EL DERRUMBE DE LA BUENA MOZA

EL DERRUMBE DE LA BUENA MOZA

10022716953_37757b8240_mFachada de la catedral de Valladolid (Grabado de Fournier) antes de la caída de la torre  (Wikipedia Republished) .

El día 31 de mayo de 1841, Valladolid asistió consternada al derrumbe de la torre de su Catedral, la conocida por todos como “LA BUENA MOZA”. Esta es la crónica de como llegó a ser y como llegó a desaparecer uno de los emblemas del Valladolid más sacralizado.

La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Valladolid es el templo mayor vallisoletano, un templo “manco” que ha sufrido algunos avatares luctuosos a lo largo de su historia. Es la sede de la Archidiócesis de Valladolid, con lo que eso signifique en el rango de escalafones de la jerarquía católica, y según la idea original tenía que haber sido el más grande edificio religioso de Europa (solo se ha construido el 40-45% del diseño inicial, entre otras razones, por las dificultades técnicas del terreno y la falta de recursos económicos para hacerlas frente). No en vano, fue ideado por el “rey planeta”, Felipe II  (1527-1598), para la ciudad que le vio nacer, por lo que confió el encargo de tan magno proyecto a Juan de Herrera (1530-1597), el mismo arquitecto que había finalizado la construcción de su obra emblemática, el Monasterio de El Escorial. Hay quien piensa incluso que el diseño de la Catedral de Valladolid, podría ser un reflejo de la Basílica del Monasterio madrileño.

10614133_10204951247407951_8799895053262091204_nPuerta de la antigua Colegiata de Santa María (imagen propia)

Así las cosas, se inician las obras en el siglo XVI, utilizando para ello unos terrenos junto a los que ocupaba la antigua Colegiata de Santa María, seo de la que hoy pueden verse algunos restos en los aledaños de la Catedral. Se da la circunstancia de que esta colegiata ya fue construida sobre la primitiva edificación religiosa, la primera Colegiata de Valladolid, obra del fundador de la Ciudad, el Conde D. Pedro Ansúrez (1037-1118), que quería dotar a la villa de un templo mayor acorde con la importancia que empezaba a adquirir. Pero no fue la primera tampoco, ya que para realizar esta obra se removió y terminó de demoler una antigua ermita dedicada a San Pelayo. La primitiva Colegiata quedó con el nombre de Santa María de la Antigua (hoy solo queda los restos de la antigua torre en la iglesia del mismo nombre), y la nueva colegiata tomó el de Santa María la Mayor. Pero, como decía, tampoco esta fue la definitiva. Aún hubo una tercera Colegiata, del siglo XVI, a cargo del prestigioso arquitecto real Rodrigo Gil de Hontañón (1500-1577), pero este murió en 1577 y la colegiata se quedó solo con los cimientos.

10640993_10204951248287973_959092365784956779_nTorre de la Iglesia de La Antigua de Valladolid (imagen propia)

Entonces se iniciaron las obras de la cuarta Colegiata de Valladolid, bajo los auspicios de Felipe II, proyecto magnífico que, aunque inconcluso, sirvió de ejemplo para las catedrales de México y Lima. El 13 de mayo de 1582 (hoy festividad de San Pedro Regalado, patrón de Valladolid), el maestro Pedro de Tolosa se hace cargo de las obras contando con el beneplácito de Herrera (jamás estuvo presente a pie de obra en Valladolid) quien coloca a su arquitecto de confianza, Diego de Praves , en el proyecto. Al año siguiente, a causa del fallecimiento de Diego de Praves, es sustituido por su hijo Alonso de Tolosa. En 1595, y a instancias de Felipe II, la Colegiata de Santa María de Valladolid, adquiere el rango de Catedral, curiosamente un 21 de mayo, justo el mismo día en el que vino al mundo el rey Felipe en el Palacio de Pimentel de la villa de Valladolid.

