8799895053262091204_nPuerta de la antigua Colegiata de Santa María (imagen propia)

Así las cosas, se inician las obras en el siglo XVI, utilizando para ello unos terrenos junto a los que ocupaba la antigua Colegiata de Santa María, seo de la que hoy pueden verse algunos restos en los aledaños de la Catedral. Se da la circunstancia de que esta colegiata ya fue construida sobre la primitiva edificación religiosa, la primera Colegiata de Valladolid, obra del fundador de la Ciudad, el Conde D. Pedro Ansúrez (1037-1118), que quería dotar a la villa de un templo mayor acorde con la importancia que empezaba a adquirir. Pero no fue la primera tampoco, ya que para realizar esta obra se removió y terminó de demoler una antigua ermita dedicada a San Pelayo. La primitiva Colegiata quedó con el nombre de Santa María de la Antigua (hoy solo queda los restos de la antigua torre en la iglesia del mismo nombre), y la nueva colegiata tomó el de Santa María la Mayor. Pero, como decía, tampoco esta fue la definitiva. Aún hubo una tercera Colegiata, del siglo XVI, a cargo del prestigioso arquitecto real Rodrigo Gil de Hontañón (1500-1577), pero este murió en 1577 y la colegiata se quedó solo con los cimientos.

10640993_10204951248287973_959092365784956779_nTorre de la Iglesia de La Antigua de Valladolid (imagen propia)

Entonces se iniciaron las obras de la cuarta Colegiata de Valladolid, bajo los auspicios de Felipe II, proyecto magnífico que, aunque inconcluso, sirvió de ejemplo para las catedrales de México y Lima. El 13 de mayo de 1582 (hoy festividad de San Pedro Regalado, patrón de Valladolid), el maestro Pedro de Tolosa se hace cargo de las obras contando con el beneplácito de Herrera (jamás estuvo presente a pie de obra en Valladolid) quien coloca a su arquitecto de confianza, Diego de Praves , en el proyecto. Al año siguiente, a causa del fallecimiento de Diego de Praves, es sustituido por su hijo Alonso de Tolosa. En 1595, y a instancias de Felipe II, la Colegiata de Santa María de Valladolid, adquiere el rango de Catedral, curiosamente un 21 de mayo, justo el mismo día en el que vino al mundo el rey Felipe en el Palacio de Pimentel de la villa de Valladolid.

10583818_10204951246927939_4793717522825686145_nRestos de la Colegiata de Santa María (imagen propia)

Los años siguientes van a ser importantes para este monumento religioso, pues en 1596 Felipe II otorgó el título de Ciudad a la villa de Valladolid, en 1597 murió Juan de Herrera y en 1598, muere Felipe II. La Catedral se quedó huérfana.

Pero vamos a lo que vamos…

1280px-Valladolid_(España),_Catedral._Proyecto_ideal_de_Juan_de_Herrera,_según_Chueca-Goitia.

Proyecto ideal de Juan de Herrera para la catedral de Valladolid según Fernando Chueca Goitia  (Wikipedia Republished)

El templo que había diseñado Herrera era un enorme espacio de tres naves con varias capillas, bóveda de cañón con lunetos, frontón triangular con remates de bolas con los paños del cuerpo central animados con hornacinas y, finalmente, en los extremos de la fachada, se situarían dos torres iguales de planta cuadrada, con tres pisos separados por entablamentos. En la parte trasera otras dos torres más pequeñas cerrarían el perímetro del templo. El 26 de agosto de 1668, se celebra la ceremonia de consagración de la Catedral, aunque aún falta mucho por hacer y los recursos económicos escasean cada vez más.

En el siglo XVIII, entre 1703 y 1709, es cuando se acometen las obras de construcción de la Torre del Evangelio siguiendo los planos de Herrera, aunque parece que no muy fielmente. Incluso el cuerpo alto de la fachada principal ya no se hace al estilo “herreriano” sino que sigue el trazado de las nuevas corrientes artísticas (tan diferentes a las que dominaban en el siglo XVI cuando se inicia la construcción), tal y como diseña el arquitecto Alberto de Churriguera (1676-1750), el artífice de la Catedral Nueva de Salamanca. La fachada principal, con todo su ornamento, se concluye en 1733.

10613032_10204951246047917_3957751425618195117_nFachada principal de la Catedral de Valladolid (imagen propia)

Y es este momento al que quería llegar. La Torre del Evangelio, situada a la izquierda de la fachada principal del templo, constaba de tres cuerpos con vanos abiertos en la parte superior para colocar las campanas, y un cuarto cuerpo que colocó Churriguera en su modificación dieciochesca, que contaba con una cúpula rematada en aguja. Además, entre el segundo y tercer cuerpo se instala un Reloj, por obra del arquitecto Antonio de la Torre. En total adquirió una altura de 57 metros que aún levantaba más con la veleta que se colocó en lo alto de la aguja. Pronto se la empieza a conocer como “La Buena Moza” de Valladolid. Y más pronto aún, la aparición de serias grietas, anuncian la desgracia que le sobrevendría.

En el año de 1726 ya fue necesario acometer obras de acondicionamiento de la cimentación de la Torre, obras que fueron llevadas a cabo por el arquitecto fray Pedro Martínez de Cardeña. No fue suficiente. En 1746 el Cabildo tuvo que hacer frente a otra serie de obras de acondicionamiento, esta vez a cargo de fray Antonio de San José Pontones. Por si no tuviese nuestra Catedral suficiente con todas esas grietas que amenazaban su torre, en 1755 el terrible y trágico Terremoto de Lisboa se hizo sentir en nuestro suelo, de modo que hasta el cronista de Valladolid, Ventura Pérez , narra cómo el 1 de noviembre de aquel año “la torre tembló haciendo sonar la campana del reloj”, como un mal presagio y los canónigos corrieron como alma que lleva el diablo lo más lejos posible de la temblorosa Catedral.

Proyecto de Ventura Rodríguez para asegurar la torre de la catedral de Valladolid.Proyecto de Ventura Rodríguez para asegurar la torre de la catedral de Valladolid.
Las obras consistieron en enzunchar la torre con cadenas de hierro
 (Wikipedia Republished).

En 1761 el Obispo Isidro Cosío y Bustamante encarga ya unas obras para tratar de acomodar la Torre definitivamente, dejándola en manos del arquitecto madrileño Ventura Rodríguez (1717-1785), quien aseguró los desperfectos con una estructura interior de hierro, obra de los hermanos Gaspar y Rafael de Amezúa . Por cierto que estos mismos prestigiosos rejeros de Elorrio, Vizcaya, fueron los encargados de realizar la reja del coro de la Catedral que hoy se encuentra en Metropolitan Museum de Nueva York, al parecer vendido por el Cabildo a un magnate norteamericano, Arthur Byne , en 1928.

Y así compuesta, duró la torre hasta el 31 de mayo de 1841, cuando a las 12 de la mañana, una horrorosa tormenta de agua y granizo, acompañada de un fortísimo viento, que duró hasta bien entrada la tarde, causó el horroroso derrumbe de “La Buena Moza”, la Torre del Evangelio, la única Torre levantada de la Catedral de Valladolid.

iiDibujo de Isidoro Domínguez Díez (Wikipedia Republished)

José Ortega Zapata (1824-1903) contó el suceso de esta forma en sus crónicas enviadas al periódico El Norte de Castilla de Valladolid, y recogidas en la obra “Solaces de un vallisoletano setentón”, publicada en 1895:

La torre de la Catedral, que era conocida en tierra de Valladolid con el nombre de «la Buena Moza», se desplomó á las tres de la tarde del 31 de Mayo de 1841, segundo ó tercer dia de Pascua de Pentecostés, apenas terminada la hora de coro. Lo que se desplomó fué, desde la parte superior de los llamados «cuatro vientos», donde estaban las hermosísimas campanas, entre ellas la muy sonora del reloj. Se dijo que lo derruido era lo fabricado por el arquitecto que sucedió á Herrera, que fué el autor de los planos del templo y el que había dirigido las principales obras.

El estruendo que produjo el desplome de la torre, fué como si se hubieran disparado muchos cañones á la vez; y la ciudad y las habitaciones de las casas se vieron envueltas en densísima nube de polvo, casi impalpable, pero que axfisiaba.

Una gran parte de las ruinas cayó á plomo sobre la capilla del Sagrario, destrozando su bóveda; y los sillares y los escombros de otra parte de las mismas ruinas, cegaron el cauce del río Esgueva, en el trayecto de todo el lado derecho de la Catedral.

La gente de Valladolid, consternada por espacio de muchos días con la pérdida de su torre, atribuyó á milagro varios hechos, ocurridos momentos antes, y á consecuencia del derrumbamiento.

Un capellán de la Catedral, sobrino del Deán, estaba encargado de cuidar del reloj de la torre; tenía la costumbre todas las tardes, terminado el coro, de subir á la torre para dar cuerda al reloj y ponerlo en hora, y así lo hizo la aciaga tarde del 31 de Mayo de 1841. Instantes después de haber bajado de la torre y de haber salido de la Catedral, donde ya no había persona alguna, ocurrió el desplome.

El campanero, que, con su mujer, tenía por habitación un cuarto inmediato al campanario, observó un movimiento de trepidación y la caida de pequeños trozos del techo de la habitación; por intuición é instinto, fué á refugiarse bajo uno de los arcos de los cuatro vientos, y en aquel momento mismo, ocurrió el hundimiento, quedando ileso el campanero. Su mujer tuvo la desgracia de caer entre las ruinas de aquella inmensa mole de sillares, campanas, maderas y hierro; porque es de saber que, con motivo de haberse cuarteado la torre, años antes, á causa de haberla herido un rayo, fué reforzada con grapones ó barrotes de hierro, que abrazaban sus ángulos. Como digo, la mujer del campanero, envuelta en las ruinas, cayó con ellas en la capilla del Sagrario.

Se supo en Valladolid tan tremenda noticia, apenas fué conocida la de que se había hundido la torre. Acudieron inmediatamente al sitio de la catástrofe las autoridades civiles y militares, con tropas de la guarnición para acordonar todo el edificio, y con una brigada de presidiarios, los cuales, por aquella época, extinguían sus condenas en el convento de S. Pablo, que estaba convertido en presidio. Los arquitectos, maestros de obras y muchos albañiles, con sus herramientas, acudieron también. Con grave riesgo penetraron en el templo las autoridades para conocer la extensión del siniestro en lo interior; vieron que, aunque destruida la cancela de hierro de la capilla del Sagrario, el arco de ésta se hallaba practicable en parte; con un valor á toda prueba y saltando por encima de las ruinas, entraron y vieron asimismo, que la capilla se hallaba completamente obstruida, en muchos pies de espesor, por los escombros.

Oyeron ó creyeron oir quejidos, y suponiendo que quien los daba era la mujer del campanero, acordaron en el acto que, para lograr salvarla, los presidiarios, dirigidos por los arquitectos, y en unión de albañiles, empezaran á descombrar con mucho cuidado. Tan peligrosa operación, se verificó sin ningún contratiempo; pero hubo que suspenderla a las doce de la noche para que descansaran los trabajadores, los cuales aseguraron haber oído más distintamente lamentos de persona humana. Al ser de día, se reanudaron los trabajos, y á media mañana, descubrieron los operarios la extremidad de una saya de mujer, entre una viga y los escombros; entonces no les quedó duda de que la mujer del campanero estaba viva, porque, aunque con voz muy débil, pedía socorro.