10583818_10204951246927939_4793717522825686145_nRestos de la Colegiata de Santa María (imagen propia)

Los años siguientes van a ser importantes para este monumento religioso, pues en 1596 Felipe II otorgó el título de Ciudad a la villa de Valladolid, en 1597 murió Juan de Herrera y en 1598, muere Felipe II. La Catedral se quedó huérfana.

Pero vamos a lo que vamos…

1280px-Valladolid_(España),_Catedral._Proyecto_ideal_de_Juan_de_Herrera,_según_Chueca-Goitia.

Proyecto ideal de Juan de Herrera para la catedral de Valladolid según Fernando Chueca Goitia  (Wikipedia Republished)

El templo que había diseñado Herrera era un enorme espacio de tres naves con varias capillas, bóveda de cañón con lunetos, frontón triangular con remates de bolas con los paños del cuerpo central animados con hornacinas y, finalmente, en los extremos de la fachada, se situarían dos torres iguales de planta cuadrada, con tres pisos separados por entablamentos. En la parte trasera otras dos torres más pequeñas cerrarían el perímetro del templo. El 26 de agosto de 1668, se celebra la ceremonia de consagración de la Catedral, aunque aún falta mucho por hacer y los recursos económicos escasean cada vez más.

En el siglo XVIII, entre 1703 y 1709, es cuando se acometen las obras de construcción de la Torre del Evangelio siguiendo los planos de Herrera, aunque parece que no muy fielmente. Incluso el cuerpo alto de la fachada principal ya no se hace al estilo “herreriano” sino que sigue el trazado de las nuevas corrientes artísticas (tan diferentes a las que dominaban en el siglo XVI cuando se inicia la construcción), tal y como diseña el arquitecto Alberto de Churriguera (1676-1750), el artífice de la Catedral Nueva de Salamanca. La fachada principal, con todo su ornamento, se concluye en 1733.

10613032_10204951246047917_3957751425618195117_nFachada principal de la Catedral de Valladolid (imagen propia)

Y es este momento al que quería llegar. La Torre del Evangelio, situada a la izquierda de la fachada principal del templo, constaba de tres cuerpos con vanos abiertos en la parte superior para colocar las campanas, y un cuarto cuerpo que colocó Churriguera en su modificación dieciochesca, que contaba con una cúpula rematada en aguja. Además, entre el segundo y tercer cuerpo se instala un Reloj, por obra del arquitecto Antonio de la Torre. En total adquirió una altura de 57 metros que aún levantaba más con la veleta que se colocó en lo alto de la aguja. Pronto se la empieza a conocer como “La Buena Moza” de Valladolid. Y más pronto aún, la aparición de serias grietas, anuncian la desgracia que le sobrevendría.

En el año de 1726 ya fue necesario acometer obras de acondicionamiento de la cimentación de la Torre, obras que fueron llevadas a cabo por el arquitecto fray Pedro Martínez de Cardeña. No fue suficiente. En 1746 el Cabildo tuvo que hacer frente a otra serie de obras de acondicionamiento, esta vez a cargo de fray Antonio de San José Pontones. Por si no tuviese nuestra Catedral suficiente con todas esas grietas que amenazaban su torre, en 1755 el terrible y trágico Terremoto de Lisboa se hizo sentir en nuestro suelo, de modo que hasta el cronista de Valladolid, Ventura Pérez , narra cómo el 1 de noviembre de aquel año “la torre tembló haciendo sonar la campana del reloj”, como un mal presagio y los canónigos corrieron como alma que lleva el diablo lo más lejos posible de la temblorosa Catedral.

Proyecto de Ventura Rodríguez para asegurar la torre de la catedral de Valladolid.Proyecto de Ventura Rodríguez para asegurar la torre de la catedral de Valladolid.
Las obras consistieron en enzunchar la torre con cadenas de hierro
 (Wikipedia Republished).

En 1761 el Obispo Isidro Cosío y Bustamante encarga ya unas obras para tratar de acomodar la Torre definitivamente, dejándola en manos del arquitecto madrileño Ventura Rodríguez (1717-1785), quien aseguró los desperfectos con una estructura interior de hierro, obra de los hermanos Gaspar y Rafael de Amezúa . Por cierto que estos mismos prestigiosos rejeros de Elorrio, Vizcaya, fueron los encargados de realizar la reja del coro de la Catedral que hoy se encuentra en Metropolitan Museum de Nueva York, al parecer vendido por el Cabildo a un magnate norteamericano, Arthur Byne , en 1928.