Ansiedad indescriptible se apoderó de las autoridades y de los arquitectos que presenciaban y dirigían los trabajos. Se redoblaron las precauciones para desenterrar la viga, que era de enorme grueso; desembarazada un tanto de escombros, fueron vistos, no sólo vestidos, sino cabellos de mujer aprisionados entre la viga y los cascotes; para facilitar los movimientos de la desgraciada, se cortó con tijeras las ropas y los cabellos descubiertos; se continuó descombrando y, á medida que el trabajo avanzaba, se pudo notar que la viga presentaba un declive bastante pronunciado, por lo que, la operación se encaminó á apreciar, de abajo á arriba, si la punta de la viga tenía algún punto de apoyo. No salió fallido el cálculo, puesto que el madero estaba en contacto con una de las paredes de la capilla, en ángulo, y formando hueco, en plano inclinado. Hecho tan importante descubrimiento, se procedió á descombrar, de arriba á abajo, la parte de viga, que estaba todavía enterrada, y el resultado fué ver que el extremo inferior de la viga, descansaba en un montón de piedras gruesas y que no había temor de que hiciera movimiento.

Guiados los trabajadores por la voz de mujer, que, yá se oía más cerca, fueron sacando escombros para agrandar aquel espacio y llegar al sitio deseado. El éxito coronó la operación, porque se vio que la viga estaba también allí en el aire; reconocido el hueco con las manos y con luces, aparecieron más ropas, y un pie, pero lo mismo el cuerpo de la infeliz, que los vestidos, sujetos entre la viga y los materiales derruidos.  Un esfuerzo mayor en el trabajo y las precauciones, y la víctima estaba salvada.

Acabada de descombrar la viga, hubo necesidad de cortar de nuevo con tijeras, el resto del traje y del pelo, para sacar de aquella tumba á la mujer del campanero. Y se logró, y estaba viva, pero ¡en qué estado! Casi idiota, sin poder hablar; pero por fortuna sin un arañazo.

¡Había estado treinta horas, bajo la inmensa mole de las ruinas de la torre!.. La viga que resistió aquella «gran pesadumbre»,  la salvó.

Cómo pudo suceder que el madero cayera, en vez de perpendicular, diagonalmente, formando ángulo con la capilla, apoyada en una de sus paredes una punta, y la otra hincada en los escombros que cubrían el suelo; cómo, que mujer y viga fueran precipitadas desde la enorme altura de lo desmoronado de la torre y entre aquella avalancha de piedras sillares, siendo la viga sostén y al mismo tiempo escudo salvador; cómo se obró tal prodigio, tal milagro, nadie, ni aún los arquitectos, pudo explicárselo.

Repuesta de la horrible impresión sufrida, las primeras palabras que habló la mujer del campanero, fueron para decir: «Cuando volví en mi, sin saber lo que me había pasado, y,me vi enterrada en vida; cuando noté que no podía moverme; que estaba ciega y con la boca llena de polvo, hasta ahogarme; cuando me convencí de que nada me dolía; cuando oí golpes que retumbaban sobre mí; cuando supuse si sería para sacarme de aquel sitio; cuando los gritos que creía dar no eran contestados, porque yo nada oía, como no fueran los golpes; cuando, después de no sé cuantas horas, los golpes se pararon; cuando nada volví á oir, creí que Dios me había abandonado».

Estas palabras de la pobre mujer, se repetían de boca en boca por todo Valladolid; durante más de un mes estuvo gravísimamente enferma en una casa particular, en donde también el campanero pasó larga y peligrosa enfermedad. Si no recuerdo mal, marido y mujer vivieron después muchos años.

Quedaban, descombrada que fué la catedral, grandes peligros que arrostrar; el del reconocimiento de la torre y el de derribar lo que apareciera ruinoso. Ningún arquitecto, ningún maestro de obras, ningún albañil, se atrevían á acometer la empresa. Así pasaron bastantes días, «hasta que un presidiario se prestó á hacerlo todo, siempre que se le indultase del tiempo que le faltaba de extinguir su condena. Fué aceptado el ofrecimiento; se construyeron por el mismo presidiario, andamios y aparatos, y Valladolid entero vio á aquel hombre animoso y valiente, suspendido en el espacio por fuertes correas, trabajar con la piqueta, durante algunas semanas, hasta que llegó á asegurar que lo que había quedado en pié de la torre estaba firme y en disposición de que se reconstruyese todo lo que se había desplomado.

Tal es el penoso relato que, del hundimiento de la esbelta torre de la Catedral de Valladolid, me han permitido hacer los recuerdos que conservo, al cabo de los 53 años trascurridos; relato, que no creo discrepe mucho, del que haya hecho, en su historia de la Ciudad, D. Matías Sangrador y Vítores, como testigo presencial; y lo digo en hipótesis, porque nunca he tenido ocasión de leer el libro escrito por mi paisano y amigo, á quien vi por última vez en Madrid, en ocasión de ser él Fiscal de la Audiencia de Oviedo, en cuya capital falleció, sino estoy trascordado.

¿Quién hubiera creido que la torre de la Catedral de Valladolid, toda de piedra sillería, no iba, por su solidez, á desafiar la acción de los siglos? Y sin embargo, vino, cuando se desplomó, á ser una de las que, según el poeta…

«Y muchas que desprecio al aire fueron,
á su gran pesadumbre se rindieron».

Badajoz-Abril de 1894.
(EL NORTE DE CASTILLA del 20 de Mayo de 1894).

Ante tan magnífica crónica no queda más que decir que la Torre nunca se volvió a levantar y la definitiva demolición finalizó el 14 de agosto de 1841. En el año de 1880 se comenzaron las obras de construcción de la Torre de la Epístola, la torre del lado derecho de la Catedral, que, finalizada en 1890, es la que hoy puede admirarse en nuestra ciudad, rematada ya por una nueva cúpula y la figura del Corazón de Jesús que se añadieron en una fecha tan tardía como 1923.

10600544_10204951245807911_4590356152415031221_nTorre de la Epístola de la Catedral de Valladolid rematada por la estatua del Corazón de Jesús (imagen propia)

“La Buena Moza” nos dejó para siempre un 31 de mayo de 1841. Comenzaba entonces para Valladolid la “desconventualización” de una ciudad “sacralizada” que se modernizó completamente transformada al albor de la nueva burguesía decimonónica y las obras del ferrocarril. Pero esa, ya es otra historia.

AlmaLeonor.

Fuentes: Valladolid siglo 21 ; Domus pucelae ; Valladolid Web ; Vallisoletvm ; Wikipedia-Torres ; Wikipedia-Catedral ; Solaces de un vallisoletano setentónWikipedia Republished .

640px-Valladolid_-_Catedral

Aspecto actual de la Catedral de Valladolid, con la Torre de la Epístola a la derecha (mide 69 metros de altura, la segunda estructura más alta de la ciudad), a cuya cúpula se puede acceder actualmente gracias a la reciente instalación de un ascensor.
(Imagen: Wikipedia Republished)

TIEMPO DE OLIMPIADAS (II)

TIEMPO DE OLIMPIADAS (II)

1900-cartel-juegos-olimpicos-paris-poster-olympic-games

OLIMPIADAS DE PARÍS 1900

Coincidiendo, como se dijo antes, con la magna Exposición Universal de París, se celebran los Juegos de la II Olimpiada en la capital francesa entre el 14 de mayo y el 28 de octubre de 1900. Fueron inaugurados por el Presidente de Francia Émile Loubet 1838-1929) y debido a una controversia política entre el COI y el organismo francés organizador de los eventos deportivos relacionados con la Exposición Universal, la Union des Sociétés Françaises de Sports Athlétiques (USFSA), los Juegos fueron llamados Championnats Universales, oficialmente denominados Concours Internationaux d’exercises physiques et de sport (Concurso Internacional de ejercicios físicos y deportes).

Paris-juegos-olimpicos-1900

Se admitió de todo, desde exhibiciones aerostáticas a concursos de palomas mensajeras o tiro al pichón, se permitió la participación de deportistas amateurs y profesionales, las pruebas deportivas no se anunciaban en muchos casos como Olímpicas (no hubo un cartel oficial de los Juegos), se permitieron inscripciones abiertas,  se entregaron objetos de todo tipo (copas, trofeos, pipas, bastones…) a los campeones en lugar de medallas, las normativas del COI se aplicaron de forma laxa o directamente no se tuvieron en cuenta… Ante tanto desastre, y por las continuas intromisiones del comisario de la Exposición Universal Alfred Picard, para quien el deporte era una “actividad absurda e inútil”, el Barón de Coubertín llegó a pensar que había perdido el control definitivo de los Juegos Olímpicos, aunque afortunadamente no fue así.

Este descontrol afectó a todos los ámbitos y deportistas de los Juegos de París de 1900, pero tiene una especial significancia para nosotros, pues afectó mucho en el caso de los españoles. Todo el desbarajuste de pruebas y medallero fue reorganizado y reconocido en el año 2004 por el COI. Primero estableció cuatro categorías en las que clasificar los ganadores: Amateur, Internacional, Sin Handicaps y Abierto. Una vez hecho esto , el COI reconvino en anular el segundo premio recibido por Pedro José Pidal y Bernaldo de Quirós (1870-1941) I marqués de Villaviciosa de Asturias en la modalidad Tiro al Pichón (era considerada la primera medalla Olímpica española), ya que había recibido un premio en metálico de gran consideración.

Cainejo y Pedro Pidal“Cainejo” y Pedro Pidal

En compensación, se reconoció como primeros Campeones Olímpicos españoles amateurs a los pelotaris Francisco Villota Baquiola (1873-1950) y José de Amézola y Aspizúa  (1874-1922), que ganaron en la prueba de Cesta Punta, pero por ausencia de sus rivales, los franceses Maurice Durquetty y Etchegaray ya que discrepaban por aquellos entonces con las normas de la competición y no se presentaron a la prueba. La pelota vasca ya no forma parte del elenco de deportes Olímpicos.

amezola-villota

La delegación española en París estaba compuesta por ocho deportistas que competirían, además de en las especialidades de pelota vasca, en las de esgrima (Mauricio Ponce de León, Duque de Gor, en espada, florete y sable) y remo (Antonio Vela Vivó, Orestes Quintana, Juan Camps Mas, José Fórmica-Corsi y Ricardo Margarit Calvet). Pero además, se sabe que estuvieron presentes muchos más, recogidos todos ellos por Fernando Arrechea Rivas en su ensayo “1900. La primera Aventura Olímpica Española” (editado por la CIHEFE, Asociación de investigación de la historia del fútbol español). Es de destacar el mencionado Pedro Pidal, uno de los hombres más polifacéticos de los inicios del siglo XX español. Descendiente de políticos e intelectuales españoles, ejerció como Diputado, Senador (vitalicio), jurista, periodista, escritor y fue además, escalador, cazador y deportista (especialista en arco y tiro). El Parque Nacional de la Montaña de Covadonga se creó por su impulsó y fue el primer alpinista que escaló el Naranjo de Bulnes (en 1904, por su cara norte, vía conocida actualmente como Vía Pidal-Cainejo), en compañía del famoso pastor y guarda Gregorio Pérez el Cainejo (fue nombrado guarda mayor del Coto Real de los Picos de Europa). Se da la circunstancia de que dos nietas del Cainejo, María Isabel Pérez Pérez y Teófila Gao Pérez, primas entre sí, fueron las primeras mujeres en ascender el Naranjo de Bulnes. Pedro Pidal está enterrado, por expreso deseo suyo, en el Mirador de Ordiales, en los Picos de Europa, a donde fueron trasladados sus restos por numerosos montañeros en 1949.