Y así compuesta, duró la torre hasta el 31 de mayo de 1841, cuando a las 12 de la mañana, una horrorosa tormenta de agua y granizo, acompañada de un fortísimo viento, que duró hasta bien entrada la tarde, causó el horroroso derrumbe de “La Buena Moza”, la Torre del Evangelio, la única Torre levantada de la Catedral de Valladolid.

iiDibujo de Isidoro Domínguez Díez (Wikipedia Republished)

José Ortega Zapata (1824-1903) contó el suceso de esta forma en sus crónicas enviadas al periódico El Norte de Castilla de Valladolid, y recogidas en la obra “Solaces de un vallisoletano setentón”, publicada en 1895:

La torre de la Catedral, que era conocida en tierra de Valladolid con el nombre de «la Buena Moza», se desplomó á las tres de la tarde del 31 de Mayo de 1841, segundo ó tercer dia de Pascua de Pentecostés, apenas terminada la hora de coro. Lo que se desplomó fué, desde la parte superior de los llamados «cuatro vientos», donde estaban las hermosísimas campanas, entre ellas la muy sonora del reloj. Se dijo que lo derruido era lo fabricado por el arquitecto que sucedió á Herrera, que fué el autor de los planos del templo y el que había dirigido las principales obras.

El estruendo que produjo el desplome de la torre, fué como si se hubieran disparado muchos cañones á la vez; y la ciudad y las habitaciones de las casas se vieron envueltas en densísima nube de polvo, casi impalpable, pero que axfisiaba.

Una gran parte de las ruinas cayó á plomo sobre la capilla del Sagrario, destrozando su bóveda; y los sillares y los escombros de otra parte de las mismas ruinas, cegaron el cauce del río Esgueva, en el trayecto de todo el lado derecho de la Catedral.

La gente de Valladolid, consternada por espacio de muchos días con la pérdida de su torre, atribuyó á milagro varios hechos, ocurridos momentos antes, y á consecuencia del derrumbamiento.

Un capellán de la Catedral, sobrino del Deán, estaba encargado de cuidar del reloj de la torre; tenía la costumbre todas las tardes, terminado el coro, de subir á la torre para dar cuerda al reloj y ponerlo en hora, y así lo hizo la aciaga tarde del 31 de Mayo de 1841. Instantes después de haber bajado de la torre y de haber salido de la Catedral, donde ya no había persona alguna, ocurrió el desplome.

El campanero, que, con su mujer, tenía por habitación un cuarto inmediato al campanario, observó un movimiento de trepidación y la caida de pequeños trozos del techo de la habitación; por intuición é instinto, fué á refugiarse bajo uno de los arcos de los cuatro vientos, y en aquel momento mismo, ocurrió el hundimiento, quedando ileso el campanero. Su mujer tuvo la desgracia de caer entre las ruinas de aquella inmensa mole de sillares, campanas, maderas y hierro; porque es de saber que, con motivo de haberse cuarteado la torre, años antes, á causa de haberla herido un rayo, fué reforzada con grapones ó barrotes de hierro, que abrazaban sus ángulos. Como digo, la mujer del campanero, envuelta en las ruinas, cayó con ellas en la capilla del Sagrario.

Se supo en Valladolid tan tremenda noticia, apenas fué conocida la de que se había hundido la torre. Acudieron inmediatamente al sitio de la catástrofe las autoridades civiles y militares, con tropas de la guarnición para acordonar todo el edificio, y con una brigada de presidiarios, los cuales, por aquella época, extinguían sus condenas en el convento de S. Pablo, que estaba convertido en presidio. Los arquitectos, maestros de obras y muchos albañiles, con sus herramientas, acudieron también. Con grave riesgo penetraron en el templo las autoridades para conocer la extensión del siniestro en lo interior; vieron que, aunque destruida la cancela de hierro de la capilla del Sagrario, el arco de ésta se hallaba practicable en parte; con un valor á toda prueba y saltando por encima de las ruinas, entraron y vieron asimismo, que la capilla se hallaba completamente obstruida, en muchos pies de espesor, por los escombros.