Charlotte_Cooper

Volviendo a los Juegos o Championnats de París, hay que decir que gozaron de una gran y adelantada novedad: se convirtieron en los primeros Juegos Olímpicos con participación femenina (la versión oficial del COI dice que fueron 22 mujeres, aunque existe controversia con la cifra y en algunas crónicas se rebaja a once), pero restringida, reservando únicamente para ellas las pruebas de tenis, golf y croquet. Charlotte Cooper (1870-1966) se convirtió en la Primera Campeona Olímpica Femenina con su victoria en la modalidad de tenis individual (venciendo a la francesa Hélène Prévost), el 11 de julio de ese año. Además, también ganó la competición de dobles mixtos, donde formó pareja con el famoso tenista inglés Reginald Doherty, y también frente a su oponente francesa Hélène Prévost, que competía con el irlandés Harold Mahoney, ya que el reglamento permitió, por única vez en los Juegos, parejas mixtas y de distintas nacionalidades (los equipos mixtos para competir se permitieron hasta 1904). Charlotte fue una deportista completísima que ostenta el récord de haber ganado el Trofeo de Wimbledon en 1908 con una edad de 37 años y 282 días y llegar a una final en ese mismo torneo en 1912, con una edad de 41 años.

Margaret-abbott-gold-medal-1900-golf

Por su parte, Margaret Ives Abbott (1876-1955), fue la Campeona Olímpica de golf (se dice que nunca supo que lo había sido), al vencer en su prueba con nueve hoyos. Por cierto que esta competición olímpica se convirtió en la primera (y de momento la única) en la historia en la que una madre y su hija compitieron al mismo tiempo, pues Mary Perkins Ives Abbott (novelista y crítica literaria del Chicago Tribune), madre de Margaret, también participó quedando clasificada en el séptimo puesto (en 1908, 1912 y 1920 Oscar y Alfred Swahn, padre e hijo, compitieron juntos en Tiro).

01_23174915_06c436_2574327a

Detengámonos un momento en el tenista Reginald Doherty (1872-1910). Hay que decir que ganó el título de dobles junto a su hermano menor Laurence, también una gran estrella del tenis en su tiempo, pero se negó a competir en la semifinal del torneo de individuales retirándose de la competición, ya que tendría que haber disputado el puesto en la final con su hermano. Laurence Doherty (1875-1919) ganó la final y ese año fue doble campeón olímpico. El palmarés de los dos hermanos es excepcional.

François_Brandt,_Roelof_Klein_and_unknown_French_Boy_(1900_Summer_Olympics)_cropped

Las anécdotas no cesan en París. Los remeros holandeses Roelof Klein (1877-1960) y Francois Brandt (1874-1949), descubren al llegar el día de su competición que su timonel, Hermanus Brockmann, excede del peso reglamentario y en todo caso, les hacía perder posibilidades. Sin perder la calma, “reclutaron” a un niño de unos 10 ó 12 años de edad que vagaba por las calles de París, de tan solo 33kg de peso, con lo que lograron ganar en la final a sus rivales directos, el equipo francés. De este modo, un niño desconocido de París se convirtió en Campeón Olímpico sin saberlo. Brand terminó siendo Obispo de Bélgica y los Países Bajos para la peculiar Iglesia Católica Liberal.

Esta prueba de remo se disputó en el río Sena, al igual que todas las de natación, en una zona delimitada con boyas y cuyas distancias se calculaban en un recorrido de ida y vuelta, con lo que eso suponía por la fuerte corriente del río (primero a favor, luego en contra, o al revés). Por única vez en todos los Juegos Olímpicos, se convocó una curiosa prueba de natación en la que había que “sortear” obstáculos (boyas, toneles o barcas), que había que saltar por encima o esquivar buceando. Todo un espectáculo.

Alvin Cristiano Kraenzlein (1876-1928)

Sin embargo las pruebas de atletismo se celebraron en las pistas del Racing Club de París situadas en el Bosque de Bolonia. Allí el estadounidense Alvin Kraenzlein (1876-1928), hijo de inmigrantes alemanes, logró un record aún imbatido, pues es el único ganador en la historia de los Juegos, de cuatro premios Olímpicos como primer clasificado (recordemos que no se dieron medallas en París y en todo caso aún no eran de oro) en pruebas individuales: en los 60, 110 y 200 m vallas y en salto de longitud  (Jesse Owens también ganó cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, pero una de ellas fue en la competición de relevos).

1906_prinstein_jumpsEl atletismo aún causó un problema más en París, pues se creó una polémica cuando la organización de los Juegos (no el COI) decidió cambiar las pruebas del día 14 de julio, fiesta nacional francesa, para el día siguiente que era domingo. Entonces varios atletas, norteamericanos sobre todo, protestaron porque no querían participar el día de sus oficios religiosos. Uno de ellos fue Myers Prinstein (1878-1925), de origen polaco, judío practicante y rival directo de Kraenzlein, a quien le había arrebatado una marca mundial poco antes de llegar a Paris: Prinstein consiguió una marca de 7,50 m en salto de longitud en Philadelphia, superando la de Kraenzlein que la había establecido en 7,43m. La rivalidad se recrudeció cuando Kraenzlein, pese a ser católico, decidió participar en los Juegos del domingo (Prinstein no lo hizo) y se coronó campeón en salto de longitud con una triste marca de 7,18 m. Aquel día de julio ambos atletas dirimieron sus diferencias a puñetazos en la pista. Prinstein se proclamó campeón del triple salto una semana más tarde, superando a su compatriota James B. Connolly, el que fuera Primer Campeón Olímpico de la historia en Atenas 1896.