Oyeron ó creyeron oir quejidos, y suponiendo que quien los daba era la mujer del campanero, acordaron en el acto que, para lograr salvarla, los presidiarios, dirigidos por los arquitectos, y en unión de albañiles, empezaran á descombrar con mucho cuidado. Tan peligrosa operación, se verificó sin ningún contratiempo; pero hubo que suspenderla a las doce de la noche para que descansaran los trabajadores, los cuales aseguraron haber oído más distintamente lamentos de persona humana. Al ser de día, se reanudaron los trabajos, y á media mañana, descubrieron los operarios la extremidad de una saya de mujer, entre una viga y los escombros; entonces no les quedó duda de que la mujer del campanero estaba viva, porque, aunque con voz muy débil, pedía socorro.

Ansiedad indescriptible se apoderó de las autoridades y de los arquitectos que presenciaban y dirigían los trabajos. Se redoblaron las precauciones para desenterrar la viga, que era de enorme grueso; desembarazada un tanto de escombros, fueron vistos, no sólo vestidos, sino cabellos de mujer aprisionados entre la viga y los cascotes; para facilitar los movimientos de la desgraciada, se cortó con tijeras las ropas y los cabellos descubiertos; se continuó descombrando y, á medida que el trabajo avanzaba, se pudo notar que la viga presentaba un declive bastante pronunciado, por lo que, la operación se encaminó á apreciar, de abajo á arriba, si la punta de la viga tenía algún punto de apoyo. No salió fallido el cálculo, puesto que el madero estaba en contacto con una de las paredes de la capilla, en ángulo, y formando hueco, en plano inclinado. Hecho tan importante descubrimiento, se procedió á descombrar, de arriba á abajo, la parte de viga, que estaba todavía enterrada, y el resultado fué ver que el extremo inferior de la viga, descansaba en un montón de piedras gruesas y que no había temor de que hiciera movimiento.

Guiados los trabajadores por la voz de mujer, que, yá se oía más cerca, fueron sacando escombros para agrandar aquel espacio y llegar al sitio deseado. El éxito coronó la operación, porque se vio que la viga estaba también allí en el aire; reconocido el hueco con las manos y con luces, aparecieron más ropas, y un pie, pero lo mismo el cuerpo de la infeliz, que los vestidos, sujetos entre la viga y los materiales derruidos.  Un esfuerzo mayor en el trabajo y las precauciones, y la víctima estaba salvada.

Acabada de descombrar la viga, hubo necesidad de cortar de nuevo con tijeras, el resto del traje y del pelo, para sacar de aquella tumba á la mujer del campanero. Y se logró, y estaba viva, pero ¡en qué estado! Casi idiota, sin poder hablar; pero por fortuna sin un arañazo.

¡Había estado treinta horas, bajo la inmensa mole de las ruinas de la torre!.. La viga que resistió aquella «gran pesadumbre»,  la salvó.

Cómo pudo suceder que el madero cayera, en vez de perpendicular, diagonalmente, formando ángulo con la capilla, apoyada en una de sus paredes una punta, y la otra hincada en los escombros que cubrían el suelo; cómo, que mujer y viga fueran precipitadas desde la enorme altura de lo desmoronado de la torre y entre aquella avalancha de piedras sillares, siendo la viga sostén y al mismo tiempo escudo salvador; cómo se obró tal prodigio, tal milagro, nadie, ni aún los arquitectos, pudo explicárselo.