También participó en atletismo otro campeón que ya conocemos de Atenas 1896, Launceston Elliot, pero como no hubo una modalidad de lanzamiento de pesas o martillo, compitió en lanzamiento de disco y solo alcanzó la undécima posición. Después de este fracaso olímpico, en 1905 ya era un atleta profesional, y no volvió a competir en unos Juegos.

ramon fonts

Entre las novedades que aportaron estos peculiares Juegos de la II Olimpiada de París, se encuentra la esgrima que, además, proporcionó el primer Campeón Olímpico sudamericano cuando el cubano Ramón Fonst (1883-1959), de tan solo 17 años y zurdo, ganó la competición en Espada, nada menos que frente al francés Louis Perrée (1871-1924), entonces considerado17. Louis Perree como el mayor espadista del mundo. El torneo terminó con un enfrentamiento entre los cuatro clasificados amateurs (entre los que se encontraban Fonts y Perrée) y los cuatro profesionales, donde competía el que resultaría Campeón Olímpico, Albert Robert Ayat (1875-1935), maestro de armas y toda una leyenda, seguido por el joven Ramón Fonst, que obtuvo el segundo puesto, mientras que Perrée quedó en quinto lugar. En algunas crónicas se apunta a un participante de Perú en estos Juegos Olímpicos de París, pero no hay una confirmación plena de tal extremo, al igual que tampoco de la participación de deportistas de Brasil, Haití o Luxemburgo.

No podemos olvidarnos de la competición de rugby, en cuyo encuentro entre Francia y Alemania, la alta presencia policial, no fue suficiente para calmar los ánimos entre el público de uno u otro bando. Una triste muestra de los enfrentamientos intestinos entre estas dos naciones desde tiempos ancestrales y que se perpetuarían en el futuro con dos Guerras Mundiales.

Continuará

AlmaLeonor
(Fuentes: las indicadas en los enlaces)

 

TIEMPO DE OLIMPIADAS (I)

TIEMPO DE OLIMPIADAS (I)

5f2028ab10ee466605ad8340cbed4f9e
Ahora que queda ya muy poco para que se inauguren los Juego Olímpicos de Brasil 2016, es un momento más que adecuado para realizar un repaso por algunos de los más curiosos de todos los celebrados desde que se inauguraran los Primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, los organizados en Atenas en 1896.

Aquellos Juegos fueron conocidos como los Juegos de la I Olimpiada y se celebraron entre el 6 y el 15 de abril de 1896. Claro que esas fechas están tomadas según el calendario gregoriano, que si nos guiamos por el calendario juliano vigente aún en el país heleno en ese año, fueron inaugurados por el rey Jorge I de Grecia el 25 de marzo, que era lunes de Pascua tanto en la religión cristiana como en la ortodoxa y coincidía, además, con el aniversario del inicio de la lucha por la Independencia de Grecia en 1821. No fue la única curiosidad de la I Olimpiada, pero enseguida nos pondremos con ellas.

Tampoco estos primeros Juegos Olímpicos fueron los únicos en dejar para la posteridad curiosidades y hechos “primerizos”. Sucedieron en realidad en todos los siguientes. Por ejemplo, los Juegos de la II Olimpiada, celebrada en París en 1900 (donde no se realizaron ceremonias de inauguración y clausura), se hicieron coincidir con la Exposición Universal y las pruebas se extendieron durante los cinco meses de su duración, entre  el 14 de mayo y el 28 de octubre de 1900. Los Juegos de la III Olimpiada también se hicieron coincidir con una Exposición Universal, esta vez en Saint Louis (Estados Unidos) entre el 1 de julio y el 23 de noviembre de 1904, pero despertaron poco interés entre los competidores europeos, que no eran muy partidarios de “cruzar el charco”. Además serían conocidos en el futuro como los Juegos de la Segregación Racial, pues con la denominación de Anthropological Day (El Día Antropológico), se hizo desfilar en el día de la inauguración, a los atletas no blancos que competirían en eventos paralelos y no oficiales.

Los Juegos Olímpicos de Londres 1908, o Juegos de la IV Olimpiada, se celebraron después de que en 1906 Atenas celebrase los llamados Juegos Intercalados o Juegos Panhelénicos, una iniciativa fallida del COI con la que pretendía separar los juegos de las Exposiciones Universales que habían eclipsado en cierto modo los eventos deportivos anteriores (y la iniciativa del COI para organizarlos). Los Juegos se celebraron efectivamente en Atenas, pero no tuvieron reconocimiento internacional (las marcas y premios obtenidos en esta Olimpiada no son reconocidos oficialmente) y no se volvieron a convocar Juegos Intercalados, dejando también a Grecia sin ver cumplida su aspiración de celebrar por siempre en su territorio las Olimpiadas modernas. Aún hay otra curiosidad digna de señalarse, pues en este año de 1908 debía ser Roma la ciudad encargada de organizar los Juegos, esta vez sí, oficiales, pero se dio la circunstancia de que el Volcán del Vesubio había entrado en erupción el año anterior devastando la ciudad de Nápoles, por lo que el estado italiano tuvo que renunciar a la organización de los Juegos, que finalmente se celebraron en Londres, sede, de nuevo, de la Exposición Universal Franco-Británica.

Y es a estos primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, tan vinculados a las Exposiciones Universales celebradas en el país anfitrión, a los que quería dedicar un poco de atención en estos primeros artículos sobre los Juegos Olímpicos.

OLIMPIADAS DE ATENAS 1896

maxresdefault

Como decía, los de Atenas fueron los Primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, inspirados en los clásicos griegos del siglo VIII a.C. que se celebraban en Olimpia. Fue una iniciativa de Pierre Frèdy, Barón de Coubertin (1863-1937), quien230px-Baron_Pierre_de_Coubertin había fundado la primera revista dedicada al deporte, la Revue Athlétique en 1889, y soñaba con organizar unos eventos deportivos en los que la participación fuese universal y basada en la deportividad y la gloria, es decir, sin ánimo de lucro (solo se permitiría la participación de deportistas amateurs). Aunque su idea, en un principio, no fue muy bien recibida (Inglaterra, Alemania y Grecia se opusieron frontalmente), pronto empieza a recibir apoyos y en 1894, dentro del Congreso Internacional de Educación Física (celebrado en la Sorbona de París, el 26 de junio de ese año), funda e instituye el Comité Olímpico Internacional (COI) institución que desde entonces se encargará de organizar y coordinar todos los Juegos Olímpicos de la Era Moderna. El primer Presidente del COI, entre 1894 y 1896, fue Dimitrios Vikelas (1835-1908), a quien sucedió el Barón de Coubertain hasta 1925.

Poster_I_olimpiadeLa organización de los Juegos de Atenas de 1896 no fue fácil. Coubertin se encargó de conciliar sus aspiraciones deportivas con las de tipo político y económico de los demás estados, sobre todo el griego. Logró un avance importante al convencer al príncipe heredero de Grecia, el Duque de Esparta (futuro rey Constantino I), para que limase asperezas con los estados opositores como Alemania (el káiser Guillermo, emperador de Alemania, era cuñado suyo, hermano de su esposa Sofía de Prusia) e Inglaterra. De Francia se ocupó el propio Coubertin. El dinero empieza a fluir con una emisión de sellos conmemorativos queStamp_of_Greece._1896_Olympic_Games._2l el reino griego pone en circulación para conseguir fondos y con el apoyo filantrópico del millonario griego-macedonio George M. Averoff (1815-1899), importante mecenas y empresario residente en Egipto, quien se encargará de sufragar los gastos de la construcción del nuevo Estadio Panathinaiko, la sede Olímpica de Atenas, para el que se utilizó mármol del Monte Penteli (en la región aromaniana, entre los Balcanes y Macedonia, de donde era oriundo). Frente al estadio, el gobierno griego construyó una estatua en su honor que aún hoy permanece erigida.

160406170021_athens_1896_950x633_getty_nocredit

El Estadio Panathinaikó de Atenas, el primer gran estadio del mundo moderno, contempló a cerca de 80.000 espectadores en la inauguración de los Juegos, la mayor cantidad de personas reunidas jamás hasta entonces en un evento deportivo. El rey Jorge I de Grecia (1845-1913, príncipe de Dinamarca, fue proclamado rey de Grecia en 1862, al ser elegido por la Asamblea Nacional de Grecia, tras derrocar al antiguo rey Otón I, príncipe de Baviera y primer rey del nuevo estado griego tras su independencia en 1832) declaró inaugurados los juegos con la frase:

“Proclamo la apertura de los primeros Juegos Olímpicos internacionales en Atenas. Larga vida a la Nación. Larga vida al pueblo griego.”

Aquel día, tras las palabras del rey, sonó en el Estadio Olímpico de Atenas el himno que terminaría por ser aceptado como el Himno Olímpico Oficial (por decisión de la 55º sesión COI de 1958 en Tokio, Japón). Fue compuesto por Spyridon Samaras (1861-1917) el compositor griego más importante de su época, escrito por el gran poeta griego Kostis Palamas (1859-1943), y cantado por  un coro compuesto por miembros de las sociedades musicales de Grecia (se cantó en el original griego también en Sídney 2000, Atenas 2004 y Pekín 2008, en las demás ceremonias se ha utilizado el idioma del país anfitrión). La letra viene a decir algo así:

“Espíritu inmortal de la antigüedad, Padre de lo verdadero,
lo hermoso y lo bueno. Desciende,
preséntate. Derrámanos tu luz sobre esta tierra y bajo este cielo,
que fue el primer testigo de tu imperecedera fama.

Dad vida y vivacidad a esos nobles juegos.
Arrojad guirnaldas de flores que no palidecen.
¡A los victoriosos en la carrera y en la contienda!

¡Crea, en nuestros pechos, corazones de acero!
¡Crea, en nuestros pechos, corazones de acero!

En tus ligeras llanuras, montañas y mares,
brillan en un matiz roseo y forman un enorme templo.
En el que todas las naciones se reúnen para adorarte,
¡Oh espíritu inmortal de la antigüedad!

En el que todas las naciones se reúnen para adorarte,
¡Oh espíritu inmortal de la antigüedad!”
Kostis Palamas.

 Versión interpretada en griego en la ceremonia inaugural de
los Juegos de la XXVII Olimpiada de Sydney 2000

El que terminara siendo lema de la Olimpiada, y del que se hablará más tarde “Lo importante no es ganar, sino participar”,  no se refería, por lo visto, a la condición de ser mujer, ya que estos Primeros Juegos no contaron con participación femenina, solamente con deportistas masculinos que, pertenecientes a 14 países  (la mayor participación internacional en un evento deportivo hasta esa fecha), disputaron los premios en 43 competiciones de 9 deportes, en los que no se marcó ningún récordJames_ConnollyJames Connolly portando la bandera de su país durante los Juegos Olímpicos de Atenas 1896. mundial.

James B. Connolly (1868-1957)  , de los Estados Unidos, se convirtió en estos Juegos en el Primer Campeón Olímpico de la historia al proclamarse ganador absoluto del triple salto el 6 de abril de 1896. Mientras que Spiridon Louis (1873-1940), un atleta griego desconocido hasta ese momento, fue el ganador de la Maratón, la prueba estrella de los Juegos y celebrada por primera vez en una competición internacional. Fue el único Campeón Olímpico de atletismo de Grecia y con su hazaña se convirtió en héroe nacional.

1936,_Spyridon_LouisSpiridon Louis en una imagen del desfile Olímpico de Berlín 1936

En todas las especialidades hubo curiosidades. Por ejemplo, el atleta Thomas Burke (1875-1929)  , de los Estados Unidos, Campeón Olímpico de los 400 y 100 m lisos, fue el primero (y el único) en utilizar el estilo de arranque de carrera “agachado” (poniendo su rodilla en el suelo), causando un pequeño lío a los jueces que no sabían si aceptar ese “capricho” del estadounidense. Finalmente se le permitió. Burke fue más tarde el impulsor de la Maratón de Boston celebrada desde abril de 1897 (su primer ganador fue el atleta irlandes-estadounidense, John J. “JJ” Mcdermott).