Repuesta de la horrible impresión sufrida, las primeras palabras que habló la mujer del campanero, fueron para decir: «Cuando volví en mi, sin saber lo que me había pasado, y,me vi enterrada en vida; cuando noté que no podía moverme; que estaba ciega y con la boca llena de polvo, hasta ahogarme; cuando me convencí de que nada me dolía; cuando oí golpes que retumbaban sobre mí; cuando supuse si sería para sacarme de aquel sitio; cuando los gritos que creía dar no eran contestados, porque yo nada oía, como no fueran los golpes; cuando, después de no sé cuantas horas, los golpes se pararon; cuando nada volví á oir, creí que Dios me había abandonado».

Estas palabras de la pobre mujer, se repetían de boca en boca por todo Valladolid; durante más de un mes estuvo gravísimamente enferma en una casa particular, en donde también el campanero pasó larga y peligrosa enfermedad. Si no recuerdo mal, marido y mujer vivieron después muchos años.

Quedaban, descombrada que fué la catedral, grandes peligros que arrostrar; el del reconocimiento de la torre y el de derribar lo que apareciera ruinoso. Ningún arquitecto, ningún maestro de obras, ningún albañil, se atrevían á acometer la empresa. Así pasaron bastantes días, «hasta que un presidiario se prestó á hacerlo todo, siempre que se le indultase del tiempo que le faltaba de extinguir su condena. Fué aceptado el ofrecimiento; se construyeron por el mismo presidiario, andamios y aparatos, y Valladolid entero vio á aquel hombre animoso y valiente, suspendido en el espacio por fuertes correas, trabajar con la piqueta, durante algunas semanas, hasta que llegó á asegurar que lo que había quedado en pié de la torre estaba firme y en disposición de que se reconstruyese todo lo que se había desplomado.

Tal es el penoso relato que, del hundimiento de la esbelta torre de la Catedral de Valladolid, me han permitido hacer los recuerdos que conservo, al cabo de los 53 años trascurridos; relato, que no creo discrepe mucho, del que haya hecho, en su historia de la Ciudad, D. Matías Sangrador y Vítores, como testigo presencial; y lo digo en hipótesis, porque nunca he tenido ocasión de leer el libro escrito por mi paisano y amigo, á quien vi por última vez en Madrid, en ocasión de ser él Fiscal de la Audiencia de Oviedo, en cuya capital falleció, sino estoy trascordado.

¿Quién hubiera creido que la torre de la Catedral de Valladolid, toda de piedra sillería, no iba, por su solidez, á desafiar la acción de los siglos? Y sin embargo, vino, cuando se desplomó, á ser una de las que, según el poeta…

«Y muchas que desprecio al aire fueron,
á su gran pesadumbre se rindieron».

Badajoz-Abril de 1894.
(EL NORTE DE CASTILLA del 20 de Mayo de 1894).

Ante tan magnífica crónica no queda más que decir que la Torre nunca se volvió a levantar y la definitiva demolición finalizó el 14 de agosto de 1841. En el año de 1880 se comenzaron las obras de construcción de la Torre de la Epístola, la torre del lado derecho de la Catedral, que, finalizada en 1890, es la que hoy puede admirarse en nuestra ciudad, rematada ya por una nueva cúpula y la figura del Corazón de Jesús que se añadieron en una fecha tan tardía como 1923.

10600544_10204951245807911_4590356152415031221_nTorre de la Epístola de la Catedral de Valladolid rematada por la estatua del Corazón de Jesús (imagen propia)

“La Buena Moza” nos dejó para siempre un 31 de mayo de 1841. Comenzaba entonces para Valladolid la “desconventualización” de una ciudad “sacralizada” que se modernizó completamente transformada al albor de la nueva burguesía decimonónica y las obras del ferrocarril. Pero esa, ya es otra historia.

AlmaLeonor.

Fuentes: Valladolid siglo 21 ; Domus pucelae ; Valladolid Web ; Vallisoletvm ; Wikipedia-Torres ; Wikipedia-Catedral ; Solaces de un vallisoletano setentónWikipedia Republished .

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Aspecto actual de la Catedral de Valladolid, con la Torre de la Epístola a la derecha (mide 69 metros de altura, la segunda estructura más alta de la ciudad), a cuya cúpula se puede acceder actualmente gracias a la reciente instalación de un ascensor.
(Imagen: Wikipedia Republished)

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