final de los 100 metros planos en 1896, en la que no estuvo Subercaseaux

También se permitió la participación del atleta chileno Luis Subercaseaux Errázuriz subercaseaux(1882-1973), hijo del embajador y pintor chileno, Ramón Subercaseaux Vicuña y, con tan solo 14 años, único participante iberoamericano en los Juegos (en los 100, 400 y 800 m lisos, y en ciclismo) y primero en la historia de las Olimpiadas, pese a que su país no emitió una autorización oficial (por eso en alguna crónica, Chile no aparece como país participante en 1896). El caso es que el “misterio” Subercaseaux ha mantenido en vilo a periodistas y escritores de todo el mundo que afirmaban que en 1896 ni Chile, ni Bélgica, ni Rusia, compitieron en ninguna modalidad, pese a tener atletas inscritos. Mientras, otros aseveran que Subercaseaux sí lo hizo, pero que viajó y fue inscrito con la delegación francesa (quizá a causa de su apellido). En el año 2010, la Sociedad Internacional de Historiadores Olímpicos (ISOH) y el Comité Olímpico Internacional (COI), confirmaron la participación de Chile y de Subercaseaux en los Juegos Olímpicos de Atenas 1896.

image_update_63704d44980bdb67_1340614934_9j-4aaqsk

Los franceses Paul Masson (1874-1945) y  Léon Flameng (1877-1917),   ganaron cuatro eventos de ciclismo, y eso que Flameng, en la carrera de 100 kilómetros, ganó tras haber sufrido una caída y después de detenerse a esperar a que su oponente, el griego Georgios Kolettis, reparara un problema mecánico. El austriaco Adolf Schmal ganó la carrera de 12 horas, lo que no sería demasiado extraño de no ser porque Adolf era esgrimista y la carrera solo la completaron dos ciclistas. Aristidis Konstantinidis, griego, ganó la única carrera en carretera de los Juegos, un recorrido entre Atenas y Maratón, ida y vuelta, unos 87 km. En gimnasia, Alemania envió un equipo de 11 gimnastas que coparon los Schuhmann, Flatow, y Weingärtner.premios, entre los que se encontraban Hermann Weingärtner, Alfred Flatow, y Carl Schuhmann, que acapararon casi todos los primeros puestos.

El rey Jorge I demostró su más que buena forma, cuando se dirigió al campo para ayudar a retirar unas pesas de la prueba de Halterofilia que resultaban muy pesadas para el personal de pista, lo que causó un gran jolgorio entre los asistentes. También fue el rey quien tuvo que dirimir el empate (las normas del COI establecieron la potestad del rey como árbitro final) en esta modalidad, entre el escoces Launceston Elliot (1874-Launceston_Elliot1930) y Viggo Jensen (1874-1930) de Dinamarca. El rey determinó que el danés era merecedor del título de campeón, causando un monumental enfado en la delegación británica. Por cierto que los deportistas fueron muy versátiles en esos Juegos, y participaron en diferentes pruebas. Además del mencionado Adolf Schmal (ciclismo y esgrima),  Launceston Elliot también participó en la prueba de lucha, donde se enfrentó al campeón alemán de gimnasia mencionado antes, Carl Schuhmann, que fue quien ganó la final, proclamándose campeón. Y Viggo Jensen compitió, así mismo, en las pruebas de tiro con rifle, aunque sin llegar a obtener medallas.

715

Una de las mayores curiosidades de esta Olimpiada la proporcionó la competición de natación. Los costos excesivos de un estadio apropiado, obligaron al país heleno a celebrar las pruebas… ¡¡en mar abierto!! Se celebraron todas las pruebas en un solo día, el 11 de abril, en la Bahía de Zea, fuera de las costas de El Pireo, donde un numeroso público se concentró para ver a los atletas. Los nadadores sufrieron el frío de las aguas (la temperatura era de unos 10º Celsius), olas de cuatro metros, y la premura de las pruebas, por lo que solo se podían presentar a una o dos competiciones. Alfréd Hajós (1878-220px-Hajos1955) joven nadador (tenía 18 años) de Hungría ganó en los dos eventos en los que participó: 100 y 1200 m estilo libre, prueba esta última para la que los nadadores tuvieron que ser transportados en barco hasta la distancia adecuada, y… nadar hasta la orilla. Hajós, el Primer Campeón Olímpico de Natación, confesó que estuvo a punto de perecer.

En la Ceremonia de Clausura, celebrada el 12 de abril y presidida por el rey, éste abogó por la celebración perpetua de los juegos en Atenas y luego entregó los premios a los ganadores: medalla de plata, rama de olivo y diploma a los primeros y medalla de cobre, rama de laurel y diploma a los segundos.

primera_medalla_juegos_olimpicos.jpg_973718260

Los clasificados en tercer lugar no recibían medallas entonces y tampoco era de oro la de los primeros. Se da el caso de que una medalla de plata de los Juegos de Atenas de 1896, fue subastada en el año 2014 en Londres alcanzando el desorbitante precio de 285.000 dólares.

Los Juegos finalizaron con una recitación poética de George S. Robertson (1872-1967), tenista y atleta británico que compitió en el lanzamiento de disco (quedó el cuarto, con un pésimo lanzamiento) y en tenis individual y dobles (tampoco obtuvo medallero), quien leyó en griego una Oda a la Destreza Atlética, que él mismo había compuesto. Posteriormente Spyridon Louis encabezó el paseo triunfal de los medallistas por el estadio mientras se entonaba el Himno Olímpico. Después, el rey anunció oficialmente que la primera Olimpiada había finalizado.

Continuará

AlmaLeonor
(Fuentes: las indicadas en los enlaces)

BOLERO

BOLERO

Tatyana Ilieva (11 fotImagen: Tatyana Ilieva

Si otra vez al destierro nos condena la vida
y se rompen los puentes y se queman las naves,
yo ya sé que tú sabes que el volar de las aves
está siempre pendiendo de una piedra perdida.

Que los lazos nacidos en amor no se olvidan
aunque el nudo nos deje en el alma una herida
y se torne candado y se cierre con llave.
Si otra vez al destierro, yo ya sé que tú sabes.

Jose Miguel Junco Ezquerra
de su poemario OASIS

1Y